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Relaciones fraternas

Relaciones fraternas

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Cintia Aguilar Delgadillo

El presente artículo forma parte de un trabajo realizado durante el periodo del 2009-2014, que comprende mi formación como terapeuta familiar y la elaboración del reporte de experiencia profesional para obtener el grado de Maestría en Psicología con residencia en Terapia Familiar de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por ello es preciso aclarar que las ideas que aquí se presentan son una extracción de mi reporte de experiencia profesional, sin embargo estás ideas surgieron de manera conjunta en conversaciones y colaboración con Araceli Durán Rivera y Alma Griselda Aguilar Segura (compañeras de maestría) quienes colaboramos en trabajos de investigación enfocados en estudiar la relación fraterna, lo cual permitió que emergiera el tema eje de mi reporte de experiencia profesional “la relación fraterna y su impacto en los contextos relacionales”, por ello el artículo refleja algunas miradas teóricas y reflexiones personales referentes a las investigaciones y el trabajo con familias cuyo foco de análisis fue la fraternidad. 

Las familias son sistemas multi-individuales de extrema complejidad pero a su vez subsistemas de unidades más vastas. Cada individuo pertenece a diferentes subsistemas en los que posee distintos niveles de poder y en los que aprende habilidades diferenciadas. Un hombre puede ser un hijo, sobrino, hermano mayor, hermano menor, esposo, padre y así sucesivamente. Dentro del subsistema de la familia, tres unidades poseen significación particular, además del individuo, el subsistema conyugal, parental y fraterno.

El subsistema conyugal surge de la unión de dos adultos con el propósito de formar una familia. Este subsistema es vital para el crecimiento de los hijos. Constituye su modelo de relaciones íntimas, el niño contempla modos de expresar afecto y de afrontar conflictos entre iguales. Lo que presencia se convertirá en parte de sus valores y expectativas cuando esté en contacto con el mundo exterior. Si existe una disfunción importante dentro del subsistema de los cónyuges repercutirá en toda la familia.

El subsistema parental surge a partir de la llegada del primer hijo. Las interacciones dentro de este subsistema incluyen la crianza de los hijos y las funciones de socialización. El niño aprende lo que puede esperar de las personas que poseen más recursos y fuerza. Aprenden a considerar racional y arbitrariamente la autoridad. El subsistema parental puede estar compuesto de manera diversa, a veces incluye a un abuelo, una tía o a un hijo parental. Dentro de este subsistema los adultos tienen la responsabilidad de cuidar a los niños, de protegerlos y socializarlos, pero también poseen el derecho de tomar decisiones que atañen a la supervivencia del sistema total en asuntos como fijación de reglas que protejan a todos los miembros de la familia. Tiene que modificarse a medida que el niño crece y sus necesidades cambian.

El subsistema fraterno surge a partir del nacimiento del segundo hijo, está conformado por los hermanos. Constituye para un niño el primer grupo de iguales en que participa. Dentro de este contexto, los hijos se apoyan entre sí, se divierten, se atacan, se toman como chivo emisario y, en general se entrenan en hacer amigos y en tratar con enemigos, en aprender de otros y en ser reconocidos. Elaboran sus propias pautas de interacción para negociar, cooperar y competir, las cuales cobrarán significación cuando ingresen a grupos de iguales fuera de la familia, los compañeros de la escuela y posteriormente en el mundo laboral (Minuchin, 1985; Minichin y Fishman, 2006). 

De este modo es evidente que la familia se diferencia por las funciones específicas de los subsistemas, en el que cada uno juega un papel vital para el desarrollo del sistema familiar  e  individual. Sin embargo se suele dar mayor importancia al subsistema parental y conyugal, y no dimensionar la importancia del subsistema fraterno en los diferentes contextos relacionales del individuo, motivo por el cual, el propósito de este trabajo es hacer un acercamiento a este subsistema.

La fraternidad es la relación interpersonal que existe entre aquellos que por circunstancias impredecibles se encuentran compartiendo su existencia, con los mismos padres o diferentes, dentro de las mismas relaciones familiares y que permanecen unidos debido a que su desarrollo así se lo exige. (Morales, 1997). La relación fraterna la mantienen dos o más individuos (Dunn, 1984).  

