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Lo secretos familiares en casos de incesto: Estudio desde lo transgeneracional.

Lo secretos familiares en casos de incesto: Estudio desde lo transgeneracional.

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Carmen Susana Moreno Moreno

 

El presente artículo de investigación tiene el objetivo de establecer un vínculo entre la conformación del sistema familiar incestuoso y la transmisión generacional que favorece los secretos y los silenciamientos en torno al incesto. La película “Zona de guerra” (2009), dirigida por Tim Roth, ilustra las funciones familiares de colusión y negación de los miembros de la familia ante el incesto cometido por el padre hacia su hija  de 18 años; mientras tanto, el hermano de ésta, de 15 años, funge como el portavoz del síntoma familiar y denuncia los actos incestuosos, atravesando por crisis de angustia, episodios de depresión y ansiedad, ante la revelación del incesto. Desde el estudio de lo transgeneracional, se ha documentado (Wagner, 2008) que en ocasiones es necesario que transcurran dos o más generaciones, transmitiendo y reeditando inconscientemente el secreto, para que un miembro de la familia lo denuncie, como en el caso de Tom.

La violencia sexual, de acuerdo con la OMS (en Moreno, 2014), es el acto de consumar una relación sexual, así como los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de un individuo mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluido el hogar y el lugar de trabajo. En los casos de violencia sexual, y de violencia en general, existe un ejercicio de poder donde un miembro asume un rol de víctima y otra más un rol de victimario. Por tanto, en estas relaciones se pueden identificar actitudes de control, sometimiento, humillación y en ocasiones rasgos sádicos que hacen que el vínculo se organice y encuentre la mediación del placer a través de la violencia.

El incesto es el contacto sexual entre familiares con algún tipo de parentesco, ya sea civil o consanguíneo (Moreno, 2014). En este caso, la relación filial tiene un papel importante ya que los actos incestuosos son ejercidos por familiares que, de acuerdo con Mendoza (2006), pueden ser hasta en cuarto grado. Además, también es posible que sea ejercido por un padrastro o familiar político que no necesariamente tenga un lazo consanguíneo con la víctima, pero que el parentesco con algún familiar sea de índole civil. Esta apreciación resulta interesante para identificar las conductas incestuosas de las que pueden considerarse como violencia sexual en general.

La conducta incestuosa tiene consecuencias significativas para la salud, es causa de enfermedades físicas y mentales, tales como síndrome de estrés postraumático, depresión, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual, lesiones auto-infringidas, alcoholismo o consumo de drogas, suicidio y abuso sexual. Las personas violentadas adoptan conductas de riesgo, como anorexia o bulimia, promiscuidad y consumo de drogas (Moreno, 2014).

Desde el punto de vista del presente artículo, es necesario establecer una diferencia entre la internalización y la externalización de la violencia ya que, por ejemplo, en los cuadros depresivos, en el estrés postraumático o en las autolesiones derivadas de la relación de incesto, se puede identificar que la agresión se internaliza y no encuentra referentes simbólicos para expresarla. Por ello es común que cuando ocurre un abuso sexual, la víctima se culpa y responsabiliza, en lugar de desplazar la agresión hacia el victimario. En el segundo caso, con la externalización de la agresión, se puede presenciar la reedición del acto incestuoso donde la víctima (originalmente en un rol pasivo) pasa ahora al lugar de victimario (rol activo), abusando de otra persona o cometiendo alguna conducta delictiva a través de la violencia.

Por otro lado, la conducta incestuosa atraviesa por coacciones y amenazas para mantener la violación en secreto. Aunado a ello, la víctima teme que si denuncia, no se le vaya a creer o pueda sentirse responsable de la separación familiar. Cuando la violación es cometida por un familiar cercano, la víctima se encierra todavía más en sí misma debido a la lealtad que tiene hacia el grupo familiar. Teme que al revelarse el secreto se separe la familia (Moreno, 2014).

Desde el punto de vista de la presente investigación, la culpa en los casos de incesto es reproducida por el sistema familiar tradicional en donde se establecen roles de género que, por momentos, pueden experimentarse como opresores del desarrollo de la subjetividad; asimismo, se reproducen rasgos de una sociedad patriarcal donde se le culpa a la mujer (en caso de víctimas del sexo femenino) de haber provocado sexualmente al victimario varón. Muchas madres de familia reproducen la culpa, responsabilizan a sus hijas y rivalizan con sus ellas por el amor de un hombre. En caso de que la víctima sea varón, también se pueden encontrar conductas tradicionales que tienden a negar y silenciar el acto incestuoso, situándolo en un lugar de feminidad, a pesar de que se vulnera la seguridad y la integridad emocional del menor.

Por tanto, muchas veces resulta difícil denunciar este tipo de violencia. En las personas menores de edad, en los ancianos y en las personas con discapacidad esta situación se agrava ya que cuando denuncian el acto se les acusa de fantasiosos o mentirosos y de querer dañar al agresor. Aunado a ello, la violencia sexual es difícil de demostrar, a menos de que existan lesiones físicas (Moreno, 2014). Cuando no hay marcas corporales de abuso o violación, la palabra de la víctima queda en duda. Por lo general, hay poca credibilidad por parte de la familia, lo cual repercute a que muchas víctimas de incesto no tomen la iniciativa de denunciar al agresor.

