Menu
Familias reconstituidas, manual para rehacer la vida

Familias reconstituidas, manual para rehacer la vida

Featured

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

Vamos, madres y padres
de toda la tierra,
y no critiquen 
lo que no pueden entender.
Sus hijos e hijas 
están más allá de su dominio.
Su viejo camino está
envejeciendo rápidamente.
Por favor, salgan del nuevo
si no pueden echar una mano,
porque los tiempos están cambiando.
 

Bob Dylan, The times they are a-changin’

  

En nuestro retrato de familia nos vemos muy felices, 

parecemos bastante normales,

volvamos a eso.

En nuestro retrato de familia nos vemos muy felices,

 vamos a jugar a fingir, actuar como si fuera natural. 

Pink, Family portrait

 

 

 

 A toda familia reconstituida le precede al menos una historia de rompimiento y separación, un proyecto de vida resquebrajado en busca de reparación. En ocasiones le anteceden dos o más historias de dolor y decepción, de las que pervive un hijo o varios, de una de las partes de la pareja o de las dos. Es por esto que el sentimiento predominante en la conformación de este tipo de familia es la esperanza, la expectativa de que todo lo que fue problema en las relaciones previas, sean aprendizajes para lograr un proyecto de pareja y familia más sólido. La presencia de los hijos le abre a esta perspectiva zonas de oportunidad y otras de riesgo. La convivencia bajo un mismo techo implica deseo y esfuerzo por todos quienes conforman el grupo familiar, así que la flexibilidad y empatía se convierten en los ejes clave para lograr esto. 

Cabe como pregunta de partida la siguiente ¿Qué es una familia? La palabra proviene del latín y en su origen hizo referencia al conjunto de esclavos y sirvientes que vivían bajo un mismo techo. Posteriormente, la palabra familia  definió  la relación entre el pater familias y todos los demás, esto es, la mujer, los hijos, parientes, esclavos, sirvientes o cualquiera que tuviera el vínculo.  Al morir el pater familias, la denominación familia permanecía para nombrar a quienes habían estado bajo su poder.

En sus investigaciones sobre las estructuras elementales de parentesco, Claude Lévi-Strauss (1995) refiere:

"Para que exista una estructura de parentesco es necesario que se hallen presentes los tres tipos de relaciones familiares dadas siempre en la sociedad humana, es decir, una relación de consanguinidad, una de alianza y una de filiación; dicho de otra manera, una relación de hermano a hermana, una relación de esposo a esposa, y una relación de progenitor a hijo” (p. 90).

De esta propuesta emana el modelo sistémico de los subsistemas familiares de pareja, parental y fraterno. En el caso de las familias reconstituidas estos subsistemas se conservan pero con variaciones. El de pareja es el más similar a este modelo estructural, los otros dos los denominaré co-parental y co-fraternal. En el primer caso porque la parentalidad la ejercen más personas y en el caso de los padres no consanguíneos, su vinculación puede ir desde una relación parental plena, hasta solamente un apoyo parental. El subsistema co-fraternal, es algo más complejo. El modelo más conocido es el que comúnmente se define como “los míos, los tuyos y los nuestros”, esto es, cada parte de la pareja tiene hijos previos con otras parejas y en común tienen uno o más. Otra variante es que los dos tengan hijos previos, pero no sumen más prole al grupo. También puede ser que sólo una de las partes tenga hijos y pueden sumarse o no nuevos hijos de la nueva pareja. Esto en cierta medida se asocia a la edad en que la pareja conforma la nueva familia. La co-fraternidad tiene importantes implicaciones, es el encuentro de diferentes usos y costumbres, de referentes afectivos y redes sociales. Esto obliga a la pareja a generar nuevas dinámicas y rituales independientes de los prevalecientes en sus familias previas. Pero los seres humanos somos seres de hábitos y los hijos son los que suelen poner mayor resistencia a los cambios, porque además ellos no fueron quienes decidieron la reconstitución y se ven obligados a vivir en un nuevo sistema por decisión de sus padres.

