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Apuntes sobre el delirio

Apuntes sobre el delirio

 

Juan Alberto Sanen Luna 

“El problema del delirio constituye

el tema central de la psicopatología”

Henry Ey

Es menester de los clínicos retornar a la tradición clásica de su campo, a saber, retornar a construcciones que den cuenta tanto del “cómo” (Janet) y del “por qué” (Freud), considerando que un estudio psicopatológico riguroso sólo puede darse al abandonar el romanticismo y endulzamiento, así como también la simplificación radical de los sistemas empírico-positivistas que en la actualidad apremian en los diversos campos formativos.

En referencia a su etimología, el vocablo “delirare” procede del latín que significa “salir del surco”, es decir, abandonar el surco-curso de pensamiento que se ha trazado previamente. Como vemos no es propiamente un problema referente tanto a la normalidad como a la constancia y la transformación de un sujeto para consigo mismo y de allí para quienes le circundan.

Aproximarnos al delirio lleva por tanto a considerar que “en tanto que alteración de la realidad, supone una perturbación de toda la dinámica de las relaciones del Yo y el Mundo” (Ey, 1998, p. 76) y cuya función está determinada por los procesos inconscientes que subyacen a la organización de dicho estado.

En este sentido, los delirios atañen a dos condiciones que son indicadas por Saussure, “el orden de las estructuras sincrónicas del ser consiente (el campo de la conciencia como actualidad de la vivencia con su experiencia de la realidad) y el orden diacrónico del Ser consciente de sí mismo (la persona identificándose como autor de su propia persona)” (Garrabe, 1998, p. 29). Por tanto, la descripción profunda y la búsqueda del origen organizacional es tarea compleja.

Referente a las estructuras sincrónicas nos lleva a pensar en los delirios no sistematizados, que se imponen como respuesta inmediata ante el apremio de la vida y que es factible ubicar en estructuras clínicas correspondientes a lo que se denominaba histerias crepusculares, psicosis histéricas, cuadros psicóticos transitorios, etcétera. Aquellos cuya profundidad del delirio no ha llevado a una reformulación paulatina y de gran calado, cuya aparición es súbita, regularmente disparada por los acontecimientos previos o de impacto traumático. Su presentación es recurrentemente mal organizada y en su transmisión discursiva los sujetos no pueden hacer una revisión anterógrada de aquello que pudiera ser ubicable como ideas extravagantes o fantasías perennes, desde tiempos muy tempranos en su desarrollo psíquico y cronológico. Hablamos de pensamientos que paulatinamente imponen una significación subjetiva al sujeto, lo cual da por resultado un verdadero estado delirante.

Para establecer que se trata de una cuestión delirante, los criterios de verdadero o falso no terminan por apuntalar una diagnosis adecuada, por ello los clínicos desde tiempo atrás consideran los caracteres independientes: “la especificidad de la evolución, la presencia de un automatismo mental… y la fuerza de convicción” (Maleval, 1998, p. 20). En otras palabras, el contenido funciona para abordar el campo significante, mas no para determinar que se trate de un delirio. Es acertado como Colette Soler lo caracteriza en tanto “proceso de significantización mediante el cual el sujeto consigue elaborar y fijar una forma de goce aceptable para él” (Maleval, 1998, p. 22)

Sin embargo, a esta “elaboración” le precede un instante de fragmentación, quiebre, la aparición de un acontecimiento que con su potencia conduce al sujeto a la deriva inicial. Lo anterior es posible ubicarlo al leer con cuidado la propuesta de Bleuler, observamos que asienta su propuesta en la existencia de una “Zerspaltung” primordial, que consiste en una desagregación de las cadenas asociativas. Impresionaría así que la respuesta se ubica en un segundo instante en cuanto al florecimiento de la psicosis de carácter delirante.

El proceso de sistematización puede ser observado al revisar la marcha regular de la propuesta de Magnan:

“Primer periodo, llamado de incubación y de inquietud… donde el sujeto comienza a interpretar ciertos hechos que adquieren un significado personal…

Segundo periodo, llamado de persecución sistematización…. El delirio acaba de estereotiparse: entonces aparecen neologismos que crea el paciente…

Tercer periodo, llamado de grandeza. Las ideas de grandeza aparecen ya por deducción lógica…

Cuarto periodo: llamado de demencia. La memoria se debilita, la actividad intelectual se hunde. El enfermo se vuelve indiferente a quienes le rodean…” (Maleval, 1998, p. 23)

Si bien es fácil caer en la tentación de abanderar un punto radical en cuanto al inicio y la importancia de aquello que alimenta el delirio, con el trabajo de Freud referente a las “series complementarias”, es fácil ubicar que esta desagregación sólo es posible por vía de un des-anudamiento de eslabón. Por tanto, no hay primacía sino simultaneidad. Quizá por ello la imposición casi inmediata de aquello que paulatinamente se ha ido fraguando.

