Juan Pablo Brand Barajas http://psic.mx Tue, 23 Jan 2018 05:57:27 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es La filosofía de Andy Warhol, el Papa del Pop http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/195-la-filosofia-de-andy-warhol-el-papa-del-pop http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/195-la-filosofia-de-andy-warhol-el-papa-del-pop La filosofía de Andy Warhol, el Papa del Pop

Peter Sloterdijk, uno de los filósofos alemanes vivos con mayor reconocimiento, al ser invitado a dar sus recomendaciones de lectura, propuso, en primer lugar, El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche, lo cual no es sorpresivo, dada la creciente popularidad de este autor a través del siglo XX y el ser considerado el visionario anunciador de la muerte del Dios de la tradición Medieval y Renacentista. El nombre de Andy Warhol, el segundo autor de la lista fue el que removió con intensidad el espíritu de la ortodoxia académica, tan afín a los laberintos del pensamiento y al lenguaje disciplinar-oscurantista.

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

B insistía en que yo era el “Papa del Pop”

Andy Warhol

Peter Sloterdijk, uno de los filósofos alemanes vivos con mayor reconocimiento, al ser invitado a dar sus recomendaciones de lectura, propuso, en primer lugar, El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche, lo cual no es sorpresivo, dada la creciente popularidad de este autor a través del siglo XX y el ser considerado el visionario anunciador de la muerte del Dios de la tradición Medieval y Renacentista. El nombre de Andy Warhol, el segundo autor de la lista fue el que removió con intensidad el espíritu de la ortodoxia académica, tan afín a los laberintos del pensamiento y al lenguaje disciplinar-oscurantista:  ¿Cómo el inspirador de la cultura pop puede ser la segunda referencia filosófica de nuestra era?, ¿Nietzsche a un lado de Warhol? Como toda provocación al pensamiento único, me resultó sumamente atractiva la propuesta de Sloterdijk y fui tras el libro de Mi Filosofía de la A a B y de B a A y lo leí con el ritmo propio de la degustación de un postre, lentamente, saboreando cada bocado pero sin dejar resto. No soy filósofo, por tanto, no me atrevería proponer una lista como la del teórico de las esferas, pero definitivamente el libro de Andy Warhol da más luz sobre nuestra condición cultural actual que gran parte de los textos que he leído intentando dar cuenta de la posmodernidad, los tiempos líquidos, la hipermodernidad, el fin de la historia, etcétera.

Publicado por primera vez en 1975, el libro está estructurado como una enciclopedia con entradas que son por sí mismas el glosario de nuestras inquietudes pop: Amor (Pubertad), Amor (Plenitud), Amor (Vejez), Belleza, Fama, Trabajo, Tiempo, Muerte, Economía, Atmósfera, Éxito, Arte, Títulos, El hormigueo y El poder de la ropa interior. Redactado y organizado por su secretaria Pat Hackett, quien lo seguía permanentemente con la esposa con la que Warhol contrajo nupcias a mediados de la década de los 60’, es decir, su inseparable grabadora, a la cual el artista se refiere de la siguiente manera: Mi esposa. Hace diez años que estamos casados mi grabadora y yo. Mucha gente no lo comprende. Al adquirirla se acabó cualquier vida emocional que yo pudiera haber tenido, pero me alegré de que así fuera. Nada volvió a ser un problema, porque un problema era simplemente una buena cinta de grabar. Un problema interesante era una cinta interesante. Todos lo sabían y actuaban para la cinta. No podías distinguir qué problemas eran reales y qué problemas se exageraban para la cinta. Aún mejor, la gente que te contaba sus problemas ya no podía decidir si tenía realmente problemas o si simplemente los representaba. Si pensamos en la fidelidad y todo lo que le representan hoy los teléfonos móviles a las personas, el matrimonio de Warhol pierde cualquier tinte perverso, en realidad ahora la tendencia es vivir, vestir, comunicarse, sentir… en armonía con las tecnologías, es de mal gusto portar un teléfono inteligente si se luce una facha de ignorante.

El texto es un incesante diálogo con B, ¿quién es B?, que lo diga el propio Warhol: B es cualquiera que me ayude a matar el tiempo. B es cualquiera y yo no soy nadie. B y yo. Necesito a B porque no puedo estar solo. Salvo cuando duermo. Entonces no puedo estar con nadie. Warhol murió en 1987, por tanto, ya no formó parte de las redes sociales en internet, pero su concepción de “B” es profética del lugar que ocupa el otro en las dinámicas virtuales y los tecno-vínculos. Actualicemos al autor: B es cualquiera que se conecte, cualquiera que me conteste, cualquiera que me siga o me pida amistad.  #Necesito a B porque no puedo estar sol@.

Considero que se ha escrito mucho sobre Warhol, se ha visto mucho la obra de Warhol, se ha imitado mucho el estilo de Warhol, se ha incluido en abundancia en el cine al personaje de Warhol, pero no hay nada como leer a Warhol, por tanto, me retiro como autor para darle la palabra a Warhol, aunque permanezco como exégeta, puesto que toda selección es una interpretación y las frases incluidas en esta entrada constituyen un fragmento en medio de las 268 páginas del libro. Dejo a criterio de la lectora o el lector, si Andy Warhol, el Papa del Pop, merece subir a los altares de la filosofía. Disfruten algunos bocados del gran banquete que es el libro, lo que a primera vista parecieran desplantes de banalidad se convierten en múltiples flechazos de lucidez y muchos de ellos se constituyeron en axiomas del pensamiento y comportamiento pop.  Bon appétit:

 

  • Debe ser difícil ser modelo, porque quieres ser como una foto tuya, y jamás podrás parecerte a ella. Entonces empiezas a copiar la foto. 
  • Cuando compré mi primer aparato de televisión, dejé de preocuparme por buscar relaciones íntimas con otra gente. 
  • En los sesenta, todos se interesaban por todos.
  1. o   En los setenta, todos empezaron a dejar a todos.
  2. o   Los sesenta fueron un lío.
  3. o   Los setenta son muy vacíos.
  • Lo más excitante es no-hacerlo. Si te enamoras de alguien, no lo hagas nunca, es mucho más excitante.  
  • Las relaciones amorosas pasan a ser muy comprometidas y realmente no valen la pena.  
  • La gente tiene muchos problemas con el amor, siempre busca a alguien que sea su Vía Veneto, el soufflé que no se desinfla. Debería haber un curso en la escuela elemental sobre el amor. Debería haber cursos de belleza, amor y sexo. El más importante, el del amor. Y deberían enseñarle a los chicos, siempre lo pienso, cómo hacer el amor y decirles y demostrarles de una vez por todas que no es nada. Pero eso no se hará porque el amor y el sexo son negocio.
  • El sexo es más excitante en la pantalla y entre las páginas de un libro que entre las sábanas.  
  • El sexo es nostalgia del sexo. 
  • Algunos piensan que la violencia es erótica, pero jamás he podido comprobarlo.  
  • Brigitte Bardot fue una de las primeras mujeres en ser realmente moderna y en tratar a los hombres como objetos, comprándolos y rechazándolos. Eso me gusta. 
  • Pero un hombre que se preocupa por su aspecto, por lo general intenta a toda costa ser atractivo, y eso es muy poco atractivo en un hombre.  
  • Un amigo mío siempre dice: “Las mujeres me quieren por el hombre que no soy”.  
  • Una persona tiene que ir con mucho cuidado al comprar en los tiempos que corren porque si no termina comprando basura.0
  • Las fantasías son las que crean problemas a la gente. Si no tuvieras fantasías, no tendrías problemas, porque aceptarías lo que tienes ante ti. 
  • Los conversadores “hacen” algo; las Bellezas “son” algo. Lo cual no tiene por qué estar mal, pero simplemente no sé lo que son. Es mucho más divertido estar con gente que hace cosas.
  • Supongamos que tienes un problema de belleza puramente transitorio- un nuevo grano, el pelo deslustrado, ojos de insomnio, tres kilos de más en la cintura-… si no señalas estas cosas, los demás pueden pensar que tus problemas transitorios son permanentes. 
  • El “aura” debe existir hasta que abres la boca.
  • Algunos se pasan la vida pensando en una sola persona famosa. 
  • Si consigues las cosas cuando realmente las deseas, te vuelves loco. Todo se distorsiona cuando algo que deseas realmente lo tienes bailando en la punta de la nariz.
  •  Todo depende de las fantasías que tenías cuando eras niño.
  • Creo que eso es todo. Piensa como rico. Vístete como un pobre.
  • El tiempo es el tiempo que se fue. 
  • A veces la gente deja que el mismo problema le abrume durante años cuando bastaría con decir: “¿Y qué?”. 
  • El asunto es que conocer a una persona más me resulta simplemente demasiado difícil, porque cada nueva persona ocupa más tiempo y espacio.
  • Normalmente cometes los mismos errores. 
  • El mejor tiempo para mí es aquel en el que no tengo problemas de los que no pueda comprar la solución.  
  • El dinero es SOSPECHOSO, porque la gente piensa que tú no deberías tenerlo, aun cuando de hecho lo tengas. 
  • Cash. En efectivo. Simplemente me siento triste cuando no lo tengo. En cuanto lo tengo, lo gasto. Y sólo compro TONTERIAS.  
  • Comprar amigos es estupendo.  
  • No creo que todo el mundo deba tener dinero. No debería ser de todos: no podrías saber quien es importante. 
  • Un espacio desperdiciado es cualquier espacio con arte dentro. 
  • Puedes “decir cosas” para las que no tienes el tipo, pero no puedes “hacer cosas” para las que no tienes el tipo. Es una mala idea.  
  • Con los hologramas, estarás allí. Podrás tener esa fiesta tridimensional en tu casa, podrás simular que estás allí y entrar con la gente. Hasta podrás alquilar una fiesta. Podrás sentar a tu lado a cualquier famoso que desees.  
  • Ahora los restaurantes de Nueva York tienen algo nuevo: no venden su comida, venden su ambiente.  
  • No tengo memoria. Para mí cada día es nuevo día porque no recuerdo el día anterior. Cada minuto es como el primer minuto de mi vida. Por eso me casé… con mi grabadora. Por eso busco a gente que tenga la cabeza como una grabadora. Mi mente es como una grabadora con un solo botón: el de borrar. 
  • Comprar es mucho más americano que pensar, y yo soy el colmo de lo americano. 
  • Lo que más me gusta comprar es ropa interior. Creo que comprar ropa interior es lo más personal que pueda hacerse, y si observas a una persona comprar ropa interior llegas realmente a conocerla.  
  • Necesito casi una hora para juntar todos mis yoes.

Referencia

Warhol, A. (1975/2010). Mi filosofía de A a B y de B a A. España: Tusquets.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Conversemos Tue, 01 Aug 2017 01:18:32 +0000
El dolor de amar y el duelo corporal http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/187-el-dolor-de-amar-y-el-duelo-corporal http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/187-el-dolor-de-amar-y-el-duelo-corporal El dolor de amar y el duelo corporal

El amor es presencia dolorosa, amar es el solaz de los osados, de aquellos dispuestos a extraviarse por el gozo de la exaltación. No amar es vivir en ausencia, es deleite árido, incesante duplicación de la propia imagen, falaz abrazo, ergástulo onanista.

 

Juan Pablo Brand Barajas

El amor es presencia dolorosa, amar es el solaz de los osados, de aquellos dispuestos a extraviarse por el gozo de la exaltación. No amar es vivir en ausencia, es deleite árido, incesante duplicación de la propia imagen, falaz abrazo, ergástulo onanista.   

Amar es la antesala de la pérdida, la cual puede durar días, meses, años o décadas; pero nunca dejará de ser antesala. A diferencia de los principios, los finales siempre llegan.

Cuanto más se ama, más se sufre, afirma Nasio (2007a). Pero ¿será que la llanura con su horizonte huidizo ofrece mayor placer que la accidentada pero tangible cordillera? Antonio Machado nos dice, en su poema Yo voy soñando caminos: “En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón… Aguda espina dorada, quién te pudiera sentir en el corazón clavada" (Machado,1980, pp. 30-31). El temor a la espina petrifica a quien la ha padecido intensamente o a quien nadie sabe de ella.

Discurrir sobre el amor y la pérdida nos remite necesariamente al duelo, el cual a muchos resulta insoportable y por tanto intentan reconfortar al sufriente, sin entender que olvidar la pérdida del ser amado es perderlo dos veces. El dolor psíquico es interminable océano de congoja, pero es la última muralla frente a la locura (Nasio, 2007a). El dolor todavía vincula con el otro, más allá de los linderos del dolor, más allá del territorio de lo soportable, esperan la enajenación y la muerte.

Freud (1917/1992) conceptualiza el duelo como un trabajo y en el texto Duelo y melancolía afirma lo siguiente:

“El examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda la libido de sus enlaces con ese objeto. A ello se opone una comprensible renuencia; universalmente se observa que el hombre no abandona de buen grado una posición libidinal, ni aun cuando su sustituto ya asoma. Esa renuencia puede alcanzar tal intensidad que produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de una psicosis alucinatoria  de deseo. Lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad. Pero la orden que ésta imparte no puede cumplirse enseguida. Se ejecuta pieza por pieza con una gran gasto de tiempo y de energía de investidura, y entretanto la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico. Cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que a libido se anudaba al objeto son clausurados, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido… Una vez cumplido el trabajo de duelo el yo se vuelve otra vez libre y desinhibido” (p. 243).

Las reacciones que suceden a la pérdida y que constituyen el cuadro del duelo pesaroso son:

  • Talante dolido.
  • La pérdida de interés por el mundo exterior – en todo lo que no recuerde al muerto.
  • La pérdida de la capacidad de escoger algún  nuevo objeto de amor – en reemplazo del llorado.
  • El extrañamiento respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con la memoria del muerto.
  • Fácilmente se comprende que esta inhibición y este angostamiento del yo expresan una entrega incondicional al duelo que nada deja para otros propósitos y otros intereses.

La melancolía es similar, pero se suma ”una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo” (Freud, 1917/1992, p. 242).

