Artículos Pasados http://psic.mx Wed, 22 Nov 2017 21:47:09 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es ¿El tema de la ética tiene un espacio en la psicoterapia? http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/185-el-tema-de-la-etica-tiene-un-espacio-en-la-psicoterapia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/185-el-tema-de-la-etica-tiene-un-espacio-en-la-psicoterapia ¿El tema de la ética tiene un espacio en la psicoterapia?

 

Mónica Reyes Cárdenas

Resumen: En este artículo se busca indagar si es adecuado incluir o no cuestiones éticas dentro del diálogo con los pacientes y se ofrece una posible respuesta afirmativa basada en ideas que nutren las terapias postmodernas. Se incluyen también diálogos surgidos en el trabajo que realicé en la terapia psicológica con adolescentes en conflicto con la ley. Sin embargo, no se propone una única respuesta posible, se invita a los terapeutas a ofrecer sus propias respuestas.

La ética en la psicoterapia

“En mi anterior terapia yo no hablé sobre la infracción a la ley que cometí, la psicóloga me dijo que ella no iba a juzgarme ni a imponerme sus valores al respecto, así que nunca tocamos el tema” (Adolescente que asistió a terapia como parte de su medida legal por haber cometido una infracción a la ley).

Hay temas en los que tenemos claridad sobre la conducta que se espera del terapeuta. Por ley estamos obligados a no ser cómplices de ningún delito, sobre estos asuntos se nos demanda una postura firme y abierta de apoyo a la ley. Sin embargo, la forma de explicitarla puede complicar la terapia, si el paciente se cuestiona la alianza terapéutica al sentirse juzgado o al percibir que se le imponen valores ajenos a él/ella.

En un inicio, algunos terapeutas buscan adoptar una posición neutral, es decir, evaden activamente la aceptación de una posición más correcta sobre otra. Hablar de ética conlleva discutir cuáles formas de actuar son mejor valoradas para una comunidad determinada, por lo que la neutralidad podría implicar no discutir estos temas. Con ello, los terapeutas caerían en la trampa de la apatía, de la falta de asertividad o de no tomar ninguna responsabilidad (Cecchin, 1987).

En contraste, Andersen (1995) afirmó que es imposible no tener prejuicios o pre-entendimientos que utilizamos como base para construir significados en el mundo. Esto coincide con Cecchin, Lane y Ray (1997) acerca de que los prejuicios humanos son inevitables, así para un terapeuta es imprescindible tomar conciencia de sus propias ideas preconcebidas, pues sólo así puede asumir su responsabilidad y utilizarlos en una dirección terapéutica. ¿Cuáles son mis ideas previas sobre las infracciones a la ley, sobre los adolescentes que las cometen o sobre la posibilidad de hacer algo distinto? ¿Estas ideas preconcebidas favorecen el diálogo o lo empobrecen? Son algunas preguntas que el terapeuta puede hacerse. Cecchin (1987) lo describió como un estado de curiosidad, una guía en el trabajo que lleve al terapeuta a seguir explorando en el diálogo con el cliente, a buscar pautas que conlleven más curiosidad, en lugar de cerrar el diálogo creyendo ya saberlo todo. De hecho, el cambio en el rol del terapeuta informado por las ideas postmodernas implica alejarse del rol del experto en la vida de los clientes y adoptar posturas colaborativas, de curiosidad y reflexión conjunta.

Un poco más allá van Gergen y Warhus, (2003), quienes señalaron que el trabajo en terapia implica un activismo político y social, un terapeuta construccionista asume sus valores y los hace guía de su trabajo. Desde la terapia narrativa, White (2002) propuso que los terapeutas deben adoptar una postura política para ayudar a los pacientes a revelarse contra los discursos normalizadores y las pretensiones de verdad.  Bajo este enfoque los terapeutas adoptan una postura descentrada pero influyente, la cual pone al cliente como centro, pero el terapeuta sí busca influir (Tarragona, 2006).

Se suele considerar a los adolescentes como problemáticos y su actuar como rebeldía, pero estas concepciones limitan el diálogo y dificultan que éstos retomen su agencia personal, es decir, la participación activa con sus semejantes en la re-escritura y en el modelado de sus vidas y acciones (White y Epston, 1993).  Por otro lado, se suele considerar a la ley como algo impuesto desde fuera y para beneficio de otros. ¿Cómo insurreccionarse contra estas pretensiones de verdad? Una herramienta en la terapia narrativa es la deconstrucción de estos discursos. Se logra cuando llevamos a cabo descripciones críticas del desarrollo histórico de estas ideas y prácticas en la vida de las personas o haciendo un análisis transcultural. Lo que se busca es ofrecer un contexto a estas ideas y analizar sus efectos en la vida de las personas (White, 2002).

La discusión con los adolescentes en conflicto con la ley ocurrió dentro de su terapia individual y también en grupos con el tema: “Elaboración del delito”. Discutimos qué es el delito, qué es la ley y a quién beneficia (se sorprendieron gratamente al oír sus derechos como menores de edad). También se discutió quiénes son las víctimas en una infracción a la ley (algunos sólo nombraron corporativos despersonalizados, mientras que otros podían reflexionar sobre las personas a quienes afectaron incluyéndose ellos mismos y sus familias); discutimos qué es la justicia y el bien común y se reflexionó sobre cómo el delito aleja o acerca a las personas de ellos. No todos creían en el bien común, algunos sólo conciben una sociedad en donde se gana si otros pierden. Un adolescente me explicó que: hay dos tipos de personas, los que trabajan para obtener dinero y los que como él se los quitan. Fue su última sesión, ya no regresó. ¿Se dañó la relación terapéutica? Es posible, aunque no lo sabemos. En la mayoría de los casos no fue así, al trabajar con la idea del bien común los adolescentes se sintieron incluidos y aportaron muchas ideas sobre cómo podían hacer algo distinto al terminar su medida legal, para estar bien ellos mismos, lograr sus objetivos y convivir en paz con los otros.

El dinero (y su búsqueda) fue un tema muy presente en sus relatos, debatimos con cuánto dinero se puede vivir a la semana y se hizo un comparativo anónimo con los compañeros. También se analizaron sus deseos monetarios a la luz de la realidad económica en otros Estados de la República. ¡Un chico que decía tener problemas económicos ganaba más que yo! Los grupos son útiles para este tipo de análisis porque aportan una diversidad fértil en la construcción de nuevos significados. Anderson (2005) usó el término “polifonía” para referirse a las conversaciones en que la diversidad es respetada y valorada; pues conlleva el surgimiento de nuevos significados, conexiones e interacciones inesperadas. El chico que averiguó que ganaba más que yo, regresó a la siguiente sesión con una propuesta de trabajo para mí, posicionándose no sólo como un chico necesitado de dinero, sino como alguien capaz de ayudar.

En las sesiones de grupo, también discutimos posibles efectos negativos de la infracción a la ley, por ejemplo, ser tratados como infractores por su medio inmediato, lo cual les resulta injusto y los expone a recaer en comportamientos contrarios a la ley. Un adolescente lleno de tatuajes me refirió que tenía preocupación de que nunca le fueran a dar trabajo al juzgarlo por su aspecto y por el delito que cometió. Al centrar la discusión en cómo hacer que otros dejen de identificarlos como infractores (una vez que cumplen su medida), indirectamente trabajan en cómo ellos mismos pueden dejar de hacerlo.

El chico de los tatuajes contó que durante su internamiento había aprendido a cocinar un pescado exquisito, en ese momento expresó que tal vez podría trabajar como chef, abriendo posibilidades en su historia. Tarragona (2006) afirma que las historias enriquecidas son aquellas que admiten contradicciones y narran con mayor complejidad la experiencia humana. Estas historias están llenas de detalles, conexiones y provienen de la persona; principalmente abren posibilidades y dejan la historia con un final abierto. En el caso de los adolescentes en conflicto con la ley, no es posible saber si abandonaron las conductas infractoras, pero se trabaja en general para ampliar sus opciones y para que contemplen hacer algo diferente que les acerque más a sus sueños y valores, sin alejarse de la ley.