Como señala Freud, la lógica delirante responde a una organización paulatina interna que termina por establecer una pérdida de realidad, mas no las destitución de la misma. Se trata de una transformación y no de un rompimiento, de allí que no sea un quiebre en el lazo social pues cada delirio guarda referencia con los otros.

En cuanto al sentido, debemos considerarlo desde la subjetividad del sujeto delirante, no se trata tanto de una orientación en la vida como de una manera de establecer un punto de fijación con el cual la vida se hace en cierta medida transitable, dice Soler “fijación tolerable de goce”, por lo cual podemos inferir que es menos displacentero que el acontecer por fuera de él. Como lo indica Freud, su función es la de un parche; se coloca por encima del agujero de la realidad y en virtud de ello logra mantener cierta continuidad en el tejido psíquico.

Sin embargo, la continuidad no es un sentido en sí y, por si fuera poco, nada nos dice de los diversos modos del delirar o “con qué delirar” y referente a las fases tampoco nos permite ubicar una característica particular. Por lo anterior, debemos recurrir a otros aportes teóricos

En el caso de la paranoia es posible ubicar la operación que el delirio lleva a cabo, situándose en el lugar de la realidad. En algún instante esto fue llamado por Lacan como “metáfora delirante”. Recordemos que la metáfora plantea colocarse en la realidad y dar cuenta de la misma sin alcanzar a hacerlo en su totalidad. Por tanto, no es una huida o un desenganche e incluso, cuando se ha establecido un entramado arquitectónico afianzado, se torna la realidad en sí. Cabe destacar entonces aquí: las locuras razonantes, erotomanías, celotipias, etcétera.

En aquellas situaciones que denominamos “maniacas” lo que tenemos es un movimiento de deriva, es decir una metonimia incesante, allí las “palabras no permiten una metaforización… brotando sin parar, sin pausa posible” (Castanet, 2003, p. 36), tal como lo observamos en: reacciones inespecíficas de duelo con características maniatiformes, exaltaciones transitorias y por qué no, en ciertos eventos que las histerias crepusculares revelan.

En los delirios melancólicos podemos ubicar una “suplencia inter-critica” (Castanet, 2003, p. 39), es decir, una sobre-identificación con el objeto, con el sentido de eliminar el borramiento y saturar el vacío. De allí que la sombra del objeto ocupe el lugar del Yo, ahora se resiste el sujeto a la pérdida de un fragmento de si, algo de uno mismo se ha perdido irremediablemente. Quizás podamos incluir (un tanto forzadamente) el síndrome de negación, las psicosis posparto y otras psicosis y manifestaciones psicóticas en este punto.

Ahora bien, en aquello denominado esquizofrenia, dependiendo del sub-tipo, ubicamos una fragmentación del yo, a saber un retorno libidinal a instantes en que la configuración imaginaria no ha cristalizado. El alcance de dicha regresión apuntala el tipo y el desenganche agudo. Sin embargo la constante referencia a lo corporal, de allí que se denominara “lenguaje de órgano”, nos permite observar dicha fragmentación, sobre todo en cuadros paranoides y catatónicos.

Apuntar algunas cuestiones sobre los delirios en manera alguna limitan sus posibilidades de estudio y por el contrario, deberían servir para renovar en el clínico el encuentro con los delirios, pero especialmente con los delirantes.

 

Referencias

Castanet, H. (2003). Enganches, desenganches, reenganches. En J-A Miller (Comp.). La psicosis ordinaria. Paidós: Argentina

Freud, S. (1924/2001a). Neurosis y psicosis. En Obras completas Vol. 19 [151-160]. Amorrortu: Argentina.

Freud, S. (1924/2001b). La pérdida de realidad en las neurosis y psicosis. En Obras completas Vol. 19 [189-198] Amorrortu: Argentina

Ey, H. (1998). Estudios sobre los delirios. Tricastela: España

Garrabe, J. (1998). La vocación de Henry Ey. En H. Ey. Estudios sobre los delirios. Tricastela: España

Maleval, J. (1998). La lógica del delirio. Serval: España