Jean Allouch (1995, citado en Colín, 2005), en su texto de Erótica del duelo en tiempos de muerte seca, propone un replanteamiento de la teoría del duelo, partiendo de que el paradigma del duelo de Freud estaba sustentado en la pérdida del padre y ahora el modelo del duelo es el de la muerte del hijo. Araceli Colín (2005), resume en las siguientes tesis la revisión de Allouch:

  1. El duelo implica subjetivar una pérdida, más algo suplementario. Ese algo es un trozo de sí que ha de sacrificarse. “se está en duelo no porque una persona cercana (término oscurantista) haya muerto, sino porque quien ha muerto se llevó con él en su muerte un pequeño trozo de sí” (Allouch, 1995, en Colín 2005, pp. 140-141).
  2. El acto por sí mismo es susceptible de efectuar en el sujeto una pérdida sin ninguna compensación, una pérdida a secas.”Ante el progresivo decaimiento del rito en el mundo moderno, el que está en duelo se ve compelido a efectuar un acto, un acto sacrificial y público. Ese acto que pondría fin a su duelo porque daría cuenta del sacrificio (renuncia radical) a ese trozo de sí que el muerto se llevó. Situación completamente contraria a aquella que considera al duelo como una sustitución, sustitución de un objeto perdido por otro reemplazante” (p. 142)
  3. El paradigma del duelo ya no es el del padre sino el del hijo.
  4. Un hijo muerto constituye lo medular de la locura entre varios.
  5. Un duelo no realizado, no asumido, produce un desplazamiento en las generaciones.
  6. El duelo pone en juego la cuestión de la transmisión, tesis íntimamente ligada con la anterior. “Alguien que ha vivido, deja al morir millones de huellas” (Foucault, citado en Colín, 2005, p.144)
  7. El duelo implica persecución. ”La persecución… regula la relación con la muerte” (Allouch, 215, en 145).
  8. El duelo tiende a expresar la dimensión de lo cómico. Lo cómico es el registro del duelo.
  9. El duelo subjetivo tiene un compromiso con la erótica.

Juan David Nasio (2007a) señala que el dolor psíquico “se puede resumir en una fórmula sencilla: un amor demasiado grande dentro de nosotros por un ser que no existe fuera” (p. 80), agregando que  “el dolor es un goce que hay que descargar” (p. 83). Para este autor existen varios tipos de dolor psíquico:

  • Duelo: Cuando sufrimos la muerte de un ser querido.
  • Abandono: Cuando el ser amado nos retira súbitamente su amor.
  • Humillación: Cuando alguien nos hiere profundamente en nuestro amor propio.
  • Mutilación: Cuando perdemos una parte de nuestro cuerpo (pp. 22-23).

También propone diferentes dimensiones del dolor:

  • Afecto: El afecto último. “Es como un sobresalto final que da testimonio  de la vida y de nuestra capacidad de recobrarnos. Uno no muere de dolor. Mientras hay dolor, contamos con las fuerzas necesarias para combatir el mal y continuar viviendo” (pp. 24- 25).
  • Síntoma: Como “la manifestación exterior y sensible de una pulsión inconsciente y reprimida” (p. 25).
  • Perversión: El dolor en cuanto objeto del placer perverso sadomasoquista.   

Para Nasio (2007a), el dolor psíquico tendría tres tiempos: ruptura, conmoción y reacción defensiva del yo. Al ser atravesado por el dolor, el yo experimenta diversos estados simultáneamente: el yo que sufre la conmoción, el yo que observa su conmoción, el yo que experimenta el dolor y el yo que reacciona a la conmoción.

Para este autor el dolor psíquico es el dolor de amar, para el cual ofrece dos definiciones:

1ª. Definición: “El dolor de amar es una lesión del vínculo íntimo con el otro, una separación brutal de lo que naturalmente está destinado a vivir unido… Es el afecto que resulta de la ruptura brutal del vínculo que nos une al ser amado [en una nota a pie de página el autor aclara: “Decimos ‘amado’, pero el otro al que nos sentimos ligados, y cuya separación nos genera dolor, también es un ser odiado y angustiante]” (p. 31).

2ª. Definición, desde el punto de vista metapsicológico: “El dolor es el afecto que expresa, en la conciencia, la percepción que tiene el yo –percepción hacia adentro- del estado de conmoción pulsional (trauma) provocado por la efracción no ya del envoltorio corporal del yo – como sucede en el dolor físico- sino provocado por la ruptura súbita del vínculo que nos une a nuestro elegido. El dolor del amar es, pues, un dolor traumático” (P. 32)

El desbaratamiento de las pulsiones por la pérdida del objeto, lleva al yo a concentrarse en un solo punto: La representación psíquica del ser perdido. El yo “se confunde casi totalmente con esta imagen soberana y vive amando – a veces odiando- la efigie del que ya no está, efigie que atrae hacia sí toda la energía del yo y hace que éste sufra  una aspiración medular violenta que le deja exangüe e incapaz de interesarse por el mundo exterior” (Nasio, 2007a, p. 36)

Sin el yo no habría dolor, sin embargo, el dolor está en el ello, no en el yo. Lo que posibilita que haya dolor es que el yo: “acredite la irremediable realidad de la pérdida del ser amado, que perciba el maremoto pulsional desencadenado en el ello –verdadera fuente del dolor- y que traduzca esta endopercepción en sentimiento doloroso” (Nasio, 2007a, p. 75).

La propuesta de Nasio (2007a) con respecto al duelo se encontraría en un posicionamiento intermedio entre Freud y Allouch. Para este autor, hacer un duelo significa “desinvertir poco a poco la representación saturada del amado perdido con objeto de hacerla nuevamente conciliable con el conjunto de la red de representaciones del yo. El duelo no es otra cosa que una redistribución muy lenta de la energía psíquica hasta entonces concentrada en una única representación que había llegado a ser dominante y ajena al yo” (p. 38).

Coincide con Freud en que el duelo implica un trabajo de sustitución, sin embargo, es un reemplazar sin olvidar.  El duelo radica en aceptar que “él no está allí, pero está en mí” (p.112). La similitud con la propuesta de Allouch se encuentra en la afirmación de Nasio con respecto a la intensificación del amor por el que se ha ido, “lo que hace sufrir no es la pérdida del ser amado, sino continuar amándolo más que nunca ahora que sabemos que lo hemos perdido irremediablemente” (p. 39). Para él, la falta es “aguijón del deseo, es síntoma de vida” (p. 45).

El deseo por la continuidad del amado, puede manifestarse como negación de la ausencia, lo cual “confina a la locura pero mitiga el dolor” (Nasio, 2007a, p. 40). Es de esta forma que Nasio nos habla del  “amado fantasma”, una experiencia que puede ser cercana a la alucinación, aclarando que  “sólo podemos alucinar algo que nos es esencial, algo de lo que no se nos puede privar sin correr el riesgo de trastornar nuestra psique” (p. 43)

El otro camino, es iniciar un lento y árido proceso de desamor, para después aprender a  amar a la persona desaparecida de otra manera, prescindiendo de su presencia viva.

Si el amor se congela frente a la imagen del ausente o se expresan sentimientos de odio es posible pensar en un duelo patológico.

En su artículo El objeto del duelo, Josafat Cuevas (2005) señala la importancia de distinguir entre el objeto de amor y el objeto de la pulsión, en el análisis del duelo y de todo aquello que se vincule a la pérdida. Sustenta su propuesta en textos de Freud, los cuales citaré de la fuente original, esto es las Obras Completas y agregaré algunos otros que no son citados por Cuevas.

En Tres ensayos de teoría sexual, Freud (1905/1990) afirma lo siguiente:

“Cuando la primerísima satisfacción sexual estaba todavía conectada con la nutrición, la pulsión sexual tenía un objeto fuera del cuerpo propio: el pecho materno. Lo perdió sólo más tarde, quizá justo en la época en que el niño pudo formarse la representación global de la persona a quien pertenecía el órgano que le dispensaba satisfacción. Después la pulsión sexual pasa a  ser, regularmente, autoerótica, y sólo luego de superado el período de latencia se restablece la relación originara. No sin buen fundamento el hecho de mamar el niño el pecho de su madre se vuelve paradigmático de todo vínculo de amor. El hallazgo [encuentro] de objeto  es propiamente un reencuentro” (pp. 202-203).

Retomo la frase “la pulsión sexual tenía un objeto fuera del cuerpo propio”, pues me parece un planteamiento central para establecer la naturaleza y función del primer objeto. Esto es, desde mi perspectiva, la cual considero sustentada en los planteamientos de Freud, la primera relación es de tipo químico-orgánica. La pulsión tiene su fuente en el cuerpo y antes de la posibilidad de representación esa pulsión solamente se puede dirigir a otro cuerpo, que a su vez dirige su pulsión al bebé. Ese primer vínculo es cuerpo a cuerpo y por tanto es irrepetible puesto que al paso del tiempo la condición anatomo-fisiológica se modifica, pero sobre todo al aparecer la capacidad de representación en el bebé será arrancado súbitamente de la posibilidad de establecer una relación como esa primera, esto es, exclusivamente corporal.

Con respecto a este punto, Cuevas (2005) refiere lo siguiente:

“Lo que Freud plantea es que, como resultado de las primeras percepciones del objeto real, se inscriben una serie de huellas mnémicas, registradas primero simultáneamente. Estas huellas, dice Freud, sufren de tanto en tanto una serie de ordenamientos, de retranscripciones (Umschrift) diversas, de acuerdo con varios criterios: analogía, causalidad, etc. Son estas huellas mnémicas sujetas a las condensaciones y desplazamientos de la energía psíquica (que después llamará libidinal), las que a justo título pueden ser llamadas representaciones. La huella mnémica en sí, como mero registro pasivo de una impresión, no es aún una representación en el sentido freudiano; es preciso el concurso de la movilidad de la energía, cargándolas y descargándolas. Es esta noción de carga y contracarga lo que distingue la concepción de representación en Freud, de la tradición clásica que abarca un amplio periodo histórico”. Agrega que  esto lleva al entrecruzamiento de imaginario y simbólico que en Freud “no están suficientemente distinguidos”.

Esto es, que esa relación cuerpo a cuerpo permanece como huella mnémica que puede sufrir retranscripciones, sin embargo, su molde original no podrá ser modificado, en adelante, solo serán posibles las variaciones con respecto a las huellas originales y estas variaciones son las que viabilizan las representaciones.

Freud plantea que los primeros vínculos sexuales son los más importantes y después de que la actividad sexual se divorcia de la nutrición resta una parte considerable que ayuda a preparar la elección de objeto y restaurar dicha pérdida. Lo que significa que los primeros vínculos permanecerán como referencia fija, mientras que la experiencia de pérdida, de falta, será la dinámica. Lo cual permitiría afirmar que lo que es susceptible de movimiento es la posición frente a la falta del objeto y esta posibilidad movimiento es la condición de lo humano. Con respecto a esto, Lacan (1955/1997) afirma “El sujeto no vuelve a hallar los carriles preformados de su relación natural con el mundo exterior. El objeto humano se constituye siempre por la mediación de una primera pérdida. Nada fecundo le sucede al hombre sino por la mediación de una pérdida del objeto” (pp. 207-208).

Por su parte, Winnicott (1971/2001) plantea que la posibilidad de separación del primer objeto, el apartamiento del cuerpo que ha procurado la continuidad orgánica, implica un proceso, durante el cual se necesita un sustituto al cual llama objeto transicional, ese objeto representará al primer objeto  al tiempo que será el punto de partida de toda representación simbólica. El objeto concreto, a través del juego se va constituyendo en un espacio en el cual el objeto se convierte en un medio para la manifestación subjetiva y creativa. Este espacio es el nombrado como potencial, el cual es para Winnicott “la zona disponible para maniobrar en términos de la tercera manera de vivir (donde está la experiencia cultural o el juego creador) es muy variable de un individuo a otro. Esto es así porque esta tercera zona es el producto de las experiencias de las personas… en el ambiente que predomina” (1971/2001, p. 142). Esto es, el espacio potencial ”no está dentro del individuo, ni afuera, en el mundo de la realidad compartida”  (p.146) y su fundamento es la confianza del bebé en la madre. La existencia de este espacio llevaría a la afirmación de que “en el caso de los seres humanos no hay separación, sino solo una amenaza de ella; y la amenaza es traumática al mínimo o al máximo según las experiencias de las primeras separaciones” (p.143), la calidad en los cuidados del bebé definirán la calidad y amplitud de este espacio potencial.

De esta forma, Freud, Lacan y Winnicott coinciden en que la base de la estructuración psíquica así como toda relación de objeto remitirán a las huellas dejadas por la primera relación, por el vínculo cuerpo a cuerpo de los primeros días de la vida, por “el objeto real, radicalmente perdido” (Cuevas, 2005).

Esta transición marcaría también  el paso al  principio de realidad, a la constitución del yo:

“Esta es una de las consecuencias radicales del planteamiento de Freud. El primado del funcionamiento del aparato psíquico corresponde al proceso primario y al principio del placer, lo paradójico y complicado en su ubicación no es este principio, sino el proceso secundario y principio de realidad, ligado con el yo y la conciencia, y con todas las ‘pruebas de realidad’ como se quiera… Pero precisamente no la hay cuando esa realidad colma la satisfacción, y en este sentido para Freud son equivalentes la satisfacción que procura el objeto real, y la huella de su satisfacción. Es justamente cuando falla esa satisfacción por ausencia del objeto, cuando se impone  la paradójica e imposible ‘prueba’ de esa realidad” (Cuevas, 2005).

Mi propuesta con respecto a este movimiento de la relación del primer objeto, la cual se da en términos de proceso primario y es guiada por el principio del placer, al proceso secundario y el principio de realidad, es que esta definido por la experiencia de dolor físico, esto es, las experiencias de dolor (no confundir con displacer) serían las que llevarían al bebé a un distanciamiento del cuerpo que lo provee, puesto que el dolor en cierta manera fuerza a autodirigir las pulsiones y por tanto constituye, paradójicamente, la base del autoerotismo.   Freud (1905/1992) plantea que “el psicoanálisis enseña que existen dos caminos para el hallazgo de objeto; en primer lugar, el mencionado en el texto, que se realiza por apuntalamiento en los modelos de la temprana infancia, y en segundo lugar, el narcisista, que busca al yo propio y lo reencuentra en otros. Este último tiene particular importancia para  los desenlaces patológicos”          (p. 203).

Una vez transitado hacia la representación, la relación con quien cumple la función materna será la que abrirá las vertientes de la red de ligaduras pulsionales, donde los nodos son constituidos por los objetos de la pulsión: 

“Cuando [una madre] enseña al niño a amar, no hace sino cumplir su cometido; es que debe convertirse en un hombre íntegro, dotado de una enérgica necesidad sexual, y consumar en su vida todo aquello hacia lo cual la pulsión empuja a los seres humanos… A lo largo de todo el período de latencia, el niño aprende a amar a otras personas que remedian su desvalimiento y satisfacen sus necesidades. Lo hace siguiendo en todo el modelo de sus vínculos de lactante con la nodriza… prosiguiéndolos... El trato del niño con la persona que lo cuida es para él una fuente continua de excitación y de satisfacción sexuales a partir de las zonas erógenas, y tanto más por el hecho de que esa persona –por regla general, la madre- dirige sobre el niño sentimientos que brotan de su vida sexual, lo acaricia, lo besa y lo mece, y claramente lo toma como sustituto de un objeto sexual de pleno derecho” (Freud, 1905/1992, p. 204)

Por tanto, el cambio de posición implica también modificación en los procesos sexuales del organismo, los cuales se cambian del “quimismo particular” de la nutrición a “un quantum de libido a cuya subrogación psíquica llamamos libido yoica; la producción de esta, su aumento o su disminución, su distribución y su desplazamiento, están destinados a ofrecernos la posibilidad de explicar los fenómenos psicosexuales observados” (p. 198).