Finalmente, un aspecto complicado de abordar son las consecuencias de los actos infractores, ya que implica cierto grado de empatía hacia el otro y también admitir que sí tuvieron una conducta indeseable. Dada la variedad de conductas que los condujeron a la Comunidad Externa de Atención para Adolescentes (CEAA), no es posible resumir aquí la diversidad de abordajes para trabajar este aspecto en cada caso, cada uno teniendo por delante diferentes procesos de elaboración de significados alrededor de estos acontecimientos en su vida y en la de los otros. Hacer un grafiti, comprar robado, robar con o sin violencia, vender contrabando, poseer drogas, armas, vender drogas, herir a alguien, manoseo, violaciones y matar en forma accidental fueron algunas de las infracciones cometidas, de las cuales discutimos las consecuencias. Sorpresivamente algunos adolescentes que habían cometido infracciones poco graves (grafiti y robo sin violencia) tuvieron más dificultad para reflexionar desde la perspectiva de la víctima que un chico que había matado a otro en una riña. Además de cumplir a cabalidad su medida legal, él se encontraba en disposición de reparar el daño de algún modo, sin embargo, dado que no se debe exponer a que la familia de la víctima tome represalias si él se acerca, se discutieron formas indirectas de reparación social.

Entender las múltiples posibles consecuencias de estos actos puede ser complicado, pero si se logra, puede motivar que en un futuro, cuando el adolescente vuelva a estar expuesto a las mismas circunstancias, opte por decisiones con menor costo humano. Incluso cuando las consecuencias puedan ser positivas (un chico dijo estar más cerca de su padre gracias al proceso legal derivado de la infracción), se pueden discutir formas de lograr lo mismo sin dañar a terceros. Una idea que orientó mi trabajo con adolescentes infractores fue pensarlos como personas en búsqueda de algo valioso para ellos, pero con formas limitadas de lograrlo, así que el objetivo general fue buscar con ellos cómo acercarse a sus sueños o metas de una mejor manera. Como refiere Gergen (2006), las diferentes metáforas que usemos derivarán en nuevas formas de comprender y actuar, que develarán aspectos del lenguaje terapéutico.

Las nuevas narraciones, cuando surgen del diálogo conjunto con privilegio en la experiencia del cliente, ayudan a aumentar la agencia personal, entendida como la competencia o habilidad para actuar, tener opciones y participar en la creación de esas opciones (Anderson, 2007). Cuando los adolescentes son incluidos en la discusión sobre cómo ayudarlos a rehabilitarse, incrementan su compromiso en el proceso terapéutico y como ganancia adicional, enriquecen la discusión con ideas y lenguaje que, al provenir de otro adolescente, se favorece que sea escuchado por sus pares. Un chico dijo, por ejemplo, que él sólo entendía a madrazos (sic.), lo que llevó a una discusión y análisis refrescantemente honesto sobre si la violencia es un método útil de disciplina o qué otras formas les habrían ayudado más. Cabe señalar que tuve la misma discusión en otro momento con un grupo de padres de adolescentes que estaban ahí para fortalecer el proceso terapéutico de sus hijos. En estos grupos también discutimos sobre la ética, aunque enfocados en su quehacer de padres formando adolescentes.

En general, las conversaciones en la terapia oscilaron sobre el actuar conforme a la ley, las consecuencias de hacerlo o no y el efecto transformador que tiene ampliar las opciones del adolescente, de manera que éste pueda decidir mejor. Fueron múltiples conversaciones y formaron sólo una parte del proceso de convertirse en adultos. No puede llevarse a cabo en una sola sesión ni hay sólo una forma de llevarlas a cabo, habiendo tantas formas como personas involucradas; no obstante, quizá tienen en común la necesidad de ser narradas. White (2002, p. 18) señaló que “vivimos a través de los relatos que tenemos sobre nuestras vidas, que estas historias en efecto moldean nuestras vidas, las constituyen y las abrazan”. El relato no es ocioso, proporciona un marco para interpretar la experiencia y esta interpretación es un logro en el que participamos activamente.

Los pacientes y terapeutas que se involucran en conversaciones sobre el actuar ético, participarán en la creación de este marco para interpretar la experiencia y esto moldeará algunas de sus acciones futuras. Weingarten (citado en Gergen y Warhus, 2003) afirmó que la terapia postmoderna narrativa no está interesada en conversaciones que busquen conocer “causas”, sino que se interesa en conversaciones que generen y amplíen las formas de ir hacia adelante. En el caso de los adolescentes es amplio su porvenir, así que vale la pena generar estas conversaciones.

En el área legal, se resuelven las controversias entre la tutela de dos bienes tomando en cuenta cuál es el bien mayor, en este caso podrían estar en juego la relación terapéutica y por otro lado la reflexión sobre el actuar ético y conforme a la ley. En el área clínica, sin embargo, los terapeutas frecuentemente resolvemos las controversias en la praxis, y quizás sin dialogarlo lo suficiente con otros colegas ni con los pacientes. Es posible concluir que no se puede llegar a la terapia sin pre- entendimientos o ideas sobre el mundo y tampoco se puede dejar completamente a un lado nuestra postura sobre los diversos temas éticos planteados en terapia, así que la interrogante quizá sea cuándo, cómo y para qué dialogarla con el paciente. Además, al trabajar en contextos institucionales frecuentemente se trabaja en equipos multidisciplinarios con diferentes ideas al respecto. Al adolescente inicial le mencioné que yo tenía una postura diferente a su anterior terapeuta, aunque ambas son válidas, y le expliqué por qué me parece fundamental dialogar sobre la ética. Sostengo que es posible hacerlo sin perjudicar la relación terapéutica, generando historias enriquecidas que amplíen las posibilidades para todos.

 

Referencias

Andersen, T. (1995). El lenguaje no es inocente. Psicoterapia y familia, 8 (1), 3-7.

Anderson, H. (2005). Un enfoque postmoderno de la terapia: La música polifónica y la terapia “desde dentro”. En G. Limón (Comp.), Terapias Postmodernas. Aportaciones constructivistas (pp. 59-67). México: Pax.

Anderson, H. (2007). A postmodern Umbrella: Language and Knowledge as Relational and Generative and Inherently Transforming [Un paraguas postmoderno: Lenguaje y conocimiento relacionales, generadores e inherentemente transformadore]. En H. Anderson& D. Gehart (Eds.), Collaborative Therapy: Relationships and conversations that make a difference (pp. 7-19). New York: Routledge.

Cecchin, G. (1987). Hyphotetizing, Circularity and Neutrality Revisited: An invitation to Curiosity [Hipotetizar, Circularidad y Neutralidad: Una invitación a la curiosidad]. Family Process, 26 (4), 405-413.

Cecchin, G., Lane, G. y Ray, W. (2002). Irreverencia: Una estrategia de supervivencia para terapeutas. Barcelona: Paidós.

Gergen, K. (2006). Construir la realidad: El futuro de la psicoterapia. Barcelona: Paidós Ibérica.

Tarragona, M. (2006). Las terapias postmodernas: una breve introducción a la terapia colaborativa, la terapia narrativa y la terapia centrada en soluciones. Psicología Conductual, 14 (3), 511-532.

White, M.  y Epston, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós Ibérica.

White, M. (1994). Guías para una terapia familiar sistémica. Barcelona: Gedisa.

White, M. (2002). Reescribir la vida. Barcelona: Gedisa.

Medios electrónicos:

 

Gergen, K. y Warhus, L. (2003). La terapia como una construcción social, dimensiones, deliberaciones y divergencias. Recuperado el 13 de marzo de 2017 de, http://www.researchgate.net/publication/255645388_La_terapia_como_una_construcción_ social_ dimensiones_ deliberaciones_y_ divergencias.

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monica.reyes@pdic.mx (Mónica Reyes Cárdenas) Tema Libre Wed, 28 Jun 2017 03:49:18 +0000
De la piel de grupo en los grupos de Recepción Evaluación y Derivación (RED) http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/184-de-la-piel-de-grupo-en-los-grupos-de-recepcion-evaluacion-y-derivacion-red http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/184-de-la-piel-de-grupo-en-los-grupos-de-recepcion-evaluacion-y-derivacion-red De la piel de grupo en los grupos de Recepción Evaluación y Derivación (RED)

 

Agustín Cisneros Santos

Introducción

El grupo RED es el sistema que ha instituido la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG) para la recepción e integración de nuevos pacientes a los tratamientos clínicos que se brindan. Aunque tiene diferentes antecedentes, el grupo RED en la AMPAG tiene características específicas propias de la institución ya que constituye la respuesta que ofrece la clínica a la demanda de atención de la población; de forma práctica y vivencial se integran los pacientes a un tratamiento del cual son partícipes desde el primer momento, aprovechando la oportunidad para proporcionar la experiencia de interacción terapéutica que surge en el grupo. En el aspecto institucional encontramos la posibilidad de atención a mayor población y la capacidad de organización de expedientes en una fase específica del proceso. El grupo RED constituye uno de los primeros contactos prácticos de la cura con el paciente, el primero especializado y que implica un esfuerzo de trabajo mutuo entre institución (representada por los terapeutas) y la población, encarnada en el paciente.

