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UnReal como experiencia fuera del psicoanálisis. Lo que nos muestra el desencadenamiento de la psicosis, la condición autista y la pulsión de muerte

UnReal como experiencia fuera del psicoanálisis. Lo que nos muestra el desencadenamiento de la psicosis, la condición autista y la pulsión de muerte

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Georgel Moctezuma Araoz.

 

“Lo real prende fuego a todo, un fuego frío”.

Jacques Lacan, Seminario 23, Le sinthome.

 

Introducción y algunos apuntes sobre lo Real y lo UnReal        

En la Presentación del tema del IX Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis “Lo real en el siglo XXI”, Jacques Alain Miller afirma que “antaño” lo real se equiparaba a la naturaleza, destacando que la naturaleza era el nombre de lo real cuando no había desorden en lo real. Es a partir de esta ecuación cuando Lacan dice que lo real siempre vuelve el mismo lugar, lo cual sostenía la certeza de que lo real equiparado a la naturaleza era la manifestación más elevada y evidente del concepto de orden. Sin embargo Miller también señala que “…Con el universo infinito de la física-matemática, la naturaleza desaparece, se vuelve –con los filósofos del siglo XXVIII- solamente una instancia moral. Con el universo infinito la naturaleza desaparece y empieza a develarse lo real”. Es a la altura del Seminario 23 cuando Lacan enuncia que “lo real es sin ley”.

Nos parece importante señalar que todo intento de definir lo real está destinado al fracaso; imposible definir lo que carece de forma y límite y que además podría ser cernido únicamente por sus articulaciones con lo simbólico o con lo imaginario; lo cual ciertamente no es lo real. Hay un real que se manifiesta y que se despliega pero que, por sí mismo no constituye la sustancia y la consistencia de lo real; estas sustancias y consistencias pertenecen a los otros dos registros, siendo lo real lo que escapa a la posibilidad de aprehensión por el lenguaje o por cualquier trazo de ficcionalidad. Cabe señalar que, no obstante la imposibilidad de cualquier definición de lo real, es absolutamente necesario partir de ciertos ejes o coordenadas conceptuales que orienten toda aparición de lo real dentro del orden de la clínica psicoanalítica. Cuestión que en este trabajo sólo esbozaremos.

Antes de marcar las coordenadas de las cuales partiremos para sostener nuestro comentario y propuesta para trabajar lo real en la clínica psicoanalítica, nos parece llamativo lo enunciado por Roudinesco y Plon (1998) con relación a los ámbitos conceptuales en los cuales, consideran ellos, Lacan obtuvo soportes para construir su planteamiento relativo a lo real. El lector disculpará lo extenso de la cita:

“…A partir de la década de 1920, después de la revolución introducida en la ciencia por la teoría de la relatividad de Albert Einstein (1879-1955) se transformó la oposición clásica entre lo real dado y lo real construido; la palabra real fue entonces corrientemente empleada por los filósofos como sinónimo de de un absoluto ontológico, un ser-en-sí que se sustrae a la percepción. Jacques Lacan basó su primera reflexión al respecto en las tesis de Émile Meyerson (1859-1933) sobre la ciencia de lo real… Meyerson sostuvo la existencia de una similitud entre los objetos creados por la ciencia y aquellos cuya existencia es establecida por la percepción… Pero, aunque sin confesarlo nunca, Lacan tomó mucho más directamente de su amigo Georges Bataille (1897-1962) la noción de lo real a partir de la cual, incluyendo la idea (freudiana) de la realidad psíquica, forjó el concepto que convertiría en uno de los tres elementos de su tópica y de su concepción estructural del inconsciente determinado por el lenguaje… Bataille (en su obra La estructura psicológica del fascismo, de 1933) distinguía dos polos estructurales: por un lado lo homogéneo, o ámbito social útil y productivo, y por el otro lo heterogéneo, lugar de irrupción de lo que es imposible de simbolizar. Con la ayuda de este último término, Bataille especificaba la idea de parte maldita, central en su propio pensamiento. Más tarde, entre 1935 y 1936, época en la cual, lo mismo que Lacan, seguía el seminario de Alexandre Kojève (1902-1968) sobre la Fenomenología del espíritu de Hegel, creó el término “heterología” a partir del adjetivo heterólogo, que en anatomía patológica designa los tejidos mórbidos. La heterología era para él la ciencia de lo irrecuperable, cuyo objeto era “lo improductivo” por excelencia: los desechos, los excrementos, la inmundicia. En síntesis, la existencia “otra” expulsada de todas las normas: la locura, el delirio, etc… Lacan construyó la teoría de lo real combinando la ciencia de lo real, la heterología y la noción freudiana de realidad psíquica. Esa categoría hizo su primera aparición en 1953, sin estar aún conceptualizada, en una conferencia titulada Lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real”. (Roudinesco y Plon, 1998, p. 923-4).

