Antonio Penella Jean http://psic.mx Thu, 14 Dec 2017 00:15:05 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es Psicocriminogénesis en la obra de Daniel Lagache http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/182-psicocriminogenesis-en-la-obra-de-daniel-lagache http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/182-psicocriminogenesis-en-la-obra-de-daniel-lagache Psicocriminogénesis en la obra de Daniel Lagache

Fue un autor con un pensamiento propio y expresó sus ideas más que citar e investigar a otros autores. En 1950 publicó el texto: "Psicocriminogénesis", parte de una psicología dinámica, clínica y psicoanalítica de la personalidad del criminal; para entender las diferentes personalidades criminales. Concluye, al igual que K. Friedlander, que estas personalidades presentan como denominador común, variaciones caracterológicas que no los hace muy distintos del resto de la población y el psicoanálisis tanto en su comprensión del criminal como en su tratamiento aún no puede ofrecer una solución amplia al problema ya que sólo puede tratar al delincuente neurótico.

 

Antonio Penella Jean

 

Médico, psicoanalista y profesor de la Sorbona, nació el 3 de diciembre de 1903 en París, ciudad en la que falleció a los 69 años, el 3 de diciembre de 1972.

A los 24 años ingresó a la Escuela Normal Superior en la misma generación que Jean-Paul Sartre, durante la Segunda Guerra Mundial, sus conocimientos de Medicina Forense y Psiquiatría lo acercaron a la criminología y fue contemporáneo de Jacques Lacan.

Fue un autor con un pensamiento propio y expresó sus ideas más que citar e investigar a otros autores. En 1950 publicó el texto: "Psicocriminogénesis", parte de una psicología dinámica, clínica y psicoanalítica de la personalidad del criminal; para entender las diferentes personalidades criminales. Concluye, al igual que K. Friedlander, que estas personalidades presentan como denominador común, variaciones caracterológicas que no los hace muy distintos del resto de la población y el psicoanálisis tanto en su comprensión del criminal como en su tratamiento aún no puede ofrecer una solución amplia al problema ya que sólo puede tratar al delincuente neurótico.

El estudio de la psicocriminogénesis hace referencia a la formación de la personalidad de los criminales definida como sistema de condiciones de la conducta. Aún cuando la personalidad esté siempre en situación, Lagache considera decisiva la implicación subjetiva al concluir que el poder criminógeno de una situación es función de la personalidad.

El proceso individual de formación de la personalidad y la incorporación de valores de un grupo, dependen de la socialización entendida como evolución y separación de conflictos sucesivos. Su rol es fundamental en el enfrentamiento de los requerimientos individuales con las exigencias de los grupos sociales donde este participa, pues la resolución favorable de este conflicto implica que la sanción, el castigo corporal, o el retiro del amor, se internalice en el sujeto bajo las formas de la angustia, la culpa y la vergüenza. Asumiendo valores y creencias comunes e identificaciones con aquellos miembros significativos, el individuo tiende a incorporarse al grupo social. Según Lagache, la identificación descubierta por Freud en el curso del Complejo de Edipo, precedida por otras identificaciones más tempranas, aparece como la gran palanca de la socialización y formación de la personalidad, pues la conciencia moral es requisito básico para la conducta social adaptada. La resolución inapropiada del Complejo de Edipo, supone que se darán identificaciones desviadas de la norma con fijaciones pregenitales que constituyen el núcleo de futuras conductas disociales, por ello tanto el criminal como el delincuente son el testimonio de una falla en el proceso de socialización.

Esta hipótesis del origen de la delincuencia no puede aplicarse en todos los casos. Si bien, el egocentrismo, la falta de sentimientos y consideración hacia los otros, la incapacidad de responsabilidad y culpa, así como la inmadurez personal; son generalmente los rasgos atribuidos a los criminales que provienen del fracaso de las identificaciones moralizantes, Lagache subraya que también existen formas larvadas de criminalidad o " delincuencia privada ", en las que se aprecia una vida social y moral rica aunque opuesta al control social. De allí que la dinámica de la conducta criminal presuponga la consideración de los aspectos negativos y positivos de la personalidad. En la delincuencia privada no existe una carencia de la identificación normativa, sino de un devenir positivo de la misma. En tales casos, no se puede explicar la delincuencia por las identificaciones fallidas, sino por la existencia de " identificaciones heroicas" derivadas de un medio cultural que valora los comportamientos criminales.

De esta manera Lagache considera que el robo o el crimen, parecen funcionar para un sujeto de modo similar al pedigrí de los perros, hay hechos criminales que no son reacciones primarias porque demuestran su naturaleza ética tales como "la ley del ambiente" o " arreglo de cuentas "; siguiendo esta lógica un individuo movido pido una "necesidad de prestigio " puede matar para jugar un rol.

El ideal delictivo, con la fuerza de la insignia como empuje a conquistar el puro prestigio, no es la justificación de la agresividad imaginaria del "era él o era yo" y "fue en defensa propia", sino un accionar premeditado. Como atestiguan el acto suicida y el asesinato por el puro prestigio, la afirmación de la vida simbólica va más allá de la vida biológica. Frecuentemente se dice, a propósito de los delincuentes que se arriesgan en un robo o en una acción delictiva: "para ellos la vida no vale nada”. Sin embargo, la vida material es la apuesta para la conquista de un emblema amo. También se dice que para ellos "la vida de los demás no vale nada ", lo cual es más certero ya que el sujeto que apuesta su vida corporal para el prestigio en muchas ocasiones se lleva a la muerte un plus con la vida de otros.

No es de extrañar que los delincuentes se fascinen mirando la crónica insidiosa de estos delictivos y leyendo en los periódicos las noticias policiales. Los delincuentes no se identifican como "malos”, sino como héroes fuera de la ley que responden al prototipo de Robin Hood como ladrón con nobles sentimientos. La imagen de Robin Hood se resume en los siguientes puntos: el noble ladrón inicia su carrera fuera de la ley no a causa del crimen sino como víctima de la injusticia, o debido a la persecución de las autoridades por algún acto que éstas, pero no por la costumbre popular, consideran criminal; "corrige los abusos", roba al rico para dar al pobre, “no mata nunca si no es en defensa propia o en justa venganza ". Si sobrevive, se reincorpora a su pueblo como ciudadano honrado y miembro de la comunidad. En realidad nunca abandona su comunidad; es ayudado, admirado y apoyado por su pueblo; su muerte obedece única y exclusivamente a la traición, puesto que ningún miembro de la comunidad ayudaría a las autoridades en su contra; es cuando menos en teoría, invisible e invulnerable; y no es enemigo del rey o del emperador, fuentes de justicia, sino solo de la nobleza, el clero y otros opresores locales.

Chucho el Roto o el Gauchito Gil, son otras figuras arquetípicas de estos héroes del bandolerismo social que defienden el honor de una dama, aún a costa de su bienestar y apoyan a los desfavorecidos. Son héroes justo al negarse a pelear entre hermanos y, finalmente, son inocentes, porque roban a los que tienen y reparten el botín entre los más pobres. El ladrón noble encarna el ideal delictivo, y las canonizaciones transgresoras de los santos locales expresan el mundo espiritual de la delincuencia. Estas figuras redimidas legitiman una posibilidad trascendente a los perdedores del orden establecido para revertir la situación desfavorable.

El panteón de los delincuentes juveniles está lleno de figuras trascendentes que expresan los códigos de la ilegalidad en la juventud marginada. Desde esta perspectiva, un asesinato incomprensible realizado por un sujeto criminal posicionado sin ninguna culpa puede ser entendido como el saldo de una apuesta para "ser respetado y temido en la calle y en la cárcel" o, simplemente para acceder al panteón religioso de la delincuencia. Aquí la insignia delictiva oculta, la división subjetiva desterrando la angustia y la culpabilidad, en consecuencia, una posición subjetiva tal no puede considerarse neurótica. En la jerga delincuencial cuando son atrapados por la ley y enviados a prisión, muchos delincuentes lo primero dicen es "perdí".

Asimismo resulta falso el alarde por "el sabor del peligro", ya que la conquista bruta del lugar ideal implica una renuncia al goce corporal.

Con relación a la conducta criminal, Lagache distingue los aspectos interpersonales, que son la relación entre el criminal y los grupos en los que toma parte. Y los aspectos intrapersonales, que es la relación entre la persona del criminal y su acto. La conducta interpersonal del criminal implica la agresión de un individuo dirigida contra los valores de un grupo antagónico o para excluirse de su grupo de pertenecía. Lagache diferencia el crimen de los desórdenes de la personalidad o la conducta y los hechos delictivos no implican necesariamente una patología.

El crimen es un concepto axiológico que se define por la reacción del medio y no por lo que es en sí mismo, no es posible una definición objetiva del crimen y su significado, no es científico sino perteneciente al campo social por su vinculación con los valores y normas propias de cada sociedad. Por ello, es una ruptura al pacto social, Lagache plantea que "toda acción criminal constituye en cierto sentido una traición".

Con relación a los aspectos intrapersonales, debido a la presencia de actitudes variadas de naturaleza ética, Lagache rechaza la hipótesis de labilidad o ausencia de Superyó. Siguiendo a Melanie Klein, propone que la severidad y la persistencia del Superyó se encuentra entre tales individuos, así el acto criminal para Lagache es un ajuste adaptativo de la personalidad con respecto a la realidad. Lagache intenta superar las explicaciones psicológicas del crimen, no se trata de que sea voluntario o involuntario y las somáticas no son una descarga instintiva, para asentar su propia conceptualización basada en la unidad psicosomática del organismo y la unidad del par organismo-situación ampliada con la teoría psicoanalítica. Y desde su perspectiva armónica, todo acto debe reubicarse dentro de la propia dinámica de la personalidad que supone la totalidad de la historia subjetiva y de la persona en cada situación. Así los comportamientos criminales impresionan como desadaptados pero siguen siendo, por la personalidad, una forma de realizarse y resolver sus tensiones inconscientes. Si bien un acto delictivo puede ser un síntoma, como la expresión simbólica de un conflicto inconsciente, en gran medida es la expresión aloplástica de un conflicto inconsciente que conlleva una fuga hacia la realidad y una proyección de la personalidad sostenida por racionalizaciones.