Lo referido previamente da cuenta de que la palabra familia no es un concepto estático, se ha ido re-significando a través del tiempo, según los cambios sociales y nuevas organizaciones.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2012, citado en Gutiérrez, Díaz y Román, 2016, p. 223), señala en los datos obtenidos en el censo de población 2010, que hubo 16 divorcios por cada 100 matrimonios civiles, las edades promedio de los cónyuges al momento de la separación para el caso de las mujeres es de 36 años y 38 en el caso de los hombres. Esto da cuenta de la tendencia creciente de separaciones en una etapa en la que las parejas ya tienen hijos y tienden a conformar nuevas familias.

La familia reconstituida se define como una estructura familiar en la que al menos uno de los miembros de la pareja tiene un hijo fruto de una relación previa, lo que convierte a estos adultos en padrastros y/o madrastras de los hijos biológicos de su pareja. No se considera el tiempo que permanecen los hijos en el hogar un criterio para considerar a una familia como reconstituida. Se calcula que la mitad de los hijos de padres divorciados vivirá en algún momento con un padrastro o madrastra en un periodo promedio de cuatro años tras la separación de sus padres biológicos (Cantón, Justicia y Cortés, 2000, citados en Espinar, Carrasco,  Martínez y García-Mina, 2003).

Por su parte, González y González (2005) sintetizan en la siguiente tabla las características de lo que denominan familias intactas y las familias reconstituidas:

 

Tabla 1. Familias intactas y familias reconstituidas (González y González, 2005, p. 21)

 

Con respecto al ciclo vital de las familias reconstituidas, Papernow (1993, citado por González y González, 2005, pp. 23-24), propones siete estadios:

1.- Fantasía: Es la primera fase, en la cual las expectativas son irreales, la pareja espera que entre los hijos haya amor de manera instantánea y en los hijos surge la idea del padrastro o la madrastra malvados, así como la ilusión de que se reconcilien sus progenitores.

2.- Inmersión: Se presentan ajustes y rechazos explícitos, se organizan subgrupos al interior de la familia.

3.- Conciencia: Los problemas de rechazo y las fantasías irracionales se llevan a un plano conciente, donde resulta más sencilla la aceptación de los propios sentimientos de decepción, de pérdida y/o exclusión. En este punto se inician los cambios de la dinámica interna.

4 y 5.  Movilización  y  Acción: Los cambios  en  la  dinámica  de la familia se  reflejan  en acuerdos y una actitud flexible que permita la integración de diversas tradiciones  familiares  así  como la incorporación de tradiciones nuevas.

6 y 7. Contacto y Resolución: Se logra un sentido de unidad y una dinámica que funciona y  fluye. La resolución se logra en un tiempo promedio de 2 a 4 años después de integrada la familia reconstituida.

 

Cada etapa de este ciclo vital de la familia reconstituida conlleva su crisis y su elaboración, muchas familias no llegan a punto de la resolución, de diluyen antes. En este sentido, García (2010) plantea diferentes limitaciones que pueden obstaculizar la consolidación de la nueva familia:

  • Negar las dificultades de la nueva situación y pretender que se trate de una familia convencional.
  • La intromisión de cónyuges anteriores es un factor que dificulta bastante, en particular cuando hay cuentas pendientes y la disolución previa no ha sido amistosa.
  • Haber vivido anteriormente una ruptura, puede generar en la nueva pareja una expectativa sesgada ante cualquier dificultad que acontezca y percibir una separación como algo más probable.
  • Cuando la custodia es compartida hay dos o tres hogares, puede suceder que los hijos se conviertan en informadores de lo que ocurre en uno u otro lugar, siendo víctimas de la manipulación de alguno de los padres, o chantajear con irse al otro hogar si no se cumplen sus objetivos o no se les permite hacer lo que quieren.
  • Con los hijos previos al nuevo matrimonio tenderán a aplicar la autoridad a su manera con ellos, dándose diferencias que dificultarán la integración de los hermanastros.
  • Sabotaje de los hijos a la nueva pareja, si no han conseguido establecer una buena relación.
  • La familia extensa (abuelos, tíos, primos) pueden establecer diferentes relaciones con los niños, haciendo distinciones y enfatizando la situación de desigualdad.
  • Distinto ritmo de adaptación, los padres con frecuencia han generado su vínculo sin que los hijos tuvieran conciencia de esta nueva relación, por ello se tiene que tener paciencia y darles el tiempo suficiente sin intentar forzar la situación.
  • Hay cambios estructurales en las relaciones de las dos familias, los hijos sufren la pérdida de la relación privilegiada que previamente tenían con sus padres biológicos y ahora tienen que compartirlo con otro adulto y con otros “hermanos”, si es que los hay.
  • Cuando son varios hermanos biológicos puede suceder que cada uno se posicione en polos diferentes, fungiendo uno de ellos como facilitador de la nueva relación y otro como oposicionista.