Y es a partir de estos supuestos y estos lugares conceptuales, según los autores mencionados, que comenzó la formalización de lo real como uno de los registros fundamentales en la estructura y en la noción de sujeto. Únicamente subrayemos algo que nos parece muy importante. La noción de heterología mantiene resonancias directas con lo real en tanto experiencia con el cuerpo, pero no con ese cuerpo en tanto organismo ni tampoco con el cuerpo que, nos recuerda Miquel Bassols, necesita cierto recorrido complejo para definirse, que pasa por el vínculo con los otros, que supone la construcción de una imagen de ese cuerpo para el ser que habla, el que pasa por ciertos circuitos de lenguaje, circuitos enteramente simbólicos distintos del orden puramente biológico para hacernos de ese cuerpo. Nada de esto; nos parece que la heterología podría dar cuenta de la relación con un cuerpo-carne en descomposición y desintegración; es decir con un cuerpo en proceso de cadaverización o que no cuenta con el más mínimo elemento simbólico o imaginario que “detenga” la experiencia directa con ese mismo proceso. Más adelante apuntaremos que, justamente, esta experiencia con lo real en tanto experiencia singular, es decir este UnReal, constituye una experiencia que es efecto de la pulsión de muerte en la carne sin representación alguna.

Siendo ya abandonada la posibilidad de definir lo real, y teniendo clara la conveniencia (en términos de incidencias clínicas) de situar a este real como UnReal, subrayemos lo dicho por Miller en el texto que ya hemos referido:

“…Lo real entendido así, no es un cosmos, no es un mundo, tampoco un orden; es un trozo, un fragmento asistemático separado del saber ficcional que se produce a partir de ese encuentro. Ese encuentro de la lengua y del cuerpo no responde a ninguna ley previa; es contingente y siempre perverso. Es ese encuentro y sus consecuencias, porque ese encuentro se traduce por un desvío del goce con respecto a lo que el goce debería ser, que es lo que sigue vigente como sueño…Lo real inventado por Lacan no es lo real de la ciencia. Es un real azaroso, contingente, en tanto que falta la ley natural de la relación entre los sexos. Es un agujero en el saber incluido en lo real” (Miller, 2012, p. 12).

Miller mismo nos recuerda que el psicoanálisis en el siglo XXI se ve obligado a explorar y trabajar en una clínica donde se muestra de manera exacerbada la defensa contra lo real sin ley y fuera de sentido; así como Lacan alude a esto con su concepción de lo real, así Freud lo hace con su concepto mítico de pulsión; señalemos nosotros lo fundamental de la acción y efectos de la pulsión de muerte para necesariamente intentar dar cuenta de esta clínica. También, por otro lado, hay que recordar la propuesta de Miller sobre el inconsciente transferencial y el inconsciente real; el transferencial supone la vigencia de una intención, un querer decir; el real no, este se encuentra bajo la modalidad del “así es”.

Queda para nosotros pendiente la articulación conceptual y problematización de eso que ha sido nombrado como inconsciente real; simplemente indicamos que nuestra posición inicial es de rechazo. Sin analista, sin dispositivo psicoanalítico, sin psicoanálisis, simplemente no hay inconsciente; el inconsciente real es “simplemente” lo real, y más precisamente ubicado como UnReal. Al respecto, se sugiere recordar los planteamientos de Juan David Nasio (aunque hay elementos ante los cuales tenemos desacuerdos) sobre el hecho de que “el inconsciente es un nudo entre analista y paciente”.

Acerca de un supuesto de trabajo y de investigación “sin” posibles incidencias clínicas.