Por último, la criminalidad al igual que la neurosis y la psicosis, puede asociarse con un proceso de dos tiempos intrapersonales: inicialmente ocurre el retiro de un sector de la realidad representado por sus padres y sus valores. El niño queda frustrado, no se lleva cabo la identificación socializante y al no poder identificarse con un padre al que odia, los valores morales no se incorporan. En un segundo momento o fase de restitución, ataca a la realidad para modificarla a través de una descarga aloplástica que se realiza sobre el modelo de identificaciones distorsionadas que rigieron su formación.

En resumen, valiéndose de una identificación heroica que le permite una vida social y moral al margen de la sociedad regular, el criminal se defiende de un conflicto inconsciente doloroso actuando hacia el exterior.

En 1952, en una conferencia titulada “El examen psicoanalítico en criminología", Lagache expuso los principios de la disciplina en relación con su acción terapéutica y ubica el "examen" psicoanalítico como la base científica del examen clínico, propone un examen clínico desde el lugar del observador inspirado en la teoría psicoanalítica. Al respecto de las modificaciones de la técnica psicoanalítica propuestas por Aichorn, Fiedlander y Eissler; estima que tiene dos inconvenientes, el peligro del paso a la acción de psicoanalista con el abandono del delincuente a sus síntomas, la explotación del psicoanalista y el peso que significa llevar adelante un tratamiento de tales características.

En el mismo año, en el texto "Introducción psicológica y psicoanalítica a la criminología", explica su aplicación de la psicología al estudio de la personalidad y la conducta del criminal e incorpora hipótesis psicoanalíticas.

Emplea el psicoanálisis como una herramienta, no la única pero si la principal, siendo el acto delictivo que aparece bajo la forma de "acting out" como equivalente de "paso al acto o dramatización" y tiene un significado inconsciente susceptible de ser descifrado, aunque al mismo tiempo es resolutivo de las tensiones de la personalidad. Lagache sugiere llevar a cabo una extensa y pormenorizada investigación del criminal desde varios enfoques como el clínico, el experimental, social y psicoanalítico, ubicando sus conductas, la relación con su medio y su propia historia. Las conductas criminales deben ser reconstruidas en detalle teniendo presente la actitud del criminal frente su propio acto, antes, durante y después del acontecimiento, además, es necesaria su participación y posición grupal para la significación de sus actos y la biografía debe ser lo mas completo posible en cuanto a la infancia y la adolescencia.

 

Referencias

Lagache, D. (1968). Acting out y acción, Revista de Psicoanálisis, 25, 3-4.

Lagache, D. (1982). Introducción psicológica y psicoanalítica a la criminología. En Obras Completas, Volumen 4. Buenos Aires: Paidós.

Lagache, D. (1982). El examen psicoanalítico en criminología. En Obras Completas, Volumen 4. Buenos Aires: Paidós.

Mollo, J.P. (2010), Psicoanálisis y criminología, estudios sobre la delincuencia. Buenos Aires: Paidós 

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Wed, 28 Jun 2017 03:18:37 +0000
Peter Blos, concreción adolescente y delincuencia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/177-peter-blos-concrecion-adolescente-y-delincuencia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/177-peter-blos-concrecion-adolescente-y-delincuencia Peter Blos, concreción adolescente y delincuencia

Peter Blos nació el 2 de febrero de 1904 en Karlsruhe, Alemania y murió el 12 de junio de 1997 en Holderness, Nueva Hampshire (Estados Unidos) a los 93 años. Siendo niño conoció a Erik Homburger, mejor conocido como Erik H. Erikson, con quien estableció una larga amistad. Estudió Educación en la Universidad de Heidelberg para ser maestro y posteriormente obtuvo el doctorado en Biología en Viena. En la década de los años veinte del siglo XX, fue presentado con Anna Freud, quien requería su ayuda para crear y dirigir una escuela experimental para niños que estuvieran en tratamiento psicoanalítico. El proyecto fue apoyado por Eva Rosenfeld y Dorothy Burlingham, amiga de Anna y cuyos hijos eran atendidos en la pequeña escuela.

 

Antonio Penella Jean

 

Peter Blos nació el 2 de febrero de 1904 en Karlsruhe, Alemania y murió el 12 de junio de 1997 en Holderness, Nueva Hampshire (Estados Unidos) a los 93 años. Siendo niño conoció a Erik Homburger, mejor conocido como Erik H. Erikson, con quien estableció una larga amistad. Estudió Educación en la Universidad de Heidelberg para ser maestro y posteriormente obtuvo el doctorado en Biología en Viena. En la década de los años veinte del siglo XX, fue presentado con Anna Freud, quien requería su ayuda para crear y dirigir una escuela experimental para niños que estuvieran en tratamiento psicoanalítico. El proyecto fue apoyado por Eva Rosenfeld y Dorothy Burlingham, amiga de Anna y cuyos hijos eran atendidos en la pequeña escuela.

Iniciadas las actividades de la escuela, Blos invitó a participar a Erik Erikson. Dentro del círculo psicoanalítico vienés, Blos fue influenciado particularmente por August Aichorn, quien fue pionero en la aplicación del psicoanálisis a la educación y a la delincuencia juvenil adolescente. Aichorn formó parte de la Asociación Psicoanalítica de Viena desde 1922, donde fundó un grupo de estudio con Siegfried Bernfeld, Willie Hoffer y Anna Freud. En 1925 publicó su libro "Juventud desamparada" el cual prologó Sigmund Freud. Para escapar del nazismo, Blos salió de Viena en 1934 con dirección a Estados Unidos. Se estableció en Nueva Orleans donde trabajó como maestro en una escuela privada para dirigirse tiempo después a Nueva York a continuar con su entrenamiento psicoanalítico. Se hizo miembro de la Asociación Psicoanalítica de Nueva York de la cual llegó a ser supervisor y analista didáctico, participó en la formación del programa de psicoanalistas infantiles.

En 1967 fue nombrado catedrático universitario y tuvo a su cargo el curso de desarrollo del adolescente, el cual duró hasta 1977, año en que se retiró de la docencia. También participó en el Centro Psicoanalítico de la Universidad de Columbia, donde fue cofundador de la Asociación Psicoanalítica de Niños. Durante muchos años, Peter Blos fue "Mister Adolescencia", era un hombre renacentista, por su constelación de intereses y talentos que le permitieron sobresalir como psicoanalista, maestro, músico, artesano y poeta. A lo anterior se suma su sabiduría, su buen humor, su entusiasmo y su generosidad.

Publicó cuatro libros: On Adolecence: A psychoanalytic Interpretation (1962, Psicoanálisis de la adolescencia); The young adolescent: Clinical Studies (1974, Los comienzos de la adolescencia); The adolescent pasage: Developmental issues (1976, La transición adolescente); y Son and Father: Before and beyond the oedipus complex (1985). Sus principales aportaciones fueron intentar crear una teoría unificada de la adolescencia abarcando desde la Latencia, la Preadolescencia, la Adolescencia temprana, la Adolescencia propiamente dicha, la Adolescencia tardía y la Posadolescencia. Este trabajo tuvo como propósito empezar a definir la psicopatología adolescente y esbozar una técnica psicoterapéutica de este periodo de la vida. Algunos años después desarrolló un concepto fundamental de su teoría, que es una ampliación del trabajo de Margaret Mahler, lo llamó "el segundo proceso de individuación", que consiste en la remoción y renegociación de las imagos introyectadas de los padres de la infancia, enfatizó la importancia de tener acceso a la regresión, que contrariamente a lo que ocurre en el caso de los niños y de los adultos, favorece el desarrollo del yo. Tal vez este concepto de la segunda individuación es la aportación que hizo más conocido a Blos.

Sus aportaciones clínicas y teóricas se enfocan en el desarrollo gradual de la personalidad, la delincuencia, los problemas del yo, del Superyó, del ideal del yo y la capacidad de integración de las funciones yoicas.

Su libro "La transición adolescente", tiene un amplio apartado titulado        "Acting out y delincuencia", formado por tres artículos:

  • Factores Preedípicos en la etiología de la delincuencia femenina (1957).
  • El concepto de acting out en relación con el proceso adolescente (1963).
  • La concreción adolescente (1969).

Blos destaca que la conducta delictiva promueve una detención en el desarrollo que, aún cuando sólo sea transitoria, puede incidir en forma seria y abortar el proceso adolescente, adquiriendo la inflexibilidad de un síntoma. Estima que es en la preadolescencia cuando empiezan a manifestarse las conductas delictivas, pues irrumpen manifestaciones de la pulsión agresiva tendientes a la autonomía y al alejamiento afectivo del self respecto de los objetos de dependencia. Así, el acting out, siendo una conducta inadaptada, implica benéficamente un esfuerzo deliberado por detener la desintegración yoica. En los casos más graves, hay un detenimiento y aborto del proceso adolescente.

En el artículo "El concepto de acting out en relación con el proceso adolescente", Blos profundiza los presupuestos anticipados, partiendo de una fuerte equivalencia entre adolescencia y acting out que plantea en el aforismo: "adicción adolescente a la acción". El acting out de naturaleza antisocial es concebido como un fenómeno típico adolescente de función reparadora, que desmiente las frustrantes limitaciones de la realidad, al servicio del restablecimiento de la continuidad temporal del yo. También distingue el acting out aloplástico e inadaptado del campo de los trastornos de la impulsividad. Así puede establecerse una diferencia entre el acting out delincuente como operador y "recurso al acto" y el pasaje al acto impulsivo y por fuera de la simbolización. La proclividad al acting out es uno de los rasgos más notables en la adolescencia y al mismo tiempo una denuncia de la confluencia de diversas tendencias que resultan benignas y habitualmente pasajeras. El problema se presenta cuando tales conductas se trasforman en una actuación permanente y operan otros factores predisponentes que impiden la consolidación definitiva del self.