Para enfrentar estas situaciones, la American Psychological Association, con la colaboración de James Bray (s.f.), hace las siguientes recomendaciones:

  • Un matrimonio con los hijos de un matrimonio anterior representa muchos desafíos. Dichas familias deben considerar tres cuestiones cuando planifican un nuevo matrimonio:

- Acuerdos financieros y de vivienda: Las parejas que inician un segundo matrimonio señalan con más frecuencia que mudarse a una nueva casa, en lugar de establecerse en una de las residencias anteriores de su pareja, tiene sus ventajas porque el nuevo entorno se convierte en "su hogar." Las parejas deben decidir si se proponen conservar su dinero por separado o compartirlo. Las parejas que usaron el método de un pozo común, por lo general, indicaron mayor satisfacción familiar que aquellas que guardaron su dinero por separado.

- Resolver sentimientos y preocupaciones sobre el matrimonio anterior: El nuevo matrimonio puede hacer aflorar enojos y heridas antiguas, no resueltas del matrimonio anterior, para los adultos y los niños. Por tanto, registrarlos y platicarlos es el primer paso para su elaboración. En ocasiones no se habla de estos temas por considerarlos amenazantes para el afianzamiento de la nueva familia, pero no hacerlo puede llevar a la acumulación de molestia o resentimientos que impacten posteriormente en la dinámica.

- Anticipar los cambios y decisiones de los padres: Las parejas deben analizar y decidir el rol que desempeñará cada uno en la crianza de los hijos del nuevo cónyuge, así como los cambios en las reglas del nuevo hogar que pudieran ser necesarios. Incluso si la pareja convivió antes de casarse, es probable que los niños respondan al padrastro o madrastra en forma diferente después del nuevo casamiento porque ahora ya asume el rol de padre o madre oficial.

  • Las parejas recién casadas y sin hijos suelen utilizar los primeros meses del matrimonio para consolidar su relación, las parejas con hijos suelen estar más concentradas en las exigencias de los niños. Los niños más pequeños pueden sentir una sensación de abandono o competencia cuando su padre o madre dedica tiempo y atención a su nuevo cónyuge. Los adolescentes son más sensibles a las expresiones de afecto y sexualidad y pueden sentirse afectados por un romance activo en la familia. Es por esto que las parejas deben cuidar la calidad de su vínculo frente a las demandas de los hijos, estableciendo tiempos de prioridad para éstas, haciendo salidas regulares o viajes sin los hijos.
  • El área más complicada de la vida de la familia reconstituida es la crianza de los hijos. Formar una familia reconstituida con niños pequeños suele ser más fácil que formarla con adolescentes. Sin embargo, los adolescentes se separarán de la familia a medida que forman sus propias identidades. Investigaciones recientes sugieren que los más jóvenes (de 10 a 14 años) pueden experimentar el momento más difícil al adaptarse a una familia reconstituida. Los adolescentes mayores (de 15 años o más) necesitan menos dedicación a su crianza y pueden tener menos inversión en la vida de la familia reconstituida, mientras que los niños más pequeños (de menos de 10 años) suelen aceptar más a un nuevo adulto en la familia, sobre todo cuando es una influencia positiva. Los adolescentes jóvenes, que están formando sus propias identidades tienden a ser un poco más difíciles de tratar. Los padrastros o madrastras tendrían que establecer de inicio una relación con los niños similar a la de un amigo o "consejero” en lugar de imponer disciplina. Las parejas pueden acordar que el padre que tiene la custodia es el principal responsable del control y disciplina de los hijos hasta que el padrastro o madrastra establezcan un vínculo sólido. Cuando ocurra ello, pueden enfocarse en controlar la conducta y las actividades de los niños y mantener informados a sus cónyuges. Las familias pueden generar una lista de normas del hogar.
  • Los padrastros o madrastras pueden desear integrarse rápido y establecer una relación cercana con los hijastros, pero primero deben considerar la situación emocional y el género del niño. Los niños y las niñas en familias reconstituidas indican que prefieren las muestras de afecto verbal, como elogios o cumplidos, en lugar de la cercanía física, como abrazos y besos. Las niñas, en especial, dicen que se sienten incómodas con las demostraciones físicas de afecto de su padrastro. En general, los niños parecen aceptar a un padrastro con mayor rapidez que las niñas.
  • Tras un divorcio, los niños suelen adaptarse mejor a sus nuevas vidas cuando el padre que se ha mudado lo visita constantemente y mantiene una buena relación con ellos. Sin embargo, una vez que los padres vuelven a casarse, a menudo reducen o mantienen niveles inferiores de contacto con sus hijos. Los hombres parecen ser quienes más descuidos tienen en este aspecto: En promedio, los padres reducen sus visitas a los niños a la mitad dentro del primer año posterior al nuevo casamiento. Mientras menos visite un padre a su hijo, es más probable que su hijo se sienta abandonado. Los padres deben volver a relacionarse desarrollando actividades especiales en las que solamente participen el niño y el padre. Los padres deben evitar hablar en contra de sus ex cónyuges frente a los niños porque esto debilita la autoestima del niño e incluso puede forzarlo a ubicarse en una lealtad hacia uno u otro. En las mejores condiciones, puede tomar entre dos a cuatro años que una nueva familia reconstituida se adapte a convivir.