El grupo RED consiste en un proceso de 3 a 5 sesiones semanales de 1.5 horas de duración en que el paciente expresa al terapeuta y al grupo su problemática. Dado que los pacientes no permanecen más de 5 sesiones en el grupo (en casi la totalidad de los casos no más de 3), el grupo va cambiando constantemente sin permitir, estrictamente, la constitución de un grupo en cuanto a la constancia de los miembros, el grupo RED se renueva constantemente. Esto lleva a ciertas complicaciones: Aunque el grupo RED no tiene como objetivo el proceso terapéutico, sí es necesario que el paciente permanezca y encuentre algo que le ayude a permanecer en las sesiones de grupo RED y además que le permita construir un proceso terapéutico posterior en los grupos de mayor tiempo de permanencia. El grupo RED es un espacio de gran relevancia en la AMPAG debido a que implica un cuestionamiento importante sobre cuáles son los primeros elementos de salud mental que la institución ofrece a la población.

El presente trabajo tiene como objetivo construir una perspectiva de pensamiento del grupo RED, a través de algunos textos de Didier Anzieu. Las construcciones de Anzieu no sólo son abordadas desde una teoría de los afectos, sino también desde una teoría del pensamiento, específicamente del pensamiento en el grupo RED. Dadas las características del grupo RED, es difícil llevar a cabo técnicas que analicen los procesos por los que transcurren los afectos en una persona, esto requiere el acompañamiento terapéutico que se ofrece posteriormente; sin embargo existe la necesidad de la observación, aunque sea mínima de dichos afectos. Las construcciones de Anzieu, tomadas como una teoría del pensamiento, más que de los afectos, permiten observar cómo es que algunas mociones afectivas son transmutadas en imágenes, verbalizadas o escenificadas en el grupo. En un sentido técnico consiste más en ofrecer un espacio de generación de discurso alrededor de la problemática que conduce a los pacientes a solicitar el servicio.

En una entrevista de Dominique Wintrebert, Anzieu comenta: “Los conceptos se desecan muy rápido si no son recargados en metáforas y, si éstas no son convertidas en algo más abstracto por vía de su conceptualización, pueden perdernos. Hay, por lo tanto un movimiento de va y viene entre lo carnal y lo intelectual, entre la clínica y la teoría”. En la misma entrevista menciona que su aproximación al psicoanálisis, específicamente desde el concepto de yo-piel, es una idea cercana a la teoría de cómo surge el pensamiento.

Anzieu se apoya en la segunda tópica freudiana para ofrecer una lectura a la construcción de las fantasías en el ser humano, “toda función psíquica se desarrolla apoyándose en una función corporal cuyo funcionamiento transpone al plano mental”. En un segundo principio explica, “el yo consciente, dentro del aparato psíquico tiende a ocupar la superficie en contacto con el mundo exterior y controlar el funcionamiento de este aparato... la piel tiene una importancia capital: proporciona al aparato psíquico representaciones constitutivas del Yo y de sus principales funciones”. Para Anzieu, como para Freud (1922), el Yo es primordialmente corporal y a partir de las pulsiones que surgen del cuerpo, surgirá la fantasía, el pensamiento y los afectos. Es importante comprender esta idea para el pensamiento del grupo-cuerpo que surgirá posteriormente en el pensamiento de Anzieu, pues el yo-piel es la forma individual del grupo-cuerpo.

El yo-piel tiene para Anzieu (1998) una serie de funciones:

1.- Mantenimiento del psiquismo, se explica desde el sentido biológico con el holding de Winnicott, la interiorización de la forma en que la madre sostiene al bebé.

2.- La representación psíquica del yo-piel surge de los juegos entre el cuerpo de la madre y el cuerpo del niño, así como de la respuesta de la madre a las sensaciones y emociones del bebé, constituye la percepción de sí mismo y la identidad.

3.- El yo-piel presenta una estructura de doble hoja, percibe y da forma a los afectos del infante, constituye una estructura.

4.- Permite distinguir en los demás los objetos de apego y de amor y afirmarse a sí mismo como un individuo que tiene su propia piel.

5.- Es una superficie psíquica que une las sensaciones de distintas naturalezas y las destaca como figuras sobre un fondo originario que es la envoltura táctil, da sentido a las percepciones, genera pensamientos con imágenes.

6.- Cumple la función de superficie y sostén de la excitación sexual, en un desarrollo normal se pueden localizar las zonas erógenas con la carga libidinal respectiva.

7.- Se encarga de la captación de estímulos internos y de la distribución de la libido entre las instancias permanentemente.

8.- Función de pictograma o huellas táctiles, una forma de memoria afectiva que da sentido a las percepciones.

9.- Todas las funciones están al servicio del apego y la libido, casos contrarios podrían pensarse en los procesos netamente masoquistas.

10.- Con esos principios produce los mecanismos de defensa.

11.- Emite las fantasías.

12.- Almacena percepciones en el preconsciente, que es diferente a la función mnémica del pictograma enunciada anteriormente, sería más cercana a la función del preconsciente o al sistema percepción-conciencia.

13.- Envuelve la totalidad del aparato psíquico y

14.- Conserva diversos tipos de funcionalidad dependiendo de la situación y de la zona del aparato psíquico que se activa

Es de la integración de estas funciones que surge la significación específica del sujeto. Como se puede observar, se plantea un esquema de construcción de las fantasías más que de transcurrir de afectos.

Cada una de las funciones del yo piel se construyen a partir del contacto que el infante tenga con su madre. En el grupo-cuerpo, las representaciones se construirán alrededor de las intervenciones del coordinador del grupo. Esto se expone, aunque no totalmente, en la constitución de lo que Bion llamaría “la cultura del grupo”. La ideas que surgen en el grupo, las expectativas que se tienen de lo que ocurrirá con lo que se deposite en él, las escenas que finalmente se actúan en el grupo constituyen lo que Anzieu llama lo “imaginario del grupo”.

En “El grupo y el inconsciente, lo imaginario en los grupos”, Anzieu genera su propia postura para  el concepto de “lo imaginario”. Anzieu (1992a) refiere:

“Me llamó la atención el hecho de que los sociólogos e historiadores, que atravesaban un momento de cambio… desarrollaron otra perspectiva en sus investigaciones basándolas en el estudio de las mentalidades… la movilización de elementos del imaginario colectivo: el gran miedo, las cruzadas, el ideal revolucionario; en el sentido banal del término tal como los historiadores ignorantes de la teoría lacaniana podían tomarlo.

 

Pero allí uno se chocaba con el problema del fantasma en el sentido psicoanalítico del término ya que se trata de una actividad eminentemente individual, es lo que individualiza al individuo. Era por lo tanto contradictorio hablar de fantasma de un grupo.

 

Que haya una estimulación de fantasmas individuales en la vida de grupo; que haya resonancias… entre los fantasmas de unos y otros; que haya…  una interfantasmatización, es incontestable; pero, me parece que hablar de fantasma de grupo sería arriesgarse a caer en una suerte de neojunguismo. Traté entonces de evitar el equívoco que provocaba el concepto de fantasmática grupal y coloqué en su lugar el término imaginario pero eso introduce otros equívocos.”   

Finalmente aunque Anzieu no logra generar una explicación específica sobre el término de “lo imaginario” podríamos comprender lo imaginario de los grupos como un espacio donde surgen pensamiento e ideas que se modifican por la función del grupo, los pensamientos que representan fantasías muestran la constitución de la piel del grupo. El grupo se constituye como un espacio de creación de imágenes en forma equiparable al yo-piel. La constitución del grupo-cuerpo y de la piel del grupo surge de manera natural en la interacción de los individuos del grupo. La piel del grupo tiene relación con la ilusión grupal así como la ilusión grupal es la unión del grupo con el ideal, lo que implicaría que el grupo remplaza al yo ideal del sujeto, la consumación con la madre; esta no es la única opción, el grupo puede reemplazar al yo, al ello o al superyó de los miembros del grupo, dependiendo de la distribución de las catexias (Anzieu, D. 1992b).