Blos plantea que el acting out es un mecanismo organizado y específico del proceso adolescente, que brota del aumento de las tendencias pulsionales anteriores y el empobrecimiento yoíco debido al abandono de los objetos infantiles. Como mecanismo regulador de la tensión y proceso reparatorio, el acting out protege al psiquismo contra la angustia conflictiva entre el mundo externo y el yo.

El texto "La concreción adolescente", se subtitula "contribución a la teoría de la adolescencia" y es un retorno al legado de Aichorn. Blos presenta la existencia de múltiples "delincuencias" cuyo común denominador es la participación del sistema de acción en la resolución de problemas y el uso del medio ambiente como regulador de la tensión. Si el acting out es el sello distintivo de los adolescentes asociales, Blos establece un su tipo de acting out, "la concreción", en la que el yo asume en relación con la acción, lo que corresponde al lenguaje simbólico. No es una acción realizada al azar pero tampoco es voluntaria y se presenta fuera de la situación analítica. Basándose en un texto de Phyllis Greenacre, en el que se define el acting out como distorsión entre el lenguaje y la acción, Blos comienza a delinear su teoría de la concreción. El resultado de esta distorsión conlleva un concretismo por la acción, un concretismo por las imágenes eídéticas; ambas formas inaccesibles a la interpretación verbal. Estas dos formas de concreción constituyen el equivalente del pensamiento verbalizado, es decir, la acción ha usurpado una función lingüística. Blos conceptualizó la concreción como un "lenguaje privado" y "una interacción comunicativa con el ambiente".

Emplea el término "delincuencia" para un amplio campo de aplicación en referencia a toda conducta transgredida vinculada al otro y anudada a una relación de objeto. Desde esta perspectiva, el delincuente concretante, no es un psicópata, a pesar de la ausencia de conflicto y culpa. El delincuente concretante da testimonio de una realidad de su pasado y de una persistente y obstinada dependencia del ambiente. Por esto, la familia, la escuela y el juzgado son movilizados a tomar medidas de "carácter real". Así, el adolescente concretante actúa sin pensar y está predestinado a ser un delincuente, aún cuando nunca se vea enfrentado realmente a la justicia.

Por último, Blos (1981) brinda una indicación clínica: "el adolescente concretante es opuesto al insight, que arraiga en la introspección y depende de la interiorización y del pensamiento verbalizado" (p. 234), así queda definida una oposición entre lo simbólico y la acción. Para abonar a su teoría presenta cuatro casos, Rubin, Eddy, Mario y Steve. Como epílogo, Blos remite a la biografía de Jean Genet escrita por J.P. Sartre, que es una vívida descripción de cómo se fabrica un delincuente: un hijo ilegítimo creado en un orfanatorio que a los diez años fue acusado de ladrón y luego se niega a escuchar la voz de la reflexión; así aprende a pensar lo impensable y a postular como cierto lo que sabe muy bien que es falso. 

En resumen, frente al amplio espectro de conductas antisociales, Peter Blos da cuenta desde su experiencia clínica que un psicoanalista debe inventar modalidades de intervención apartadas de las técnicas habituales de tratamiento.

 

Referencias

Aichorn, A. (1925/2006). Juventud desamparada. España: Gedisa.

Blos, P. (1981). La transición adolescente. Buenos Aires: Amorrortu.

Esman, A. H. (1997). Obituary: Peter Blos (1904- 1997).International Journal of Psychoanalysis, 46, 292. Disponible en:

http://www.pep-web.org/document.php?idapa.046.0292a

Fountain, H. (1997). Peter Blos, a Psychoanalist of Children. Is Dead at 93. Analytic Press. (Obtenido de ProQuest Information and Learning Company).

Greenacre, P. (1950). General problems of acting out. Psychoanalytic. Quartely, 19, 455-467

Mollo, J.P. (2010). Psicoanálisis y criminología, estudios sobre la delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Sartre, J. P. (1952). Saint Genet. Nueva York: Braziller.

 

 

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Sun, 19 Feb 2017 23:33:58 +0000
Deprivación y delincuencia en la obra de Donald Winnicott http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/159-deprivacion-y-delincuencia-en-la-obra-de-donald-winnicott http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/159-deprivacion-y-delincuencia-en-la-obra-de-donald-winnicott Deprivación y delincuencia en la obra de Donald Winnicott

En 1923, a los 27 años, fue nombrado médico asistente en el Paddington Green Children's Hospital, puesto que conservó durante cuarenta años. Se convirtió en miembro asociado de la Sociedad Psicoanalítica Británica en 1934. Durante los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial, fue consultor del plan del gobierno para la evacuación de niños y jóvenes en Londres. Fue director del Departamento de Niños de la Clínica Psicoanalítica de Londres y se desempeñó como presidente de la Sociedad Psicoanalítica Británica durante los periodos de 1956-1959 y de 1965-1968. 


Antonio Penella Jean

 

Donald Winnicott, fue un médico pediatra y psicoanalista que nació en Plymouth, Inglaterra el 7 de abril de 1896 y falleció en Londres el 25 de enero de 1971 a los 75 años.

En 1923, a los 27 años, fue nombrado médico asistente en el Paddington Green Children's Hospital, puesto que conservó durante cuarenta años. Se convirtió en miembro asociado de la Sociedad Psicoanalítica Británica en 1934. Durante los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial, fue consultor del plan del gobierno para la evacuación de niños y jóvenes en Londres. Fue director del Departamento de Niños de la Clínica Psicoanalítica de Londres y se desempeñó como presidente de la Sociedad Psicoanalítica Británica durante los periodos de 1956-1959 y de 1965-1968.

Después de la Segunda Guerra Mundial, pronunció ante magistrados una conferencia en la que sintetizó su postura ante la delincuencia juvenil, planteó que la delincuencia está relacionada en su inicio con la falta de una vida hogareña, a continuación hace una introducción al psicoanálisis a partir del concepto del Inconsciente y explica al aparato judicial que existe una concepción del delito que más que una acción sin razón, es un comportamiento con motivos inconscientes.

La postura de Winnicott es práctica, permite ubicarse ante la problemática criminal y delictiva sin sentimentalismos y sin sobreponerse a la labor judicial, cuya función es castigar en relación a la patología de los jóvenes delincuentes, comprende al delito como una "enfermedad psicológica"; aunque el diagnóstico psicopatológico de los delincuentes es variable. La estructuración subjetiva del delincuente juvenil tiene su equivalente en la infancia normal, en el ámbito de la familia. En un momento de su desarrollo como persona social, el niño puede jugar y romper con todo lo que hay en casa, pero luego necesita de la figura del padre, necesariamente estricta y fuerte pero también afectuosa para que recupere sus impulsos de amor, la culpa y el deseo de reparar; cuando la estructura del hogar fracasa, el niño antisocial busca una estabilidad externa un poco más lejos, apela a la sociedad en lugar de recurrir a la familia o a la escuela. Cuando un niño roba fuera de su hogar busca a su madre con un sentimiento de frustración y, al mismo tiempo, se dirige a una autoridad paterna que ponga límites a las consecuencias de su conducta impulsiva. Si esto no ocurre, el delincuente se torna más inhibido para amar, despersonalizado y deprimido, quedando paulatinamente incapacitado para sentir, excepto la realidad de la violencia.

Si el robo es un medio para el joven que busca algo con la esperanza de hallarlo, entonces, la delincuencia indica que aún queda alguna esperanza. Por ello, un niño que se comporte de manera antisocial no está siempre enfermo; muchas veces, la conducta antisocial puede ser una llamada de auxilio enviada hacia personas fuertes, cariñosas y seguras para el menor. Winnicott considera que la terapia personal puede ser beneficiosa para completar el desarrollo emocional y la integración de la personalidad, sin embargo, es necesario que simultáneamente se dé la provisión de un ambiente firme y estable para que el tratamiento tenga éxito. En esta concepción reside su teoría de la delincuencia, es una enfermedad de niños normales perturbados por el medio del que provienen, o que hace a la delincuencia un trastorno del medio.

En el artículo "La tendencia antisocial" de 1965, y en la conferencia "La delincuencia juvenil como signo de esperanza" en 1967, amplió y enriqueció sus conceptos. Con relación a los niños antisociales sin respaldo familiar adecuado, propuso el concepto de "deprivación", para explicar el origen de su tendencia antisocial, es una deprivación original que causa ansiedades impensadas y confusiones que se intentan anular a través de actos delictivos, efectivamente, la tendencia antisocial no es un diagnóstico, se puede encontrar en diferentes estructuras clínicas, surge a cualquier edad y no proviene exclusivamente de los problemas sociales o culturales.

Existen dos orientaciones que implican una forma de autocuración en la tendencia antisocial: la búsqueda de objeto y la destrucción. Una representada por el robo, en el que el niño busca algo y al no encontrarlo lo busca en otro lado, si tiene la esperanza de hallarlo; la segunda, cuando el niño busca la estabilización provocando reacciones ambientales, valiéndose en particular de la destructividad. La tendencia antisocial se caracteriza por tener un elemento que impulsa a darle gran importancia al ambiente, asimismo, desde un enfoque clínico, la tendencia antisocial supone una esperanza que se puede definir como "la capacidad que tienen los síntomas de causar fastidio". La fenomenología de la conducta antisocial en los varones es el robo, en las mujeres se expresa en la prostitución, la cual trae beneficios secundarios como la obtención de dinero.

Tanto en la conducta antisocial como en la delincuencia, es difícil precisar el grado de diferencia entre ambas, aunque comparten en su inicio un "complejo de deprivación". El niño deprivado puede convertirse en un delincuente y también en un psicópata. Si no se comprende el acto antisocial como una llamada de ayuda, los beneficios secundarios se vuelven cada vez más importantes y se hace más difícil advertir, aunque aún esté presente, la solicitud de ayuda reveladora de la esperanza que alienta en los antisociales.

