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Ansiedades tempranas y creencias familiares subyacentes en el psicoanálisis de un niño.

Ansiedades tempranas y creencias familiares subyacentes en el psicoanálisis de un niño.

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Roberto Vargas Arreola

 “Las condiciones bajo las cuales se puede dominar la ansiedad son tan específicas como las condiciones bajo las cuales se puede amar, y ambas están íntimamente ligadas”.

M. Klein

Cuando recibimos a un niño en psicoterapia, no recibimos sólo su disposición para analizar sus ansiedades a través del juego. Recibimos al mismo tiempo las creencias que el infante y su familia tienen sobre el estado afectivo en el que se encuentra y el que se pretende alcanzar, haciendo uso del dispositivo psicoanalítico. A veces es confuso determinar quién está en terapia; por momentos, los padres también son sujetos que se cuestionan diferentes aspectos a partir del análisis de sus hijos. Estas creencias familiares son fundamentales ya que tienen un lugar en las entrevistas, pero también en el consultorio y en el proceso psicoanalítico mismo. Los niños tienen una historia relatada por sus padres de las que, por momentos, se quisieran desprender, pero que también conforman los primeros esbozos de su imagen y su identidad. El peligro de no escuchar las creencias familiares consiste en “de-subjetivar” al niño y extraerlo de su contexto. En todo caso, habrá que comprender en qué están sostenidas estas creencias o qué función tienen en la problemática del niño.

Para ejemplificarlo, se presenta a continuación un caso:

Matías

Matías, niño de 5 años, acude a psicoterapia infantil por un asunto que, en palabras de sus padres, fue nombrado como “timidez” e “inseguridad”. En la exploración del motivo de consulta, Mariana y Juan Carlos, padres de Matías, relataron que el niño habla como “bebé” y en ocasiones también se comporta como tal. El padre planteó, entre sus expectativas a la terapia, que el niño pueda ser más “seguro de sí mismo” ya que quiere que haga deporte y sea competitivo, aspectos que él hizo en su infancia y adolescencia. La madre estuvo de acuerdo con ello, aunque señaló que Juan Carlos lo consiente y sobreprotege, por lo que él mismo tendría que hacer cambios para que Matías se comporte de manera más independiente y segura. La sobreprotección del padre a Matías es un tema central que conforma una serie de creencias en torno al niño.

Juan Carlos reconoció en algunos momentos ser sobreprotector ya que “no le gusta que otras personas regañen a Matías”; a su parecer, sólo él y la madre tienen la autoridad de hacerlo. Asimismo, también lo sobreprotege para defenderlo de Omar, medio hermano de Matías, quien –a decir del padre- le pega a escondidas y Mariana no se da cuenta o no hace nada. Así, descalifica a Mariana en su esfuerzo por poner límites, aduciendo a que se va a los “extremos” entre ser muy laxa o muy estricta.

Matías proviene de una familia reconstituida compuesta por sus padres, una hermana menor de 2 años (Alondra) y un medio hermano de 10 años (Omar), producto de una relación previa de Mariana. A su vez, Juan Carlos también tiene un hijo producto de una relación previa (Carlos), quien tiene 11 años y vive con su mamá.

Una de las principales dificultades para la familia de Matías es definir quiénes son los que componen el grupo familiar y especialmente los roles que se ejercen; por ejemplo, la relación entre Juan Carlos y Omar, padrastro e hijastro, ha sido ambigua, ríspida y conflictiva. Esto, a su vez ha conllevado a que Juan Carlos y Mariana tengan diversas discusiones ya que ésta le demanda que tenga una actitud más cercana con Omar.

Al momento de conformar una familia, Mariana y Juan Carlos establecieron que ella se haría cargo de las necesidades de Omar ya que era su hijo, sin embargo, conforme se fueron desarrollando éstas, surgió la necesidad de la figura de un padre, demandando la presencia de Juan Carlos. Sin embargo, el acuerdo previo los había llevado a que mientras Mariana se ocupaba de Omar, Juan Carlos se encargaba de Matías y éste no estaba de acuerdo en “soltar” a su hijo para responsabilizarse de alguien que no lo era.

Así, Matías llegó a terapia como un niño miedoso, sobreprotegido por su padre, tímido y retraído en la escuela.

Algunos apuntes clínicos

Para Klein (1926), el niño expresa sus fantasías, deseos y experiencias de un modo simbólico por medio de juegos y juguetes. Al hacerlo, utiliza los mismos medios de expresión arcaica y filogenética que es familiar en los sueños. Matías, de ese modo, utilizaba todos los medios que tenía a su alcance para competir conmigo en la terapia, buscando siempre vencerme y ganar. Hacía todo tipo de trampas y fantaseaba con tener “súper-poderes” de diferente naturaleza con los que intentaba situarse como vencedor.