Guy Briole nos señala algunas cuestiones sobre las que hay que avanzar en este 2014 para el congreso de la AMP, a partir de la indicación venida de Miller sobre lo real y el UnReal:

  • El recuestionamiento de la interpretación.
  • La elaboración de una clínica centrada en el “desmontaje de la defensa”.
  • La concepción del inconsciente real respecto a la del inconsciente transferencial.
  • La redefinición del deseo del analista.
  • La pertinencia del abordaje de lo real por el nudo borromeo: ¿qué anudamientos para el parlètre en el siglo XXI?

A partir de que el psicoanalista puede optar por llevar a cabo y sostener una “clínica de lo singular”, se abre la posibilidad e incluso surge la necesidad de que este UnReal tenga un lugar determinado, para así mantener cierta orientación en dicha clínica. ¿De qué manera podría realizarse una clínica de lo UnReal donde el sujeto “halló una solución” para lo real en tanto imposible de soportar? Quizá la respuesta se encuentra en una clínica armada con testimonios, la cual Lacan abordó valiéndose de dos dispositivos; la presentación de enfermos y el pase. Por nuestra parte proponemos lo siguiente: lo real única y exclusivamente se presenta en la experiencia como UnReal; esta experiencia no es posible aprehenderla con relación a la ley y al sentido. Lo UnReal se muestra (no es posible demostrarlo) fuera del psicoanálisis. Las vías por las cuales se muestra este UnReal se refieren al desencadenamiento de la psicosis o a la situación en una condición autista; es una experiencia donde no hay sujeto. Y esta experiencia es efecto directo de la acción cruda y contundente de la pulsión de muerte.

Trataremos de articular conceptualmente lo que consideramos la posibilidad de dar cuenta de los mecanismos que sostienen este UnReal como experiencia ubicable fuera del psicoanálisis. Es importante que el lector tome en consideración que nuestros interrogantes y planteamientos únicamente parten de dos vías (de varias que existen) de elaboración conceptual hechas por Lacan sobre lo real: la relativa a que lo real es lo que queda fuera de lo imaginario y de lo simbólico (Seminario 1 y 2) y la referente a que lo real es sin ley (Seminario 23).

Desencadenamiento de la psicosis, autismo y pulsión de muerte en sus relaciones con UnReal.

Graciela Brodsky, en el texto “La clínica y lo real” apunta ciertas cuestiones que nos parecen importantes y útiles para marcar el territorio epistemológico donde estableceremos algunas puntualizaciones que articulen este UnReal con los efectos y acción del desencadenamiento de la psicosis, la condición autista y la pulsión de muerte en tanto condiciones necesarias, más no suficientes, para que el sujeto se disuelva ante la experiencia con este UnReal fuera del psicoanálisis. Brodsky dice:

“…En el intercambio que sigue a sus palabras de apertura, de manera coloquial y en respuesta a una pregunta, Lacan define la clínica psicoanalítica como “lo real en tanto es lo imposible de soportar”. Es una frase que se ha comentado a menudo, pero que admite ciertas precisiones. En primer lugar, corrige algo que Lacan ya había formulado pocos años atrás: lo real es lo imposible. Decir que lo real es lo imposible es bien distinto a decir que lo real es lo imposible de soportar…Lo real como imposible se refiere a un real que surge a partir de de un impasse de la formalización, que no cesa de no escribirse, y que al mismo tiempo que emerge como paradoja, como producto y escoria de lo simbólico –del cual depende-, no cesa de escapar a la máquina significante…Lo imposible de soportar es otra cosa. Lo real como imposible de soportar se separa de la escritura lógica y matemática. “Soportar” hace surgir, en medio de la formalización imposible, la dimensión de la carga, del peso, incluso del sufrimiento. En síntesis, para soportar hace falta un cuerpo”. (Brodsky, 2014, p. 4).

Ya al inicio de este texto indicamos que tipo de cuerpo consideramos es el que se pone en juego aquí; este imposible de soportar se muestra como un desbordamiento del cuerpo en tanto experiencia de cadaverización. ¿Qué hacer desde el psicoanálisis ante este imposible de soportar en tanto experiencia con UnReal? Respondemos que nada; únicamente podremos acoger y escuchar el testimonio de aquello que, al ser nombrado ya nada tiene que ver con el UnReal. La clínica en tanto intento de ordenar, legalizar, simbolizar lo real presencia su fracaso absoluto al enfrentarse a la acción cruda, directa y muda de la pulsión de muerte. Podemos también decir que hay un estatuto clínico del síntoma y otro que no lo es; sin embargo nos detenemos a pensar que quizá estas experiencias con UnReal no mantienen ninguna relación con la estructura, dinámica, efectos, consecuencias e implicaciones del síntoma. Podemos quizá afirmar que no existen síntomas “psicóticos”; éstos son fenómenos que, de no operar la metáfora delirante, más se acercan a ser fenómenos autísticos donde lo que queda es, justamente, la experiencia con UnReal. Allí no hay sujeto.