Esta libido yoica:

“Sólo se vuelve cómodamente accesible al estudio analítico cuando ha encontrado empleo psíquico en la investidura de objetos sexuales, vale decir, cuando se ha convertido en libido de objeto. La vemos concentrarse en objetos, fijarse a ellos o bien abandonarlos, pasar de unos a otros y, a partir de estas posiciones, guiar el quehacer sexual del individuo, el cual lleva a la satisfacción, o sea, a la extinción parcial y temporaria de la libido… Además, podemos conocer, en cuanto a los destinos de la libido de objeto, que es quitada de los objetos, se mantiene fluctuante en particulares estados de tensión y, por último, es recogida en el interior del yo,  con lo cual se convierte de nuevo en libido yoica. A esta última, por oposición a la libido de objeto, la llamamos también libido narcisista. Desde el psicoanálisis atisbamos, como por encima de una barrera que no nos está permitido franquear en el interior de la fábrica de la libido narcisista; así nos formamos una representación acerca de la relación entre ambas. La libido narcisista o libido yoica se nos aparece como el gran reservorio desde el cual son emitidas las investiduras de objeto y al cual vuelven a replegarse; y la investidura libidinal narcisista del yo, como el estado originario realizado en la primera infancia, que es sólo ocultado por los envíos posteriores de la libido, pero se conserva en el fondo tras ellos” (pp. 198-199).

Freud concluye “una teoría de la libido en el campo de las perturbaciones neuróticas y psicóticas tendría como tarea expresar todos los fenómenos observados y los procesos descubiertos en los términos de la economía libidinal.” (p. 199).

Estas largas citas las conservo en su versión original para subrayar que las relaciones de objeto y su rompimiento, deben entenderse entonces en términos económicos y no con respecto a las características de la representación del objeto. Lo anterior daría sustento al hecho de que cuando se tiene una pérdida, el nivel de la representación es secundario con respecto a la redirección de las pulsiones, lo cual es la base para afirmar que no solamente se hace duelo por la representación de la persona sino también por el cuerpo de la persona y si retomamos la idea de que la primera pérdida no es de una representación sino de un cuerpo, el duelo por este último tiene mayor impacto que el otro y explica el duelo vivido en el propio cuerpo que es la base del dolor psíquico.

 

Referencias

Colín, A. (2005). Antropología y Psicoanálisis. Un diálogo posible a propósito del duelo por un hijo en Malinalco. México: Universidad Autónoma del Estado de México.

Cuevas, J. (2005). El objeto del duelo. Carta psicoanalítica, 6 [Revista electrónica]. Disponible en: http://cartapsi.org/spip.php?article149. 

Freud, S. (1905/1990). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras Completas.  Vol. 7. [109-224]. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1917/1992). Duelo y melancolía. En Obras Completas. Vol. 16. [235-256]. Argentina: Amorrortu.

Lacan, J. (1955/1997). Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Argentina: Paidós.

Machado, A. (1980). Poesía. España: Alianza.

 

 

 

Nasio, J.D. (2007a). El dolor de amar (1ª reimp.). Argentina: Gedisa.

 

Nasio, J.D. (2007b). El dolor físico. Argentina: Gedisa.

 

 

Winnicott, D.W. (1971/2001). Realidad y juego. España: Gedisa.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) El sufrimiento humano Fri, 30 Jun 2017 02:09:10 +0000
Decir la última palabra, el poder en el discurso amoroso según Roland Barthes http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/181-decir-la-ultima-palabra-el-poder-en-el-discurso-amoroso-segun-roland-barthes http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/181-decir-la-ultima-palabra-el-poder-en-el-discurso-amoroso-segun-roland-barthes Decir la última palabra, el poder en el discurso amoroso según Roland Barthes

Azarosamente, como arriban a la vida muchas de las cosas más sublimes: un inesperado paisaje, las notas de una música lejana, una sonrisa espontánea, el resplandor en una noche despejada; llegó a mis manos el libro “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, el cual escribió tres años antes de unirse a la legión de maestros arrebatados al tiempo por las fauces de la tecnología del transporte. Al igual que Antoni Gaudí y más recientemente Theo Angelopoulos, murió atropellado. Al igual que ellos, murió en su amada ciudad, circulando por la ruta de su deseo: Gaudí arrollado en Barcelona por un tranvía cuando iba camino a rezar y confesarse, Angelopoulos empujado por una motocicleta policiaca mientras filmaba una película en Atenas y Barthes frente a la Sorbona en París lanzado por una furgoneta de lavandería.  

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

“La necesidad de este libro se sustenta en la consideración siguiente: el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad”.

 

“El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo”.

 

“Fragmentos de un discurso amoroso”, Roland Barthes

 

 

Azarosamente, como arriban a la vida muchas de las cosas más sublimes: un inesperado paisaje, las notas de una música lejana, una sonrisa espontánea, el resplandor en una noche despejada; llegó a mis manos el libro “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, el cual escribió tres años antes de unirse a la legión de maestros arrebatados al tiempo por las fauces de la tecnología del transporte. Al igual que Antoni Gaudí y más recientemente Theo Angelopoulos, murió atropellado. Al igual que ellos, murió en su amada ciudad, circulando por la ruta de su deseo: Gaudí arrollado en Barcelona por un tranvía cuando iba camino a rezar y confesarse, Angelopoulos empujado por una motocicleta policiaca mientras filmaba una película en Atenas y Barthes frente a la Sorbona en París lanzado por una furgoneta de lavandería.  

Los “Fragmentos” fueron un éxito editorial, lo cual sorprendió al autor, cuya expectativa era que se venderían solamente quinientos ejemplares. ¿Modestia del filósofo y semiólogo? Difícil sostenerlo, al parecer, era reconocido por su egocentrismo. Quizá la hipótesis enarbolada por algunos de que lo escribió como efecto de un rompimiento amoroso explica el asombro de Barthes al descubrir que un dolor tan personal era compartido por tantos. El protagonista, o antagonista, según se le vea, es el amoroso, lejano al perfil poetizado  por Jaime Sabines. Mientras el del chiapaneco no salva al amor y se va llorando la hermosa vida, lo único que logra salvar el de Barthes es precisamente el amor y, como Werther, prefiere morir antes que renunciar a la presencia amada.

Considerando cierto el supuesto del rompimiento amoroso como detonante de los “Fragmentos”, sería congruente con la definición de su amoroso, puesto que en 1977, Barthes tenía cincuenta y dos años, era mundialmente reconocido y aún así se entregaba a las cuitas de la pasión amorosa.

Organizado alfabéticamente, “Fragmentos” compila el léxico del amoroso, cada entrada es tan lúcida, honesta y apasionada, que ameritaría un texto. Acotando mi deseo, elegí la entrada de “Hacer una escena”, como pretexto de este texto.

Inicio con la definición que da Barthes (1993) a la palabra “Escena” en su Discurso amoroso: “La figura apunta a toda ‘escena’ (en el sentido restringido del término) como intercambio de cuestionamientos recíprocos” (p. 84).  En el punto de partida del libro, el autor nos explica su concepto de figura. Retoma la etimología de la palabra Dis-cursus, que significa la acción de correr aquí y allá, son idas y venidas, “andanzas”, “intrigas”. El enamorado no deja de correr, “de emprender nuevas andanzas y de intrigar contra sí mismo. Su discurso no existe jamás sino por arrebatos del lenguaje… Se puede llamar a estos retazos de discurso figuras. La palabra no debe entenderse en sentido retórico, sino más bien en sentido gimnástico o coreográfico”. Por tanto, la Escena  es una coreografía propia de la vida del amoroso, la cual se representa, en palabras de Barthes: “Cuando dos sujetos disputan de acuerdo con un intercambio regulado de réplicas y con vistas a tener la ‘última palabra’, estos dos sujetos están ya casados: la escena es para ellos el ejercicio de un derecho, la práctica de un lenguaje del que son copropietarios; cada uno a su turno dice la escena, lo que quiere decir: jamás tú sin mí, y recíprocamente” (p. 13).

Para Barthes, la “Escena” es como la “Frase”, la cual una vez enunciada nada obliga a detenerla, puesto el núcleo las “expansiones son infinitamente renovables”.            La “Escena” es una estructura construida por dos sujetos de la cual comparten los derechos de autoría, la “Figura” es una joya semiótica. Cuando dos personas, particularmente las parejas, han convivido por cierto tiempo, suelen reproducir las mismas secuencias de lenguaje, acto y afecto. Hasta en las situaciones más dramáticas, aparecen guiones establecidos. En una pareja donde suele haber violencia, de antemano se espera que escenifiquen violencia;  en una que discute por dinero, es predecible que iniciarán una querella cuando surjan asuntos económicos; así como aquella pareja que debate en una fiesta si bailarán o no, si en otras ocasiones hemos visto que una de las partes convence a la otra de hacerlo, es cuestión de tiempo, seguramente poco, para que veamos al par girando en la pista.

Para Barthes, una vez iniciada la “Escena”, sólo puede ser detenida por “alguna circunstancia exterior a su estructura”, como la fatiga de las dos partes (no basta la fatiga de uno), la llegada de un extraño o la sustitución brusca de la agresión por el deseo, esto es, el tránsito al romance o al erotismo. Agrega Barthes (1993): “A reserva de aprovechar estos accidentes, ningún compañero tiene el poder de cortar una escena ¿De qué medios podría disponer yo? ¿El silencio? No haría más que avivar la voluntad de la escena; soy pues llevado a responder para enjugar, para suavizar. ¿El razonamiento? Nadie es de un metal tan puro que deje al otro sin voz. ¿El análisis de la propia escena? Pasar de la escena a la metaescena” (p. 84). Agrega Barthes: “no es nunca sino abrir otra escena. ¿La huida?... como el amor, la escena es siempre recíproca. La escena es pues interminable, como el lenguaje” (p. 84).

Una vez iniciada la escena, si no es interrumpida por las causas antes mencionadas, tendrá que llegar a su destino: la última palabra. La escena por sí misma no tiene ningún sentido, como dice Barthes (1993) “ninguna progresa hacia un esclarecimiento o una transformación” (p. 86). El sueño de los participantes es lograr en cada ocasión tener la última palabra, enunciarla, concluir “es dar un destino a todo lo que se ha dicho, es dominar, poseer, dispensar, asestar el sentido; en el espacio de la palabra, lo que viene al último ocupa un lugar soberano, guardado, de acuerdo con un privilegio regulado, por los profesores, los presidentes, los jueces, los confesores” (p. 86). En fin, la “última palabra” es poder, por tanto, si se quiere evaluar la distribución del poder en una pareja, basta con calcular la distribución de “últimas palabras” que emite cada una de las partes. Pero la vía cuantitativa no es contundente, resulta necesario incluir el factor cualitativo, esto es, quien suele decir la última palabra en las discusiones de temas de mayor alcance. Quizá numéricamente una de las partes suma una gran cantidad de “últimas palabras”, pero ninguna de verdadera relevancia. 

Roland Barthes agrega otra salida de la “Escena”, la más subversiva, que es reemplazar “la última réplica por una pirueta incongruente”. Para ilustrarlo cita una de las ilustrativas historias de la tradición del budismo Zen: “es lo que hizo ese maestro zen que, por toda respuesta a la solemne pregunta: ‘¿Quién es Buda?’, se quitó las sandalias, las puso sobre su cabeza y se fue: disolución impecable de la última réplica, dominio del no-dominio” (p. 87).

Contar con un repertorio de “piruetas incongruentes” nos puede resultar útil para escapar de algunas “Escenas”, sin embargo, lo que aplica en los caminos espirituales no necesariamente aplica en los terrenos de la pareja. Si ante la pregunta de ella o él: “¿Dónde estabas?”, alguien se quita los zapatos y los pone sobre su cabeza, quizá termine golpeado por esos mismos zapatos o internado en una clínica de adicciones o un hospital psiquiátrico.

Contraviniendo la mítica expresión de Rimbaud “Yo es otro”, para Barthes, el drama del amoroso “es todo lo contrario: es causa de convertirme en un sujeto, de no poder sustraerme a serlo, que me vuelvo loco. Yo no soy otro: es lo que compruebo con pavor” (p. 126). Estamos sujetos a nuestras “Escenas”, difícilmente podemos modificarlas, forman parte de nuestros repertorios de pareja, si una de las partes se desvía hacia el hartazgo de las “Escenas”, la pareja se verá amenazada por una fuerte crisis, de la que posiblemente solamente podrán emerger con la disolución de la pareja. Este final no necesariamente es el peor, sobre todo cuando las “Escenas” implican daños para una de las partes, para las dos partes o para terceros, como en los casos en que los hijos se ven implicados.

Terminaré con puntos suspensivos, aunque decir “la última palabra” es un privilegio de quien escribe, es de madrugada y mi ánimo de empoderarme es nulo…

 

Referencia

 

Barthes, R. (1993). Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI Editores.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Conversemos Thu, 06 Apr 2017 02:28:10 +0000
Familias reconstituidas, manual para rehacer la vida http://psic.mx/index.php/transiciones/los-sistemas-de-creencias-en-la-psicoterapia-n-5/item/174-familias-reconstituidas-manual-para-rehacer-la-vida http://psic.mx/index.php/transiciones/los-sistemas-de-creencias-en-la-psicoterapia-n-5/item/174-familias-reconstituidas-manual-para-rehacer-la-vida Familias reconstituidas, manual para rehacer la vida

 A toda familia reconstituida le precede al menos una historia de rompimiento y separación, un proyecto de vida resquebrajado en busca de reparación. En ocasiones le anteceden dos o más historias de dolor y decepción, de las que pervive un hijo o varios, de una de las partes de la pareja o de las dos. Es por esto que el sentimiento predominante en la conformación de este tipo de familia es la esperanza, la expectativa de que todo lo que fue problema en las relaciones previas, sean aprendizajes para lograr un proyecto de pareja y familia más sólido. La presencia de los hijos le abre a esta perspectiva zonas de oportunidad y otras de riesgo. La convivencia bajo un mismo techo implica deseo y esfuerzo por todos quienes conforman el grupo familiar, así que la flexibilidad y empatía se convierten en los ejes clave para lograr esto. 

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

Vamos, madres y padres
de toda la tierra,
y no critiquen 
lo que no pueden entender.
Sus hijos e hijas 
están más allá de su dominio.
Su viejo camino está
envejeciendo rápidamente.
Por favor, salgan del nuevo
si no pueden echar una mano,
porque los tiempos están cambiando.
 