Se puede entender por vínculo fraterno a la conexión entre hermanos, a nivel público y privado; en ocasiones este vínculo puede ser cálido y positivo, pero también puede ser negativo; esta relación sufre transformaciones a lo largo de la vida, pasa por periodos de reposo y de intensa actividad, según la etapa del ciclo vital que atraviesen. A través de la relación fraterna, se adquiere el sentido de individualidad y de constancia, pues la evolución de la relación constituye un proceso continuo. A medida que los hermanos crecen la relación se convierte en un sistema de apoyo mutuo. Durante la infancia, los hermanos modelan activa y mutuamente sus vidas, preparándose para las experiencias posteriores con sus iguales y como adultos. El sistema de apoyo mutuo que se establece es muy importante ya que generalmente la relación fraterna dura hasta la muerte, es una relación de por vida, y se comparten experiencias que no se compartirán con nadie más (Bank y Kahn, 1988). 

Las relaciones fraternas tienen un rol crucial en el desarrollo de la personalidad de los individuos. Es un escenario que promueve el desarrollo de habilidades sociales, ya que es en este subsistema donde a través del juego, la interacción y los conflictos de la vida cotidiana, surge la oportunidad de aprender a compartir, autocontrolarse, escuchar, ser buen compañero, negociar, demostrar lealtad o rivalidad, y expresar sentimientos de afecto o agresión. También pone de manifiesto la incidencia de las pautas de comportamiento de los padres sobre los hijos para favorecer o entorpecer la fraternidad, en caso de provenir de una familia en la que se viven conflictos serios, los hermanos no desarrollan un vínculo fraterno, lo que favorece la carencia de habilidades psicosociales y debilita los lazos familiares; a pesar de no existir una relación fraterna positiva en esas condiciones, los hermanos son “lo conocido” ante lo desconocido en una situación de adaptación Institucional, y el vínculo familiar puede ser lo único que les brinde seguridad (Meza, 2008; Minuchin y Fishman, 2006). 

Los estudios sobre la naturaleza de las relaciones fraternas, dan cuenta de las características de las interacciones entre hermanos desde la primera infancia hasta la edad adulta; del amplio rango de las emociones humanas; desde el amor, el afecto y la lealtad, al odio, la hostilidad y el resentimiento, así como de la función socializadora primaria que ejercen en los primeros años de vida (Dunn y Kendrick, 1986);  Para Bank y Kahn (1988), las interacciones cargadas de agresión, resultan dolorosas pero a su vez significan contacto, presencia del otro; de manera que la agresión fraterna tiene una cualidad segura previsible: si se golpea o insulta al hermano, la respuesta aunque dolorosa, es conocida y esperada, por lo que la agresión fraterna es una especie de laboratorio donde se aprende a manejar y resolver conflictos. Cuando los padres impiden el enfrentamiento de sus hijos de manera ansiosa o enfadada, corren el riesgo de que los niños expresen su ira en forma secreta y prohibida. Los conflictos entre hermanos les pertenecen a ellos; sin embargo, a muchos padres les resulta difícil respetar los límites de esos conflictos, o al contrario, otros padres ignoran el dolor que se inflige entre sus hijos. 

Cuando se logra establecer una relación fraterna enriquecedora ─cariño recíproco que perdura a lo largo de la vida─ se puede considerar al hermano como un amigo. Si la fraternidad es llevada por buen camino se evidenciará que con un hermano se puede reír, jugar, llorar, pelear, confiar secretos, defender los propios derechos a viva voz sin pensar en el qué dirán. Todas estas vivencias las proporcionan los hermanos como preparación para enfrentarse a una vida en la que no todo será dulzura. Es una justa medida de experiencias, que ayudan al niño a adentrarse a la realidad que le espera y a comprender con hechos lo que con palabras o consejos de los padres o maestros, no podrán asimilar y apreciar con tanta claridad (Morales, 1997). 