El grupo RED en AMPAG sostiene que la piel del grupo se constituye y modifica con la salida y entrada de miembros nuevos cada sesión, en la mención del encuadre y en la libertad, derecho y obligación de cada miembro de expresarse e interactuar con los otros miembros del grupo. La piel del grupo no resulta del todo evolucionada o con la metáfora de desarrollo que se pensaría en un sujeto saludable, tampoco es esta la función del grupo RED; sin embargo este enfoque permite ofrecer un espacio de pensamiento para el individuo en relación a su problemática.

De acuerdo a los comentarios de Campuzano (2000), no se trata de interpretar tanto como de dar continente a los afectos del sujeto, aunque en el modelo de Campuzano se genera una situación dramática con los afectos del grupo, es una expectativa que con el modelo actual de la AMPAG generaría perspectivas específicas del tratamiento. Sin embargo, con una perspectiva más cercana a la de Anzieu, se permitiría introducir al sujeto a la experiencia grupal, a la vez que se evalúan las capacidades de pensamiento de los sujetos.

La dramatización de las relaciones objetales durante el grupo RED, más que ser interpretadas, serían señaladas como los elementos que nutren y constituyen la piel del grupo, ofreciendo así al sujeto la vivencia consciente de su interacción en el grupo y la oportunidad de comprender un poco sobre la constitución de sus imágenes e ideas, de dónde surgen y cómo se desarrollan en la relación con los otros. En un sentido técnico, el coordinador debe promover el pensamiento y la verbalización en el grupo, así como señalar las dramatizaciones pertinentes en cada caso y dar cabida a los pensamiento individuales que se complementan con las escenas expresadas en las fantasías de lo que puede pasar en el grupo.

Conclusiones

El grupo RED constituye un espacio de cuestionamiento constante en muchos niveles, profesional y de investigación para el terapeuta; de funcionamiento, efectividad y eficiencia para la institución y de reto y oportunidad de acceder a un espacio de abrigo para el paciente. Estos cuestionamientos no cesarán y pueden constituir un espacio de reflexión para las instituciones y profesionales de la salud mental. 

La teoría de Anzieu como teoría del pensamiento más que de los afectos, constituye una forma de abordaje de la problemática grupal, que puede ejercer un efecto prolífico en el pensamiento de los sujetos agrupados y que requiere exploración. 

La perspectiva generada en este escrito resulta limitada a la teoría de Anzieu e incluso a uno de sus conceptos. Aunque es también el producto de la búsqueda de una explicación que genere alguna comprensión a un fenómeno que inunda y en momentos supera las capacidades técnicas y teóricas para la comprensión del comportamiento humano.

Referencias

Anzieu, D. (1998). El yo piel. Ediciones nueva visión. España

Anzieu, D. (1992a). El yo-grupo el grupo cuerpo, entrevista con Didier Anzieu en Wintrebert, D.

Anzieu, D. (1992b). El grupo y el inconsciente el imaginario grupal.

Campuzano, M. (2000). El grupo RED puente entre el dolor y la esperanza, Recuperado en: http://subjetividadycultura.org.mx

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agus@psic.com.mc (Agustin Cisneros Santos) Tema Libre Wed, 28 Jun 2017 03:41:11 +0000
La conformación de la pareja amorosa http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/183-la-conformacion-de-la-pareja-amorosa http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/183-la-conformacion-de-la-pareja-amorosa La conformación de la pareja amorosa

Carlos Fernando Soto Chico

 

Muchos de los problemas que se presentan en las familias tienen su raíz en los conflictos e interacciones dentro de la relación conyugal. El aprendizaje que se requiere para realizar las diferentes funciones conyugales no es sencillo y presupone haber renunciado a las ganancias emocionales que son proporcionadas en las etapas anteriores de ser hijo (a) de familia o novio (a), y requiere tener disponibilidad física y emocional para continuar comprometiéndose en la construcción de la relación de pareja, lo cual requiere un desarrollo importante en la madurez emocional y psicológica de los cónyuges. La conformación de la pareja como relación matrimonial requiere de valor y fortaleza, tomando en cuenta que ahora se limitarán las propias necesidades en beneficio de una relación más madura y comprometida (Leñero, 1981; citado por Robles Mendoza, 2002).

En la etapa de conformación de la pareja se deben lograr dos aspectos muy importantes: cambiar los mecanismos que hasta entonces dieron seguridad emocional dentro de la familia de origen e integrar, por parte de los cónyuges, un sistema nuevo de seguridad interna que incluya al sí mismo y al nuevo cónyuge. Lo que sucede con mucha frecuencia al establecerse la relación conyugal es que cada miembro de la pareja intenta echar a andar los mecanismos más conocidos y aprendidos en el sistema familiar de origen, lo cual, desde la perspectiva de una pareja que necesita adaptarse a cada momento a nuevas situaciones, no asegura que funcionarán. Es común, además, que la pareja piense que el cónyuge fácilmente captará y aceptará los viejos sistemas de funcionamiento emocional que cada quien consideraba infalibles y únicos. El establecimiento y la estructuración de un nuevo sistema de pareja determinará de manera fundamental la cualidad de la relación marital y el bienestar familiar futuro (Robles Mendoza, 2002). En este contexto se inserta la importancia de la aplicación de la terapia de pareja, manteniendo su vigencia y propósito terapéutico. 

Es necesario que al establecer una relación de pareja se tomen en cuenta las bases y las expectativas con las que cada cónyuge se acerca al matrimonio. Para Estrada (1988) la razón por la cual resulta tan difícil llegar a ciertos acuerdos con las diferentes pautas o contratos dentro de la relación de pareja se basa en diferentes circunstancias, las cuales se describen a continuación:

  1. Cuando los miembros del matrimonio operan bajo dos contratos totalmente diferentes e incongruentes.
  2. Cuando se ignora que debe existir un contrato matrimonial establecido por los mismos cónyuges.
  3. Cuando las expectativas de cada cónyuge son imposibles de obtener debido a situaciones irremediables.
  4. Cuando la fantasía sobrepasa a la realidad de la pareja.
  5. Cuando al llegar el momento de separación de las familias de origen sobrevienen conflictos sin saber cómo superarlos.
  6. La idealización de parte de cada uno de los cónyuges sobre el otro.
  7. Causas de origen socioeconómico.

Estas circunstancias, en las que se pueden basar los contratos conyugales, pueden ser las posibles causas del origen de las problemáticas familiares globales, las cuales se basan en relaciones de pareja inestables y con una alta dosis de incongruencia tanto en la forma en que se establecieron los contratos como en el establecimiento de la cultura de cada contrato. Espinosa (1986; citado por Robles Mendoza, 2002) señala la invasión de límites, la falta de respeto de las jerarquías, la formación de alianzas y coaliciones entre los miembros, como las posibles causas directas de los problemas en determinadas familias, las cuales se basan en relaciones conyugales muy inestables, afectando a los hijos, además de que éstos últimos se convierten en el reflejo del problema familiar por medio de diferentes manifestaciones conductuales y emocionales.

Para Sánchez (1986; citado Salguero y Ortega, 2002) se pueden considerar que las características ideales para que se dé una buena compenetración con la pareja se basan en los siguientes aspectos:

 

1.La compatibilidad laboral.

3.La compatibilidad sexual.

5.La compatibilidad afectiva.

2.La compatibilidad familiar.

4.La compatibilidad social.

 

Cuadro 1. Características ideales para el funcionamiento de pareja.

 

Existen diferentes factores, además de los anteriormente señalados, que se presentan previamente a la conformación de la pareja que deben tomarse en cuenta para definir las características que le darán una determinada identidad y conformación a la pareja, estos factores serían (Salguero y Ortega, 2002):

 

A. Edad al casarse.

C. Recursos económicos con los que se cuenta como pareja.

E. Los acuerdos sobre la paternidad.

G. Similitudes etnográficas y socioculturales que incluyen la raza, nacionalidad, educación y religión.

 

B. Tiempo de noviazgo.

D. La capacidad de ajuste a los cambios de condición emocional, social y económica.

F. Si se quiere tener hijos, cuántos y el papel que jugará cada cónyuge en la crianza.

 

Cuadro 2. Características de identidad y conformación de una pareja.