En función del tratamiento Winnicott concluye que la terapia individual sólo es eficaz si es complementaria con una asistencia ambiental especializada. Las psicoterapias y el psicoanálisis no sirven para el tratamiento de la tendencia antisocial sino para complementar la estabilidad de un nuevo suministro ambiental y así sustituir el hogar que faltó. Sin embargo, frente a los impulsos inconscientes con los que el paciente intenta provocar que alguien lo ayude, Winnicott propone soportar el impacto mediante la transferencia fuera del marco analítico. Finalmente, en relación con las separaciones tempranas y la deprivación en forma simple, Winnicott manifestó, que "ser un niño no querido, ser pasado de una persona a otra en los primeros meses de vida, predispone a la enfermedad antisocial".

 

Referencias

Winnicott, D. (1993). El impulso a robar. En  El niño y el mundo externo. Buenos Aires: Hormé.

Winnicott, D. (1998). El delincuente y el transgresor habitual. En  Acerca de los niños. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1999a). La delincuencia como signo de esperanza. En Deprivación y delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1999b). La psicoterapia de los trastornos del carácter. En Deprivación y delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1999c). Albergues para niños en tiempos de guerra y paz. Deprivación y delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1999d). Algunos aspectos psicológicos de la delincuencia juvenil. En Deprivación y delincuencia. Buenos Aires. Paidós.

Winnicott, D. (1999e). La tendencia antisocial. En Deprivación y delincuencia. Buenos Aires, Paidós.

 

 

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Sat, 29 Oct 2016 17:53:33 +0000
John Bowlby y la Delincuencia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/139-john-bowlby-y-la-delincuencia http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/139-john-bowlby-y-la-delincuencia John Bowlby y la Delincuencia

Edward John Bowlby fue un psiquiatra y psicoanalista que nació el 26 de febrero de 1907 en Londres y murió el 2 de septiembre de 1990, en SkyeBall, Escocia, a los 83 años.

Antonio Penella Jean

 

Edward John Bowlby fue un psiquiatra y psicoanalista que nació el 26 de febrero de 1907 en Londres y murió el 2 de septiembre de 1990, en SkyeBall, Escocia, a los 83 años.

Fue miembro del grupo de los Independientes, era especialista en Psiquiatría Infantil y director de la afamada Tavistock Clinic de Londres, así como uno de los grandes personajes del psicoanálisis británico. Fue consultor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus aportaciones fueron significativas para la declaración mundial de los derechos del niño.

Su trabajo como investigador fue amplio y se rindió siempre ante las evidencias de sus estudios, lo que lo ha hecho ser reconocido como un pensador original y dedicado en el desarrollo del niño y a menudo lo llevó a plantear serias controversias en el mundo psicoanalítico al generar tesis novedosas y audaces acerca de la separación temprana y sus efectos en el duelo y la formación de la personalidad del niño. Con sus últimos trabajos en torno al apego desarrolló una teoría psicopatológica aún vigente.

A partir de 1940, encabezó una investigación acerca de los jóvenes abandonados cuyos resultados influenciaron globalmente al tratamiento psicoanalítico del hospitalismo, la depresión anaclítica, las carencias maternas y la prevención de la psicosis. Para Bowlby, la delincuencia es un problema psicológico, sin descartar las variables sociológicas y económicas como un problema total. Estimó que el papel del ambiente en la etiología de las neurosis y el carácter neurótico, es fundamental en el origen de estas patologías, ya que el ambiente emocional del hogar del niño es fundamental. Ni las condiciones de vivienda, ni la situación en la escuela, así como tampoco la alimentación, o la religión son factores concluyentes. Lo más importante es la historia de la relación del niño con su madre y las circunstancias que han rodeado las separaciones de éstos, en las condiciones del ambiente temprano.

Bowlby emplea la frase "relación rota madre-niño", que durante los tres primeros años de vida deja huellas permanentes en la personalidad del infante, aquellos quienes han sufrido estas separaciones se desarrollan como niños introvertidos y aislados, sin capacidad para crear lazos libidinales, ni establecer relaciones emocionales genuinas con los demás. Estas conclusiones se derivan de un estudio en el que observó a dieciséis ladrones y en catorce casos de ellos comprobó la existencia de este comportamiento asociado a la ruptura temprana de la relación madre-hijo.

Estimó que esta influencia era básica para establecer un cuadro clínico de delincuencia juvenil, sin embargo también hay casos de menores que son agresivos, ansiosos y culpables en los que no aparece una ruptura clara como la señalada; en estos casos lo que se detectó fue una actitud emocional de la madre hacia el niño determinada por comportamientos ambivalentes y hostilidad inconscientes que acarrean la formación de un Superyó severo en el niño tal como lo plantea la teoría de Melanie Klein. De esta forma Bowlby estima que el origen del carácter delincuente se reduce básicamente a la relación emocional del niño respecto a las actitudes inconscientes de la madre y los traumas tempranos, esto es hacia las relaciones de objeto.

Cuatro años más tarde, en 1944, publicó otra investigación amplia que tuvo una duración de tres años, la llevó a cabo entre ladrones juveniles de diez a quince años de edad, la muestra estuvo formada por cuarenta y cuatro sujetos, que robaban de manera persistente o variable y fueron comparados con cuarenta y cuatro individuos del grupo control que no presentaban conductas delincuentes. Analizó otras variables como edad, coeficiente intelectual, estado económico y psicopatología, estudió el tipo de robo cometido y llevó a cabo una historia clínica individual amplia y profunda.

Sus resultados arrojaron la existencia de seis categorías de carácter: normales (robo a familiares), presionados (introvertidos y de personalidad depresiva generalizada), circulares, (depresión con coexistencia de vanidad), hipertímicos, (hiperactividad, jactancia y tendencia al desafío y burla hacia la autoridad, los subdividió en histéricos, alegres y agresivos), inexpresivos, (carentes de afectos en forma notable, insensibles, inexpresivos, solitarios y vagabundos), y esquizoides, (esquizofrénicos). En la comparación del grupo control con los tipos de carácter encontró catorce casos de inexpresivos en ladrones y su ausencia en el grupo control resultó significativa estadísticamente y coincidió en que los inexpresivos habían sufrido separaciones prolongadas durante la infancia.

Al comparar los tipos de carácter y el tipo de robos, que también se clasificó en cuatro tipos según la intensidad y la frecuencia de los hurtos, el resultado fue que los inexpresivos presentaban el tipo de mayor gravedad en cuanto a la persistencia del robo y la causa especifica se encontró en el hecho de haber sufrido separaciones tempranas patológicas e intensas.

En cuanto a la nomenclatura psiquiátrica de los trastornos, sostiene que el término de personalidad psicopática, tiene poco valor porque se aplica a numerosos caracteres que son similares en forma superficial, pero muy diferentes en la psicopatología. Lo mismo se puede decir en cuanto al desarrollo moral deficiente o la amoralidad, pues en el comportamiento antisocial las sensaciones morales están inhibidas pero no siempre ausentes y representan un reto al sentimiento de culpabilidad. El término "inferior psíquico constitucional", como contraste al de "psicopatía activo antisocial", es poco científico, indeseable y falso pues cubre un sentido muy amplio.

En relación a la etiología en el desarrollo de la delincuencia, Bowlby aisló tres factores causales, presentes en la mayoría de los casos, los genéticos (enfermedades mentales de padres o abuelos), el ambiente familiar temprano y la actitud emocional de los padres (separaciones tempranas y prolongadas del niño de la madre, efectos sobre el niño de una madre ambivalente y hostil o la aversión del padre), y el ambiente actual (eventos traumáticos recientes).

El uso de la estadística arrojó algunos datos consistentes, como que en ladrones presionados (introvertidos, de personalidad depresiva generalizada) y circulares (depresión en coexistencia con vanidad), las madres ambivalentes y los traumas recientes fueron los factores principales.

En los ladrones hipertímicos, (hiperactividad, jactancia, tendencia a burlarse de la autoridad) subdivididos en histéricos, alegres y agresivos, presentaron madres ambivalentes. Sin embargo, para que estos datos posean mayor validez y evitar la ambigüedad es preciso obtener una historia completa y detallada del entorno infantil que rodeó al sujeto y de las reacciones familiares que tenían lugar. De otra manera, las aportaciones estadísticas podían ser poco concluyentes. Bowlby estimó que es relevante que un niño que ha sido desprendido de su entorno y es dado a otras personas o a extranjeros, puede ser un factor precipitante en la etiología de la delincuencia; también las experiencias traumáticas como la muerte de los familiares más cercanos son experiencias intensas y pueden tener un efecto desfavorable como depresión y conductas desafiantes.

La conclusión general y amplia sigue siendo que en gran medida en los jóvenes delincuentes inexpresivos, su condición delincuente es atribuible a la separación prolongada de sus madres, por ello su propuesta de que la prevención provendría de la detección de las separaciones tempranas y de una intervención terapéutica antes de los cinco años. Su estudio culminó con un análisis detallado del joven delincuente inexpresivo y de la joven prostituta, estas caracterologías se distinguen por la ausencia de inhibición y control de los impulsos agresivos y por la carencia de desarrollo del Superyó, así como de una incapacidad extrema para sentir y expresar amor, es decir, para establecer relaciones objetales funcionales.

En estos jóvenes se aprecia que sus relaciones interpersonales son conflictivas pues se les dificulta manejar sus reacciones emocionales en situaciones difíciles, se les hace complejo percibir, etiquetar, expresar, regular y controlar sus afectos y emociones. La afectividad suele ser ambivalente y con poca capacidad de auto regulación por lo que frecuentemente se ven desbordados, muestran índices elevados de ansiedad, depresión y estrés, lo que les complica la resolución de las tareas evolutivas de la adolescencia, tienen altas tasas de trastorno de conducta como la actividad delictiva y el abuso de sustancias.