Recordemos que un sujeto que estructuralmente está constituido como psicótico, de hallarse estabilizado, su condición (de estabilización) responde a los efectos de una compensación o una suplencia imaginaria; clínicamente este sujeto no ha dejado de recurrir a la simbolización y ficción de su experiencia. Tanto lo imaginario como lo simbólico producen efectos de sujeto siendo que, de desencadenarse una psicosis puede producirse una metáfora delirante, lo cual también sostiene cierto de grado de subjetivación más no de estabilización. Vemos que el desencadenamiento de la psicosis nos acerca un poco a la formulación de consistencias adecuadas para plantear supuestos que podrían dar cuenta (por lo menos teóricamente) a lo que se nos muestra en la clínica, en tanto experiencia con UnReal. Sin embargo, al haber recursos tales como la mencionada metáfora delirante, no es viable tomar al desencadenamiento como mecanismo explicativo de la disposición de las condiciones de dicha experiencia.

Jean Claude Maleval nos aporta elementos valiosos para nuestra argumentación, al referirse a lo que él concibe como la “estructura autista”. Plantea dos aspectos que constituyen los mecanismos que producen la condición del autismo, siendo éstos el rechazo a la alienación significante y el retorno del goce sobre el cuerpo. De ponerse en juego estos dos mecanismos el sujeto autista, justamente se disolvería en tanto sujeto. Lo que a nuestro parecer se produciría, es precisamente una experiencia con un agujero o vacío carente de subjetivación; aparece un vaciado y un borramiento de todo elemento simbólico e imaginario que hicieran posible un anudamiento mínimo para la permanencia del sujeto. Quizá esto sea una consistencia del UnReal, presentado y mostrado en tanto experiencia de fuga de sentido y ley.

También, por otro lado, es importante considerar lo dicho por Freud en cuanto a las pulsiones. Nada podemos saber de ellas si no es por la vía de la representación o de los representantes-representativos de las mismas. Señalemos que, a nuestro parecer, la “finalidad última” de la pulsión de muerte, que es muda y que trabaja sin aportar indicios de su operación, es ciertamente la desinvestidura, la cual presenta resonancias directas con el rechazo a la alienación significante y con el retorno del goce sobre el cuerpo. ¿Es esa experiencia con UnReal un efecto de la acción de desinvestidura de la pulsión de muerte, en donde el sujeto deja de serlo para situarse en un lugar de marcas originarias equiparables a los S1? Ciertamente esta pregunta nos parece una vía para dar cuenta del hecho de que el psicoanálisis nada puede hacer, en términos clínicos, ante la experiencia con UnReal donde la misma, simple y sencillamente, es y se muestra totalmente fuera de lo simbólico, de la palabra, de lo imaginario, quedando como experiencia del cuerpo en función únicamente de un autoerotismo mortificante que mucho tiene que ver con lo que nos muestra la clínica del autismo.

Referencias

Briole, G. (2014). Un real para el siglo XXI. Textos de orientación Congreso de la AMP.

Brodsky, G. (2014). La clínica y lo real. Textos de orientación Congreso de la AMP.

Foulkes, E. (1993). El saber de lo real. Una reflexión sobre la clínica de las psicosis y el fenómeno psicosomático. Argentina, Nueva visión.

Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. En O.C 18. Argentina, Amorrortu.

Maleval, J.C. (2011). Acerca de la estructura autista. Centro de Investigaciones del Instituto Clínico de Buenos Aires.

Miller, J.A. (2012). Presentación del tema del IX Congreso de la AMP. Lo real en el siglo XXI. Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Moctezuma, G. (2013). Malestares contemporáneos. Calidad y estilos de muerte. México, Universidad Intercontinental.

Roudinesco, E. y Plon, M. (1998). Diccionario de psicoanálisis. Argentina, Paidós.

Vasse, D. (1985). El peso de lo real, el sufrimiento. Argentina, Gedisa.

Last modified onMiércoles, 02 Noviembre 2016 13:23
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