Bob Dylan, The times they are a-changin’

  

En nuestro retrato de familia nos vemos muy felices, 

parecemos bastante normales,

volvamos a eso.

En nuestro retrato de familia nos vemos muy felices,

 vamos a jugar a fingir, actuar como si fuera natural. 

Pink, Family portrait

 

 

 

 A toda familia reconstituida le precede al menos una historia de rompimiento y separación, un proyecto de vida resquebrajado en busca de reparación. En ocasiones le anteceden dos o más historias de dolor y decepción, de las que pervive un hijo o varios, de una de las partes de la pareja o de las dos. Es por esto que el sentimiento predominante en la conformación de este tipo de familia es la esperanza, la expectativa de que todo lo que fue problema en las relaciones previas, sean aprendizajes para lograr un proyecto de pareja y familia más sólido. La presencia de los hijos le abre a esta perspectiva zonas de oportunidad y otras de riesgo. La convivencia bajo un mismo techo implica deseo y esfuerzo por todos quienes conforman el grupo familiar, así que la flexibilidad y empatía se convierten en los ejes clave para lograr esto. 

Cabe como pregunta de partida la siguiente ¿Qué es una familia? La palabra proviene del latín y en su origen hizo referencia al conjunto de esclavos y sirvientes que vivían bajo un mismo techo. Posteriormente, la palabra familia  definió  la relación entre el pater familias y todos los demás, esto es, la mujer, los hijos, parientes, esclavos, sirvientes o cualquiera que tuviera el vínculo.  Al morir el pater familias, la denominación familia permanecía para nombrar a quienes habían estado bajo su poder.

En sus investigaciones sobre las estructuras elementales de parentesco, Claude Lévi-Strauss (1995) refiere:

"Para que exista una estructura de parentesco es necesario que se hallen presentes los tres tipos de relaciones familiares dadas siempre en la sociedad humana, es decir, una relación de consanguinidad, una de alianza y una de filiación; dicho de otra manera, una relación de hermano a hermana, una relación de esposo a esposa, y una relación de progenitor a hijo” (p. 90).

De esta propuesta emana el modelo sistémico de los subsistemas familiares de pareja, parental y fraterno. En el caso de las familias reconstituidas estos subsistemas se conservan pero con variaciones. El de pareja es el más similar a este modelo estructural, los otros dos los denominaré co-parental y co-fraternal. En el primer caso porque la parentalidad la ejercen más personas y en el caso de los padres no consanguíneos, su vinculación puede ir desde una relación parental plena, hasta solamente un apoyo parental. El subsistema co-fraternal, es algo más complejo. El modelo más conocido es el que comúnmente se define como “los míos, los tuyos y los nuestros”, esto es, cada parte de la pareja tiene hijos previos con otras parejas y en común tienen uno o más. Otra variante es que los dos tengan hijos previos, pero no sumen más prole al grupo. También puede ser que sólo una de las partes tenga hijos y pueden sumarse o no nuevos hijos de la nueva pareja. Esto en cierta medida se asocia a la edad en que la pareja conforma la nueva familia. La co-fraternidad tiene importantes implicaciones, es el encuentro de diferentes usos y costumbres, de referentes afectivos y redes sociales. Esto obliga a la pareja a generar nuevas dinámicas y rituales independientes de los prevalecientes en sus familias previas. Pero los seres humanos somos seres de hábitos y los hijos son los que suelen poner mayor resistencia a los cambios, porque además ellos no fueron quienes decidieron la reconstitución y se ven obligados a vivir en un nuevo sistema por decisión de sus padres.

Lo referido previamente da cuenta de que la palabra familia no es un concepto estático, se ha ido re-significando a través del tiempo, según los cambios sociales y nuevas organizaciones.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2012, citado en Gutiérrez, Díaz y Román, 2016, p. 223), señala en los datos obtenidos en el censo de población 2010, que hubo 16 divorcios por cada 100 matrimonios civiles, las edades promedio de los cónyuges al momento de la separación para el caso de las mujeres es de 36 años y 38 en el caso de los hombres. Esto da cuenta de la tendencia creciente de separaciones en una etapa en la que las parejas ya tienen hijos y tienden a conformar nuevas familias.

La familia reconstituida se define como una estructura familiar en la que al menos uno de los miembros de la pareja tiene un hijo fruto de una relación previa, lo que convierte a estos adultos en padrastros y/o madrastras de los hijos biológicos de su pareja. No se considera el tiempo que permanecen los hijos en el hogar un criterio para considerar a una familia como reconstituida. Se calcula que la mitad de los hijos de padres divorciados vivirá en algún momento con un padrastro o madrastra en un periodo promedio de cuatro años tras la separación de sus padres biológicos (Cantón, Justicia y Cortés, 2000, citados en Espinar, Carrasco,  Martínez y García-Mina, 2003).

Por su parte, González y González (2005) sintetizan en la siguiente tabla las características de lo que denominan familias intactas y las familias reconstituidas:

 

Tabla 1. Familias intactas y familias reconstituidas (González y González, 2005, p. 21)

 

Con respecto al ciclo vital de las familias reconstituidas, Papernow (1993, citado por González y González, 2005, pp. 23-24), propones siete estadios:

1.- Fantasía: Es la primera fase, en la cual las expectativas son irreales, la pareja espera que entre los hijos haya amor de manera instantánea y en los hijos surge la idea del padrastro o la madrastra malvados, así como la ilusión de que se reconcilien sus progenitores.

2.- Inmersión: Se presentan ajustes y rechazos explícitos, se organizan subgrupos al interior de la familia.

3.- Conciencia: Los problemas de rechazo y las fantasías irracionales se llevan a un plano conciente, donde resulta más sencilla la aceptación de los propios sentimientos de decepción, de pérdida y/o exclusión. En este punto se inician los cambios de la dinámica interna.

4 y 5.  Movilización  y  Acción: Los cambios  en  la  dinámica  de la familia se  reflejan  en acuerdos y una actitud flexible que permita la integración de diversas tradiciones  familiares  así  como la incorporación de tradiciones nuevas.

6 y 7. Contacto y Resolución: Se logra un sentido de unidad y una dinámica que funciona y  fluye. La resolución se logra en un tiempo promedio de 2 a 4 años después de integrada la familia reconstituida.

 

Cada etapa de este ciclo vital de la familia reconstituida conlleva su crisis y su elaboración, muchas familias no llegan a punto de la resolución, de diluyen antes. En este sentido, García (2010) plantea diferentes limitaciones que pueden obstaculizar la consolidación de la nueva familia:

  • Negar las dificultades de la nueva situación y pretender que se trate de una familia convencional.
  • La intromisión de cónyuges anteriores es un factor que dificulta bastante, en particular cuando hay cuentas pendientes y la disolución previa no ha sido amistosa.
  • Haber vivido anteriormente una ruptura, puede generar en la nueva pareja una expectativa sesgada ante cualquier dificultad que acontezca y percibir una separación como algo más probable.
  • Cuando la custodia es compartida hay dos o tres hogares, puede suceder que los hijos se conviertan en informadores de lo que ocurre en uno u otro lugar, siendo víctimas de la manipulación de alguno de los padres, o chantajear con irse al otro hogar si no se cumplen sus objetivos o no se les permite hacer lo que quieren.
  • Con los hijos previos al nuevo matrimonio tenderán a aplicar la autoridad a su manera con ellos, dándose diferencias que dificultarán la integración de los hermanastros.
  • Sabotaje de los hijos a la nueva pareja, si no han conseguido establecer una buena relación.
  • La familia extensa (abuelos, tíos, primos) pueden establecer diferentes relaciones con los niños, haciendo distinciones y enfatizando la situación de desigualdad.
  • Distinto ritmo de adaptación, los padres con frecuencia han generado su vínculo sin que los hijos tuvieran conciencia de esta nueva relación, por ello se tiene que tener paciencia y darles el tiempo suficiente sin intentar forzar la situación.
  • Hay cambios estructurales en las relaciones de las dos familias, los hijos sufren la pérdida de la relación privilegiada que previamente tenían con sus padres biológicos y ahora tienen que compartirlo con otro adulto y con otros “hermanos”, si es que los hay.
  • Cuando son varios hermanos biológicos puede suceder que cada uno se posicione en polos diferentes, fungiendo uno de ellos como facilitador de la nueva relación y otro como oposicionista.

Para enfrentar estas situaciones, la American Psychological Association, con la colaboración de James Bray (s.f.), hace las siguientes recomendaciones:

  • Un matrimonio con los hijos de un matrimonio anterior representa muchos desafíos. Dichas familias deben considerar tres cuestiones cuando planifican un nuevo matrimonio:

- Acuerdos financieros y de vivienda: Las parejas que inician un segundo matrimonio señalan con más frecuencia que mudarse a una nueva casa, en lugar de establecerse en una de las residencias anteriores de su pareja, tiene sus ventajas porque el nuevo entorno se convierte en "su hogar." Las parejas deben decidir si se proponen conservar su dinero por separado o compartirlo. Las parejas que usaron el método de un pozo común, por lo general, indicaron mayor satisfacción familiar que aquellas que guardaron su dinero por separado.

- Resolver sentimientos y preocupaciones sobre el matrimonio anterior: El nuevo matrimonio puede hacer aflorar enojos y heridas antiguas, no resueltas del matrimonio anterior, para los adultos y los niños. Por tanto, registrarlos y platicarlos es el primer paso para su elaboración. En ocasiones no se habla de estos temas por considerarlos amenazantes para el afianzamiento de la nueva familia, pero no hacerlo puede llevar a la acumulación de molestia o resentimientos que impacten posteriormente en la dinámica.

- Anticipar los cambios y decisiones de los padres: Las parejas deben analizar y decidir el rol que desempeñará cada uno en la crianza de los hijos del nuevo cónyuge, así como los cambios en las reglas del nuevo hogar que pudieran ser necesarios. Incluso si la pareja convivió antes de casarse, es probable que los niños respondan al padrastro o madrastra en forma diferente después del nuevo casamiento porque ahora ya asume el rol de padre o madre oficial.

  • Las parejas recién casadas y sin hijos suelen utilizar los primeros meses del matrimonio para consolidar su relación, las parejas con hijos suelen estar más concentradas en las exigencias de los niños. Los niños más pequeños pueden sentir una sensación de abandono o competencia cuando su padre o madre dedica tiempo y atención a su nuevo cónyuge. Los adolescentes son más sensibles a las expresiones de afecto y sexualidad y pueden sentirse afectados por un romance activo en la familia. Es por esto que las parejas deben cuidar la calidad de su vínculo frente a las demandas de los hijos, estableciendo tiempos de prioridad para éstas, haciendo salidas regulares o viajes sin los hijos.
  • El área más complicada de la vida de la familia reconstituida es la crianza de los hijos. Formar una familia reconstituida con niños pequeños suele ser más fácil que formarla con adolescentes. Sin embargo, los adolescentes se separarán de la familia a medida que forman sus propias identidades. Investigaciones recientes sugieren que los más jóvenes (de 10 a 14 años) pueden experimentar el momento más difícil al adaptarse a una familia reconstituida. Los adolescentes mayores (de 15 años o más) necesitan menos dedicación a su crianza y pueden tener menos inversión en la vida de la familia reconstituida, mientras que los niños más pequeños (de menos de 10 años) suelen aceptar más a un nuevo adulto en la familia, sobre todo cuando es una influencia positiva. Los adolescentes jóvenes, que están formando sus propias identidades tienden a ser un poco más difíciles de tratar. Los padrastros o madrastras tendrían que establecer de inicio una relación con los niños similar a la de un amigo o "consejero” en lugar de imponer disciplina. Las parejas pueden acordar que el padre que tiene la custodia es el principal responsable del control y disciplina de los hijos hasta que el padrastro o madrastra establezcan un vínculo sólido. Cuando ocurra ello, pueden enfocarse en controlar la conducta y las actividades de los niños y mantener informados a sus cónyuges. Las familias pueden generar una lista de normas del hogar.
  • Los padrastros o madrastras pueden desear integrarse rápido y establecer una relación cercana con los hijastros, pero primero deben considerar la situación emocional y el género del niño. Los niños y las niñas en familias reconstituidas indican que prefieren las muestras de afecto verbal, como elogios o cumplidos, en lugar de la cercanía física, como abrazos y besos. Las niñas, en especial, dicen que se sienten incómodas con las demostraciones físicas de afecto de su padrastro. En general, los niños parecen aceptar a un padrastro con mayor rapidez que las niñas.
  • Tras un divorcio, los niños suelen adaptarse mejor a sus nuevas vidas cuando el padre que se ha mudado lo visita constantemente y mantiene una buena relación con ellos. Sin embargo, una vez que los padres vuelven a casarse, a menudo reducen o mantienen niveles inferiores de contacto con sus hijos. Los hombres parecen ser quienes más descuidos tienen en este aspecto: En promedio, los padres reducen sus visitas a los niños a la mitad dentro del primer año posterior al nuevo casamiento. Mientras menos visite un padre a su hijo, es más probable que su hijo se sienta abandonado. Los padres deben volver a relacionarse desarrollando actividades especiales en las que solamente participen el niño y el padre. Los padres deben evitar hablar en contra de sus ex cónyuges frente a los niños porque esto debilita la autoestima del niño e incluso puede forzarlo a ubicarse en una lealtad hacia uno u otro. En las mejores condiciones, puede tomar entre dos a cuatro años que una nueva familia reconstituida se adapte a convivir.

Como lo mencioné al principio, a toda familia reconstituida le precede el dolor, se construye a partir de un proyecto de vida fallido y con la esperanza de reparar los daños del pasado para un devenir mejor. Como también lo dejan claro todos los datos compartidos en este texto, gran parte del éxito de una familia reconstituida depende del cambio en el sistema de creencias de los integrantes, desde la pareja hasta la familia extensa. Querer iniciar una familia reconstituida con las ideas previas de familia, es por sí mismo un indicador de riesgo, al tiempo que es una señal de que la pareja que la constituye no ha obtenido ningún aprendizaje de sus vivencias precedentes.

Los seres humanos nos movilizamos por hábitos y nuestros hábitos están anclados en creencias, cambiar de hábitos requiere una revolución de las creencias, incluidas las representaciones que cada integrante tiene de sí mismo. Se rompe el pensamiento genealógico lineal para pensar en términos de sistemas complejos. Crear un nuevo orden requiere que el anterior deje de operar, de otra manera prevalecerá el sentimiento de intolerancia y frustración. Esto en muchas ocasiones requiere el apoyo de especialistas en cambios de vida, sobre todo para los hijos, en particular psicoterapias orientadas a la resolución conflictos y facilitación de la grupalidad.

