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La conformación de la pareja amorosa

La conformación de la pareja amorosa

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Carlos Fernando Soto Chico

 

Muchos de los problemas que se presentan en las familias tienen su raíz en los conflictos e interacciones dentro de la relación conyugal. El aprendizaje que se requiere para realizar las diferentes funciones conyugales no es sencillo y presupone haber renunciado a las ganancias emocionales que son proporcionadas en las etapas anteriores de ser hijo (a) de familia o novio (a), y requiere tener disponibilidad física y emocional para continuar comprometiéndose en la construcción de la relación de pareja, lo cual requiere un desarrollo importante en la madurez emocional y psicológica de los cónyuges. La conformación de la pareja como relación matrimonial requiere de valor y fortaleza, tomando en cuenta que ahora se limitarán las propias necesidades en beneficio de una relación más madura y comprometida (Leñero, 1981; citado por Robles Mendoza, 2002).

En la etapa de conformación de la pareja se deben lograr dos aspectos muy importantes: cambiar los mecanismos que hasta entonces dieron seguridad emocional dentro de la familia de origen e integrar, por parte de los cónyuges, un sistema nuevo de seguridad interna que incluya al sí mismo y al nuevo cónyuge. Lo que sucede con mucha frecuencia al establecerse la relación conyugal es que cada miembro de la pareja intenta echar a andar los mecanismos más conocidos y aprendidos en el sistema familiar de origen, lo cual, desde la perspectiva de una pareja que necesita adaptarse a cada momento a nuevas situaciones, no asegura que funcionarán. Es común, además, que la pareja piense que el cónyuge fácilmente captará y aceptará los viejos sistemas de funcionamiento emocional que cada quien consideraba infalibles y únicos. El establecimiento y la estructuración de un nuevo sistema de pareja determinará de manera fundamental la cualidad de la relación marital y el bienestar familiar futuro (Robles Mendoza, 2002). En este contexto se inserta la importancia de la aplicación de la terapia de pareja, manteniendo su vigencia y propósito terapéutico. 

Es necesario que al establecer una relación de pareja se tomen en cuenta las bases y las expectativas con las que cada cónyuge se acerca al matrimonio. Para Estrada (1988) la razón por la cual resulta tan difícil llegar a ciertos acuerdos con las diferentes pautas o contratos dentro de la relación de pareja se basa en diferentes circunstancias, las cuales se describen a continuación:

  1. Cuando los miembros del matrimonio operan bajo dos contratos totalmente diferentes e incongruentes.
  2. Cuando se ignora que debe existir un contrato matrimonial establecido por los mismos cónyuges.
  3. Cuando las expectativas de cada cónyuge son imposibles de obtener debido a situaciones irremediables.
  4. Cuando la fantasía sobrepasa a la realidad de la pareja.
  5. Cuando al llegar el momento de separación de las familias de origen sobrevienen conflictos sin saber cómo superarlos.
  6. La idealización de parte de cada uno de los cónyuges sobre el otro.
  7. Causas de origen socioeconómico.

Estas circunstancias, en las que se pueden basar los contratos conyugales, pueden ser las posibles causas del origen de las problemáticas familiares globales, las cuales se basan en relaciones de pareja inestables y con una alta dosis de incongruencia tanto en la forma en que se establecieron los contratos como en el establecimiento de la cultura de cada contrato. Espinosa (1986; citado por Robles Mendoza, 2002) señala la invasión de límites, la falta de respeto de las jerarquías, la formación de alianzas y coaliciones entre los miembros, como las posibles causas directas de los problemas en determinadas familias, las cuales se basan en relaciones conyugales muy inestables, afectando a los hijos, además de que éstos últimos se convierten en el reflejo del problema familiar por medio de diferentes manifestaciones conductuales y emocionales.

Para Sánchez (1986; citado Salguero y Ortega, 2002) se pueden considerar que las características ideales para que se dé una buena compenetración con la pareja se basan en los siguientes aspectos:

 

1.La compatibilidad laboral.

3.La compatibilidad sexual.

5.La compatibilidad afectiva.

2.La compatibilidad familiar.

4.La compatibilidad social.

 

Cuadro 1. Características ideales para el funcionamiento de pareja.

 

Existen diferentes factores, además de los anteriormente señalados, que se presentan previamente a la conformación de la pareja que deben tomarse en cuenta para definir las características que le darán una determinada identidad y conformación a la pareja, estos factores serían (Salguero y Ortega, 2002):

 

A. Edad al casarse.

C. Recursos económicos con los que se cuenta como pareja.

E. Los acuerdos sobre la paternidad.

G. Similitudes etnográficas y socioculturales que incluyen la raza, nacionalidad, educación y religión.

 

B. Tiempo de noviazgo.

D. La capacidad de ajuste a los cambios de condición emocional, social y económica.

F. Si se quiere tener hijos, cuántos y el papel que jugará cada cónyuge en la crianza.

 

Cuadro 2. Características de identidad y conformación de una pareja.