En los individuos con antecedentes y comportamientos delictivos se ha encontrado que existe una baja capacidad de reflexión en los relatos de apego, lo que sugiere que existe un Self poco mentalizante hacia las víctimas aunque pueden ser concientes de las reacciones emocionales de sus compañeros de pandilla e hipersensibles a los estados emocionales de los profesionales de la salud mental. Se podría señalar que presentan una escisión de la capacidad reflexiva de la interacción interpersonal que no está generalizada hacia los otros.

 

Referencias

Amamaniti, M. & Sergi, G (2003), Clinical Dynamics During Adolescence: Psychoanalitical and attachment perspectives. Psychoanalytic Inquiry, 23 (1), pp. 54-80.

Auping, B.J. (2010). Una revisión de la teoría psicoanalítica a la luz de la ciencia moderna. México: Plaza y Valdés.

Bowlby, J. (1940). The influence of early environment in the development of neurosis and neurótic character". Int. J.Pstcho- Anal, 25, 154-178.

Bowlby, J. (1944), Forty-four juveniles thieves: Their character a and Home- Life(II). Int.J.Psycho-Anal, 25, 19-53.

Bowlby, J. (1960). Separation Anxiety. Int.J. Psychoanal-Anal, 41,  89-113.

Ducharme, J., Doyle, A.B. & Markiewicz, D. (2002), Implications of attachment security for adolescents' interpersonal habitue with parentes and peeres. Journal of Social and Personal Relationships. , 19, 203-231.

McElhaney, K.B., Allen, J.P., Stephenson, J. C. & Hare, A.L. (2009). Attachment and autonomy during adolescence. En Lerner, R. Y Steinberg, L. (Eds.) Handbook of a Adolescent Psychological [pp.358-403. Hoboken, NJ: John Wiley y Sons, Inc.

Mollo, J.P. (2010). Psicoanálisis y criminología: estudios sobre la delincuencia. Buenos. Aires: Paidós

 

Oliva, D. A. (2011). Acción psicológica, 8, 2.

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Fri, 15 Jul 2016 01:03:16 +0000
Kate Friedländer y el psicoanálisis de la delincuencia juvenil http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/125-kate-friedlaender-y-el-psicoanalisis-de-la-delincuencia-juvenil http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/125-kate-friedlaender-y-el-psicoanalisis-de-la-delincuencia-juvenil Kate Friedländer y el psicoanálisis de la delincuencia juvenil

Kate Friedländer nació en Innsbruck, Austria, en 1902 en el seno de una familia judía y falleció el 20 de febrero de 1949 en Londres a los 47 años. Durante 1929 y 1930 trabajó en el tribunal para menores en Berlín y posteriormente se formó como psicoanalista. En 1933 emigró a Londres y se hizo miembro de la Sociedad Psicoanalítica Británica.

 

 

Antonio Penella Jean

 

Kate Friedländer nació en Innsbruck, Austria, en 1902 en el seno de una familia judía y falleció el 20 de febrero de 1949 en Londres a los 47 años. Durante 1929 y 1930 trabajó en el tribunal para menores en Berlín y posteriormente se formó como psicoanalista. En 1933 emigró a Londres y se hizo miembro de la Sociedad Psicoanalítica Británica.

En 1944, cuando tenía 42 años, se analizó con Hans Sachs y fue amiga cercana de Otto Fenichel y de la izquierda freudiana, posteriormente fue miembro del grupo de Anna Freud y colaboró en la fundación de la Clínica Hampstead y estuvo cercana a ella en la época de las controversias con Melanie Klein. Colaboró también en otras instituciones y fue cercana a Ernest Jones y Eduard Glover.

Desde joven le atrajo el estudio de la conducta de los jóvenes delincuentes y el sustrato estructural de la misma. En 1946 fundó un centro de orientación al que llamó "Western Sussex Child Guidance Service", en donde recibía niños con trastornos de conducta y formaba terapeutas en el enfoque psicoanalítico de la delincuencia. Afectada por una metástasis cerebral como secuela de un cáncer de pulmón, murió en plena actividad sin haber podido completar su obra. Sus trabajos no fueron bien aceptados en la comunidad psicoanalítica británica pues fue una pensadora independiente y el hecho de no someterse a las normas de la International Psychoanalytical Association (IPA ), su libertad de espíritu, su compromiso de izquierda y, finalmente, su concepción no adaptativa del psicoanálisis de adolescentes hicieron de ella un personaje no alineado a la ortodoxia.

Sus aportaciones inician con su obra "Psicoanálisis de la delincuencia juvenil", donde señala que existe un desarrollo infantil en fases que concluye en la adaptación social, por lo tanto, la problemática del delincuente radica en que tiene una constitución subjetiva deficiente que lo hace ser una persona manejada por impulsos antisociales. La posibilidad de establecer buenas relaciones de objeto depende de la relación del niño con su madre, de un grupo y un ambiente familiar apropiados, así como de la aceptación gradual del principio de realidad en vez del principio de placer. Lo anterior, está asociado a la resolución del complejo de Edipo, que permite que el superyó sea el resultado benéfico que favorece la identificación e introyección de los padres y supone un código ético independiente para la persona, el cual es necesario para el reconocimiento de la autoridad social y la relación con los demás.

El fracaso de la adaptación social y la formación del carácter antisocial, depende de tres factores: la incapacidad para resistirse a un deseo sin medir las consecuencias, la debilidad del yo y la falta de independencia del superyó. El problema se encuentra en la debilidad de las defensas pues, el yo del delincuente está regido por el principio del placer y cuando surgen los deseos instintivos la realidad desaparece. La debilidad del yo aumenta cada vez más debido a la incapacidad para la sublimación y la elaboración de formaciones reactivas. Así los impulsos, incluidos los antisociales, no pueden ser controlados por un yo débil e incapaz de obtener apoyo del superyó.

Friedländer considera que la conciencia del delincuente no se ha independizado. Con relación a las sub-culturas delincuentes, se puede aclarar que cuando el código ético del medio es criminal, la formación del superyó ocurre normalmente, pero el código criminal de los padres es transmitido a los hijos y el resultado es la conducta antisocial. La formación del carácter en la latencia no determina en forma inevitable la delincuencia posterior, pero sí supone cierta susceptibilidad hacia la conducta delictiva y sus conceptos se relacionan con los de Aichorn, en cuanto a una delincuencia latente; por ello, para el desencadenamiento de la delincuencia, deben integrarse los factores ambientales.

Existen entonces los factores primarios, que son los que determinan la estructuración antisocial como la constitución subjetiva deficitaria y los factores secundarios, que liberan la delincuencia latente en manifiesta como la deserción escolar, la vida callejera, las malas compañías y la desocupación. Los factores primarios implican que el futuro delincuente ingresa al periodo de la latencia con una alteración en la formación de la estructura psíquica, tiene un carácter antisocial y los factores secundarios consolidan y refuerzan la formación antisocial primaria.

La formación caracterológica antisocial no se corresponde con delincuentes de estructura psicótica o con perturbaciones tóxicas u orgánicas. En los delincuentes comunes, "el rencor contra la sociedad" tiene como base una relación objetal de tipo anal sádico que se transfiere al medio ambiente, por esto, si se remueve la causa ambiental, se produce una breve mejoría pero no se influye directamente sobre la formación caracterológica que pronto encontrará una nueva forma de frustración para reeditar las conductas antisociales.

La formación antisocial pronunciada del delincuente común primero se manifiesta al iniciarse el periodo de la latencia, por la imposibilidad de someterse a los métodos disciplinarios y escapando al control de sus padres. Luego la conducta delictiva puede hacerse manifiesta con el odio hacia la autoridad, la indiferencia por la propiedad ajena y la desconsideración hacia todo ser humano.  Friedländer considera que existe una similitud entre los síntomas neuróticos de las personas normales y respetuosas de las normas y lo que denomina "síntomas delictuosos", susceptibles de esclarecimiento inconsciente.

La divergencia se encuentra en la formación caracterológica primaria que produce el síntoma delictuoso que procura una satisfacción en la acción, en lugar de un síntoma neurótico que genera una satisfacción sustitutiva imaginaria, aunque esta diferencia nunca es total y puede existir una combinación de carácter antisocial con enfermedad neurótica. Analizó también al delincuente por sentimiento de culpa, que padece un síntoma delictuoso, ya que el castigo real satisface su relación de objeto sadomasoquista.

Con relación al tratamiento de los delincuentes, hizo varias aportaciones y estimó que la dificultad inicial es que el delincuente no sufre a causa de su perturbación, sino que encuentra satisfacción en su modo de vida, cumple con el "tratamiento institucional", cuando es obligado por la justicia, pero no se opera en él un verdadero cambio de actitud y tampoco desarrolla una conciencia independiente. En las condiciones de las instituciones carcelarias, el tratamiento psicoanalítico no es posible, ya que no acude voluntariamente y son los casos que ella describe como "los desesperados reincidentes", que inútilmente han pasado su vida en reformatorios y en prisiones. Solamente en la minoría de los casos, el tratamiento psicológico sin adaptación ambiental es un buen método. Así la importancia de un cambio ambiental como una institución o un hogar adoptivo se justifica para aquellos casos en los que la conducta delictuosa obedece a una formación caracterológica antisocial y cuyo ambiente hogareño no es modificable.

En general, el tratamiento de los delincuentes, supone una reeducación terapéutica para el reforzamiento del superyó, combinada con una modificación ambiental. Friedländer propone un "plan racional para la prevención del crimen", basado en la intervención social sobre los factores primarios que dan origen al carácter antisocial y al estado de delincuencia latente, para actuar de manera interdisciplinaria sobre las primeras manifestaciones de los comportamientos antisociales.

 

Referencias

Friedländer, K. (1961). Psicoanálisis de la delincuencia juvenil. Buenos Aires: Paidós.

Mollo, J.P. (2010). Psicoanálisis y criminología: estudios sobre la delincuencia: Buenos Aires: Paidós.