El camino más adecuado para re-significar el sentido de familia es que en la nueva organización, se vayan generando recuerdos positivos al interior de la misma, que se logre esa complicidad que sólo da el sentimiento de tener una historia común. Al final, ser familia es ante todo hacer juntos historias y en el mejor de los casos historias de amor y fraternidad. 

Referencias

Bray, J. (s.f.). Cómo hacer que las familias reconstituidas funcionen.  American Psycholohgical Association. Disponible en:

http://www.apa.org/centrodeapoyo/familias.aspx

Espinar, I., Carrasco, M.J., Martínez M.P. y García-Mina, A. (2003). Familias reconstituidas: Un estudio sobre las nuevas estructuras familiares, Clínica y Salud, 14(3), 301 – 332.

García, C. (2010). Las familias reconstituidas. Universo UP. Revista digital de la universidad de padres online. Disponible en:

http://revista.universidaddepadres.es/index.php?option=com_content&view=article&id=609&Itemid=458

González, C.S. y González, A. (2005). Organizaciones familiares diferentes. Las familias reconstituidas. Revista electrónica de Psicología Iztacala, 8 (3), 17-27. Disponible en: http://www.journals.unam.mx/index.php/repi/article/view/19416

Gutiérrez, M., Díaz, K.Y. y Román, R.P. (2016). El concepto de familia en México: Una revisión desde la mirada antropológica y demográfica. CIENCIA ergo sum, 23(3), 219-228 

Lévi-Strauss, C. (1995). Antropología estructural. Barcelona: Paidós.

 

 

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Los sistemas de creencias en la psicoterapia Sun, 19 Feb 2017 23:05:30 +0000
Espectros del delirio: Síndromes de falsa identificación delirante http://psic.mx/index.php/transiciones/la-violencia-y-sus-multiples-manifestaciones-n-5/item/162-espectros-del-delirio-sindromes-de-falsa-identificacion-delirante http://psic.mx/index.php/transiciones/la-violencia-y-sus-multiples-manifestaciones-n-5/item/162-espectros-del-delirio-sindromes-de-falsa-identificacion-delirante Espectros del delirio: Síndromes de falsa identificación delirante

Se denomina Síndromes psicológicos infrecuentes a padecimientos cuya incidencia es de 0.001%, esto es, afectan a una de cada cien mil personas, encontrándose muy distantes de las estadísticas de trastornos como la depresión, que agrupa al 15% de la población, esto es, 15 personas de cada 100 están deprimidas.

 

Juan Pablo Brand Barajas

Con la colaboración de Marina Galván Ponce

 

Se denomina Síndromes psicológicos infrecuentes a padecimientos cuya incidencia es de 0.001%, esto es, afectan a una de cada cien mil personas, encontrándose muy distantes de las estadísticas de trastornos como la depresión, que agrupa al 15% de la población, esto es, 15 personas de cada 100 están deprimidas.

La palabra delirio proviene del latín delirare que significa salirse del surco, por tanto el delirante es quien se sale del surco. El famoso manual psiquiátrico de Kaplan (Sadock y Sadock, 2009), define la idea delirante como una creencia falsa basada en una deducción incorrecta sobre realidad exterior, que se sostiene aún con las pruebas o la evidencia contradictoria y que no se comparte con las personas del contexto cultural de referencia. 

Los delirios pueden ser entendidos, en el campo psi, desde tres grandes perspectivas: cognitivo-conductual, psicoanalítica y médico-psiquiátrica. ¿Cuál es el modelo más adecuado? Personalmente creo que el enfoque que elige un especialista no depende tanto de la pertinencia del modelo sino de la personalidad y creencias del especialista, que lo hacen preferir una perspectiva por encima de las otras.

 

Síndromes de falsa identificación delirante

Una mujer de 53 años ingresa al consultorio del psiquiatra francés Jean Marie Joseph Capgras, corre el año de 1923, la dama se autodenomina Madame de Río-Branco y tiene una fuerte convicción: sus familiares y otras personas allegadas a ella, tienen la misma apariencia de siempre pero ella sabe que han sido suplantados por sosies, quienes le han robado una fortuna, la cual en realidad nunca existió. El término sosies, emana de una narración de la mitología griega, en la cual Zeus toma la forma de Anfitrión, el rey de Tirinto, y su sirviente toma la forma del siervo de Anfitrión, Sosias. Las metamorfosis fueron motivadas por el deseo de Zeus de tener relaciones sexuales con Alcmena, la esposa de Anfitrión. 

Madame Río-Branco se casó en 1898, teniendo 29 años. Su primer hijo murió a los pocos meses de nacer, posteriormente  dio a luz a unas gemelas y una de ellas murió a una edad muy temprana. Luego tuvo unos gemelos que también murieron. Para Madame, un hijo fue muerto por envenenamiento, los demás fueron secuestrados.

Afirma que su hija (la única sobreviviente) y su esposo, han sido sustituidos por dobles. Asegura que su “auténtico” marido nunca hubiera permitido que la ingresaran en un hospital psiquiátrico. Lo han asesinado y lo han sustituido con ochenta dobles. Agrega que durante el periodo de la primera guerra mundial, unas dos mil jóvenes actuaron como sustitutas de su hija.

Quien secuestra y sustituye a las personas es una “sociedad” a la cual ha denunciado ante las autoridades de París. Es un grupo que mantiene en cautiverio bajo el suelo de París, a miles de personas “auténticas” las cuales han sido sustituidas por sosies.

Fascinado por el caso, el Dr. Capgras lo publicó, junto con Jean Reboul-Lachaux, en el Bulletin de la Societé Clinique et Médicine Mentale, denominando el padecimiento como “Ilusión de sosias”. Un año después, Capgras, ahora con su discípulo Carette, describió el caso de otra mujer con síntomas similares. En 1924, Depovy y Montassut, bautizaron al conjunto de signos y síntomas característicos de estos casos como Síndrome de Capgras, el cual es una de las cuatro variantes del Síndrome de falsa identificación delirante.

El Síndrome de Capgras se caracteriza por la idea delirante de que alguien, habitualmente un pariente cercano o un amigo, ha sido sustituido por un doble para hacerle daño al delirante. Para hacer el diagnóstico, es importante descartar que no existe compromiso de conciencia o demencia severa, pues en estas condiciones los errores de reconocimiento son frecuentes y variables. Existe un intenso debate alrededor de si se debe considerar estas características como un síndrome o solamente como síntomas de un padecimiento mayor como: esquizofrenia, déficit de vitamina B12, hipertiroidismo, diabetes mellitus, intoxicaciones, traumatismos cráneo-encefálicos, accidentes vasculares, entre otros.

Desde la perspectiva médico-psiquiátrica-neurológica hay propuestas explicativas de la etiología (origen) del Síndrome de Capgras, sin embargo, dichas propuestas abarcan a todos los Síndromes de falsa identificación delirante, por tanto, reservaré dichos datos para el final del texto.

Con los lentes psicoanalíticos puestos, haré un brevísimo comentario que debe tomarse con reserva, pues solamente tiene como fin facilitar la comprensión. En general, la psicosis es considerada por el psicoanálisis como un conflicto de interacción entre la subjetividad y la realidad, donde por la fragilidad en la integración psíquica el sujeto fragmenta la representación de sí mismo, despersonalizándose. Los delirios y las alucinaciones acompañan al psicótico, para Freud son los últimos recursos con los que cuenta la persona para conservar cierta cohesión, son como una especie de prótesis psíquicas. En la psicosis, el incipiente yo, recurre a mecanismos de protección muy básicos, que son la escisión y la proyección, esto es, frente al conflicto se divide subjetivamente (escisión) y lanza hacia fuera los contenidos amenazantes (proyección), depositándolos casi siempre en otra persona. Esto origina las ideas delirantes de persecución, pues la persona tiene la convicción que el sujeto de su proyección personifica sus elementos conflictivos.

Retomando el caso de Madame Río-Branco, se explicarían sus delirios como producto de su ambivalencia subjetiva. Al no poder elaborar el duelo por sus hijos muertos, sistematiza un delirio para convivir con su ausencia: no están muertos, sólo secuestrados. La imposibilidad de enfrentar la ambivalencia de sentimientos hacia su esposo y su hija, la llevan a fragmentarlos, a la hija en dos mil representaciones, al esposo en ochenta. De esta manera puede conservar en su interior las representaciones positivas de sus seres amados, sin las cuales, probablemente caería en una angustia aniquilante.

Cabe señalar que todavía a finales del siglo XIX y principios del XX, eran muy frecuentes las muertes infantiles, por lo mismo, la pérdida de los hijos infantes se minimizaba, no permitiéndole a muchas mujeres expresar el profundo dolor que sentían por el deceso de sus pequeñas y pequeños.

Una mujer de 27 años, quien nació junto con el siglo veinte, asegura que hay personas de su entorno las cuales encarnan a otras que ya conoce. Cree que la persiguen para asediarla y atormentarla. Considera que dichas personas pueden realizar todo tipo de transformaciones y ordenar a otras personas que se transformen.

Manifiesta un comportamiento burdo y tiene problemas en la piel que le hacen ver mayor. Es hija de un obrero, ella ha trabajado en el servicio de limpieza de grandes casas, en una cafetería, en una fábrica, en un restaurante; pero no logra conservar un empleo más de unos cuantos meses. Aunque no presenta signos y síntomas de amnesia o desorientación, ha llegado a dormir en albergues de caridad. Afirma tener un gusto especial por los temas espirituales y elevados y por el teatro, al grado de ahorrarse comidas para pagar su entrada. Le molesta la vulgaridad en la gente, considera a los hombres como dominados por sus apetitos, lo cual los coloca en una categoría inferior a las mujeres. No comprende porque es la única persona de su familia que no se ha casado si es la más sofisticada del grupo.

Tiene delirios de persecución donde sus principales perseguidoras son las actrices Robine y Sarah Benhardt (la actriz francesa más famosa de todos los tiempos). Ellas la persiguen desde muchos años atrás, adoptando la apariencia de gente que ella conoce, interfieren su pensamiento con amenazas, la obligan a detener algunos actos y la obligan a ejecutar otros contra su voluntad, como masturbarse.

La mujer del relato fue la primera persona diagnosticada con el Síndrome de Frégoli, entidad nosológica que toma su nombre de Leopoldo Frégoli, el mayor transformista de la historia, quien empezó su carrera en 1890. El actor dejó grabadas películas donde se le ve cambiar de vestuario hasta veinte veces en dos minutos.

Fueron los psiquiatras Courbon y Fail, quienes tomaron el apellido del transformista para denominar en 1927 el síndrome que les hizo pasar a la historia. La principal característica de este síndrome, es la creencia que tiene la persona delirante de que alguien le persigue ahí donde vaya, el perseguidor puede cambiar su apariencia voluntad prefiriendo adquirir la imagen de familiares o amigos.

En el caso de la joven, la cual nunca develó su nombre, era la gran actriz Sarah Bernhardt quien la perseguía, en uno de tantos eventos la estrella se le presentó transformada en enfermera en un hospital y se introdujo en su cuerpo obligándola a masturbarse. Robine Bernhardt nunca existió, el origen de este nombre se encuentra en la historia de la misma actriz, cuyo nombre de pila era Rosine Bernhardt. La elección de perseguidores famosos como foco de un delirio, es frecuente en las personas psicóticas. Esto se explica de la siguiente manera:

Como referí anteriormente, los mecanismos que anteceden a la creación de los delirios paranoicos, son los de escisión y proyección. En el caso del  Síndrome de Frégoli, se repite el tipo de vínculo establecido con las personas allegadas, todo parte de una idealización de las figuras de amor, las cuales al frustrar y provocar sentimientos agresivos en el delirante, éste los proyectan en otras personas. Sarah Bernhardt fue primeramente idealizada por la joven, una vez colocada en ese lugar se dieron las condiciones necesarias para convertirla en rastreadora. Es por esto que a mis estudiantes de Psicología suelo decirles “cuídense de las idealizaciones”, pues quien te idealiza está viendo más allá de ti mismo y cuando te des-idealiza, la caída al más acá suele ser muy intensa, su frustración narcisista se acompaña de fuertes sentimientos destructivos. En el caso de la psicosis esa frustración se sintomatiza como delirio.

En 1932, el mismo Courbon, pero en esa ocasión en coautoría con Tusques, publicó un trabajo describiendo el Síndrome de intermetamorfosis, que consiste en la convicción delirante de que personas cercanas modifican su aspecto a voluntad intercambiándose por otros. Regularmente el intercambio es entre las mismas personas, así A pasa a ser B, B pasa a ser C y así sucesivamente. Otra manera de expresarlo sería que la Madre se intercambia con la Hermana, la Hermana con el Padre, el Padre con el Abuelo, etc.

El último de los Síndromes de falsa identificación delirante, es el Síndrome de los dobles subjetivos, el cual fue categorizado por el psiquiatra George N. Christodoulou. Este síndrome se caracteriza por la convicción de la persona delirante de que otros se están transformando físicamente en ella. En la literatura, el cine, el teatro, la televisión, las historietas (manga) y la música; se le conoce como el Fenómeno Doppelgänger, es un vocablo alemán utilizado para definir al doble fantasma de una persona viva, proviene de doppel, que significa doble, y gänger, que se traduce como andante. La palabra fue acuñada por Jean Paul, no el autor de estas líneas, sino el escritor alemán de la transición del siglo XVIII al XIX. El término se utiliza para denominar a cualquier doble de una persona. Para ilustrar este fenómeno, contamos con una genial serie de televisión creada por David Lynch y Mark Frost, llamada Twin Peaks. Sobre el mismo tema, pudimos ser espectadores privilegiados en las salas cinematográficas de la obra mayor de Aronofsky: Cisne Negro.

Los avances en las tecnologías médicas han permitido hacer diagnósticos neurológicos más finos. Actualmente contamos con estudios como la resonancia magnética, la tomografía con emisión de positrones o la tomografía computarizada con emisión de fotón único. Estos recursos para el diagnóstico, han permitido detectar lesiones cerebrales  en dos tercios de los pacientes con signos y síntomas de Síndromes de falsa identificación delirante. Se localizan principalmente en el hemisferio derecho, especializado en la integración de la información procedente de los sentidos. Al parecer, el origen del padecimiento es una interrupción en la integración de información entre la corteza parietotemporal derecha (El cerebro está dividido en cuatro lóbulos: frontal, temporal, parietal y occipital. El lóbulo temporal se ubica detrás de la llamada sien y el parietal se encuentra por arriba de éste extendiéndose hasta la mitad superior de la cabeza), el sistema límbico (especializado en el procesamiento de emociones) y algunos ganglios basales. Esta alteración explicaría la falsa identificación, el delirio tendría su causa en un trastorno de la vía dopaminérgica, o lo que es lo mismo, una afectación en la transmisión de un químico cerebral llamado dopamina. Suele ser un trastorno crónico, esto es, tiende a empeorar.