 

Un fenómeno que se puede observar con mucha frecuencia en el proceso de conformación de las nuevas parejas es que las decisiones que se comienzan a tomar se encuentran profundamente influenciadas por lo que cada cónyuge aprendió en su respectiva familia (Salguero y Ortega, 2002). Este factor juega un papel fundamental en el nuevo sistema familiar, pues los lazos que se establecen con los padres forman parte de la historia social y cultural del matrimonio, como se había mencionado al principio de este trabajo, y se vuelven parte del mito familiar que se comienza a establecer con la nueva conformación familiar.

Para Haley (1981) el matrimonio debe ser visto como un arte que incluye el establecimiento de la independencia al mismo tiempo que se busca conservar el involucramiento emotivo con los propios padres de cada cónyuge. Cuando una pareja se encuentra, se comienzan a compartir aquellas características que estructuran la relación de pareja y que llega a influir sobre la relación establecida con los hijos. Cuando la pareja logra asumir la responsabilidad de un hijo, proporcionándole educación, socialización, cuidado, alimentación y afecto se comienzan a enrolar, la pareja, en la fase de crianza y paternidad.

Para el modelo estructural, el proceso de mutua acomodación que se da en la pareja a lo largo de su desarrollo es de crucial importancia para su comprensión. En el desarrollo de la pareja se dan una serie de transacciones, que son formas en que cada cónyuge estimula y controla la conducta del otro, pero al mismo tiempo es influido por la secuencia de conducta anterior (Minuchin, 1974).

Las pautas transaccionales que se dan en toda pareja constituyen una trama de demandas complementarias que regulan las situaciones de toda la familia. De aquí parte la idea central de que la pareja juega un papel fundamental para comprender el funcionamiento familiar. Es evidente que cada pareja enfrente diferentes problemas a lo largo de su desarrollo, pero uno de los principales es el de lograr separarse de cada familia de origen y negociar una relación que sea diferente con los padres, hermanos y parientes.

Los elementos extrafamiliares (trabajo, deberes, etc.) deben encontrar una reorganización y regulación para establecerse de un nuevo modo. La pareja debe adoptar decisiones en cuanto al modo en que se permitirá que las demandas del exterior interfieran en la vida familiar. Un elemento importante en esta nueva acomodación y reorganización de la pareja es la llegada de un nuevo miembro a la familia. Los cónyuges deben lograr una mayor diferenciación de sus actividades y funciones para enfrentar las demandas del nuevo miembro en la familia y encarar la difícil restricción del tiempo para la pareja.

El cambio en las pautas transaccionales de los cónyuges permitirá un mejor compromiso físico y emocional hacia los hijos. Estas pautas transaccionales deben irse adaptando a las nuevas exigencias impuestas por el crecimiento de los hijos y las nuevas oportunidades de desarrollo que se presentan en la familia. En toda familia, sus miembros requieren de una acomodación continua. Los cambios externos e internos que se dan en toda familia deben ser enfrentados para darle una continuidad al crecimiento de sus miembros mientras que, la familia, permite una mejor adaptación a los cambios frecuentes de la sociedad a la que pertenecen.

Para Minuchin (1974) el subsistema parental es el encargado de ejercer la responsabilidad en cuanto la orientación y la alimentación (en los niveles físico, emocional e intelectual) de los hijos. En este proceso que requiere de gran responsabilidad por parte de la pareja, además se presenta un fenómeno que les sucede a la gran mayoría de las parejas: cada uno de los cónyuges espera que las actitudes del otro asumirán las formas a las que está habituado. Este proceso de expectativas mutuas puede volverse complicado para algunas parejas ya que para lograr crear un nuevo sistema familiar, se debe consolidar un límite, primero, alrededor de la pareja. Los cónyuges, al asumir su rol de pareja, se verán, según Minuchin (1974), separados de determinados contactos y actividades anteriores, lo cual significa una inversión en la relación de pareja que se obtiene a expensas de otras relaciones.

Cuando la pareja planea tener hijos debe encontrarse preparada para las diferentes modificaciones interaccionales y organizacionales que requiere la paternidad. Si no hay una adecuada preparación para esta nueva etapa por parte de la pareja, si sus miembros no tienen la suficiente madurez para enfrentarse a las nuevas demandas, entonces muy probablemente los conflictos no resueltos entre la pareja serán desplazados al área de la crianza de los hijos, pues la pareja no ha podido separar las funciones de padre de las funciones de pareja (Evelia, 2002).

En la conformación de las parejas, el desarrollo de cada uno de sus integrantes se ha venido dando alrededor de una serie de problemas personales que suceden desde los primeros estadios de la infancia. Los problemas no resueltos en las primeras etapas de vida se reactivan y recrean, muchas veces de manera inconsciente, en las relaciones adultas (Gilbert y Shmukler, 2000). Los daños y traumas de la vida de cada cónyuge dejan cicatrices emocionales profundas que pueden repercutir en la conducta al momento de conformarse la pareja. En este sentido, el terapeuta de pareja, busca ayudar a las personas para que abran un mayor margen de opciones y puedan convertirse en personas más flexibles en cuanto a sus respuestas.