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Fri, 15 Apr 2016 02:00:46 +0000
Clínica de la delincuencia juvenil en la obra de Franz Alexander http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/114-clinica-de-la-delincuencia-juvenil-en-la-obra-de-franz-alexander http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/114-clinica-de-la-delincuencia-juvenil-en-la-obra-de-franz-alexander Clínica de la delincuencia juvenil en la obra de Franz Alexander

Franz Alexander fue médico, psiquiatra y psicoanalista. Nació en Budapest el 22 de enero de 1891. Estudió medicina y se formó como bacteriólogo y fisiólogo, al conocer los escritos psicoanalíticos se dio cuenta de la potencialidad que había para el tratamiento de las enfermedades mentales. A los 28 años se mudó a Berlín en donde realizó su formación psicoanalítica y se analizó con Karl Abraham, fue el primer alumno graduado de este instituto, tuvo entre sus profesores a Karen Horney y Helen Deutsch. Analizó a Oliver Freud, hijo de Sigmund Freud y también a Charles Odier, uno de los primeros psicoanalistas franceses.

 Antonio Penella Jean

 

Franz Alexander fue médico, psiquiatra y psicoanalista. Nació en Budapest el 22 de enero de 1891. Estudió medicina y se formó como bacteriólogo y fisiólogo, al conocer los escritos psicoanalíticos se dio cuenta de la potencialidad que había para el tratamiento de las enfermedades mentales. A los 28 años se mudó a Berlín en donde realizó su formación psicoanalítica y se analizó con Karl Abraham, fue el primer alumno graduado de este instituto, tuvo entre sus profesores a Karen Horney y Helen Deutsch. Analizó a Oliver Freud, hijo de Sigmund Freud y también a Charles Odier, uno de los primeros psicoanalistas franceses.

Fue invitado a la Universidad de Chicago como profesor visitante de Psicoanálisis, tenía entonces 40 años, al siguiente año fundó el Instituto Psicoanalítico de Chicago y fue profesor en esta ciudad donde permaneció por treinta años más. Tuvo como alumno a Paul Rosenfeld y permaneció en esta sede hasta 1952. Fue también profesor de Psiquiatría en la Universidad de Illinois, así como director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Southern California y docente en otras universidades norteamericanas.

Alexander presidió la Sección de Medicina Psicosomática, Psicoanálisis y Psicoterapia; investigó el tema del complejo de castración y los factores de la personalidad del terapeuta que influyen en el tratamiento psicoanalítico. Le interesó el estudio del Superyó y la moralidad, hizo aportaciones a la investigación y comprensión de la conducta criminal y sobre temas de medicina psicosomática, asimismo fue un entusiasta investigador de la aplicación del psicoanálisis a la psicoterapia para tratar de hacer un enfoque breve con modificaciones a la técnica clásica y poder obtener resultados favorables en menos tiempo. Le confirió importancia a la experiencia emocional en psicoterapia que permite estimular el cambio y la transformación de los pacientes.

Escribió numerosos artículos y libros en coautoría que marcaron el desarrollo y la práctica terapéutica. Falleció en Palm Springs, California el 8 de marzo de 1964 a los 73 años.

Entre los años de 1926 a 1930 llevó a cabo una investigación en colaboración con el abogado Hugo Staub en Alemania en la que aplicó la terapia psicoanalítica a delincuentes y publicó el texto "El delincuente y sus jueces desde el punto de vista psicoanalítico". Este trabajo fue ampliamente reconocido por la crítica de la época.

Al llegar a Estados Unidos y durante el año siguiente ahora en compañía de William

Healy (Alexander y Healy, 1946) llevó a cabo un proyecto similar, pero con siete individuos delincuentes “neuróticos" cuya trayectoria criminal era debida a conflictos internos más que a situaciones sociales o externas. Estuvieron en tratamiento psicoanalítico con la intención de investigar la delincuencia juvenil y aportar conocimientos a la criminología. Los resultados de ese trabajo se publicaron en el libro "Las raíces del crimen" donde se refieren las entrevistas desde un marco psicoanalítico.

Aunque al inicio de la obra, los autores destacan la existencia de condiciones socioculturales adversas como zonas urbanas miserables, desintegración familiar y penuria económica; estos factores no explican en forma concluyente la orientación criminal la cual a su juicio es más dependiente de "cierta actitud psicológica". Así, plantean que los actos delictivos no son siempre realizados por individuos con un diagnóstico o trastorno específico ni por un grupo social particular, sino que estiman que el origen de la conducta criminal es multifactorial e incluye elementos internos y externos. En el acto criminal se dan descargas de la persona que abarcan numerosos factores emocionales, aunque los más importantes son inconscientes e irracionales. No se excluye, por ejemplo, que al robar quede fuera la consideración de un beneficio material, pero representa también una compensación simbólica por las privaciones emocionales más que por las materiales. Así los actos delictivos sirven emocionalmente como un medio de reparación de la autoestima disminuida y se convierte en una ganancia narcisista.

Con estos planteamientos, Alexander se opone a la concepción americana del origen del delito que consistía en atribuirlo a las condiciones sociales adversas. El autor plantea que el delincuente se orienta y se rige por el principio del placer y busca satisfacciones inmediatas y no puede renunciar a ellas ni posponerlas, en oposición al individuo maduro que se desarrolla en los entornos de la vida social y adquiere el principio de realidad que le permite establecer un equilibrio entre la adquisición y la renuncia a las satisfacciones.

De este modo, la criminalidad adulta es una prolongación de un estado infantil con un carácter sensible al dotar las influencias desfavorables del medio ambiente sin excluir lo constitucional dado por lo congénito y heredado, el desarrollo post natal, que son los hábitos tempranos y las conductas e influencias adquiridas en la familia y el medio social, así como las tendencias ideológicas que operan en la sociedad y en la civilización en la que se vive.

A Franz Alexander le llamó poderosamente la atención el hecho que en la cultura estadounidense se destacara a nivel cultural "la heroica valoración exhibicionista de los hechos criminales", lo cual a su juicio puede llegar a constituirse como una motivación muy importante para estimular la violación de la ley. Consideraba que los criminales eran observados por el público con una adoración y admiración adolescente hacia el delincuente que era visualizado como un "Self Made Man", que triunfa frente a la adversidad y se le reconoce como prestigioso al imponerse sobre los demás. En su opinión, esto encaja con la ideología de la sociedad norteamericana, aunque no se cuestione la legitimidad del comportamiento que acepta la conducta final sin plantearse la honestidad de los medios para obtenerlo, lo que constituye una disociación entre las aspiraciones culturales y los medios socialmente estructurados para alcanzar esos propósitos finales.

En términos motivacionales la búsqueda de prestigio es la expresión psicoanalítica del "sueño americano" que sería el sustrato inconsciente para las carreras delictivas de los criminales norteamericanos. El acto violento o el robo tienen el propósito emocional de reestablecer el prestigio interior menoscabado, ofreciéndole, a quien lo comete, sentimientos de fuerza y autoconfianza. Estos actos son demostraciones de fuerza y agresividad que encubren inseguridad y debilidad interna del perpetrador, que no puede admitir para sí mismo. La actividad criminal y el robo son una conducta compensatoria ante una sensación de debilidad interna para tratar de alcanzar un sentimiento falso de éxito y poderío, lo que hace a la delincuencia una formación reactiva.

Los comportamientos inmaduros como la receptividad, la dependencia, el temor, los sentimientos de culpa, las represiones tempranas de la vida instintiva, las fijaciones, el ser amado y preferido, pero también las privaciones tempranas pueden originar conflictos entre el individuo y el medio, pues la delincuencia puede estar originada en el intenso deseo de compensar las faltas y privaciones. En la organización del tipo de personalidad el delincuente tramita sus impulsos a través de hechos delictuosos que son una expresión del Ello y en el psiconeurótico el conflicto emocional se resuelve a través de satisfacciones simbólicas en síntomas y en acciones adaptativas, al resolver de este modo las tensiones de manera aloplástica y dentro de los límites de lo socialmente aceptado, en respuesta a un yo funcional y moldeado.

Sin embargo, el comportamiento criminal sirve de igual forma que el síntoma neurótico, que es satisfacer impulsos reprimidos, liberar las tensiones de forma autoplástica y generar sufrimiento satisfaciendo las demandas de la conciencia culpable. A estos criminales Alexander los designa como "criminales neuróticos", desde la metapsicología el conflicto se ubica entre el Yo y el Superyó lo que causa la reaparición de los impulsos reprimidos y se intensifica la pulsión agresiva; de este modo se afirma la masculinidad como una respuesta del complejo de inferioridad reprimido.

En general la criminalidad resulta de la protesta del Yo contra la impulsividad que se ha reprimido y de las heridas narcisistas tempranas que se transforman en una naturaleza agresiva y antisocial como reacciones compensatorias del yo adulto. Subraya Alexander cómo el Superyó es una instancia prohibitiva e ideal en representación de la parte social de la personalidad y plantea la huella del Complejo Edípico en el desarrollo del criminal en la que el Superyó es un cuerpo extraño que se introyectó de manera incompleta. En caso de realizar acciones que violan los reglamentos sociales establecidos, el Superyó carece de poder para influir al Yo y así el Yo puede aliarse sin control a los impulsos del Ello y es por esto que la penalidad social no ejerce ningún control que intimide, cambie o favorezca una readaptación del comportamiento delictivo.

Otro grupo de delincuentes son aquellos que tienen un Superyó criminal y poseen una moral dentro de los usos de la sociedad, es decir, su estructura no es muy distinta de aquellos que no delinquen ya que se mantienen dentro de los límites del grupo al que pertenecen. Considera que existe otro apartado y se reserva para aquellos cuya conducta delictiva está motivada por factores orgánicos.