 

Un fenómeno que se puede observar con mucha frecuencia en el proceso de conformación de las nuevas parejas es que las decisiones que se comienzan a tomar se encuentran profundamente influenciadas por lo que cada cónyuge aprendió en su respectiva familia (Salguero y Ortega, 2002). Este factor juega un papel fundamental en el nuevo sistema familiar, pues los lazos que se establecen con los padres forman parte de la historia social y cultural del matrimonio, como se había mencionado al principio de este trabajo, y se vuelven parte del mito familiar que se comienza a establecer con la nueva conformación familiar.

Para Haley (1981) el matrimonio debe ser visto como un arte que incluye el establecimiento de la independencia al mismo tiempo que se busca conservar el involucramiento emotivo con los propios padres de cada cónyuge. Cuando una pareja se encuentra, se comienzan a compartir aquellas características que estructuran la relación de pareja y que llega a influir sobre la relación establecida con los hijos. Cuando la pareja logra asumir la responsabilidad de un hijo, proporcionándole educación, socialización, cuidado, alimentación y afecto se comienzan a enrolar, la pareja, en la fase de crianza y paternidad.

Para el modelo estructural, el proceso de mutua acomodación que se da en la pareja a lo largo de su desarrollo es de crucial importancia para su comprensión. En el desarrollo de la pareja se dan una serie de transacciones, que son formas en que cada cónyuge estimula y controla la conducta del otro, pero al mismo tiempo es influido por la secuencia de conducta anterior (Minuchin, 1974).

Las pautas transaccionales que se dan en toda pareja constituyen una trama de demandas complementarias que regulan las situaciones de toda la familia. De aquí parte la idea central de que la pareja juega un papel fundamental para comprender el funcionamiento familiar. Es evidente que cada pareja enfrente diferentes problemas a lo largo de su desarrollo, pero uno de los principales es el de lograr separarse de cada familia de origen y negociar una relación que sea diferente con los padres, hermanos y parientes.

Los elementos extrafamiliares (trabajo, deberes, etc.) deben encontrar una reorganización y regulación para establecerse de un nuevo modo. La pareja debe adoptar decisiones en cuanto al modo en que se permitirá que las demandas del exterior interfieran en la vida familiar. Un elemento importante en esta nueva acomodación y reorganización de la pareja es la llegada de un nuevo miembro a la familia. Los cónyuges deben lograr una mayor diferenciación de sus actividades y funciones para enfrentar las demandas del nuevo miembro en la familia y encarar la difícil restricción del tiempo para la pareja.

El cambio en las pautas transaccionales de los cónyuges permitirá un mejor compromiso físico y emocional hacia los hijos. Estas pautas transaccionales deben irse adaptando a las nuevas exigencias impuestas por el crecimiento de los hijos y las nuevas oportunidades de desarrollo que se presentan en la familia. En toda familia, sus miembros requieren de una acomodación continua. Los cambios externos e internos que se dan en toda familia deben ser enfrentados para darle una continuidad al crecimiento de sus miembros mientras que, la familia, permite una mejor adaptación a los cambios frecuentes de la sociedad a la que pertenecen.

Para Minuchin (1974) el subsistema parental es el encargado de ejercer la responsabilidad en cuanto la orientación y la alimentación (en los niveles físico, emocional e intelectual) de los hijos. En este proceso que requiere de gran responsabilidad por parte de la pareja, además se presenta un fenómeno que les sucede a la gran mayoría de las parejas: cada uno de los cónyuges espera que las actitudes del otro asumirán las formas a las que está habituado. Este proceso de expectativas mutuas puede volverse complicado para algunas parejas ya que para lograr crear un nuevo sistema familiar, se debe consolidar un límite, primero, alrededor de la pareja. Los cónyuges, al asumir su rol de pareja, se verán, según Minuchin (1974), separados de determinados contactos y actividades anteriores, lo cual significa una inversión en la relación de pareja que se obtiene a expensas de otras relaciones.

Cuando la pareja planea tener hijos debe encontrarse preparada para las diferentes modificaciones interaccionales y organizacionales que requiere la paternidad. Si no hay una adecuada preparación para esta nueva etapa por parte de la pareja, si sus miembros no tienen la suficiente madurez para enfrentarse a las nuevas demandas, entonces muy probablemente los conflictos no resueltos entre la pareja serán desplazados al área de la crianza de los hijos, pues la pareja no ha podido separar las funciones de padre de las funciones de pareja (Evelia, 2002).

En la conformación de las parejas, el desarrollo de cada uno de sus integrantes se ha venido dando alrededor de una serie de problemas personales que suceden desde los primeros estadios de la infancia. Los problemas no resueltos en las primeras etapas de vida se reactivan y recrean, muchas veces de manera inconsciente, en las relaciones adultas (Gilbert y Shmukler, 2000). Los daños y traumas de la vida de cada cónyuge dejan cicatrices emocionales profundas que pueden repercutir en la conducta al momento de conformarse la pareja. En este sentido, el terapeuta de pareja, busca ayudar a las personas para que abran un mayor margen de opciones y puedan convertirse en personas más flexibles en cuanto a sus respuestas.

Existen diferentes etapas dentro de las relaciones de pareja que, al describirlas, nos ayudarían a comprender de mejor forma cuáles son las crisis en el desarrollo de las diferentes etapas de la pareja. Para Gilbert y Shmukler (2000), las etapas tendrían el siguiente orden:

 

1. La relación de descubrimiento (los primeros años de la relación de pareja): Muchas veces la pareja se conoce desde la adolescencia o la adultez temprana, lo cual representa un proceso de descubrimiento en cuanto a la intimidad sexual, el amor romántico y el encontrar a otra persona con la cual compartir experiencias fuera de la familia de origen. Esta etapa permite a la pareja experimentar la oportunidad de descubrir y explorar con mayor libertad la relación de pareja.

2. La relación de familia (los años intermedios de la pareja): Durante la edad adulta, las personas pueden elegir una pareja con quien tener hijos, pudiendo ser la pareja de la anterior etapa o escoger a otra pareja. Las parejas comienzan a crear un hogar para los hijos y se preocupan por el crecimiento y educación, a la vez que consolidan sus profesiones. En esta etapa se comienza a experimentar un fuerte sentido de familia dentro de la relación de pareja.

3. La relación de compañerismo (los últimos años de la pareja): Es esta etapa donde los hijos han terminado su crecimiento y los integrantes de la pareja comienzan a buscarse más el uno al otro para obtener compañía. Puede darse el cambio de pareja con la cual se compartan más intereses mutuos.

Cuadro 3. Etapas evolutivas de la pareja.

Las parejas, dentro del marco terapéutico estructural, deben poner atención en los patrones comunicacionales repetitivos y anticuados dentro de la relación de pareja. La pareja debe mantenerse en un constante desarrollo y crear conciencia de su primordial sistema de interacción para comenzar a experimentar una nueva posibilidad en la dinámica de la relación, que sea más gratificante y alternativa al pasado. Se debe tomar en cuenta que un modelo que sirvió de función protectora en la familia de origen, puede estar, en el presente de la pareja, sirviendo como un modelo fijo y rígido de respuesta que puede inhibir la intimidad, el compartir prioridades, necesidades y sentimientos de manera importante (Gilbert y Shmukler, 2000). 

Un sentimiento amoroso dentro de la relación de pareja, que se base en la ternura mutua, será el elemento que, según González Pérez (2002), llevará a cada cónyuge a una integridad biológica y psíquica hacia el objeto que ama, lo cual representaría la entrega del propio ser y un deseo profundo por el objeto de amor. La fusión que se establece entre la pareja exige una recompensa afectiva, donde la interrelación entre lo somático y lo psíquico se traduce en una completud amorosa, lo que también se observa, en plano orgánico, en una pasividad erótica. En una relación de pareja como se describe aquí, se satisface el aspecto biológico y el aspecto psíquico se expresa en la apertura de ternura la cual puede ser satisfecha con la relación de pareja. Para González Pérez (2002) el sentimiento amoroso de pareja exige una confluencia de dos factores importantes: el sexo y la pasión, que en su conjunto se traducen en la entrega amorosa. La ternura y el apetito sexual se interceden en un proceso psicoafectivo que se puede denominar amor (Fromm, 1955).

