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¿El tema de la ética tiene un espacio en la psicoterapia?

¿El tema de la ética tiene un espacio en la psicoterapia?

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Mónica Reyes Cárdenas

Resumen: En este artículo se busca indagar si es adecuado incluir o no cuestiones éticas dentro del diálogo con los pacientes y se ofrece una posible respuesta afirmativa basada en ideas que nutren las terapias postmodernas. Se incluyen también diálogos surgidos en el trabajo que realicé en la terapia psicológica con adolescentes en conflicto con la ley. Sin embargo, no se propone una única respuesta posible, se invita a los terapeutas a ofrecer sus propias respuestas.

La ética en la psicoterapia

“En mi anterior terapia yo no hablé sobre la infracción a la ley que cometí, la psicóloga me dijo que ella no iba a juzgarme ni a imponerme sus valores al respecto, así que nunca tocamos el tema” (Adolescente que asistió a terapia como parte de su medida legal por haber cometido una infracción a la ley).

Hay temas en los que tenemos claridad sobre la conducta que se espera del terapeuta. Por ley estamos obligados a no ser cómplices de ningún delito, sobre estos asuntos se nos demanda una postura firme y abierta de apoyo a la ley. Sin embargo, la forma de explicitarla puede complicar la terapia, si el paciente se cuestiona la alianza terapéutica al sentirse juzgado o al percibir que se le imponen valores ajenos a él/ella.

En un inicio, algunos terapeutas buscan adoptar una posición neutral, es decir, evaden activamente la aceptación de una posición más correcta sobre otra. Hablar de ética conlleva discutir cuáles formas de actuar son mejor valoradas para una comunidad determinada, por lo que la neutralidad podría implicar no discutir estos temas. Con ello, los terapeutas caerían en la trampa de la apatía, de la falta de asertividad o de no tomar ninguna responsabilidad (Cecchin, 1987).

En contraste, Andersen (1995) afirmó que es imposible no tener prejuicios o pre-entendimientos que utilizamos como base para construir significados en el mundo. Esto coincide con Cecchin, Lane y Ray (1997) acerca de que los prejuicios humanos son inevitables, así para un terapeuta es imprescindible tomar conciencia de sus propias ideas preconcebidas, pues sólo así puede asumir su responsabilidad y utilizarlos en una dirección terapéutica. ¿Cuáles son mis ideas previas sobre las infracciones a la ley, sobre los adolescentes que las cometen o sobre la posibilidad de hacer algo distinto? ¿Estas ideas preconcebidas favorecen el diálogo o lo empobrecen? Son algunas preguntas que el terapeuta puede hacerse. Cecchin (1987) lo describió como un estado de curiosidad, una guía en el trabajo que lleve al terapeuta a seguir explorando en el diálogo con el cliente, a buscar pautas que conlleven más curiosidad, en lugar de cerrar el diálogo creyendo ya saberlo todo. De hecho, el cambio en el rol del terapeuta informado por las ideas postmodernas implica alejarse del rol del experto en la vida de los clientes y adoptar posturas colaborativas, de curiosidad y reflexión conjunta.

Un poco más allá van Gergen y Warhus, (2003), quienes señalaron que el trabajo en terapia implica un activismo político y social, un terapeuta construccionista asume sus valores y los hace guía de su trabajo. Desde la terapia narrativa, White (2002) propuso que los terapeutas deben adoptar una postura política para ayudar a los pacientes a revelarse contra los discursos normalizadores y las pretensiones de verdad.  Bajo este enfoque los terapeutas adoptan una postura descentrada pero influyente, la cual pone al cliente como centro, pero el terapeuta sí busca influir (Tarragona, 2006).