 

Estos síndromes todavía constituyen un misterio para las “ciencias neuro-psi”, pero más allá de la teoría que cada persona considere más pertinente para explicarlos, se debe considerar el sufrimiento de las personas aquejadas por estos delirios, que los mantienen atrapados permanentemente en un cautiverio psíquico. Se han registrado casos de asesinatos asociados a estos padecimientos, motivados por la intensa angustia asociada a las falsas identificaciones.

 

Referencias

Mesa, T. (2008). Síndrome de Frégoli: a propósito de un caso. Alcmeon, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, 14 (4), 24-36.

Sadock, B.J. y Sadock, V. A. (2009). Kaplan & Sadock. Sinopsis de psiquiatría (10ª.ed.).USA: Lippincott Williams and Wilkins.

Serieux, P. y Capgras, J. (2008). Las locuras razonantes: El delirio de interpretación. Madrid: Ergón.

Villaseñor, S. Alonso, F. y Garrabé, J. (Comp.). (2006). La psiquiatría en el siglo XXI: realidad y compromiso. México: Universidad de Guadalajara, Centro universitario de Ciencias de la Salud y Asociación Psiquiátrica de Jalisco.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Psicosis y Salud Mental Sat, 29 Oct 2016 18:29:37 +0000
Malestares cóncavos: derrumbe subjetivo, muerte y vacío http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/153-malestares-concavos-derrumbe-subjetivo-muerte-y-vacio http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/153-malestares-concavos-derrumbe-subjetivo-muerte-y-vacio Malestares cóncavos: derrumbe subjetivo, muerte y vacío

 

“Si hay alguna verdad en lo que he de decir, ya los poetas del mundo se han ocupado de ella; pero los destellos de inteligencia que nos brinda la poesía no nos absuelven de la penosa tarea de ir apartándonos paso a paso de la ignorancia en la dirección de nuestra meta” (Winnicott, 1963/1993, p. 111). Son palabras de Donald Winnicott, un psicoanalista grande, quien no logró una obra tan sólida como la de Jacques Lacan, pero sin lugar a dudas, lo que el francés desbordaba en epistemología, Winnicott lo hacía en talento clínico. De ahí que sus conceptualizaciones sean modestas pero iluminan intensamente el trabajo psicoterapéutico.

 

Juan Pablo Brand Barajas

Con el destello lunar, el terror cayó sobre su rostro, el agrio olor de su madre retornó con toda su inmundicia, arrojado hacia adelante por la nausea, me gritó:

- “¡Eres el demonio, sólo él la traería de vuelta!”

Nos separa un espacio acompasado por sus gemidos y el rasgueo de sus uñas sobre el sillón.

- “Lo que vuelve es la agonía de tu infancia –le dije- Tu demonio es el olvido y tu infierno el hueco dejado por esa nada donde tu madre no fue”.

- “Nunca me amó” – susurró ahogado por su llanto.

- “Nunca te amó, su ausencia te condena a ser tú mismo”

 Fragmento de una sesión psicoanalítica imaginada, Juan Pablo Brand

 

La madre está abajo llorando

Llorando

Llorando

Así la conocí

Una vez, extendido sobre sus rodillas

Como ahora sobre el árbol muerto

Aprendí a hacerla sonreír

A detener sus lágrimas

A deshacer su culpa

A curar su muerte interior

Darle vida era mi vida

 El árbol, Donald Winnicott

 

“Si hay alguna verdad en lo que he de decir, ya los poetas del mundo se han ocupado de ella; pero los destellos de inteligencia que nos brinda la poesía no nos absuelven de la penosa tarea de ir apartándonos paso a paso de la ignorancia en la dirección de nuestra meta” (Winnicott, 1963/1993, p. 111). Son palabras de Donald Winnicott, un psicoanalista grande, quien no logró una obra tan sólida como la de Jacques Lacan, pero sin lugar a dudas, lo que el francés desbordaba en epistemología, Winnicott lo hacía en talento clínico. De ahí que sus conceptualizaciones sean modestas pero iluminan intensamente el trabajo psicoterapéutico.

En el texto citado, el psicoanalista diserta sobre “el miedo al derrumbe”, esa experiencia de colapso de la subjetividad, cuando la locura amenaza con el avance de su sombra, menguando el sosiego, sacudiendo las más primitivas angustias. Fear of Breakdown se titula el escrito, el autor justifica el uso de la palabra Breakdown por lo vago de su significación que incluiría acepciones tan diversas como: quiebre, quebrantamiento, desperfecto, avería, malogro o fracaso.

El miedo al derrumbe describe “ese estado de cosas impensables que están por debajo de la organización de las defensas” (p. 113). Todos los seres humanos construimos un dique para cimentar nuestra psique y soportar los embates del mundo externo, donde habitan los otros. Para Winnicott, somos herederos de procesos de maduración que nos llevan de la dependencia absoluta a la independencia, no son sistemas automáticos, requieren de ambientes facilitadores para que el desarrollo se lleve a cabo de manera óptima, para lo cual se requiere de una “madre suficientemente buena” que sostenga los impulsos del bebé y le permita orientarlos hacia los objetos, el juego, la creatividad y la cultura.

Si la persona que cubre el maternaje ofrece un ambiente saturado de ansiedad y depresión, o se evade del cuidado, el bebé experimenta agonías primitivas, intensas angustias “impensables”, que no permiten la integración subjetiva, dejan la sensación de caída permanente, la disociación psicosomática, la pérdida del sentido de lo real y de la capacidad para relacionarse con otros.

Estas vivencias infantiles son las que le permiten a Winnicott afirmar que el miedo al derrumbe, es un miedo ya experienciado, “miedo a la agonía original que dio lugar a la organización defensiva” (p. 115). 

Para el psicoanalista, la evidencia de los orígenes de este miedo actual debe ser transmitida: “hay momentos en que el paciente necesita que se le diga que el derrumbe, el miedo, el cual está destruyendo su vida, ya tuvo lugar. Es un hecho escondido en el inconsciente, que se lleva de aquí para allá” (p. 115). Estas son realidades constantes en los consultorios psicoanalíticos, por tanto, experiencias propias de lo humano. Las pérdidas, la enfermedad, los desastres, nos golpean amenazando con fragmentarnos. El psicoanalista inglés nos invita a conservar la calma, al recordarnos que el derrumbe ya lo vivimos y que la crisis actual es tan sólo una réplica de lo que ya tuvo lugar.

Otro miedo nacido de las agonías, es el miedo a la muerte: “cuando el miedo a la muerte es un síntoma significativo, la promesa de un más allá no brinda alivio, y la razón de ello es que el paciente busca compulsivamente la muerte. De nuevo, lo que busca es la muerte que ya sucedió pero no fue experienciada” (p. 117). Se refiere a la muerte subjetiva, lo que Georgel Moctezuma (2010) en su libro La familia cero plantea como esa ausencia de deseo en la madre que “deja caer al hijo” en un estado de angustia interminable, una mortificación insoportable y una impotencia aterradora, lo cual deriva en el encadenamiento masoquista del sujeto, que impulsará permanentemente a la persona a buscar la muerte, quizá hasta encontrarla.

Al respecto, Winnicott (1963/1993) recuerda a una paciente esquizofrénica quien solía decirle: “Todo lo que pido es que me ayude a suicidarme por la razón correcta, y no por una razón equivocada” (p. 118). Terminó suicidándose, hecho que llevó al clínico a la siguiente reflexión: “No lo logré y se mató desesperada de hallar una solución. Su propósito (ahora lo veo) era lograr que yo enunciase que ella había muerto en su temprana infancia. Creo sobre esta base, ella y yo habríamos conseguido que ella postergase la muerte del cuerpo hasta que la vejez cobrara su tributo” (p. 118). La paciente había muerto subjetivamente desde la infancia, lo que le pedía a Winnicott eran razones para conservar vivo su cuerpo.

El miedo al vacío completa la triada. Este vacío pertenece al pasado: “Para entender esto es preciso pensar, no en un trauma, sino en que no pasará nada cuando algo provechoso podría haber pasado… A un paciente le es más fácil recordar un trauma, que recordar que nada pasó cuando podría haber pasado” (pp. 118-119). El vacío permite empezar a llenarse, sin embargo, muchas madres y muchos padres, en una codicia subjetiva anclada en su patología, dejan a sus hijos en un estado de privación, expectantes de sucesos y objetos que no cesan de no llegar. Estas vivencias llevan a la persona a sentir “temor ante el carácter atroz de ese vacío, y a manera de defensa organiza un vacío controlado no comiendo o no aprendiendo, o bien la llena cruelmente con una avidez compulsiva que lo hace sentirse loco” (p. 119). Las personas se vuelven incapaces de reconocer la necesidad y la saciedad, así que se niegan a nutrir el cuerpo y el espíritu, para saturarse de drogas, experiencias límite o ciber-cosas, como prótesis que cubren el vacío.

Para Winnicott (1963/1993), la elaboración de estos miedos no se logra por el recuerdo, sino por la actualización de las experiencias infantiles hasta tocar fondo, para desde ahí reconstituirse psíquicamente.

La compresión de estos fenómenos de la subjetividad humana, hacen de Winnicott un precursor de los actuales abordajes de la psicopatología, donde predomina el análisis de lo que denomino malestares cóncavos, esto es, malestares vacíos de significado simbólico, pero susceptibles de ser colmados con la significatividad de vínculos actuales legítimos y espontáneos.

 

Referencias

Moctezuma, G. (2010). La familia cero: Aniquilación familiar y autodestrucción. México: Universidad Intercontinental. México: Universidad Intercontinental.

Winnicott, D.W. (1963/1993). El miedo al derrumbe. En Exploraciones Psicoanalíticas, Vol. 1. [111-121]. Argentina: Paidós.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Conversemos Tue, 20 Sep 2016 00:14:35 +0000
Apego, sexualidad y amor en la separación de los amantes http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/148-apego-sexualidad-y-amor-en-la-separacion-de-los-amantes http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/148-apego-sexualidad-y-amor-en-la-separacion-de-los-amantes Apego, sexualidad y amor en la separación de los amantes

Un día despiertas, observas a quien duerme a tu lado y sientes la certeza de que ya no le amas. En fast track, tu memoria te lleva por un recorrido por los años juntos, el primer encuentro, el enamoramiento, la consolidación, el proyecto común, la formalización de la relación y así hasta ese instante en que sientes una gran opresión en el pecho por todos los sueños que se quedaron en el camino y ya no serán.

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

Un día despiertas, observas a quien duerme a tu lado y sientes la certeza de que ya no le amas. En fast track, tu memoria te lleva por un recorrido por los años juntos, el primer encuentro, el enamoramiento, la consolidación, el proyecto común, la formalización de la relación y así hasta ese instante en que sientes una gran opresión en el pecho por todos los sueños que se quedaron en el camino y ya no serán.

La separación de los amantes es una vieja historia de dolor, amar a una persona implica entregarle las llaves del refugio donde se resguarda nuestra vulnerabilidad, es confiarle la fragilidad de la desnudez y obsequiársela para lograr juntos la fusión de los cuerpos, es exponer las raíces que nos sostienen para favorecer el entrelazamiento de dos subjetividades que van y vienen en un oleaje de arrebato y retirada.

Cuando todo termina, las raíces duelen, se tambalean con la amenaza de romperse y con ellas todo nuestro ser. El vacío de todo lo entregado resuena con los ecos de un pasado que expira poco a poco y el cuerpo tiembla añorando las manos que ya no le recorrerán ni tocarán esos lugares de ascenso al éxtasis.

Así es el final del amor, la locura de la ausencia, el cambio de piel y el renacer de las raíces; de no ser así, comienza la caída, la melancolía acecha devorando las horas y la muerte hace ver el vaho de su cercanía. El final del amor es un lapso sin vida, un limbo que puede atraparnos, el secuestro permanente de la sonrisa. También es el descenso a las fuentes de donde emana nuestra capacidad de amar. Es la oportunidad de recorrer de nuevo el origen de nuestro apego en la primera infancia, nuestro despertar sexual de la adolescencia y el primer enamoramiento, cuando descubrimos que no somos homúnculos atrapados en un cuerpo, sino subjetividades que se co-crean con otros y no tenemos exclusividad sobre nuestros deseos sino que co-deseamos, de otra manera nos perderíamos en el delirio.

La separación de los amantes remueve la tríada que sostiene toda relación estable de pareja: Apego-Sexualidad-Amor. El apego es la huella vincular de cada persona, marcada en la relación con los primeros objetos de amor en el estreno de la vida. Es la base de todo vinculo y por tanto necesario en toda relación, sin embargo, siempre nos empuja por las rutas de las aspiraciones infantiles. Si actuamos solamente desde él, nos quedaremos girando alrededor de la necesidad de seguridad afectiva.

En el transcurso de la adolescencia nos integramos como seres sexuados y de esta manera podemos recibir el cuerpo sexuado de otros sin la amenaza de daño, aunque siempre con precaución por la fragilidad que representa la desnudez. En el encuentro sexual se entrelazan apego y sexualidad, de ahí que pueda ser desde una experiencia de entrega total al placer, sostenida por la confianza en el otro, hasta un evento angustiante donde el otro es percibido como amenazante, representado como un intruso con coartada.

La conclusión de la adolescencia es la antesala del amor adulto, en el que se conjugan el apego, la sexualidad y un proyecto de vida común. Así el amor necesariamente debe orientar a una pareja hacia el crecimiento mutuo, de manera individual y en conjunto. El amor debe transformar y actualizarse al paso de las etapas de la vida. Si esto no sucede, comienza a difuminarse, hasta extinguirse, arrastrando consigo también el deseo por el otro y por tanto la sexualidad, quedando la pareja atada solamente por los hilos del apego.

Muchas parejas permanecen unidos por estos hilos hasta que la muerte las separa, con el costo de su potencial de crecimiento, pagando la seguridad con la falta de amor. Abandonar una relación de apego es quizá la mayor dificultad afectiva para una persona, pero permanecer indefinidamente en ella implica la renuncia al don más grande que nos obsequió natura a los seres humanos, el amor.

El final del amor, tendría que ser la señal del agotamiento de una relación de pareja, pero es ahí donde se bifurcan los caminos, es el momento de la decisión, permanecer en el confort del apego o continuar la búsqueda del crecimiento a través del amor. Decía Octavio Paz que “Amar es combatir”, de ahí dilema, ser combatiente o rendirse ante los miedos infantiles. 