Para Fromm (1955) el amor es la unión que se establece con alguna persona a condición de retener la independencia e integridad de sí mismo, sería un sentimiento de coparticipación, de comunión que le permite al individuo desplegar su creatividad. El amor se basa en la experiencia y no necesita de ilusiones, pues para Fromm (1955) es el sentimiento de amor donde reside la respuesta al misterio de la naturaleza humana, pues es el estado de salud al cual todo ser humano debería dirigirse. Sin embargo cuando el amor no es la fuente que une a una pareja puede suceder lo que Erickson (1966) describe cuando el amor se expresa de forma disfuncional que se manifestará en matrimonios infelices, observándose poco compromiso, falta de comunicación, responsabilidad e interés, lo cual también afecta a los hijos.

 

Referencias

Erikson, E. (1966). Infancia y sociedad. Buenos Aires: Hormé.

Estrada, L.  (1988). El ciclo vital de la familia. México: Grijalbo.

Evelia, L. (2002). Antecedentes maritales y relación padres-hijos. México: Revista Psicología, 19-25.

Fromm, E. (1955). El arte de amar. México: Paidós.

Gilbert, M. & Shmukler, D. (2000). Terapia breve con parejas: un enfoque integrador.  México: Manual Moderno.

González, P. R. (2002). El sentimiento amoroso. Revista Psicología, 6-11.

Haley, J. (1981). Terapia para resolver problemas. Buenos Aires: Amorrortu.

Minuchin, S. (1974). Familias y terapia familiar. Buenos Aires: Gedisa.

Robles, M. (2002). La relación de pareja y sus conflictos en el rendimiento escolar del hijo. Revista Psicología, 15-18.

 

Salguero, A. & Ortega L. (2002). Antecedentes maritales y relación padres-hijos. Revista Psicología, 19-22.

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chico@psic.mx (Carlos Fernando Soto Chico) Tema Libre Wed, 28 Jun 2017 03:33:08 +0000
Psicocriminogénesis en la obra de Daniel Lagache http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/182-psicocriminogenesis-en-la-obra-de-daniel-lagache http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/182-psicocriminogenesis-en-la-obra-de-daniel-lagache Psicocriminogénesis en la obra de Daniel Lagache

 

Antonio Penella Jean

 

Médico, psicoanalista y profesor de la Sorbona, nació el 3 de diciembre de 1903 en París, ciudad en la que falleció a los 69 años, el 3 de diciembre de 1972.

A los 24 años ingresó a la Escuela Normal Superior en la misma generación que Jean-Paul Sartre, durante la Segunda Guerra Mundial, sus conocimientos de Medicina Forense y Psiquiatría lo acercaron a la criminología y fue contemporáneo de Jacques Lacan.

Fue un autor con un pensamiento propio y expresó sus ideas más que citar e investigar a otros autores. En 1950 publicó el texto: "Psicocriminogénesis", parte de una psicología dinámica, clínica y psicoanalítica de la personalidad del criminal; para entender las diferentes personalidades criminales. Concluye, al igual que K. Friedlander, que estas personalidades presentan como denominador común, variaciones caracterológicas que no los hace muy distintos del resto de la población y el psicoanálisis tanto en su comprensión del criminal como en su tratamiento aún no puede ofrecer una solución amplia al problema ya que sólo puede tratar al delincuente neurótico.

El estudio de la psicocriminogénesis hace referencia a la formación de la personalidad de los criminales definida como sistema de condiciones de la conducta. Aún cuando la personalidad esté siempre en situación, Lagache considera decisiva la implicación subjetiva al concluir que el poder criminógeno de una situación es función de la personalidad.

El proceso individual de formación de la personalidad y la incorporación de valores de un grupo, dependen de la socialización entendida como evolución y separación de conflictos sucesivos. Su rol es fundamental en el enfrentamiento de los requerimientos individuales con las exigencias de los grupos sociales donde este participa, pues la resolución favorable de este conflicto implica que la sanción, el castigo corporal, o el retiro del amor, se internalice en el sujeto bajo las formas de la angustia, la culpa y la vergüenza. Asumiendo valores y creencias comunes e identificaciones con aquellos miembros significativos, el individuo tiende a incorporarse al grupo social. Según Lagache, la identificación descubierta por Freud en el curso del Complejo de Edipo, precedida por otras identificaciones más tempranas, aparece como la gran palanca de la socialización y formación de la personalidad, pues la conciencia moral es requisito básico para la conducta social adaptada. La resolución inapropiada del Complejo de Edipo, supone que se darán identificaciones desviadas de la norma con fijaciones pregenitales que constituyen el núcleo de futuras conductas disociales, por ello tanto el criminal como el delincuente son el testimonio de una falla en el proceso de socialización.

Esta hipótesis del origen de la delincuencia no puede aplicarse en todos los casos. Si bien, el egocentrismo, la falta de sentimientos y consideración hacia los otros, la incapacidad de responsabilidad y culpa, así como la inmadurez personal; son generalmente los rasgos atribuidos a los criminales que provienen del fracaso de las identificaciones moralizantes, Lagache subraya que también existen formas larvadas de criminalidad o " delincuencia privada ", en las que se aprecia una vida social y moral rica aunque opuesta al control social. De allí que la dinámica de la conducta criminal presuponga la consideración de los aspectos negativos y positivos de la personalidad. En la delincuencia privada no existe una carencia de la identificación normativa, sino de un devenir positivo de la misma. En tales casos, no se puede explicar la delincuencia por las identificaciones fallidas, sino por la existencia de " identificaciones heroicas" derivadas de un medio cultural que valora los comportamientos criminales.

De esta manera Lagache considera que el robo o el crimen, parecen funcionar para un sujeto de modo similar al pedigrí de los perros, hay hechos criminales que no son reacciones primarias porque demuestran su naturaleza ética tales como "la ley del ambiente" o " arreglo de cuentas "; siguiendo esta lógica un individuo movido pido una "necesidad de prestigio " puede matar para jugar un rol.

El ideal delictivo, con la fuerza de la insignia como empuje a conquistar el puro prestigio, no es la justificación de la agresividad imaginaria del "era él o era yo" y "fue en defensa propia", sino un accionar premeditado. Como atestiguan el acto suicida y el asesinato por el puro prestigio, la afirmación de la vida simbólica va más allá de la vida biológica. Frecuentemente se dice, a propósito de los delincuentes que se arriesgan en un robo o en una acción delictiva: "para ellos la vida no vale nada”. Sin embargo, la vida material es la apuesta para la conquista de un emblema amo. También se dice que para ellos "la vida de los demás no vale nada ", lo cual es más certero ya que el sujeto que apuesta su vida corporal para el prestigio en muchas ocasiones se lleva a la muerte un plus con la vida de otros.

No es de extrañar que los delincuentes se fascinen mirando la crónica insidiosa de estos delictivos y leyendo en los periódicos las noticias policiales. Los delincuentes no se identifican como "malos”, sino como héroes fuera de la ley que responden al prototipo de Robin Hood como ladrón con nobles sentimientos. La imagen de Robin Hood se resume en los siguientes puntos: el noble ladrón inicia su carrera fuera de la ley no a causa del crimen sino como víctima de la injusticia, o debido a la persecución de las autoridades por algún acto que éstas, pero no por la costumbre popular, consideran criminal; "corrige los abusos", roba al rico para dar al pobre, “no mata nunca si no es en defensa propia o en justa venganza ". Si sobrevive, se reincorpora a su pueblo como ciudadano honrado y miembro de la comunidad. En realidad nunca abandona su comunidad; es ayudado, admirado y apoyado por su pueblo; su muerte obedece única y exclusivamente a la traición, puesto que ningún miembro de la comunidad ayudaría a las autoridades en su contra; es cuando menos en teoría, invisible e invulnerable; y no es enemigo del rey o del emperador, fuentes de justicia, sino solo de la nobleza, el clero y otros opresores locales.