Se suele considerar a los adolescentes como problemáticos y su actuar como rebeldía, pero estas concepciones limitan el diálogo y dificultan que éstos retomen su agencia personal, es decir, la participación activa con sus semejantes en la re-escritura y en el modelado de sus vidas y acciones (White y Epston, 1993).  Por otro lado, se suele considerar a la ley como algo impuesto desde fuera y para beneficio de otros. ¿Cómo insurreccionarse contra estas pretensiones de verdad? Una herramienta en la terapia narrativa es la deconstrucción de estos discursos. Se logra cuando llevamos a cabo descripciones críticas del desarrollo histórico de estas ideas y prácticas en la vida de las personas o haciendo un análisis transcultural. Lo que se busca es ofrecer un contexto a estas ideas y analizar sus efectos en la vida de las personas (White, 2002).

La discusión con los adolescentes en conflicto con la ley ocurrió dentro de su terapia individual y también en grupos con el tema: “Elaboración del delito”. Discutimos qué es el delito, qué es la ley y a quién beneficia (se sorprendieron gratamente al oír sus derechos como menores de edad). También se discutió quiénes son las víctimas en una infracción a la ley (algunos sólo nombraron corporativos despersonalizados, mientras que otros podían reflexionar sobre las personas a quienes afectaron incluyéndose ellos mismos y sus familias); discutimos qué es la justicia y el bien común y se reflexionó sobre cómo el delito aleja o acerca a las personas de ellos. No todos creían en el bien común, algunos sólo conciben una sociedad en donde se gana si otros pierden. Un adolescente me explicó que: hay dos tipos de personas, los que trabajan para obtener dinero y los que como él se los quitan. Fue su última sesión, ya no regresó. ¿Se dañó la relación terapéutica? Es posible, aunque no lo sabemos. En la mayoría de los casos no fue así, al trabajar con la idea del bien común los adolescentes se sintieron incluidos y aportaron muchas ideas sobre cómo podían hacer algo distinto al terminar su medida legal, para estar bien ellos mismos, lograr sus objetivos y convivir en paz con los otros.

El dinero (y su búsqueda) fue un tema muy presente en sus relatos, debatimos con cuánto dinero se puede vivir a la semana y se hizo un comparativo anónimo con los compañeros. También se analizaron sus deseos monetarios a la luz de la realidad económica en otros Estados de la República. ¡Un chico que decía tener problemas económicos ganaba más que yo! Los grupos son útiles para este tipo de análisis porque aportan una diversidad fértil en la construcción de nuevos significados. Anderson (2005) usó el término “polifonía” para referirse a las conversaciones en que la diversidad es respetada y valorada; pues conlleva el surgimiento de nuevos significados, conexiones e interacciones inesperadas. El chico que averiguó que ganaba más que yo, regresó a la siguiente sesión con una propuesta de trabajo para mí, posicionándose no sólo como un chico necesitado de dinero, sino como alguien capaz de ayudar.

En las sesiones de grupo, también discutimos posibles efectos negativos de la infracción a la ley, por ejemplo, ser tratados como infractores por su medio inmediato, lo cual les resulta injusto y los expone a recaer en comportamientos contrarios a la ley. Un adolescente lleno de tatuajes me refirió que tenía preocupación de que nunca le fueran a dar trabajo al juzgarlo por su aspecto y por el delito que cometió. Al centrar la discusión en cómo hacer que otros dejen de identificarlos como infractores (una vez que cumplen su medida), indirectamente trabajan en cómo ellos mismos pueden dejar de hacerlo.

El chico de los tatuajes contó que durante su internamiento había aprendido a cocinar un pescado exquisito, en ese momento expresó que tal vez podría trabajar como chef, abriendo posibilidades en su historia. Tarragona (2006) afirma que las historias enriquecidas son aquellas que admiten contradicciones y narran con mayor complejidad la experiencia humana. Estas historias están llenas de detalles, conexiones y provienen de la persona; principalmente abren posibilidades y dejan la historia con un final abierto. En el caso de los adolescentes en conflicto con la ley, no es posible saber si abandonaron las conductas infractoras, pero se trabaja en general para ampliar sus opciones y para que contemplen hacer algo diferente que les acerque más a sus sueños y valores, sin alejarse de la ley.