De acuerdo con Sánchez (1983), las características de la relación fraterna son:

  • Naturaleza inclusiva, contactos variados y numerosos.  La vida entre hermanos incluye un gran número de relaciones mutuas tanto en cantidad como en calidad. Habitualmente los hermanos comen juntos (en ocasiones sin la presencia de los padres), se bañan juntos, juegan juntos, hacen la tarea juntos y hasta aprenden a andar en bicicleta juntos.
  • Los hermanos mayores son con frecuencia verdaderos maestros de los pequeños para bien o para mal.
  • La convivencia entre hermanos ayuda a la afirmación de la propia personalidad. Pronto surgen semejanzas de todo tipo, físicas, de actitudes, gestos, formas de hablar, entre otras. Esto proporciona un elemento de identificación que ayuda al individuo a verse reflejado en el otro y puede servir para imitar la conducta del hermano o para corregir aquello que no le gusta. De tal suerte que cada miembro de la comunidad aporta algo característico y propio que supone una verdadera escuela de convivencia y formación de la propia personalidad.
  • La relación entre hermanos puede reforzar el sentimiento de seguridad, este aspecto influye sobre todo en el área afectiva del niño, unos se apoyan en otros y esto sucede hasta que son adultos y cuando ya cada quien ha hecho su vida independiente.
  • Se favorece la diferenciación entre rasgos propios en cada hermano, por lo que el niño va adquiriendo un sentido de individualidad personal. A pesar de nacer de los mismos padres, no siempre tienen los mismos caracteres, ni los mismos intereses, así como las circunstancias educativas pueden ser diferentes para cada uno. Esto nos lleva a observar que cada hermano es diferente. Todas estas individualidades se cohesionan, interaccionan y complementan mutuamente en la fraternidad.
  • Una característica que se desprende de la convivencia familiar es la diversión recíproca, franca, abierta y de total confianza. Es una manera de actuar que no exige etiquetas formales, donde se da un mismo lenguaje, un diálogo común, por lo que el ambiente está inmerso en un clima de sinceridad y simpatía. Todo ello se logrará con una educación adecuada para la fraternidad, en la que exista en los padres y hermanos (especialmente mayores) un conocimiento, reflexión, acción y compromiso en la educación de las relaciones entre hermanos.

En la relación fraterna intervienen diferentes personas, cada uno con características peculiares, según el orden de nacimiento o edad de cada hermano: 

  • El hermano primogénito. El primogénito es el hermano que usualmente vive con mayor intensidad la rivalidad ─oposición entre dos o más personas que aspiran a obtener una misma cosa (Bank y Kahn, 1988) ─ con la llegada del nuevo hermano, debido a que por algún tiempo gozó de los privilegios de recibir exclusivamente las atenciones de los padres, lo cual no ocurrirá con los hermanos subsiguientes. Si no rebasa los 18 meses no será obstáculo para la creación de lazos afectivos e intereses comunes. Si la diferencia es entre 3 y 4 años habrá mayores dificultades para la adaptación del primogénito al recién nacido. Generalmente, se depositarán en él las exigencias y expectativas de los padres, por lo que usualmente adoptan la mayor interiorización de exigencias intelectuales (Morales, 1997).  
  • El hermano intermedio. Debido a su posición de nacimiento, usualmente se ve en la disyuntiva de elegir a un sujeto de identificación, algunos se sienten con más parecido a los mayores, mientras que otros se dejan atraer por actitudes de los menores. Por lo que la consolidación de su propia personalidad puede obstaculizarse, si la superación del modelo propuesto excede por mucho sus propias posibilidades, o si dicha superación se convierte en el único objetivo al cual el hermano intermedio se aferra. Esto podría generar rencores, envidias, celos y demás actitudes negativas que afectan la armonía familiar; se observan en su proceso de adaptación diferentes respuestas tales como:
  1. Sentimiento de inferioridad, debido a su empeño en superar al hermano con el que se desea identificar.
  2. Actitud de renuncia como una manera de llamar la atención, con la que se manifiesta un comportamiento regresivo o de impotencia, es el niño que parece no importarle nada.
  3. Reacción de oposición en la que el hermano adopta una actitud negativista, de rechazo, lo que parece dar lugar a una personalidad huraña o introvertida en los contactos sociales.
  4. Reacción de compensación. El hermano intermedio analizará sus propias aptitudes para destacar en algún campo, en el que su hermano mayor sea competidor (Morales, 1997; Sánchez, 1983).
  • El hermano menor. Generalmente atrae la atención de los padres y de los hermanos mayores cuando no existe gran diferencia entre sus edades, de lo contrario el hermano menor puede sentirse aislado, en ocasiones intenta acercarse a sus hermanos mayores para ser admitido. Puede comportarse de cuatro formas principal
  1. Con afán de dominio exagerado, siempre bajo cualquier motivo querrá sobresalir, ya que su impulso de rivalidad estará a flor de piel.
  2. Tomar una actitud defensiva en la que constantemente  fracase en su empeño de luchar con el rival y se encuentre desarmado para reaccionar frente a la frustración o puede  tomar una actitud defensiva en la que su conducta será de retroceso, ante el menor obstáculo huirá de toda responsabilidad. Ninguno de los dos tipos se consideran aptos para la convivencia, el primero porque desencadenará un sentimiento de inferioridad difícil de superar, y el segundo porque pretenderá vivir a expensas de los demás, con una actitud agresiva y defensiva.
  3. Mayor maduración de personalidad por aprender a través de la vida de sus hermanos.
  4. Mantenerse en una actitud pasiva de comodidad, sin obligaciones y dependencia, por sentirse sobreprotegido (Morales, 1997; Sánchez ,1983).