El grupo mas interesante para Alexander es el de los "criminales neuróticos" pues en ellos el delito y la pena forman el contenido en toda psiconeurosis, aunque esto tenga lugar en la fantasía y no en el mundo concreto. Por otro lado, se dan también actuaciones no intencionales, pero con resultados criminales, que serían delitos culposos pues no hay participación activa del Yo, desde el punto de vista de que es la sede del control de la motilidad, que es superado por una tendencia reprimida y sería un "acto fallido criminal" pues el delincuente neurótico se encuentra bajo la influencia de móviles inconscientes y su acción es una expresión de tendencias tanto a favor como en contra del comportamiento delictivo.

En su conocido texto “Neurosis, trastornos de conducta y perversiones” escrito con Louis Shapiro e incluido en el libro "Psiquiatría dinámica" (Alexander y Ross, 1958), elaboró en forma sistemática muchos de estos conceptos y habló de la "personalidad psicopática" y de otros trastornos como el carácter neurótico e impulsivo, la neurosis de destino y otros problemas de la personalidad que se pueden agrupar de acuerdo al hecho que los impulsos ajenos al Yo encuentran salida en la conducta real y no a través de síntomas neuróticos. Tales "pacientes" frecuentemente tienen conflictos con la ley y son la gran mayoría de los delincuentes. Por esto, proponía un uso más consistente para la clasificación de personalidad psicopática que a menudo se emplea como cesto de basura cuando el diagnóstico no se ha elaborado prestando la debida atención al origen de la conducta.

En forma sintética se podría concluir que la delincuencia está determinada por múltiples factores, pero los motivos inconscientes son también muy relevantes y a menudo van dirigidos a buscar una reparación de la autoestima individual, apoderarse de algo significativo que es buscar una compensación de una falla o de una inferioridad que se logra a través de una acción que tiende a llevar al individuo a ubicarse en una posición compensatoria narcisista y a menudo con rasgos de omnipotencia. El delincuente puede ser visto como un individuo con déficit en su desarrollo y en su estructura de personalidad con un Superyó pobremente integrado y con un Yo que no puede controlar la impulsividad ni favorecer la adaptación social, en el mejor de los casos se les clasifica en grupos antisociales y se les diagnostica como antisociales o psicopáticos y tendrán frecuentemente conflictos con la ley y las normas sociales.

Los casos analizados por Alexander permiten comprobar el efecto de un entorno donde no hay una experiencia originaria. Ser desplazado del hogar y entregado a una casa de adopción, tener una orfandad afectiva temprana debido al fallecimiento de alguno de los padres e incluso el nacimiento de un hermano. En la práctica analítica con ellos se puede apreciar la dimensión de su conducta impulsiva que en muchas ocasiones se encuentra oculta en los delincuentes adultos, pues los años de muerte y violencia los ha vuelto así. Dado que nadie responde por ellos, el único lugar en el que están alojados es en el sistema penitenciario o psiquiátrico.

Alexander y French (1946) enfatizan que ellos emplean la situación terapéutica como una experiencia emocional correctiva, ya que le provee al paciente de un medio más favorable al que originalmente se desarrolló y le permite manejar y controlar los conflictos y las dificultades emocionales que no pudo dominar cuando era pequeño. También se puede lograr a través de la relación transferencial o aún afuera del medio terapéutico, es decir,  en la vida diaria a través de experiencias intensas que le permitan adquirir una modificación.

No solamente el paciente supera sus conflictos no resueltos de la infancia a través de revivirlos, lo que los hace menos agudos, sino también el terapeuta responde a la conducta del paciente de una manera completamente diferente al comportamiento que tuvieron los padres en su infancia, esto facilita que tenga más oportunidades de revivir sus experiencias tempranas y así trabajando con la guía del terapeuta puede adquirir maestría sobre sus problemas. De esta forma la actividad terapéutica acentúa la experiencia correctiva.

Alexander y French, consideran que la técnica terapéutica se debe modificar a través de entrevistas directivas, fijando un número estable de sesiones semanales, brindando al paciente orientación y sugerencias hacia aspectos específicos de su vida; se puede concluir el tratamiento antes del tiempo estimado en caso que los logros se alcancen con anticipación, las características de la transferencia se dan en función de  cada paciente, se hace uso de experiencias de la vida real del mismo para generar la experiencia emocional correctiva como una técnica del proceso terapéutico.

El método requiere de una aplicación flexible que favorezca el manejo de los problemas del paciente y puede variar el enfoque de acuerdo a las dificultades que emergen. La transferencia es tan importante como lo son también las experiencias extraterapéuticas. La transferencia positiva es estimulada para establecer un buen rapport y favorecer el avance terapéutico. La transferencia negativa se analiza cuando se convierte en un obstáculo para el tratamiento. Se deposita mayor énfasis en la relación interpersonal que en la neurosis de transferencia. La franqueza, la sinceridad y la intensa relación terapéutica permiten al paciente reorientar sus experiencias con las demás personas.

Alexander estima que la psicoterapia psicoanalítica actúa como una experiencia de reparación en la que el terapeuta interviene activamente para evitar la repetición de las experiencias traumatizantes de la infancia del paciente, sin caer en las diferentes provocaciones del paciente para activarlas. Una vez que ha advertido cuál es la naturaleza de estas vivencias pasadas que han sido dolorosas y han dañado al paciente, como las relaciones con los padres u otras, el terapeuta elige comportarse de una manera intencionalmente distinta para evitar que los sentimientos del pasado se activen; para lograr esto el manejo y control eficiente de la transferencia es fundamental.

Otra técnica útil puede ser en cierto momento del tratamiento modificar la frecuencia de las sesiones con el propósito que el paciente se percate de sus necesidades de dependencia y frustrarlo propositivamente. Las interrupciones temporales del tratamiento pueden también ser útiles, pues se evita que el tratamiento se extienda excesivamente o se conciba como algo muy prolongado, acentuando la importancia de que la terapia debe ser tan breve como sea posible y así evitar la tendencia a resistirse y no avanzar. La búsqueda de los recuerdos y experiencias tempranas no son tan importantes, se insiste más en la relevancia del presente y la solución de los problemas inmediatos y actuales.

Se evita que el paciente haga una transferencia "paternal ", por el contrario, se le estimula a que tome control de su vida tan rápido como sea posible. Son muchos los pacientes que pueden beneficiarse de estos procedimientos técnicos.

La remoción de los síntomas puede generar una retroalimentación positiva que contribuye a modificar las barreras y dificultades en actitudes y comportamientos positivos dentro del sistema de la personalidad. Estos procedimientos terapéuticos pueden arrojar más que resultados paliativos, ya que la resultante de una relación significativa interpersonal puede contribuir a adquirir fuerza y obtener independencia de las presiones y generar conductas adaptativas y productivas tanto con las dificultades internas como con las externas.

Cierto nivel de dependencia es inevitable, pero un manejo adecuado puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso terapéutico, de cualquier manera, la dependencia puede ser manejada y solamente sería un problema en aquellos pacientes que tiene un profundo sentimiento de incapacidad e inmadurez, y podrían entonces ser candidatos a otro tipo de abordaje terapéutico.

La responsabilidad de ser un terapeuta activo implica tener la capacidad de contribuir a la resolución de muchos problemas residuales de la personalidad del paciente dentro de los límites de un intervalo disponible y limitado de tiempo, se deben considerar las motivaciones del paciente y las fortalezas a disposición del yo, que se emplean para actualizar las defensas.

 

Referencias

Alexander, F. y Staub, H. (1931). El delincuente y sus jueces desde el punto de vista

Psicoanalítico. Madrid: Biblioteca Nueva. 

Alexander, F. y Healy, W. (1946). Las raíces del Crimen. Buenos Aires: Asociación Psicoanalítica Argentina.

Alexander, F. y French, T.M. (Comps.) (1946). Psychoanalytic Therapy. New York: Ronald Press.

Alexander, F. y Ross, H. (Comps.) (1958). Psiquiatría Dinámica. Buenos Aires: Paidós.

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Sun, 17 Jan 2016 01:10:02 +0000
August Aichorn y las primeras investigaciones sobre delincuencia juvenil http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/94-august-aichorn-y-las-primeras-investigaciones-sobre-delincuencia-juvenil http://psic.mx/index.php/transiciones/familias-contemporaneas-y-la-persona-del-terapeuta-no-0/el-deseo-de-ser-padre/item/94-august-aichorn-y-las-primeras-investigaciones-sobre-delincuencia-juvenil August Aichorn y las primeras investigaciones sobre delincuencia juvenil

August Aichorn nació el 27 de julio de 1878 en la ciudad de Viena, donde residió y ejerció la pedagogía, integrando su formación como profesor con los postulados teóricos psicoanalíticos. Formó parte del grupo de los jueves iniciado por Anna Freud y Siegfried Bernfeld, dedicado a estudiar los problemas de aprendizaje y de psicología de los niños, al que también se integró Willie Hoffer. Con Anna Freud se entrenó como psicoanalista. Dirigió la escuela experimental fundada por Dorothy Burlingham. Se puede decir que fue el especialista más importante de su época en la dirección de centros juveniles y en el tratamiento de niños y adolescentes con dificultades sociales tanto abandonados, como carenciados y delincuentes.

 

Antonio Penella Jean

 

August Aichorn nació el 27 de julio de 1878 en la ciudad de Viena, donde residió y ejerció la pedagogía, integrando su formación como profesor con los postulados teóricos psicoanalíticos. Formó parte del grupo de los jueves iniciado por Anna Freud y Siegfried Bernfeld, dedicado a estudiar los problemas de aprendizaje y de psicología de los niños, al que también se integró Willie Hoffer. Con Anna Freud se entrenó como psicoanalista. Dirigió la escuela experimental fundada por Dorothy Burlingham. Se puede decir que fue el especialista más importante de su época en la dirección de centros juveniles y en el tratamiento de niños y adolescentes con dificultades sociales tanto abandonados, como carenciados y delincuentes.