Finalmente, un aspecto complicado de abordar son las consecuencias de los actos infractores, ya que implica cierto grado de empatía hacia el otro y también admitir que sí tuvieron una conducta indeseable. Dada la variedad de conductas que los condujeron a la Comunidad Externa de Atención para Adolescentes (CEAA), no es posible resumir aquí la diversidad de abordajes para trabajar este aspecto en cada caso, cada uno teniendo por delante diferentes procesos de elaboración de significados alrededor de estos acontecimientos en su vida y en la de los otros. Hacer un grafiti, comprar robado, robar con o sin violencia, vender contrabando, poseer drogas, armas, vender drogas, herir a alguien, manoseo, violaciones y matar en forma accidental fueron algunas de las infracciones cometidas, de las cuales discutimos las consecuencias. Sorpresivamente algunos adolescentes que habían cometido infracciones poco graves (grafiti y robo sin violencia) tuvieron más dificultad para reflexionar desde la perspectiva de la víctima que un chico que había matado a otro en una riña. Además de cumplir a cabalidad su medida legal, él se encontraba en disposición de reparar el daño de algún modo, sin embargo, dado que no se debe exponer a que la familia de la víctima tome represalias si él se acerca, se discutieron formas indirectas de reparación social.

Entender las múltiples posibles consecuencias de estos actos puede ser complicado, pero si se logra, puede motivar que en un futuro, cuando el adolescente vuelva a estar expuesto a las mismas circunstancias, opte por decisiones con menor costo humano. Incluso cuando las consecuencias puedan ser positivas (un chico dijo estar más cerca de su padre gracias al proceso legal derivado de la infracción), se pueden discutir formas de lograr lo mismo sin dañar a terceros. Una idea que orientó mi trabajo con adolescentes infractores fue pensarlos como personas en búsqueda de algo valioso para ellos, pero con formas limitadas de lograrlo, así que el objetivo general fue buscar con ellos cómo acercarse a sus sueños o metas de una mejor manera. Como refiere Gergen (2006), las diferentes metáforas que usemos derivarán en nuevas formas de comprender y actuar, que develarán aspectos del lenguaje terapéutico.

Las nuevas narraciones, cuando surgen del diálogo conjunto con privilegio en la experiencia del cliente, ayudan a aumentar la agencia personal, entendida como la competencia o habilidad para actuar, tener opciones y participar en la creación de esas opciones (Anderson, 2007). Cuando los adolescentes son incluidos en la discusión sobre cómo ayudarlos a rehabilitarse, incrementan su compromiso en el proceso terapéutico y como ganancia adicional, enriquecen la discusión con ideas y lenguaje que, al provenir de otro adolescente, se favorece que sea escuchado por sus pares. Un chico dijo, por ejemplo, que él sólo entendía a madrazos (sic.), lo que llevó a una discusión y análisis refrescantemente honesto sobre si la violencia es un método útil de disciplina o qué otras formas les habrían ayudado más. Cabe señalar que tuve la misma discusión en otro momento con un grupo de padres de adolescentes que estaban ahí para fortalecer el proceso terapéutico de sus hijos. En estos grupos también discutimos sobre la ética, aunque enfocados en su quehacer de padres formando adolescentes.

En general, las conversaciones en la terapia oscilaron sobre el actuar conforme a la ley, las consecuencias de hacerlo o no y el efecto transformador que tiene ampliar las opciones del adolescente, de manera que éste pueda decidir mejor. Fueron múltiples conversaciones y formaron sólo una parte del proceso de convertirse en adultos. No puede llevarse a cabo en una sola sesión ni hay sólo una forma de llevarlas a cabo, habiendo tantas formas como personas involucradas; no obstante, quizá tienen en común la necesidad de ser narradas. White (2002, p. 18) señaló que “vivimos a través de los relatos que tenemos sobre nuestras vidas, que estas historias en efecto moldean nuestras vidas, las constituyen y las abrazan”. El relato no es ocioso, proporciona un marco para interpretar la experiencia y esta interpretación es un logro en el que participamos activamente.

