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Lo sensual de ser una misma 

Lo sensual de ser una misma 

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Nadja Torres Cabrera

 

La feminidad inicia con el primer gesto de sensualidad, cuando una niña descubre en un instante de intimidad el poder de su piel y la roza con una ligera caricia para sí misma. De ahí adelante todo será un camino de búsqueda por su cuerpo, al paso del tiempo encontrará que, a diferencia de los hombres con su sensualidad inmediata y focalizada, la sensualidad de las mujeres es, como dice Anaïs Nin en su ensayo “Erotismo en la mujer”, una atmósfera “vibrante que necesita explorarse y que tiene una conexión con el último incitamiento”.

La sensualidad de una mujer se va entrelazando con el amor, así, para nosotras amar es sentir y sólo sabemos que amamos cuando el impulso de entregarnos sexualmente es con todo nuestro cuerpo y logramos un intercambio con la persona amada que se transforma en una danza erótica cuyo acto final es un orgasmo, esa cumbre desde donde caemos trémulas entre los brazos de quien ha encontrado nuestras llaves sensuales. Es por eso que tras el éxtasis, necesitamos asegurarnos de que somos amadas, de otra manera todo se resumiría a la aplicación exitosa de las artes de la seducción, siempre vacías una vez alcanzado su objetivo.

En el mismo ensayo, Anaïs Nin dice: “si seguimos estudiando la sensualidad de las mujeres nos encontramos con que en última instancia no hay generalizaciones, que hay tantos tipos de mujeres como mujeres mismas… hay una diferencia en nuestras necesidades eróticas, fantasías y actitudes”. Cada una tenemos la tarea de conocernos, de aprender en cada contacto lo que nos gusta, nos excita, nos incomoda, qué sensaciones necesitamos para cada ocasión. Así, disfrutamos también que nos exploren, pues sólo de esa manera encontramos puntos erógenos inaccesibles o desconocidos para nosotras. Pero no sólo es tacto, la voz tiene un poder grande para liberar nuestra sensualidad, pues la voz es la puerta a la fantasía, nada nos seduce más que las palabras precisas en el momento preciso.

Nos dice Nin: “La verdadera liberación del erotismo estriba en aceptar el hecho de que tiene miles de facetas, hay muchas formas eróticas, muchos objetos, situaciones, atmósferas y variaciones de él”. Desde la primera exploración de nuestros cuerpos de niñas, hasta la consumación de un acto sexual en medio del fuego juvenil o los orgasmos de madurez que nos arrastran a un incesante temblor, las mujeres tenemos que resolver nuestro enigma, sólo sabemos verdaderamente quiénes somos cuando conocemos y vivimos nuestra compleja sensualidad. De otra manera estaremos siempre insatisfechas, andaremos dando tumbos de cama en cama o frustradas junto a un hombre pasivo, narcisista sexual o que a pesar de sus esfuerzos no logra encontrar las claves de nuestra sensualidad porque nosotras mismas las desconocemos.

No se trata necesariamente de cantidad, como dice Anaïs Nin “existe un tipo de hombre que busca hacer el amor igual que nosotras, y hay al menos un hombre así para cada mujer. Sin embargo, para reconocerlo, primero debemos conocernos a nosotras mismas, conocer los hábitos y las fantasías de nuestro cuerpo, los dictados de nuestra imaginación. No solamente debemos saber lo que nos mueve, nos excita y provoca, sino también cómo obtenerlo y alcanzarlo. Y, al final, la mujer debe generar su propio patrón erótico de satisfacción a través de una enorme cantidad de mitad información y mitad revelación”. Mitad información y mitad revelación, ¿qué es el descubrimiento de nuestra sensualidad sino eso? La vida nos obsequia cada día datos e iluminaciones, nuestro cuerpo se transforma cada día y con él nuestra sensualidad. Las mujeres, al estar inmersas permanentemente en ciclos biológicos, no somos las mismas cada día, lo que hoy nos gusta quizá mañana nos deje indiferentes, nos sucede con frecuencia sentir excitación con algo que luego nos deja inertes. Debemos sospechar de las rutas fijas al placer, pueden ser señal de conformismo o perversión.

Pero todo lo dicho hasta aquí no lo lograremos si no soltamos el hábito de la culpa, desde tiempos ancestrales las sociedades han temido y por tanto controlado la sensualidad de las mujeres, se sabe que una mujer conocedora de su sensualidad es una mujer libre y a una mujer libre no se le puede atar a roles inamovibles. Hay quienes consideran que la sensualidad termina con la maternidad, muchos hombres así lo piensan, des-erotizan a sus mujeres en cuanto llegan los hijos y en respuesta muchas mujeres dejan caer como migajas, poco a poco pero de manera incesante, toda su sensualidad y llegan a la edad madura con su feminidad arrancada. Digamos adiós a los estereotipos, ajustarnos a usos y modas es la forma actual de control social sobre nuestros cuerpos, disfrutemos lo que el mundo nos ofrece pero pongámoslo al servicio de nuestra sensualidad.

 Concluyo con palabras de la misma Nin, las cuales dan cuenta de una de las grandes enseñanzas que me ha dado la vida. La sensualidad y, por tanto, la realización como mujer, se logra a través del amor a una sola persona: “En el pasado tal vez haya habido rituales colectivos en los cuales el desfogue sensual haya sido la norma, pero ya no vivimos en una época así, y entre más fuerte sea la pasión por una persona, el ritual de sólo dos personas será más concentrado, intenso y extático”.

Referencia

 

Nin, A. (1974). Eroticism in women. Playgirl, april. Traducido por Francisco Serratos. Disponible en: https://blogindieo.wordpress.com/2014/02/13/anais-nin-el-erotismo-en-las-mujeres/ 

Last modified onDomingo, 19 Febrero 2017 22:43
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