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Pluralidad de ejercicios parentales en el contexto familiar actual

Pluralidad de ejercicios parentales en el contexto familiar actual

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Roberto Vargas Arreola

Las transformaciones de las familias actuales han desafiado el concepto del ejercicio parental tradicional. Alizade (2010) propone que el panorama de la parentalidad se ha ido complejizando con los sucesivos divorcios e hijos de diferentes parejas que dan lugar a un nuevo tipo de hermandades, de filiaciones a medias, múltiples padrastros o madrastras, en suma, territorios grupales que el psicoanálisis de la familia investiga actualmente. Para la autora, los estudios sobre el vínculo efectuados por Pichón Rivière, Puget y Berenstein han contribuido a desarrollar dinámicas interactivas novedosas que impactan en las configuraciones familiares actuales.

De acuerdo con Alkolombre (2010), si un hombre en nuestros días decide adoptar a un niño es visto con novedad, como también lo es un juez que le otorga la custodia a un travesti por considerarlo más adecuado para ejercer la crianza de un hijo. En nuestros días ya es común el alquiler de vientres como práctica socialmente instituida, no sólo para las mujeres que no pueden tener hijos, sino también para los hombres que quieren ser padres excluyendo una parentalidad compartida. En distintos medios vemos a hombres que han elegido la monoparentalidad como un modo de ejercer el rol paterno sin una figura femenina que los acompañe (Alkolombre, 2010).

Para Alkolombre (2010) la monoparentalidad femenina por elección, con la consecuente exclusión del hombre en el ejercicio del rol paterno, era la forma de monoparentalidad más frecuente hasta hace pocos años. Sin embargo, en los últimos tiempos se sumaron los hijos nacidos por inseminación con semen de banco, garantizando en ese acto el anonimato del padre, y también la adopción de embriones. Igualmente, en nuestros días está legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo en la Ciudad de México y en otros países, abriendo el campo de la legalización de las homoparentalidades junto con la adopción de niños y niñas en estas configuraciones familiares (Alkolombre, 2010).

Con ello, según Alkolombre (2010), ya no podemos decir que “madre hay una sola”, nos encontramos de golpe con una pluralidad de madres: madre gestante, madre genética, madre social. Lo cual nos lleva a la pregunta ¿quién es la madre?: ¿la que aporta el útero?, ¿la que dona el óvulo?, ¿o la que adopta? También podríamos preguntarnos ¿quién es el padre?: ¿el que aporta el esperma?, ¿el que cría? Este punto nos conduce al debate alrededor de la pluralidad de las funciones parentales y aquellos –hombres o mujeres– que las encarnan, como también a pensar en las diferencias entre progenitor y padre.

This (1980) plantea que con demasiada frecuencia el nacimiento de un niño sigue siendo un asunto exclusivo de una mujer y de un médico, siendo el padre eliminado y tratado como alguien ajeno. Para el autor, en realidad, el padre tiene un papel esencial que cumplir durante el embarazo de su mujer ya que ser padre es también participar en un acto natural, sentir amor por su hijo, querer protegerlo y ayudarlo en su desarrollo, incluso cuestionándose si habrá algún instinto paterno (This, 1980).

Según This (1980), el genitor no necesariamente es el padre simbólico ya que el primero da el engendramiento mientras que el segundo da un nombre, una palabra, un reconocimiento como sujeto de deseo, más que como objeto de fabricación. Para el autor, no hay cría humana que se constituya sin el nombramiento de una relación ternaria que una a la madre, al padre y al hijo (This, 1980).

El padre, de este modo, es el agente del corte simbólico humanizante, aunque no esté en primer plano en el momento del parto, está ahí, disponible, pronto a ayudar a dar a luz. Desde su punto de vista, ser padre es una función exclusivamente adoptiva ya que “adoptas” al hijo al momento en el que lo nombras, lo crías y lo insertas al orden social…

Nicoló (2008), por su parte, refiere que la experiencia de las diversas formas de parentalidad, permite la distinción entre varios tipos de genitorialidad: biológica, social, legal, del grupo familiar y finalmente aquella genitorialidad simbólica que coloca al niño en lo interno de una red de relaciones emotivas del genitor y de la pareja genitora, que lo constituye al mismo tiempo como sujeto – objeto del deseo tanto de la pareja como propio.

La autora plantea que la genitorialidad simbólica es aquella en la cual los padres se hacen cargo del crecimiento psicológico del hijo invistiéndolo de los contenidos simbólicos que corresponden a una filiación específica, tal como lo encontramos en las familias más clásicas, así como en las familias adoptivas, monoparentales, reconstituidas, homoparentales o en las familias de niños nacidos por reproducción asistida.

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