Los pacientes y terapeutas que se involucran en conversaciones sobre el actuar ético, participarán en la creación de este marco para interpretar la experiencia y esto moldeará algunas de sus acciones futuras. Weingarten (citado en Gergen y Warhus, 2003) afirmó que la terapia postmoderna narrativa no está interesada en conversaciones que busquen conocer “causas”, sino que se interesa en conversaciones que generen y amplíen las formas de ir hacia adelante. En el caso de los adolescentes es amplio su porvenir, así que vale la pena generar estas conversaciones.

En el área legal, se resuelven las controversias entre la tutela de dos bienes tomando en cuenta cuál es el bien mayor, en este caso podrían estar en juego la relación terapéutica y por otro lado la reflexión sobre el actuar ético y conforme a la ley. En el área clínica, sin embargo, los terapeutas frecuentemente resolvemos las controversias en la praxis, y quizás sin dialogarlo lo suficiente con otros colegas ni con los pacientes. Es posible concluir que no se puede llegar a la terapia sin pre- entendimientos o ideas sobre el mundo y tampoco se puede dejar completamente a un lado nuestra postura sobre los diversos temas éticos planteados en terapia, así que la interrogante quizá sea cuándo, cómo y para qué dialogarla con el paciente. Además, al trabajar en contextos institucionales frecuentemente se trabaja en equipos multidisciplinarios con diferentes ideas al respecto. Al adolescente inicial le mencioné que yo tenía una postura diferente a su anterior terapeuta, aunque ambas son válidas, y le expliqué por qué me parece fundamental dialogar sobre la ética. Sostengo que es posible hacerlo sin perjudicar la relación terapéutica, generando historias enriquecidas que amplíen las posibilidades para todos.

 

Referencias

Andersen, T. (1995). El lenguaje no es inocente. Psicoterapia y familia, 8 (1), 3-7.

Anderson, H. (2005). Un enfoque postmoderno de la terapia: La música polifónica y la terapia “desde dentro”. En G. Limón (Comp.), Terapias Postmodernas. Aportaciones constructivistas (pp. 59-67). México: Pax.

Anderson, H. (2007). A postmodern Umbrella: Language and Knowledge as Relational and Generative and Inherently Transforming [Un paraguas postmoderno: Lenguaje y conocimiento relacionales, generadores e inherentemente transformadore]. En H. Anderson& D. Gehart (Eds.), Collaborative Therapy: Relationships and conversations that make a difference (pp. 7-19). New York: Routledge.

Cecchin, G. (1987). Hyphotetizing, Circularity and Neutrality Revisited: An invitation to Curiosity [Hipotetizar, Circularidad y Neutralidad: Una invitación a la curiosidad]. Family Process, 26 (4), 405-413.

Cecchin, G., Lane, G. y Ray, W. (2002). Irreverencia: Una estrategia de supervivencia para terapeutas. Barcelona: Paidós.

Gergen, K. (2006). Construir la realidad: El futuro de la psicoterapia. Barcelona: Paidós Ibérica.

Tarragona, M. (2006). Las terapias postmodernas: una breve introducción a la terapia colaborativa, la terapia narrativa y la terapia centrada en soluciones. Psicología Conductual, 14 (3), 511-532.

White, M.  y Epston, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós Ibérica.

White, M. (1994). Guías para una terapia familiar sistémica. Barcelona: Gedisa.

White, M. (2002). Reescribir la vida. Barcelona: Gedisa.

Medios electrónicos:

 

Gergen, K. y Warhus, L. (2003). La terapia como una construcción social, dimensiones, deliberaciones y divergencias. Recuperado el 13 de marzo de 2017 de, http://www.researchgate.net/publication/255645388_La_terapia_como_una_construcción_ social_ dimensiones_ deliberaciones_y_ divergencias.

Last modified onViernes, 30 Junio 2017 01:52
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