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Conversemos Mon, 15 Aug 2016 02:47:41 +0000
La red de la crueldad se teje entre la obediencia y la indiferencia http://psic.mx/index.php/transiciones/la-violencia-y-sus-multiples-manifestaciones-n-4/item/144-la-red-de-la-crueldad-se-teje-entre-la-obediencia-y-la-indiferencia http://psic.mx/index.php/transiciones/la-violencia-y-sus-multiples-manifestaciones-n-4/item/144-la-red-de-la-crueldad-se-teje-entre-la-obediencia-y-la-indiferencia La red de la crueldad se teje entre la obediencia y la indiferencia

Estos muertos están desinteresados del todo en los vivos: en quienes les han quitado la vida; en los testigos y en nosotros. ¿Por qué habrían de buscar nuestra mirada? ¿Qué podrían decirnos? “Nosotros” – y este “nosotros” es todo aquel que nunca ha vivido nada semejante a lo padecido por ellos – no entendemos. No nos cabe pensarlo. En verdad no podemos imaginar como fue aquello (Sontag, 2004, p. 144).

 

Juan Pablo Brand Barajas


Serás amado el día en que podrás mostrar

tu debilidad sin que el otro se sirva de esto

 para afirmar su fuerza.

Cesare Pavese

 

Estos muertos están desinteresados del todo en los vivos: en quienes les han quitado la vida; en los testigos y en nosotros. ¿Por qué habrían de buscar nuestra mirada? ¿Qué podrían decirnos? “Nosotros” – y este “nosotros” es todo aquel que nunca ha vivido nada semejante a lo padecido por ellos – no entendemos. No nos cabe pensarlo. En verdad no podemos imaginar como fue aquello (Sontag, 2004, p. 144).

Escribo acompañado de las notas de Spiegel im Spiegel (Espejo en el Espejo) de Arvo Pärt, su tempo me obsequia la serenidad necesaria para redactar estas líneas tras el banquete atroz de letras e imágenes deglutido para preparar este artículo. La referencia a un festín no es fortuita, tiene la clara intención de remitir a la raíz etimológica de la palabra crueldad, la cual emana del concepto crudo, adjetivo de lo que sangra, de lo que se recrea en la sangre. Emerjo con manifestaciones de hematofobia, indigesto de la incomprensión suscitada por la exposición al sufrimiento extremo descrita por Susan Sontag (2004) en la cita que da apertura al texto y que es un fragmento de su inquietante libro Ante el dolor de los demás. Para esta autora, solamente tienen derecho a ver imágenes representando el dolor de otros quienes puedan aliviar el malestar o pueden aprender algo de dichas representaciones, agrega “los demás somos voyeurs, tengamos o no la intención de serlo”. Por tanto, mi esperanza es que al concluir la lectura del presente, la lectora o el lector, encuentren una expresión de alivio o aprendizaje en mi escritura, de otra manera, seré un voyeur más, un espectador que ante imágenes de la crueldad experimenta placer, ya sea por la  fascinación por lo que sangra o por la tranquilidad nacida del pensamiento “que bueno que no soy yo”. 

Una de las imágenes mas estremecedoras resguardadas en mi memoria, es la fotografía capturada por Huynh Cong Ut, mejor conocido por Nick Ut, el 8 de junio de 1972 en una carretera de Vietnam, donde aparecen dos niñas y tres niños escoltados por soldados, en primer plano encontramos a un niño llorando con una profunda expresión de dolor pero donde parece predominar el miedo, atrás de él camina desnuda y con los brazos extendidos una niña llorando lanzando un escalofriante grito de dolor. Hoy sabemos que esa niña es Kim Phuc, quien a sus nueve años habitaba en la población de Trang Bang, ocupada por los norvietnamitas y sobre la cual los survietnamitas lanzaron una bomba de napalm, químico que cubrió el cuerpo de la niña. El napalm es una gasolina gelatinosa altamente inflamable y arde lentamente, lo que Kim gritaba al momento en que fue fotografiada era Nóng quá, nóng quá, que significa Muy caliente, muy caliente. Su piel en carne viva por los efectos de la combustión del napalm le provocaba los dolores más intensos, un dolor que solamente quienes han sufrido quemaduras graves pueden dimensionar. Tras registrar la escena, Nick Ut la llevó a un hospital donde permaneció catorce meses y le fueron realizadas diecisiete cirugías de injerto de piel.

            La guerra de Vietnam marcó un hito en la historia del periodismo, en adelante, las fotografías han sido el principal estímulo en diarios y revistas y las filmaciones en la televisión. Internet ha dinamizado los fenómenos virales de las noticias, el hipertexto permite la combinación de recursos para atraer a diferentes públicos: predominantemente gráficos, predominantemente lectores, predominantemente auditivos, en fin, para todos los estilos cognitivos. Este imaginem maremagnum, impregna nuestra cotidianidad a tal grado que perdemos consciencia de los estímulos recibidos. En medio de este aluvión visual resulta excepcional la noche en que podamos afirmar que durante el día no fuimos testigos de una imagen de crueldad, particularmente en el caso de México, donde la crueldad se ha extendido como hiedra por todas las regiones y comunidades. El cuerpo humano ha perdido su dignidad para convertirse en carnada para atraer la atención de los adversarios, los reporteros, los gobiernos y los ciudadanos. Susan Sontag considera que el atractivo de las imágenes de crueldad puede tener su origen en el miedo, es como una vacuna, ver representados nuestros temores más angustiantes para inmunizarnos, para liberar a las imágenes de crueldad de cualquier envoltorio afectivo, para dejarlas estáticas en su origen con el consuelo de que corresponden a otro lugar y a otras personas. La autora plantea que en la actualidad la memoria toma un lugar preponderante sobre la reflexión, de ahí que en las conversaciones, la protagonista es la descripción, dependiente de la memoria, dejando en papel secundario a la pregunta y la crítica, emanadas de la reflexión. Relatamos sin plantear cuestionamientos sobre los responsables, la inevitabilidad o no de los hechos, la pertinencia de hacer algo al respecto, es decir, salir de la fascinación que nos distancia de lo representando en las imágenes, para reflexionar sobre las manifestaciones de la condición humana que se han expresado en los actos registrados en fotografías o filmaciones, las cuales pueden repetirse en cualquier país, comunidad o familia.

Cabezas cercenadas, mutilaciones, cuerpos desmembrados, acribillados o diluidos en ácido; excesos de violencia que trascienden el simple asesinato, no basta con quitar la vida, hay que transgredir para exhibir la deshumanización, mostrar la sequía moral y por tanto los alcances de los verdugos, aquellos que, como dice Lévinas, han borrado su rostro y borran el de sus víctimas, liberándose de todo mandato de amor para apelar exclusivamente a la violencia. Para Ana Berezin (2003) lo que la crueldad destruye es lo humano del otro, el otro es objeto de la crueldad no por su diferencia sino por su semejanza, el cruel, al no tolerar la propia humanidad, la cual conlleva vulnerabilidad, indefensión y desamparo; niega su humanidad al colocarse como amo del cuerpo del otro, jugando con él para marcar su distinción, su categoría de ser superior. La diferencia no crea la crueldad, sino la crueldad crea una diferencia radical.

Todos estamos en posibilidad de ser arrastrados por la negación de la condición humana y por tanto a la crueldad, de ahí que Sontag proponga que se puede aprender de las imágenes del dolor ajeno, sólo podemos evitar la crueldad cuando reconocemos nuestro propio potencial destructivo.  El filósofo checo Jan Patocka (citado en Anne Dufourmantelle, 2000), en su libro Ensayos heréticos encontró en el “totalitarismo del saber diurno”, la crisis del mundo moderno y la decadencia de Europa. ¿A qué se refería con esto?, Anne Dufourmantelle lo explica con claridad:

Razonar a partir de los valores del día es estar animado por la voluntad de definir y subyugar lo real a los solos fines de un saber cuantificable subordinado a los valores de la técnica. Separando lo oscuro de la claridad, sufriremos sus estragos, predecía Patocka, mientras que por el contrario, habría que dirigir nuestra mirada hasta el umbral de esa oscuridad. Descifrar la claridad en su común pertenencia a la noche (p. 42 - 44).

 Sobre las raíces de la crueldad sólo se puede hablar desde la noche del ser, es un tema que se escapa en cuanto sale a la luz de la razón diurna, es misteriosa evidencia, es el acompañante permanente de la humanidad que se disuelve en cuanto se le pretende comprender. Pero en última instancia, la crueldad se expresa en actos y su acción es la prueba misma de que es una manifestación de la voluntad. Por tanto, resulta riesgoso justificar los actos crueles como impulsos emanados de la subjetividad profunda del ejecutante, si algo hay en las acciones crueles es conciencia, se puede matar a alguien de manera accidental, pero la crueldad requiere un proceso, implica detenerse para ir más allá de la defensa y el ataque. Al ser un acto conciente, la indiferencia  ante su ejecución nos convierte en encubridores del o los crueles. Como dice Antonio Gramsci (2011, p. 19), la indiferencia: 

 

  • “Es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida”.
  • “Es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador, es la materia inerte en la que a menudo se ahogan los entusiasmos más brillantes, es el pantano que rodea a la vieja ciudad y la defiende mejor que la muralla más sólida, mejor que las corazas de sus guerreros, que se traga a los asaltantes en su remolino de lodo, los diezma y los amilana, y en ocasiones los hace desistir de cualquier empresa heroica”.
  • “Es la fatalidad, aquello con lo que no se puede contar, lo que altera los programas, lo que trastorna los planes mejor elaborados, es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la estrangula”.

 

La indiferencia es colocarse en la posición de la “no vida”, es vacío devorando la inteligencia, en el caso de la crueldad, conlleva complicidad, es negarse a tomar posición, pero esta negación es por sí misma una posición.

En el capítulo XVII de su libro El príncipe, titulado De crudelitate et pietate; et an sit melius amari quam timeri, vel e contra [De la crueldad y la clemencia, y si es mejor ser amado que temido o viceversa], Nicolás Maquiavelo (1513/1998) plantea lo siguiente: 

Un príncipe no se debe preocupar por la mala fama de cruel, a fin de mantener a sus súbditos unidos y leales. Porque con algunos castigos ejemplares, será más clemente que aquéllos guiados por excesiva clemencia y que permiten la continuidad de los desórdenes, de los que nacen muertes y rapiñas; además, estas últimas suelen ofender a toda la sociedad, mientras las ejecuciones ordenadas por el príncipe sólo ofenden a un particular (p.119).

Continúa su argumentación, enfatizando que el príncipe debe evitar que sus acciones de crueldad deriven en el odio de sus vasallos. Para Maquiavelo, ser amado y temido al mismo tiempo sería lo deseable, pero aceptando la dificultad de que esto se logre, considera que es mejor ser temido, porque “los hombres aman según su voluntad y temen según la voluntad del príncipe, un príncipe prudente debe apoyarse en lo que es suyo y no en lo que es de otros” (p. 121).

Estos planteamientos de Maquiavelo han inspirado a infinidad de gobernantes desde hace cinco siglos y probablemente su contundencia haga cabecear afirmativamente a muchos. El riesgo de estos argumentos es la legitimación de la crueldad como medio para favorecer “la unidad y la lealtad”, sostener el bienestar común en el dolor de algunos. Con la crueldad no puede existir el “más o menos”, si no la combatimos, la denunciamos o la rechazamos estamos en peligro de coludirnos con ella.

En 1963 Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, publicó el artículo Behavioral Study of Obedience [Estudio conductual de la obediencia]. Su investigación se inspiró en el juicio a Adolf Eichmann, el miembro del partido nazi a quien se le atribuye la orquestación de la solución final  y que fue juzgado y sentenciado a muerte en 1961. Milgram partió de la pregunta ¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes? Recurriendo a un experimento con evidentes fallas metódicas y éticamente cuestionable, Milgram comprobó que al menos el 65% de los participantes en su proyecto quebrantaron sus principios morales bajo los imperativos de la autoridad, accedieron a causar profundo dolor a otro ser humano impulsados por la obediencia. El restante 35% no se negó a causar un malestar medio. Es decir, la totalidad de los participantes colocó los mandatos de la autoridad por encima de sus bases morales. Al analizar la investigación de Milgram en su libro Modernidad y Holocausto, Zygmunt Bauman (2006) afirma: “La noticia más aterradora que produjo el Holocausto, y lo que sabemos de los que lo llevaron a cabo, no fue la probabilidad de que nos pudieran hacer ‘esto’, sino la idea de que también nosotros podíamos hacerlo” (p. 181). Páginas adelante agrega: “En resumidas cuentas, Milgram sugirió y demostró que la inhumani­dad tiene que ver con las relaciones sociales. Como estas últimas están racio­nalizadas y técnicamente perfeccionadas, también lo está la capacidad y efi­ciencia de la producción social de inhumanidad” (p. 184).

La historia de la humanidad nos ha mostrado recurrentemente, cómo los actos de crueldad más estremecedores se han dado bajo el amparo de autoridades legitimas. El imperativo de resguardar la “unidad y lealtad” ha sido obedecido por millones de seres humanos que han cometido incontables actos de crueldad siguiendo los lineamientos de lo que se considera políticamente correcto. El agravio sentido por muchos, ante los resultados obtenidos por Stanley Milgram, quizá no sea por lo cuestionable de su investigación (en realidad “las víctimas” eran colaboradores de Milgram y en ningún momento sintieron dolor, todo era simulado), sino porque dio sustento a una premisa que ha probado su veracidad al paso de los siglos: actuar éticamente implica, en muchas ocasiones, actuar con desobediencia. Esta verdad escandaliza a los paladines del orden, de la “unidad y la lealtad”, pero es quizá el principio básico para conservar nuestra humanidad, no ser indiferentes y evitar la crueldad.

 

Referencias

Bauman, Z. (2006). Modernidad y Holocausto. Madrid: Sequitur.

Berezin, A. (2003). Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Buenos Aires: Paidós.

Gramsci, A. (2011). Odio a los indiferentes. Madrid: Ariel

Lèvinas, E. (1993). Entre nosotros. Ensayos para pensar al otro. Valencia:      Pre-Textos: Valencia

Maquiavelo, N. (1513/1998). El príncipe. México: Gandhi Ediciones.

Pärt, A. (Compositor) (1978). Spiegel im Spiegel [Pieza musical]. Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=RYypmgIYOVQ&feature=fvst

Sontag, S. (2004). Ante el dolor de los demás. Madrid: Punto de lectura.

 

Ut, N. (1972). Fotografía sin título. Disponible en: http://digitaljournalist.org/issue0008/ng7.htm

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) La violencia y sus múltiples manifestaciones Fri, 15 Jul 2016 01:45:14 +0000
¿Por qué todo ser excepcional es melancólico? http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/137-por-que-todo-ser-excepcional-es-melancolico http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/137-por-que-todo-ser-excepcional-es-melancolico ¿Por qué todo ser excepcional es melancólico?

Se dice (Klibansky, Panofsky y Saxl, 1991) que la melancolía tiene tres cabezas: un temperamento, una enfermedad y la característica del genio.