Como lo mencioné al principio, a toda familia reconstituida le precede el dolor, se construye a partir de un proyecto de vida fallido y con la esperanza de reparar los daños del pasado para un devenir mejor. Como también lo dejan claro todos los datos compartidos en este texto, gran parte del éxito de una familia reconstituida depende del cambio en el sistema de creencias de los integrantes, desde la pareja hasta la familia extensa. Querer iniciar una familia reconstituida con las ideas previas de familia, es por sí mismo un indicador de riesgo, al tiempo que es una señal de que la pareja que la constituye no ha obtenido ningún aprendizaje de sus vivencias precedentes.

Los seres humanos nos movilizamos por hábitos y nuestros hábitos están anclados en creencias, cambiar de hábitos requiere una revolución de las creencias, incluidas las representaciones que cada integrante tiene de sí mismo. Se rompe el pensamiento genealógico lineal para pensar en términos de sistemas complejos. Crear un nuevo orden requiere que el anterior deje de operar, de otra manera prevalecerá el sentimiento de intolerancia y frustración. Esto en muchas ocasiones requiere el apoyo de especialistas en cambios de vida, sobre todo para los hijos, en particular psicoterapias orientadas a la resolución conflictos y facilitación de la grupalidad.

El camino más adecuado para re-significar el sentido de familia es que en la nueva organización, se vayan generando recuerdos positivos al interior de la misma, que se logre esa complicidad que sólo da el sentimiento de tener una historia común. Al final, ser familia es ante todo hacer juntos historias y en el mejor de los casos historias de amor y fraternidad. 

Referencias

Bray, J. (s.f.). Cómo hacer que las familias reconstituidas funcionen.  American Psycholohgical Association. Disponible en:

http://www.apa.org/centrodeapoyo/familias.aspx

Espinar, I., Carrasco, M.J., Martínez M.P. y García-Mina, A. (2003). Familias reconstituidas: Un estudio sobre las nuevas estructuras familiares, Clínica y Salud, 14(3), 301 – 332.

García, C. (2010). Las familias reconstituidas. Universo UP. Revista digital de la universidad de padres online. Disponible en:

http://revista.universidaddepadres.es/index.php?option=com_content&view=article&id=609&Itemid=458

González, C.S. y González, A. (2005). Organizaciones familiares diferentes. Las familias reconstituidas. Revista electrónica de Psicología Iztacala, 8 (3), 17-27. Disponible en: http://www.journals.unam.mx/index.php/repi/article/view/19416

Gutiérrez, M., Díaz, K.Y. y Román, R.P. (2016). El concepto de familia en México: Una revisión desde la mirada antropológica y demográfica. CIENCIA ergo sum, 23(3), 219-228 

Lévi-Strauss, C. (1995). Antropología estructural. Barcelona: Paidós.

 

 

Last modified onDomingo, 19 Febrero 2017 23:26
Rate this item
(2 votes)
More in this category: « Relaciones fraternas

Leave a comment

Make sure you enter the (*) required information where indicated. HTML code is not allowed.

back to top