Chucho el Roto o el Gauchito Gil, son otras figuras arquetípicas de estos héroes del bandolerismo social que defienden el honor de una dama, aún a costa de su bienestar y apoyan a los desfavorecidos. Son héroes justo al negarse a pelear entre hermanos y, finalmente, son inocentes, porque roban a los que tienen y reparten el botín entre los más pobres. El ladrón noble encarna el ideal delictivo, y las canonizaciones transgresoras de los santos locales expresan el mundo espiritual de la delincuencia. Estas figuras redimidas legitiman una posibilidad trascendente a los perdedores del orden establecido para revertir la situación desfavorable.

El panteón de los delincuentes juveniles está lleno de figuras trascendentes que expresan los códigos de la ilegalidad en la juventud marginada. Desde esta perspectiva, un asesinato incomprensible realizado por un sujeto criminal posicionado sin ninguna culpa puede ser entendido como el saldo de una apuesta para "ser respetado y temido en la calle y en la cárcel" o, simplemente para acceder al panteón religioso de la delincuencia. Aquí la insignia delictiva oculta, la división subjetiva desterrando la angustia y la culpabilidad, en consecuencia, una posición subjetiva tal no puede considerarse neurótica. En la jerga delincuencial cuando son atrapados por la ley y enviados a prisión, muchos delincuentes lo primero dicen es "perdí".

Asimismo resulta falso el alarde por "el sabor del peligro", ya que la conquista bruta del lugar ideal implica una renuncia al goce corporal.

Con relación a la conducta criminal, Lagache distingue los aspectos interpersonales, que son la relación entre el criminal y los grupos en los que toma parte. Y los aspectos intrapersonales, que es la relación entre la persona del criminal y su acto. La conducta interpersonal del criminal implica la agresión de un individuo dirigida contra los valores de un grupo antagónico o para excluirse de su grupo de pertenecía. Lagache diferencia el crimen de los desórdenes de la personalidad o la conducta y los hechos delictivos no implican necesariamente una patología.

El crimen es un concepto axiológico que se define por la reacción del medio y no por lo que es en sí mismo, no es posible una definición objetiva del crimen y su significado, no es científico sino perteneciente al campo social por su vinculación con los valores y normas propias de cada sociedad. Por ello, es una ruptura al pacto social, Lagache plantea que "toda acción criminal constituye en cierto sentido una traición".

Con relación a los aspectos intrapersonales, debido a la presencia de actitudes variadas de naturaleza ética, Lagache rechaza la hipótesis de labilidad o ausencia de Superyó. Siguiendo a Melanie Klein, propone que la severidad y la persistencia del Superyó se encuentra entre tales individuos, así el acto criminal para Lagache es un ajuste adaptativo de la personalidad con respecto a la realidad. Lagache intenta superar las explicaciones psicológicas del crimen, no se trata de que sea voluntario o involuntario y las somáticas no son una descarga instintiva, para asentar su propia conceptualización basada en la unidad psicosomática del organismo y la unidad del par organismo-situación ampliada con la teoría psicoanalítica. Y desde su perspectiva armónica, todo acto debe reubicarse dentro de la propia dinámica de la personalidad que supone la totalidad de la historia subjetiva y de la persona en cada situación. Así los comportamientos criminales impresionan como desadaptados pero siguen siendo, por la personalidad, una forma de realizarse y resolver sus tensiones inconscientes. Si bien un acto delictivo puede ser un síntoma, como la expresión simbólica de un conflicto inconsciente, en gran medida es la expresión aloplástica de un conflicto inconsciente que conlleva una fuga hacia la realidad y una proyección de la personalidad sostenida por racionalizaciones.

Por último, la criminalidad al igual que la neurosis y la psicosis, puede asociarse con un proceso de dos tiempos intrapersonales: inicialmente ocurre el retiro de un sector de la realidad representado por sus padres y sus valores. El niño queda frustrado, no se lleva cabo la identificación socializante y al no poder identificarse con un padre al que odia, los valores morales no se incorporan. En un segundo momento o fase de restitución, ataca a la realidad para modificarla a través de una descarga aloplástica que se realiza sobre el modelo de identificaciones distorsionadas que rigieron su formación.

En resumen, valiéndose de una identificación heroica que le permite una vida social y moral al margen de la sociedad regular, el criminal se defiende de un conflicto inconsciente doloroso actuando hacia el exterior.

En 1952, en una conferencia titulada “El examen psicoanalítico en criminología", Lagache expuso los principios de la disciplina en relación con su acción terapéutica y ubica el "examen" psicoanalítico como la base científica del examen clínico, propone un examen clínico desde el lugar del observador inspirado en la teoría psicoanalítica. Al respecto de las modificaciones de la técnica psicoanalítica propuestas por Aichorn, Fiedlander y Eissler; estima que tiene dos inconvenientes, el peligro del paso a la acción de psicoanalista con el abandono del delincuente a sus síntomas, la explotación del psicoanalista y el peso que significa llevar adelante un tratamiento de tales características.

En el mismo año, en el texto "Introducción psicológica y psicoanalítica a la criminología", explica su aplicación de la psicología al estudio de la personalidad y la conducta del criminal e incorpora hipótesis psicoanalíticas.

Emplea el psicoanálisis como una herramienta, no la única pero si la principal, siendo el acto delictivo que aparece bajo la forma de "acting out" como equivalente de "paso al acto o dramatización" y tiene un significado inconsciente susceptible de ser descifrado, aunque al mismo tiempo es resolutivo de las tensiones de la personalidad. Lagache sugiere llevar a cabo una extensa y pormenorizada investigación del criminal desde varios enfoques como el clínico, el experimental, social y psicoanalítico, ubicando sus conductas, la relación con su medio y su propia historia. Las conductas criminales deben ser reconstruidas en detalle teniendo presente la actitud del criminal frente su propio acto, antes, durante y después del acontecimiento, además, es necesaria su participación y posición grupal para la significación de sus actos y la biografía debe ser lo mas completo posible en cuanto a la infancia y la adolescencia.

 

Referencias

Lagache, D. (1968). Acting out y acción, Revista de Psicoanálisis, 25, 3-4.

Lagache, D. (1982). Introducción psicológica y psicoanalítica a la criminología. En Obras Completas, Volumen 4. Buenos Aires: Paidós.

Lagache, D. (1982). El examen psicoanalítico en criminología. En Obras Completas, Volumen 4. Buenos Aires: Paidós.

Mollo, J.P. (2010), Psicoanálisis y criminología, estudios sobre la delincuencia. Buenos Aires: Paidós 

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antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Wed, 28 Jun 2017 03:18:37 +0000
Peter Blos, concreción adolescente y delincuencia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/177-peter-blos-concrecion-adolescente-y-delincuencia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/item/177-peter-blos-concrecion-adolescente-y-delincuencia Peter Blos, concreción adolescente y delincuencia

 

Antonio Penella Jean

 

Peter Blos nació el 2 de febrero de 1904 en Karlsruhe, Alemania y murió el 12 de junio de 1997 en Holderness, Nueva Hampshire (Estados Unidos) a los 93 años. Siendo niño conoció a Erik Homburger, mejor conocido como Erik H. Erikson, con quien estableció una larga amistad. Estudió Educación en la Universidad de Heidelberg para ser maestro y posteriormente obtuvo el doctorado en Biología en Viena. En la década de los años veinte del siglo XX, fue presentado con Anna Freud, quien requería su ayuda para crear y dirigir una escuela experimental para niños que estuvieran en tratamiento psicoanalítico. El proyecto fue apoyado por Eva Rosenfeld y Dorothy Burlingham, amiga de Anna y cuyos hijos eran atendidos en la pequeña escuela.

Iniciadas las actividades de la escuela, Blos invitó a participar a Erik Erikson. Dentro del círculo psicoanalítico vienés, Blos fue influenciado particularmente por August Aichorn, quien fue pionero en la aplicación del psicoanálisis a la educación y a la delincuencia juvenil adolescente. Aichorn formó parte de la Asociación Psicoanalítica de Viena desde 1922, donde fundó un grupo de estudio con Siegfried Bernfeld, Willie Hoffer y Anna Freud. En 1925 publicó su libro "Juventud desamparada" el cual prologó Sigmund Freud. Para escapar del nazismo, Blos salió de Viena en 1934 con dirección a Estados Unidos. Se estableció en Nueva Orleans donde trabajó como maestro en una escuela privada para dirigirse tiempo después a Nueva York a continuar con su entrenamiento psicoanalítico. Se hizo miembro de la Asociación Psicoanalítica de Nueva York de la cual llegó a ser supervisor y analista didáctico, participó en la formación del programa de psicoanalistas infantiles.