Ante esto, surge la inquietud por el papel que tiene la madre como cómplice, víctima indirecta o responsable del acto incestuoso ya que en numerosos casos donde el incesto se silencia, la madre sabe que algo está ocurriendo y tiende a negarlo. La negación es el mecanismo de defensa que opera en la madre en estas circunstancias. ¿Cuáles serían las motivaciones inconscientes por las que negaría un acto incestuoso? Puede ser que sea un patrón que se está reeditando intergeneracionalmente, por lo que se podría suponer que las madres mismas fueron abusadas o violadas sexualmente en su infancia y que éste sea un contenido consciente o inconsciente que se está reeditando.

Un factor más que, desde el punto de vista del presente artículo, puede motivar el silenciamiento es que las madres sienten celos o rivalidad con su hija, aunado a coraje o miedo y que esta confusión las lleve a paralizarse, a no denunciar o no creer en su palabra. Sin embargo, también hay madres que forman una alianza con su hija y la defienden, aunque es probable que en el fondo se estén defendiendo a sí mismas o se liberen, a través de esta situación, de otros conflictos con su pareja.

Las madres que permiten o facilitan de alguna manera el incesto generalmente tienen un pobre concepto de sí mismas, presentan fantasías de corrección del esposo (codependencia), tienen miedo ante la respuesta agresiva de éste, sienten miedo ante el abandono o ante la conflictiva económica, se sienten imposibilitadas para educar a sus hijos, tienen sentimientos en contra del divorcio, no cuentan con apoyo familiar y finalmente algunas de ellas consideran que sus hijas son propiedad de los padres (Mendoza, 2006).

Es por esto que las madres no entienden lo que les sucede ni con ellas ni con sus hijas y se encuentran en serias dificultades para ayudarlas, ya que inicialmente deben entender sus propios sentimientos e identificar el propio proceso en el que se encuentran, lo que a su vez hace que el tratamiento sea largo, difícil, costoso y problemático, siendo necesario que la familia en su conjunto se integre, aunque es indispensable que se individualice cada situación para establecer intervenciones y pronósticos en todos los involucrados.

Para comprender el mecanismo de reedición de pautas familiares relacionadas con el incesto, el estudio de la transmisión familiar ofrece planteamientos interesantes.

La transmisión familiar, definida como transgeneracionalidad, estudia la diversidad de modelos familiares que se repiten de una generación a otra, aunque las personas implicadas no lo perciban. Desde esta perspectiva, se suscribe el contenido inconsciente de esta transmisión a través de los valores, las creencias, los legados, los secretos, los ritos y los mitos que se perpetúan y forman parte de la historia familiar. El modelo de transmisión transgeneracional se basa en el presupuesto de que todo individuo se integra en una historia preexistente de la cual es heredero y prisionero (Wagner, 2008).

Este modelo plantea que la identidad del individuo se establece a partir de este legado familiar, el cual define el lugar que pasa a ocupar en la familia. La autora refiere que no es raro que los acontecimientos de una generación sean el reflejo de una generación anterior donde se transmiten contenidos inconscientes que ésta no pudo elaborar. En estos casos considero que es necesario hacer consciente este material para que el sujeto pueda desvincularse de los mandatos y consignas familiares y reapropiarse de su historia.

Sin embargo, desde el punto de vista del presente artículo, muchas veces al hacer consciente este material se intenta rechazar el patrón familiar de origen buscando el modelo opuesto. En este caso el sujeto se encuentra con la otra cara de la misma moneda e inevitablemente pasa a sufrir consecuencias semejantes a aquellas derivadas del patrón vivenciado en la familia de origen. En este caso no hay una elaboración psíquica ya que la conducta aún se encuentra conformada por los terrenos de la repetición. Un ejemplo de ello puede ser que se rechace un patrón de violencia en la familia de origen, buscando en las relaciones posteriores un modelo opuesto pero donde hay una conversión del rol de víctima al rol de victimario.

Wagner (2008) plantea desde este modelo que existe un idioma dentro de cada grupo familiar que establece la comunicación intergeneracional mediante las dificultades y los anhelos de los padres transmitidos a sus hijos. Especialmente estos temas transgeneracionales tienen mayor impacto en periodos de crisis en los cuales hay una acumulación de estrés que puede llevar a una paralización o ser promotores de cambios evolutivos. Los procesos psicoterapéuticos, desde este punto de vista, pueden orientar hacia la segunda dirección: el cambio evolutivo, evitando y elaborando la presencia de resistencias y defensas que rigidizan los vínculos familiares.

Finalmente quisiera concluir refiriendo la importancia que tiene el proceso psicoterapéutico en la elaboración de las situaciones traumáticas que trae como consecuencia el incesto. Es importante que haya un trabajo psicoterapéutico integral, con interconsulta psiquiátrica ya que debido a la magnitud de la problemática se requiere generalmente de psicofármacos. El apoyo psicoterapéutico individual y familiar es fundamental para favorecer el desarrollo que atraviesa por periodos críticos en ambos niveles, evitando con ello que se sigan reproduciendo los secretos familiares en la generación presente y en las que sean subsecuentes. Es necesario implementar programas de prevención y tratamiento hacia esta problemática ya que es más común de lo que parece y, como se ha referido en este ensayo, tiende a ser silenciado.

 

Referencias

Mendoza, A. (2006). Psiquiatría para criminólogos y criminología para psiquiatras. México: Trillas.

Moreno, K. (2014). Violencia familiar y adicciones: Recomendaciones preventivas México: C.I.J. y Trillas.

Roth, T. (2009). Zona de guerra [Película]. UK: Fandango, Mikado Film, Channel Four Films y Portobello Pictures

Wagner, A. (2008). Transmisión de modelos familiares. México: CCS.