Sin embargo, existía también un aspecto privado que contenía miedos primitivos y que representaba en monstruos escondidos en una caja arriba de un librero. Por momentos Matías hacía que la sesión se silenciara esperando que el monstruo hiciera algún ruido o diera algún indicio de su presencia. Los padres posteriormente relataron que Matías había tenido pesadillas con monstruos por lo que resolví en trabajar sobre esto, diciendo que dentro de esa caja existían sólo juguetes que lo aguardaban dormidos mientras él se iba a casa y que sólo en el consultorio podía él hacerlos despertar.

Igualmente los miedos eran representados en las “brujas”, muñecas a las que desnudaba y que lo atacaban intempestivamente, pero que siempre lograba ganarles a través de sus poderes mágicos. Las brujas, a su vez, eran la imagen devaluada que tenía de la mujer, introyecto del padre, ya que después de desatar su enojo hacia ellas pronunciaba sentencias como “vas a morir vieja chancluda”, haciendo referencia a un programa infantil de televisión.

La devaluación hacia las imagos femeninas también lo fue descolocando de una imagen pasiva de sí mismo, identificada con la madre, con ser un bebé, con la preconcepción de “pérdida”. De hecho, continuamente hacía alusión a que él era “el niño” y yo “la niña”, él era “el fuerte” y yo “el débil”, él era “el que gana” y yo “el que pierdo”. Así, se sostiene la premisa fundamental de Klein (1926) sobre el análisis de niños: En los juegos se actúa en lugar de hablar.

Klein (1926), por otro lado, plantea que las interpretaciones son fácilmente aceptadas por el niño y a veces con marcado placer debido a que la relación entre los estratos inconscientes y conscientes de su mente es estrecha y accesible, y el camino de regreso al inconsciente es más fácil de encontrar. Por tal motivo, ante los juegos de Matías  interpreté que por momentos puede sentirse tan incapaz de enfrentarse a sus miedos que necesita crear súper-poderes con los que pueda vencerlos, entre ellos recuperar su voz de niño para dejar a un lado su voz de bebé. 

El siguiente paso fue ponerle nombre a sus miedos. De este modo surgió la imagen de un medio hermano celoso que no lo dejaba ser el centro de atención de sus padres y con el que por la diferencia de edades (Matías de 5 años y Omar de 10) siempre le ganaba. Omar era una fuente importante de sus miedos ya que podía, principalmente, robarle el cariño de su mamá.

Para Klein (1926), a veces nos encontramos con resistencias difíciles de vencer lo que, por lo general significa que nos estamos enfrentando con la ansiedad y el sentimiento de culpa del niño, que pertenecen a la capas más profundas de su mente. Así, después de hacer todo tipo de ataques hacia mí, por competir con él como lo hace Omar, me protegía de su agresión dándome lo que a él le sobraba, apenas pequeños cubos para hacerme de una recámara mientras él gozaba de una mansión enorme y grandiosa.

Este juego gobernado por el sentimiento de culpa subyacente no era suficiente para disminuir su ansiedad ya que él seguía poseyendo todo lo que había a su paso. Así, opté por interpretarle el lugar en el que me colocaba como representación de Omar, (desprotegido y solo) y al reconocer estos sentimientos en él mismo, lograba atender a mi necesidad y darme más cosas para construir una casa como la de él.

Según Klein (1926), cuando el análisis ha comenzado y las interpretaciones han disminuido la ansiedad, el niño experimentará un gran alivio. Tendrá mayor capacidad en distinguir la realidad de la fantasía, distinguiendo por ejemplo entre su madre verdadera y la imaginaria, o entre su hermano real y el de juguete. En Matías, de tener miedos difusos y sin nombre, logró verbalizarlos y jugar con todos los miembros de su familia, presentándolos de la siguiente manera:

  • Papá representado como un hombre bueno, sin autoridad
  • Mamá representada como una mujer enojona y preocupada por Omar
  • Omar representado como un hermano mayor con más fuerza y libertad, pero solo y carente de cosas materiales
  • Alondra representada como un bebé y después como una niña traviesa
  • Abuelos representados como dos personas bondadosas, sin autoridad
  • y Matías, representado como un niño ganador, con una increíble capacidad de salir o escaparse de situaciones de control y de límites.

Así, en la psicoterapia con Matías comenzaron a avecinarse algunos cambios. Si bien había disminuido su ansiedad hacia los miedos, éste se había desplazado hacia la situación de control. Ya no dejaba que le pusieran límites, retaba a sus padres y actuaba de manera voluntariosa. En sus juegos hablaba de irse a un lugar lejos, tomaba un globo terráqueo y buscaba cualquier país diciendo que ahí se iba a vivir solo, ya que no se llevaría a su familia. Se hacía ver como un niño totalmente independiente y cuando le hablaba desde la preocupación de sus padres no se inmutaba e incluso disfrutaba del malestar que despertaba en ellos. Sólo por momentos se acordaba de Omar, con quien regresaba para competir o para salvarlo de una situación peligrosa.