En 1967 fue nombrado catedrático universitario y tuvo a su cargo el curso de desarrollo del adolescente, el cual duró hasta 1977, año en que se retiró de la docencia. También participó en el Centro Psicoanalítico de la Universidad de Columbia, donde fue cofundador de la Asociación Psicoanalítica de Niños. Durante muchos años, Peter Blos fue "Mister Adolescencia", era un hombre renacentista, por su constelación de intereses y talentos que le permitieron sobresalir como psicoanalista, maestro, músico, artesano y poeta. A lo anterior se suma su sabiduría, su buen humor, su entusiasmo y su generosidad.

Publicó cuatro libros: On Adolecence: A psychoanalytic Interpretation (1962, Psicoanálisis de la adolescencia); The young adolescent: Clinical Studies (1974, Los comienzos de la adolescencia); The adolescent pasage: Developmental issues (1976, La transición adolescente); y Son and Father: Before and beyond the oedipus complex (1985). Sus principales aportaciones fueron intentar crear una teoría unificada de la adolescencia abarcando desde la Latencia, la Preadolescencia, la Adolescencia temprana, la Adolescencia propiamente dicha, la Adolescencia tardía y la Posadolescencia. Este trabajo tuvo como propósito empezar a definir la psicopatología adolescente y esbozar una técnica psicoterapéutica de este periodo de la vida. Algunos años después desarrolló un concepto fundamental de su teoría, que es una ampliación del trabajo de Margaret Mahler, lo llamó "el segundo proceso de individuación", que consiste en la remoción y renegociación de las imagos introyectadas de los padres de la infancia, enfatizó la importancia de tener acceso a la regresión, que contrariamente a lo que ocurre en el caso de los niños y de los adultos, favorece el desarrollo del yo. Tal vez este concepto de la segunda individuación es la aportación que hizo más conocido a Blos.

Sus aportaciones clínicas y teóricas se enfocan en el desarrollo gradual de la personalidad, la delincuencia, los problemas del yo, del Superyó, del ideal del yo y la capacidad de integración de las funciones yoicas.

Su libro "La transición adolescente", tiene un amplio apartado titulado        "Acting out y delincuencia", formado por tres artículos:

  • Factores Preedípicos en la etiología de la delincuencia femenina (1957).
  • El concepto de acting out en relación con el proceso adolescente (1963).
  • La concreción adolescente (1969).

Blos destaca que la conducta delictiva promueve una detención en el desarrollo que, aún cuando sólo sea transitoria, puede incidir en forma seria y abortar el proceso adolescente, adquiriendo la inflexibilidad de un síntoma. Estima que es en la preadolescencia cuando empiezan a manifestarse las conductas delictivas, pues irrumpen manifestaciones de la pulsión agresiva tendientes a la autonomía y al alejamiento afectivo del self respecto de los objetos de dependencia. Así, el acting out, siendo una conducta inadaptada, implica benéficamente un esfuerzo deliberado por detener la desintegración yoica. En los casos más graves, hay un detenimiento y aborto del proceso adolescente.

En el artículo "El concepto de acting out en relación con el proceso adolescente", Blos profundiza los presupuestos anticipados, partiendo de una fuerte equivalencia entre adolescencia y acting out que plantea en el aforismo: "adicción adolescente a la acción". El acting out de naturaleza antisocial es concebido como un fenómeno típico adolescente de función reparadora, que desmiente las frustrantes limitaciones de la realidad, al servicio del restablecimiento de la continuidad temporal del yo. También distingue el acting out aloplástico e inadaptado del campo de los trastornos de la impulsividad. Así puede establecerse una diferencia entre el acting out delincuente como operador y "recurso al acto" y el pasaje al acto impulsivo y por fuera de la simbolización. La proclividad al acting out es uno de los rasgos más notables en la adolescencia y al mismo tiempo una denuncia de la confluencia de diversas tendencias que resultan benignas y habitualmente pasajeras. El problema se presenta cuando tales conductas se trasforman en una actuación permanente y operan otros factores predisponentes que impiden la consolidación definitiva del self.

Blos plantea que el acting out es un mecanismo organizado y específico del proceso adolescente, que brota del aumento de las tendencias pulsionales anteriores y el empobrecimiento yoíco debido al abandono de los objetos infantiles. Como mecanismo regulador de la tensión y proceso reparatorio, el acting out protege al psiquismo contra la angustia conflictiva entre el mundo externo y el yo.

El texto "La concreción adolescente", se subtitula "contribución a la teoría de la adolescencia" y es un retorno al legado de Aichorn. Blos presenta la existencia de múltiples "delincuencias" cuyo común denominador es la participación del sistema de acción en la resolución de problemas y el uso del medio ambiente como regulador de la tensión. Si el acting out es el sello distintivo de los adolescentes asociales, Blos establece un su tipo de acting out, "la concreción", en la que el yo asume en relación con la acción, lo que corresponde al lenguaje simbólico. No es una acción realizada al azar pero tampoco es voluntaria y se presenta fuera de la situación analítica. Basándose en un texto de Phyllis Greenacre, en el que se define el acting out como distorsión entre el lenguaje y la acción, Blos comienza a delinear su teoría de la concreción. El resultado de esta distorsión conlleva un concretismo por la acción, un concretismo por las imágenes eídéticas; ambas formas inaccesibles a la interpretación verbal. Estas dos formas de concreción constituyen el equivalente del pensamiento verbalizado, es decir, la acción ha usurpado una función lingüística. Blos conceptualizó la concreción como un "lenguaje privado" y "una interacción comunicativa con el ambiente".

Emplea el término "delincuencia" para un amplio campo de aplicación en referencia a toda conducta transgredida vinculada al otro y anudada a una relación de objeto. Desde esta perspectiva, el delincuente concretante, no es un psicópata, a pesar de la ausencia de conflicto y culpa. El delincuente concretante da testimonio de una realidad de su pasado y de una persistente y obstinada dependencia del ambiente. Por esto, la familia, la escuela y el juzgado son movilizados a tomar medidas de "carácter real". Así, el adolescente concretante actúa sin pensar y está predestinado a ser un delincuente, aún cuando nunca se vea enfrentado realmente a la justicia.

Por último, Blos (1981) brinda una indicación clínica: "el adolescente concretante es opuesto al insight, que arraiga en la introspección y depende de la interiorización y del pensamiento verbalizado" (p. 234), así queda definida una oposición entre lo simbólico y la acción. Para abonar a su teoría presenta cuatro casos, Rubin, Eddy, Mario y Steve. Como epílogo, Blos remite a la biografía de Jean Genet escrita por J.P. Sartre, que es una vívida descripción de cómo se fabrica un delincuente: un hijo ilegítimo creado en un orfanatorio que a los diez años fue acusado de ladrón y luego se niega a escuchar la voz de la reflexión; así aprende a pensar lo impensable y a postular como cierto lo que sabe muy bien que es falso. 

En resumen, frente al amplio espectro de conductas antisociales, Peter Blos da cuenta desde su experiencia clínica que un psicoanalista debe inventar modalidades de intervención apartadas de las técnicas habituales de tratamiento.

 

Referencias

Aichorn, A. (1925/2006). Juventud desamparada. España: Gedisa.

Blos, P. (1981). La transición adolescente. Buenos Aires: Amorrortu.

Esman, A. H. (1997). Obituary: Peter Blos (1904- 1997).International Journal of Psychoanalysis, 46, 292. Disponible en:

http://www.pep-web.org/document.php?idapa.046.0292a

Fountain, H. (1997). Peter Blos, a Psychoanalist of Children. Is Dead at 93. Analytic Press. (Obtenido de ProQuest Information and Learning Company).

Greenacre, P. (1950). General problems of acting out. Psychoanalytic. Quartely, 19, 455-467

Mollo, J.P. (2010). Psicoanálisis y criminología, estudios sobre la delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Sartre, J. P. (1952). Saint Genet. Nueva York: Braziller.

 

 

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antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Sun, 19 Feb 2017 23:33:58 +0000