 

Conclusiones

Tras la revisión de la literatura considero que la relación fraterna es mutidimensional ya que se construye en diferentes ámbitos de la vida familiar (modelaje relacional de la pareja conyugal, interacción con los hermanos en la negociación, rivalidad, afecto, solidaridad, entre otros); la fraternidad impacta en diferentes ámbitos de la vida cotidiana de las personas (al interior y exterior del sistema familiar) desde edades muy tempranas (por ejemplo en la incorporación al ámbito escolar), y los acompaña a lo largo de las diferentes etapas del ciclo vital de la familia. Sin embargo suele ser subvalorada ya que se desconocen sus dimensiones

Me parece relevante considerar a la relación fraterna como una posibilidad de intervención con las familias, ya que en mi experiencia en el trabajo reportado cuyo motivo de consulta fue la relación fraterna y eje de intervención:

  1. Permitió describir las diferentes dimensiones que participan en la relación fraterna (odio, amor, apoyo, rivalidad, negociación, peleas, celos, competencia, género, lugar de nacimiento, número de hermanos).
  2. Permitió analizar la importancia y utilidad del subsistema fraterno y cada una de sus dimensiones en los diferentes contextos relacionales del individuo a nivel personal y profesional.
  3. Permitió generar recursos y posibilidades que ampliaron mi mirada y promovieron la exploración e importancia de todas las unidades que constituían el sistema familiar total, y
  4. Permitió evidenciar que tal como ocurre con las familias, no existe un modelo único de relación fraterna, que dicha relación se transforma al paso del tiempo.

De manera que reconocer, visibilizar y dimensionar las implicaciones de la relación fraterna en las familias, desde mi perspectiva es útil y pertinente para ampliar posibilidades interventivas, que den solución a los malestares de las familias, además de ampliar y  cuestionar las premisas de los psicoterapeutas y los consultantes con  respecto a la relación de hermanos

 

Referencias

Bank, S y Kahn, M. (1988). El vínculo fraterno. Buenos Aires: Paidós.

Dunn, J. (1984). Relaciones entre hermanos. Madrid: Morata

Dunn, J y Kendrick, C. (1986). Hermanos y Hermanas: Amor, envidia y comprensión. Madrid: Alianza.

Meza, V. (2008). Terapia de juego entre hermanos para favorecer el vínculo fraterno. Reporte de experiencia profesional de Maestría en Psicología. Facultad de Psicología. Universidad Nacional Autónoma de México.

Minuchin, S. (1985). Familias y Terapia Familiar. Barcelona: Gedisa.

Minuchin, S. y Fishman, H. (2006) Técnicas de Terapia Familiar. México: Paidós.

Morales, M. (1997). Educación para la fraternidad en el núcleo familiar basada en la comunicación asertiva. Tesina de Licenciatura en Pedagogía. Facultad de Pedagogía, Universidad Panamericana.

Sánchez, E. (1983). Los hermanos: convivencia, rivalidad, solidaridad. Madrid: Narcea

Last modified onViernes, 24 Febrero 2017 02:34
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