Para Klein (1926), los niños neuróticos no pueden tolerar bien la realidad debido a que son incapaces de aceptar las frustraciones. Buscan protegerse de la realidad, negándola. Pero lo más importante y decisivo para su futura adaptación a la realidad es la mayor o menor facilidad con que toleran esas frustraciones surgidas de la situación edípica.

Al respecto, Matías restablecía esta situación edípica cuando salía del consultorio y buscaba a su padre, quien, en la fantasía, lo protegía de su agresión y su ansiedad. Con su madre no podía contar de modo suficiente ya que el padre no dejaba que ésta se cruzara en una relación donde él recibía una gratificación narcisista. Pese a eso, Matías fue buscando a su madre en la realidad, no así en el juego, a través de pelearse con su papá, ser “contestón” e irreverente, no aceptar los límites que le ponía, llegando incluso a la agresión. Así, buscaba “cobijarse” en su madre, sin embargo, la misma dinámica familiar conllevó a que Juan Carlos peleara con Mariana por el cariño de Matías.

Esta situación de agresión fuera del setting permitió que Juan Carlos reconociera la sobreprotección con la que estaba educando a Matías y que con ello no le estaba permitiendo crecer. Comenzó a acercarse más a Omar, saliendo con él al cine y comprándole las mismas cosas que le compraba a Matías. Esto facilitó que por un tiempo Matías y Mariana se acercaran más, pero casi inmediatamente volvieron a una situación anterior cuando Mariana descubre una posible infidelidad de Juan Carlos, volviendo a sus roles habituales donde Mariana se hace cargo de Omar y Juan Carlos de Matías, echándolos a pelear entre sí como manera de reproducir los ataques que existen entre ellos.

Matías entonces volvió a sus primeras inseguridades, tuvo dos episodios de enuresis debido a la ansiedad que sintió por esta situación. Lo vivió como una especie de despedida a la madre donde tenía que resignarse a ser protegido sólo por su padre. Juan Carlos comenzó a presionarlo en el ámbito de la escuela y del deporte, exigiéndole que destacara en el futbol más allá de que sintiera placer por jugar. Así, lo echaba a pelear con Omar, quien llevaba más tiempo de practicar el deporte y jugaba mejor.

Matías ante estas inseguridades se refugió en el juego con Alondra, con quien por edad  tenía más capacidad de ganar. Sin embargo, presentaba mucho enojo ante situaciones de presión y control, descargándolo en el juego a través de pegarme con una caja. Desde mi lugar como terapeuta, toleré su agresión para contenerlo y resolví que hablara sobre su enojo a través un muñeco con el que se identificaba. Le dije que éste me había revelado algunos secretos sobre cómo se sentía. Así pudo decirme que siente que no sabe hacer las cosas, lo cual le enoja y odia a quien cree que puede ser mejor que él.

Hicimos posteriormente un mándala que comenzó a recortar mal y ante mi observación siguió cortándolo de forma incorrecta diciendo que lo estaba haciendo bien. Entonces resolví en decirle que no estaba bien cortado, desatando su furia contra mí. Fue entonces que pude interpretarle que para sus papás las cosas que hace están mal y ya está harto de esa situación, pero tampoco se esfuerza por hacerlo de otra manera.

Para Klein (1926), el análisis del juego, no menos que el análisis de adultos, al tratar sistemáticamente la situación presente como una situación de transferencia y al establecer sus conexiones con la situación originariamente experimentada o fantaseada, da la posibilidad a los niños de liberar y elaborar la situación originaria en la fantasía, resolviendo fijaciones y corrigiendo errores del desarrollo que habían alterado la línea evolutiva. Considero que he fungido como el catalizador de los miedos, los enojos y las frustraciones de Matías con el fin de devolvérselos de una forma más elaborada.

Sin embargo, Klein (1926) refiere que aun cuando comienzan por manifestar una actitud positiva frente al análisis debemos prepararnos a la manifestación de una transferencia negativa tan pronto como aparece un material complejo. En estos casos, el analista debe asegurar la continuación del trabajo analítico y establecer la situación relacionándola a él mismo, retrotrayéndola al mismo tiempo a objetos y situaciones originarias por medio de interpretaciones, resolviendo así cierta cantidad de ansiedad.

En ocasiones, Matías ha presentado miedo hacia el espacio analítico, lugar donde explora sus ansiedades, temores y preocupaciones. Algunas veces, cuando lo recibo se esconde de mí, detrás de su papá. En algunas sesiones acude al baño para asegurarse que éste aún se encuentra ahí ya que es presa de la ansiedad que le provoca estar consigo mismo o conmigo -como su terapeuta-, fuente que le devuelve sentimientos de inseguridad, equivalente a que sus miedos lo puedan vencer.