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

Se dice (Klibansky, Panofsky y Saxl, 1991) que la melancolía tiene tres cabezas: un temperamento, una enfermedad y la característica del genio.

 

“Temperamentum” es  la medida de una persona. El ser con temperamento melancólico es agitado permanentemente por fuerzas de contraste, la bilis negra lo muerde empujándolo a calmar su dolor a través de los placeres. Urgido de sosiego para su cuerpo e intolerante a la vida fría y sobria, actúa bajo el imperativo de la diversión, es inasible pues si se detiene, los segundos lo carcomen. El melancólico ríe y en su jolgorio es señalado como loco por “los normales”, es Demócrito carcajeándose de la seriedad de los ignorantes, quienes incapaces del éx-tasis (“estar fuera de sí”) quedan encerrados en sí mismos temerosos de perder su identidad. Al melancólico se le revela el destino a través de la trama trágica de la peripecia (“inversión de las cosas en sentido contrario”), la anagnórisis (“cambio de ignorancia a conocimiento”) y la pasión (“acción que hace sufrir o morir”). Sólo la risa le permite sobrevivir a esta clarividencia, la cual le ha mostrado la miseria del ser humano impotente ante el cosmos y ridículo frente a sí mismo (Pigeaud, 2007).

Cuando en su trayecto trágico el melancólico se arroja exclusivamente al pathos, sufre una metamorfosis a ser patético, es el doliente aferrado a un objeto muerto o desaparecido al cual invoca compulsivamente. Es cuando cesa el juego de ser otro para mimetizarse con eso otro, es cuando  deja de ser metáfora para convertirse en cosa entregada totalmente a la voracidad del tiempo y por tanto a la muerte.

Frente a la tercera cabeza de la melancolía Jackie Pigeaud se pregunta: “¿cómo la inconstancia, cómo la variabilidad, cómo los avatares del melancólico pueden explicar el esplendor, la creatividad, el genio…?” Cuestión que le inspira el Problema treinta atribuido a Aristóteles, pero más cercano a las ideas de su discípulo Teofrasto: “¿por qué todo ser excepcional es melancólico?”.

Para los griegos antiguos, crear era imitar, por tanto la creatividad “es una irreprimible incitación a convertirse  en otra persona, a convertirse en todos los demás”. Aristóteles consideraba que el arte poética (crear) era un don exclusivo de los dotados por naturaleza o de los locos. Los primeros capaces de moldearse a sí mismos hasta hacerse otro (personaje), lo otros proyectándose  fuera de sí mismos pudiendo adoptar todos los posicionamientos humanos. La frontera entre el dotado y el loco es borrosa, su raíz es la misma: la melancolía; su única diferencia: el grado de melancolía.

El cristianismo sujetó la melancolía al pecado, denegando el pensamiento socrático, el cual sostenía cuatro delirios divinos de los cuales emanan la inspiración profética (Apolo), la inspiración mística (Dionisio), la inspiración poética (Las musas) y la inspiración erótica (Afrodita y Eros).  Agrupando melancolía con la acedia (negligencia), los cristianos la condenaron como vicio. Evagrio Póntico afirmaba: “La tristeza es un gusano del corazón y se come a la madre que lo ha generado” y “No basta una sola mujer para satisfacer al voluptuoso y no basta una sola celda para el acedioso”.

Con su Grabado “Melencolia I”, Durero hace retornar a la melancolía al terreno de las fuerzas impulsoras de la creación humana. Junto con muchos otros, renovará el pensamiento clásico para cimentar los pilares de la modernidad, la cual recluirá al ser humano en la razón, sofocando las llamaradas de la pasión e inaugurando la era del tedio, donde se combate la locura y el misterio como síntomas de la sinrazón.

Será Schopenhauer quien delatará los excesos de los ilustrados, afirmando que “el hombre común delira, equivoca constantemente el objeto de su deseo, mientras que el genio melancólico responde siempre a una revelación que perseguir” (Hubard, 1993). Tras él, llegan Freud y Heidegger, el primero delineando el duelo y la melancolía, el segundo invitando a invertir el proceso faústico, al transitar del tedio a la melancolía. Para el filósofo, el aburrimiento es la angustia que precede a la pregunta por el ser y sólo a partir de esta pregunta procede la cura del ser, atravesando necesariamente por la melancolía, la cual es incurable. Quien se ha hecho consciente de su ser para la muerte, sólo puede habitar en el mundo saciando parcialmente su hambre ontológica y este apetito sólo se satisface viviendo poéticamente, creando instantes poéticos, musicales, plásticos, eróticos, en fin, creando para ensanchar el tiempo. Julio Hubard nos dice: “Negar la zona oscura donde irrumpe la melancolía o donde surge la locura, quererla extirpar es efectuar el paso de Fausto y, ante tal perspectiva, solamente quedaría, como ha dicho Cioran, sentarse a administrar el tedio”. Este maravilloso fragmento de verdad es la respuesta al Problema aristotélico, todos los seres excepcionales (entendidos como creadores) son melancólicos, porque solamente quien se ha permitido transitar del tedio a la tristeza, mirando de frente la fragilidad de la cordura y la existencia, puede sentir un impulso legítimo a crear. En un tiempo donde pululan los llamados “creativos” resulta necesario preguntarse sobre el origen de sus “obras”, las cuales suelen emanar no de una creación de un otro, sino de una re-creación de sí mismos y de sus percepciones del mundo. Su don, si así se le puede llamar, no es el de la creación, no es poético. Son ordenadores de signos, administradores del tedio, cuyos productos tan solo inspiran a consumir realidad, obstruyendo las vías del “éx-tasis”, negando a como de lugar la melancolía, cuya presencia es un peligro para toda pretensión de hegemonía.

 

Referencias

Klibansky, R., Panofsky, E. y Saxl, F. (1991). Saturno y la melancolía. Madrid: Alianza.

Pigeaud, J. (2007). Prólogo. En Aristóteles. El hombre de genio y la melancolía (problema XXX) [9-76]. Barcelona: Acantilado.

 

Hubard, J. (1993). Prólogo. En Aristóteles e Hipócrates. De la melancolía [7-52]. México: Vuelta.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Conversemos Fri, 17 Jun 2016 02:09:34 +0000
Miradas borrosas, destinos inciertos http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/131-miradas-borrosas-destinos-inciertos http://psic.mx/index.php/transiciones/el-sufrimiento-humano-n-6/item/131-miradas-borrosas-destinos-inciertos Miradas borrosas, destinos inciertos

El  término “borroso” se ha insertado en el campo de la ciencia desde que Lofti A. Zadeh publicó en 1965 un artículo titulado "Fuzzy Sets" (Conjuntos Difusos). La definición de “Lógica borrosa” ha sido bien recibida por los científicos afines al paradigma de la complejidad, sobre todo porque da nombre a la calidad de la observación que se hace de fenómenos complicados. Frente a los avances de la genética, la nanotecnología o las neurociencias, resulta difícil sostener una lógica que se limite a determinar si un enunciado es verdadero o falso. La física cuántica ha mostrado que los límites son borrosos hasta en la relación sujeto-objeto, pues la presencia simultánea de ambos modifica su propia dinámica energética.

 

Juan Pablo Brand Barajas

 

El  término “borroso” se ha insertado en el campo de la ciencia desde que Lofti A. Zadeh publicó en 1965 un artículo titulado "Fuzzy Sets" (Conjuntos Difusos). La definición de “Lógica borrosa” ha sido bien recibida por los científicos afines al paradigma de la complejidad, sobre todo porque da nombre a la calidad de la observación que se hace de fenómenos complicados. Frente a los avances de la genética, la nanotecnología o las neurociencias, resulta difícil sostener una lógica que se limite a determinar si un enunciado es verdadero o falso. La física cuántica ha mostrado que los límites son borrosos hasta en la relación sujeto-objeto, pues la presencia simultánea de ambos modifica su propia dinámica energética.

Si bien, con respecto al campo de la ciencia, no puedo más que expresar mi convicción sobre la necesidad de una epistemología que atienda a lo incierto, me parece que esta misma lógica llevada al campo de las relaciones humanas podría tener consecuencias que merecen ser discutidas.

Pensemos en un observador que frente a los objetos de estudio conserva una mesurada posición borrosa, esto es, no pretende determinar la veracidad o falsedad de los argumentos que se han emitido respecto a dichos objetos, sino asumir que el lugar desde donde mira ha sido prediseñado por un gran grupo de arquitectos epistemológicos y que le está vedado tener un acercamiento “directo con el objeto”. Lo anterior sólo podría ser cuestionado por un acérrimo defensor del positivismo.

Pensemos ahora en una madre que frente a su bebé asumiera una posición similar a la antes descrita. Que mirara a su bebé sin experimentar ninguna certeza frente a ese proyecto humano que es su bebé, observándolo con una mirada  enturbiada por un deseo borroso.

“El ser es el comienzo de todo, sin el cual el hacer y el ser objeto de carecen de significado”, afirma Winnicott (1990, p. 30). El ser, marca el tiempo inaugural de la subjetividad, es el antecedente ineludible del “yo soy”, pues sólo siendo se puede ser junto a otro y sólo siendo junto a otro,  se puede ser “yo”.  

Desde la óptica del teórico de la transicionalidad, en un principio, para el bebé sólo existe el bebé y, por tanto, la madre es parte de él. Es el estado presubjetivo, donde, según Green (2000, citado en Levin de Said, 2004, p. 34), la pulsión implica en sí misma la potencialidad de sujeto. Así, la pulsión es la condición básica del ser humano, pero en sí misma es energía difusa presta a una incesante descarga sin objeto. Potencialidad sin entorno es igual a nada y la condición básica para que un entorno sea fuente de objetos es, desde la perspectiva winnicottiana, que tenga cierta monotonía, continuidad y permanencia. Es posible que la sola mención de dichas palabras haga bostezar a infinidad de personas en nuestra sociedad, puesto que actualmente pensamos en términos de cambio, incertidumbre, flexibilidad, novedad; desacreditando ideas relacionadas a estabilidad, predictibilidad, rigidez y tradición.

Para Winnicott, la función maternal se hace presente en el deseo de la madre por verse necesitada por su bebé, ¿Qué sucede si frente a esa solicitud la madre más que sentir deseo, experimenta angustia? ¿Cuál es la consecuencia de que una madre se sienta como alacena en tiempos de carestía, donde cada alimento extraído acerca lentamente al vacío y la desgracia? ¿Cómo será el devenir de un bebé que frente a su demanda de monotonía, continuidad y permanencia; se encuentra a una madre deseando variedad, discontinuidad y ausencia? ¿Cómo transitará del ser al yo soy, si entre su mirada y la del otro se interpone un cristal empañado por la ansiedad, la indiferencia y la insatisfacción?

Un recién nacido tiene un potencial creativo, que sólo cobrará forma en la relación con otro. Para “ser”, afirma Levin de Said (2004), “el otro, el sujeto-objeto tiene que poseer condiciones que lo habiliten como tal: se llega a ‘ser’ no sólo con otro que ame y libidinice, sino con otro que sea también portador de una ley, de normas que le permitan compartir la realidad objetiva y moverse en ella a partir de la responsabilidad y el compromiso, que son una legalidad, una mediación” (p. 35).

La función materna es la vía regia para el tránsito de la necesidad al deseo. Cual Virgilio en la Divina Comedia, la madre toma a su pequeño Dante de la mano y le muestra los posibles destinos de la pulsión. En este trayecto el yo es la madre y el bebé es un ser impulsado por la necesidad. El recorrido por los círculos ascendentes y descendentes representa la oferta que la madre puede hacer a su hijo. En cada madre cohabitan el cielo, el purgatorio y el infierno; la diferencia estará dada en el reconocimiento que ella misma haga de estos y su espectro deseante.

Una madre necesitada, posiblemente lleve a su Dante a los infiernos y ante la siniestra visión le pida a su bebé que la libere de sus dolorosos tormentos. Es posible que una madre ansiosa y culposa, realice una visita al purgatorio y le muestre a su neonato las deudas acumuladas en la familia generación tras generación, las cuales deben ser expiadas por él, por sus hijos y por los hijos de sus hijos. Hablar de un paraíso, puede parecer ingenuo, pero no hablar del mismo sería negar las maravillosas riquezas heredadas por la cultura. Como sucede en la Divina Comedia, donde Virgilio no acompaña a Dante al paraíso, la madre tendría que mostrarle a su pequeño la herencia de la humanidad pero no determinar sus elecciones sobre cuáles frutos recogerá para sí mismo. Desde mi perspectiva, una madre suficientemente buena será aquella que arrulle a su bebé con un canto que lo impregne con las esencias simbólicas de sus ancestros, mirando con claridad su yo potencial, a pesar de su frágil condición y su incesante demanda de satisfacción.

Pero una madre no surge espontáneamente, cuando se convierte en Virgilio ya fue Dante, por tanto la ruta que emprenda con su bebé estará marcada necesariamente por su recorrido inicial, así como de la riqueza o carencia simbólica que su entorno le halla ofrecido para orientar sus pulsiones, la calidad de su vinculación y el nivel de anclaje en  la necesidad.

 En su libro Sobre la certeza, Ludwig Wittgenstein (1998) expresa en dos frases maravillosas que sintetizan lo referido líneas arriba:

  • 144. El niño aprende a creer en muchas cosas. Esto es, aprende, por ejemplo, a actuar de acuerdo con estas creencias poco a poco, se forma un sistema con las cosas que cree y, en tal sistema, algunos elementos se mantienen inmutables y firmes, mientras otros son más o menos móviles. Lo que se mantiene firme lo hace, no porque intrínsecamente sea obvio o convincente, sino porque se sostiene en lo que lo rodea.
  • 160. El niño aprende al creer al adulto. La duda viene después de tal creencia.

Así, sólo quien ha creído en los adultos que le cuidaban, puede después dudar, cuestionar su entorno y su ser, para después transformarse. Si el ejercicio de la duda no es precedido por bases firmes e inmutables, como afirma Wittgenstein, el proceso se verá mermado por la desconfianza y la angustia. De ahí mi conclusión: Quien ha sido mirado de manera borrosa en sus primeros años de vida, la experiencia subjetiva de sí mismo estará signada por lo incierto.

 

Referencias

Alighieri, D. (1986). La Divina Comedia. Barcelona: Océano.

Levin de Said, A.D. (2004). El sostén del ser. Las contribuciones de Donald W.

Winnicott y Piera Aulagnier. Argentina: Paidós.

Winnicott, D.W. (1990). Los bebés y sus madres. México: Paidós. 

 

Wittgenstein, L. (1998). Sobre la certeza. Barcelona: Gedisa.

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juanpablobrand@psic.mx (Juan Pablo Brand Barajas) Conversemos Sun, 15 May 2016 13:35:06 +0000