Su vida no fue fácil, aunque descolló en lo que emprendía. Pronunció numerosas conferencias sobre psicoanálisis y pedagogía, publicó varias obras entre ellas la más conocida es "Juventud Desamparada" (1925/2006) y hoy en día es una referencia importante para el estudio del tema. La obra mencionada fue prologada por Sigmund Freud, quien señaló que el genuino interés del autor por los jóvenes le permitió comprender sus necesidades y estimular su desarrollo psíquico y social.

Fue aceptado como miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena y se psicoanalizó con Paul Federn. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió la enfermedad de su esposa, su casa fue destruida en un bombardeo y su hijo estuvo en un campo de concentración por razones políticas. Reabrió la Sociedad Psicoanalítica de Viena en 1945 de la que llegó a ser su presidente. Falleció el 27 de julio de 1949 a los 71 años de edad.

Aichorn trabajó intensamente en los albergues para estos jóvenes y cuando se fundaron en Viena los campamentos para muchachos, luchó contra el pseudo-espíritu pedagógico que era represivo y militar que entonces se aplicaba en ellos, triunfó de tal manera con su enfoque que fue designado presidente de un Consejo para organizar esos campamentos y se dedicó por diez años a esta labor.

Fundó una institución en Oberhollabrunn (Austria) en 1907 donde alojó a mil jóvenes. Luego de la Primera Guerra Mundial, en que numerosos jóvenes se vieron expuestos a condiciones muy adversas tanto en lo social como en lo económico, se dedicó a tratar de apoyarlos. También realizó su trabajo en Saint-André y tiempo después en Eggenburg. Fue también director del International Journal of Psychoanalysis y el primer analista de Heinz Kohut y de Kurt R. Eissler, quienes serían años más tarde presidentes de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Consideraba que los jóvenes eran asociales, que su desarrollo libidinal estaba suspendido y las exigencias pulsionales no podían ser suprimidas y en ciertas circunstancias eclosionan. Clasificaba a la delincuencia como latente, que consiste en la presencia de impulsos que permanecen contenidos o reprimidos pero que pueden en ciertas circunstancias manifestarse hacia el exterior y entonces se convierten en una delincuencia manifiesta y se hace presente el conflicto con la sociedad.

La delincuencia se puede generar por abandono, en el que el individuo se pierde y queda fuera de la protección de la verdad, procurando llamar la atención de la ley. Ocurre también por desestabilización familiar, por la existencia de un Ideal del Yo desregulado o por un Ideal del Yo normal pero en el que el objeto de la identificación es patológica ya que el medio es criminal.

Puede suceder que si el padre, que es objeto de la identificación primaria, es demasiado severo, impida que se establezca el Ideal, pero también un joven puede verse impulsado a la delincuencia por la falta de objeto, ya que el padre se encuentra ausente o carente y los mecanismos de investidura del objeto entran en conflicto. Se incluyen también aquellos que han sufrido de traumatismos como son las pérdidas y aquellos que carecen de objeto de identificación válido. Estos jóvenes no son un grupo uniforme ya que pueden presentar rasgos diversos tanto neuróticos como perversos o psicóticos, no solamente de agrupan en patologías distintas, sino que tampoco entran en un modelo ideal de la infancia.

Están aquellos que buscan culpa por la comisión de un delito pequeño y no por uno grande. El planteamiento para tratarlos es a través de la reeducación que orienta la solución de los procesos inconscientes que determinan la conducta disocial aunque la desaparición sintomática no es suficiente y puede contribuir a que retorne hacia un estado latente. Ante la aparición de los conflictos es importante no tener una respuesta punitiva sino entender que son vía de acceso al Inconsciente pues son actos simbólicos a desentrañar.

En la terapia hay que contener y transformar los impulsos y tratar de obtener respeto del joven hacia los pares para ver cómo se presenta la falla estructural y la autoridad. La transferencia conduce hacia el desarrollo del Ideal del Yo compatible con la sociedad. El vínculo transferencial trata de crear una figura parental que reactiva las instancias debilitadas del Superyó e Ideal del Yo que son las formadoras de las prohibiciones y deseos. La transferencia se da entre el pedagogo-analista en el lugar del Ideal del Yo del joven y así estructura sus identificaciones y desarrollo libidinal.

El pedagogo es un personaje vivo para el joven, es por eso que el terapeuta que trabaja con adolescentes necesita ser transparente, claro y congruente con ellos puesto que perciben con claridad las contradicciones de los adultos. Por ello es importante ser sensible a lo que les ocurre y tener un psicoanálisis propio contribuye a ser más honesto con los jóvenes. Sin embargo, la práctica terapéutica no es un método sistemático, sino que procede a través lo empático o intuitivo y es flexible con cada joven y se hace uso de la transferencia positiva al igual que de la dramatización y la perspicacia clínica para generar efectos sorpresa y ubicarse en una postura opuesta a la que el joven espera.

 Desde su perspectiva, es necesario entender y operar con sus límites para que sienta que se aceptan sus valores y tenga la impresión de que el pedagogo está viviendo su universo, así se puede generar que los jóvenes agresivos se sientan con el derecho de sobrevivir y que su vida posee un valor. De cualquier forma la instrucción analítica del pedagogo incluye conocimientos teóricos de psicoanálisis y un análisis personal para que emplee mejor su personalidad como la herramienta para el tratamiento con los adolescentes delincuentes y así poder pensar cómo el joven disocial experimenta la sociedad y sus normas.

No se pretende entonces lograr una readaptación del joven delincuente al orden social sino desarrollar un enfoque que vuelva inteligible el mundo interior del niño. El que proviene de un medio ambiente delincuencial se identifica con un padre transgresor, su ideal es opuesto a la norma social y por lo tanto no hay conflicto interno sino externo que se manifiesta en lo social.

Ante los delincuentes por sentimientos de culpa es importante no darles una respuesta represiva sino enseñar la clemencia y la bondad debido al déficit de afecto que han tenido. Frente a aquellos que han vivido sin prohibiciones y son impulsivos, es necesario desmoronar su egocentrismo ya que son sujetos primitivos y de alguna manera narcisistas que consideran que el mundo gira alrededor de ellos.

La conducta antisocial no es solo un diagnóstico sino algo que hay que distinguirla de la impulsividad y, al margen de las causas sociológicas, hay múltiples factores sociales y ambientales que influyen psíquicamente. Para Freud, lo que ocurría era que estructuralmente se malograba el Complejo Cdípico y por una ausencia de identificaciones esenciales se instala un fracaso en la normatividad social, de esta forma la neurosis y la delincuencia van de la mano pues el Superyó, al ser el heredero del Complejo de Edipo, es también equivalente al Ideal del Yo.

La labor que plantea Aichorn es la de ser el socio del joven infractor y enseñarle que es “alguien” y que con sus acciones genera daño. Otro caso es el del "niño emperador" que pega a su madre, roba dinero pero se le puede estimular a que reflexione y pueda darse cuenta del daño. Existe también el sociópata que disocia levemente o es una personalidad escindida y múltiple que no tiene registro de la culpa ni de lo antisocial de su proceder y no puede generarse ninguna conciencia de reflexión acerca de su proceder.

Tal vez los casos más llamativos sean los criminales por sentimientos de culpa como Raskólnikov, el personaje de "Crimen y Castigo" creado por Dostoyevski, a quien sus padres envían a estudiar y para ello piden dinero a prestamistas e inclusive su hermana contribuye a su manutención económica a través de prostituirse y resulta que es un mal estudiante, lo cual no le causa una evidente culpa. Su matrimonio con Sonia le hace pensar que esto es igual a delinquir por sentir que tiene una culpa extrema, pero no alcanza a percibir que es lo que genera realmente su sentimiento de culpa inconsciente.

Otros delincuentes de esta naturaleza son arrestados por un crimen real y de proporciones mayores pero lo enmarcan como un delito menor y este es el que se convierte en su motivo de expiación. Cuando el Ideal del Yo es negativo y sirve como una identificación grandiosa que estimula la inflación de la estima, lleva a que el individuo adopte patrones de identificación extremos y elige ser criminal por las ganancias que esto le reporta y además no le genera malestar. Así puede ser un sicario ante las ventajas de obtener dinero sin otro tipo de consideración, pues se ajusta al Ideal del Yo que ha desarrollado y obtiene los beneficios que esto le genera.

Puede señalarse a manera de conclusión, que Aichorn plantea que los problemas antisociales de los jóvenes se deben a sus relaciones con las personas significativas de su entorno que lo dañan y son inapropiadas y las consecuencias que se derivan son psíquicas e internas, lo que afecta el control de su impulsividad y su afectividad, que se traduce en una conducta desadaptativa. No es suficiente explicación plantear que es motivada por la carencia de recursos materiales o educativos, pues siempre en la investigación de sus vidas se detecta una seria problemática en sus relaciones con las personas importantes de su entorno que no les enseñan a controlarse, además de que han percibido cómo los demás también se exceden tanto en el maltrato, en la sobreprotección el abandono y el desamparo.

Aichorn mantuvo una clara diferencia entre su trabajo con los jóvenes delincuentes y la técnica psicoanalítica, ya que consideraba que su procedimiento era un método reeducativo. Su planteamiento consiste en que los actos delictivos tienen un origen inconsciente y hay que entenderlos ya que tienen un significado simbólico para devolvérselos al adolescente y pueda entenderlos. Es necesario revisar y tener claros los conceptos de Superyó e Ideal del Yo que en la obra de Aichorn se emplean indistintamente aunque su contenido es claro como una instancia moral.

 

Referencias

Aichorn, G. (2006). Juventud Desamparada. Barcelona: Gedisa.

Mollo, J.P.(2010). Psicoanálisis y criminología: estudios sobre la delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, W. D. (2008). Deprivación y Delincuencia. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, W. D. (2009). Exploraciones Psicoanalíticas. Buenos Aires.Paidós.

]]>
antonio@psic.mx (Antonio Penella Jean) Tema Libre Sat, 03 Oct 2015 16:23:42 +0000