Para Klein (1926), la interpretación puede gravitar en algún punto de urgencia y abrir una vía de entrada al inconsciente. Este punto de urgencia, para la autora, se hará evidente por la multiplicidad y frecuente repetición, a menudo bajo diversas formas, de las representaciones del mismo “pensamiento de juego”. Así, repite una situación en la que me “gana” como una necesidad de salvaguardar su narcisismo y dotarlo de fuerza, aunque a veces “olvida” la agresión que deposita sobre mí o sobre sus representaciones parentales internalizadas, como se olvida de sus padres cuando en el juego escapa a otro país.

De acuerdo con Klein (1926), la ansiedad provocada en el niño por sus impulsos agresivos destructivos opera de dos maneras: 1) lo hace temer ser exterminado por esos mismos impulsos, o 2) focaliza esos temores sobre su objeto externo, contra el cual se dirigen sus sentimientos sádicos, como origen del peligro. De esta segunda manera es como Matías exterioriza su agresión, apenas con algunos sentimientos de culpa y ciertas conductas reparatorias como “rescatar” a Omar (o rescatarme a mí) de sus ataques y olvidos.

Para Klein (1926), en los primeros estadíos del análisis, la proyección de las imágenes aterradoras en el mundo externo transforma este mundo en un lugar de peligro y a sus objetos en enemigos; mientras la introyección simultánea de objetos reales, bien dispuestos para con él, trabaja en dirección contraria y disminuye la fuerza de su temor. Esta dirección considero que es la fuerza de la psicoterapia ya que al tomar en cuenta las creencias que se presentan en el sistema familiar, Matías desea encontrar en el espacio de juego una fuerza que lo ayude a crecer y vencer sus miedos, pero también en reconocer sus límites y enfrentarse a la castración.

Klein (1926) señala que la razón por la cual el niño necesita tener siempre a la madre junto a sí, es no sólo para convencerse de que ella no muere, sino de que ella no es una madre “mala” que lo ataca. Requiere de la presencia de un objeto real para combatir el miedo a los aterradores objetos introyectados y a su superyó. A medida que avanza su relación con la realidad, el niño hace un uso creciente de sus relaciones con los objetos. Matías por ello necesita de un padre real que lo proteja, pero también de una madre que esté presente y a unos padres que no compitan por el amor de su hijo.

Igualmente considero que necesita de mí como su terapeuta para enfrentarse con una persona real y que gradualmente caigan las fantasías puestas en relación a la competencia fraterna y el triunfo del amor de mamá. Así, como pronuncia Klein (1926), la ansiedad estimula el desarrollo del yo como una función elaborativa y las condiciones bajo las cuales se puede dominar la ansiedad son tan específicas como las condiciones para amar, integrar y reparar a sus objetos. Finalmente, haciendo uso de las fantasías inconscientes, el niño puede elaborar y resarcir los imagos y los vínculos antes atacados.

Apunte final

La clínica psicoanalítica está sostenida de discursos, si bien el niño está en el proceso de acceder a la simbolización vía el lenguaje, encuentra en el juego una forma de hablar y habitarse a sí mismo. Escucharlo equivale a escuchar el discurso de sus padres, sus temores, obsesiones, deseos, creencias, conflictos y necesidades. Aún faltarán algunos años para que el niño pueda preguntarse sobre su deseo, más allá del deseo de los padres. Es por ello que las creencias familiares tienen un papel crucial en la psicoterapia infantil. En el caso de Matías, ¿en qué lugar está sostenido? Al parecer en un deseo paterno que demanda lealtad, que promueve la competición y el triunfo, un control del que quiere salir para acceder al amor de su madre, cuyo tránsito le genera miedo, desconcierto, inseguridad, culpa y ansiedad. Hay conflictos entre los padres que se manifiestan en la competencia entre los hermanos donde Matías desearía que al acceder al amor materno, no pierda el amor paterno; o bien, que al buscar a la madre, haya un lugar para él, y no encuentre a una madre absorbida por el amor a Omar; formas en las que los padres, hasta el momento, intentan resolver sus asuntos.

Referencias

Klein, M. (1975). Fundamentos psicológicos del análisis del niño. Obras completas, vol. II. Paidós: Argentina.

Klein, M. (1975). La técnica del análisis temprano. Obras completas, vol. II. Paidós: Argentina.

Klein, M. (1975). Primeros estadios del conflicto de Edipo y de la formación del Superyó. Obras completas, vol. II. Paidós: Argentina.

 

Klein, M. (1975). El significado de las situaciones tempranas de ansiedad en el desarrollo del Yo. Obras completas, vol. II. Paidós: Argentina.

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