Existen diferentes etapas dentro de las relaciones de pareja que, al describirlas, nos ayudarían a comprender de mejor forma cuáles son las crisis en el desarrollo de las diferentes etapas de la pareja. Para Gilbert y Shmukler (2000), las etapas tendrían el siguiente orden:

 

1. La relación de descubrimiento (los primeros años de la relación de pareja): Muchas veces la pareja se conoce desde la adolescencia o la adultez temprana, lo cual representa un proceso de descubrimiento en cuanto a la intimidad sexual, el amor romántico y el encontrar a otra persona con la cual compartir experiencias fuera de la familia de origen. Esta etapa permite a la pareja experimentar la oportunidad de descubrir y explorar con mayor libertad la relación de pareja.

2. La relación de familia (los años intermedios de la pareja): Durante la edad adulta, las personas pueden elegir una pareja con quien tener hijos, pudiendo ser la pareja de la anterior etapa o escoger a otra pareja. Las parejas comienzan a crear un hogar para los hijos y se preocupan por el crecimiento y educación, a la vez que consolidan sus profesiones. En esta etapa se comienza a experimentar un fuerte sentido de familia dentro de la relación de pareja.

3. La relación de compañerismo (los últimos años de la pareja): Es esta etapa donde los hijos han terminado su crecimiento y los integrantes de la pareja comienzan a buscarse más el uno al otro para obtener compañía. Puede darse el cambio de pareja con la cual se compartan más intereses mutuos.

Cuadro 3. Etapas evolutivas de la pareja.

Las parejas, dentro del marco terapéutico estructural, deben poner atención en los patrones comunicacionales repetitivos y anticuados dentro de la relación de pareja. La pareja debe mantenerse en un constante desarrollo y crear conciencia de su primordial sistema de interacción para comenzar a experimentar una nueva posibilidad en la dinámica de la relación, que sea más gratificante y alternativa al pasado. Se debe tomar en cuenta que un modelo que sirvió de función protectora en la familia de origen, puede estar, en el presente de la pareja, sirviendo como un modelo fijo y rígido de respuesta que puede inhibir la intimidad, el compartir prioridades, necesidades y sentimientos de manera importante (Gilbert y Shmukler, 2000). 

Un sentimiento amoroso dentro de la relación de pareja, que se base en la ternura mutua, será el elemento que, según González Pérez (2002), llevará a cada cónyuge a una integridad biológica y psíquica hacia el objeto que ama, lo cual representaría la entrega del propio ser y un deseo profundo por el objeto de amor. La fusión que se establece entre la pareja exige una recompensa afectiva, donde la interrelación entre lo somático y lo psíquico se traduce en una completud amorosa, lo que también se observa, en plano orgánico, en una pasividad erótica. En una relación de pareja como se describe aquí, se satisface el aspecto biológico y el aspecto psíquico se expresa en la apertura de ternura la cual puede ser satisfecha con la relación de pareja. Para González Pérez (2002) el sentimiento amoroso de pareja exige una confluencia de dos factores importantes: el sexo y la pasión, que en su conjunto se traducen en la entrega amorosa. La ternura y el apetito sexual se interceden en un proceso psicoafectivo que se puede denominar amor (Fromm, 1955).

Para Fromm (1955) el amor es la unión que se establece con alguna persona a condición de retener la independencia e integridad de sí mismo, sería un sentimiento de coparticipación, de comunión que le permite al individuo desplegar su creatividad. El amor se basa en la experiencia y no necesita de ilusiones, pues para Fromm (1955) es el sentimiento de amor donde reside la respuesta al misterio de la naturaleza humana, pues es el estado de salud al cual todo ser humano debería dirigirse. Sin embargo cuando el amor no es la fuente que une a una pareja puede suceder lo que Erickson (1966) describe cuando el amor se expresa de forma disfuncional que se manifestará en matrimonios infelices, observándose poco compromiso, falta de comunicación, responsabilidad e interés, lo cual también afecta a los hijos.

 

Referencias

Erikson, E. (1966). Infancia y sociedad. Buenos Aires: Hormé.

Estrada, L.  (1988). El ciclo vital de la familia. México: Grijalbo.

Evelia, L. (2002). Antecedentes maritales y relación padres-hijos. México: Revista Psicología, 19-25.

Fromm, E. (1955). El arte de amar. México: Paidós.

Gilbert, M. & Shmukler, D. (2000). Terapia breve con parejas: un enfoque integrador.  México: Manual Moderno.

González, P. R. (2002). El sentimiento amoroso. Revista Psicología, 6-11.

Haley, J. (1981). Terapia para resolver problemas. Buenos Aires: Amorrortu.

Minuchin, S. (1974). Familias y terapia familiar. Buenos Aires: Gedisa.

Robles, M. (2002). La relación de pareja y sus conflictos en el rendimiento escolar del hijo. Revista Psicología, 15-18.

 

Salguero, A. & Ortega L. (2002). Antecedentes maritales y relación padres-hijos. Revista Psicología, 19-22.

Last modified onViernes, 30 Junio 2017 01:51
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