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Nuevas parejas de padres, nuevas familias.

Nuevas parejas de padres, nuevas familias.

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Roberto Vargas Arreola

En nuestro mundo actual, ya no puede pensarse en un sólo tipo de familia o en un único modelo de ser padres. Existen muchos modos de organización y funcionamiento en las familias y formas por las cuales se puede acceder y efectuar dicha función. Por tal motivo, se encuentra en debate y discusión cuáles son los elementos estructurantes para constituir una paternidad y el nivel de participación que tiene la genética, la gestación, la adopción o la función simbólica en ello.

Brand (2008) plantea que el siglo XX estuvo, en buena medida, constituido por estructuras. La familia, considerada la célula de la sociedad, fue la base de esta estructura: Un movimiento en la familia implicaba un giro en la sociedad. El modelo sobre el cual se constituyeron estas familias, según Brand (2008), fue el patriarcal, estructurado con roles bien definidos para el hombre y la mujer. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, en la cual murieron en gran medida hombres jefes de familia, se hizo evidente que la estructura se conserva en el discurso, no así en la práctica, ya que las mujeres se vieron obligadas a cumplir una doble función. En un primer momento se luchó por conservar la estructura, pero al paso del tiempo y la sucesión de las generaciones se probó que los roles no son constitutivos sino construidos (Brand, 2008).

Brand (2008), por otra parte, plantea que los años sesenta y setenta sacudieron a la sociedad occidental, el discurso sobre la familia empezó a tambalearse, los años ochenta abrieron la compuerta a una avalancha de divorcios imposibles de evitar y con ello, desde la mitad del siglo XX, algunos teóricos previeron esta transición y propusieron una nueva epistemología: El enfoque sistémico ha caminado paralelamente al estructuralismo, los sistemas dinámicos han sustituido a las rígidas estructuras, ahora se piensa más en términos de organización que de institución y se han cuestionado los remotos orígenes estructurales proponiendo la actualidad de la auto-organización. De este modo, hablar de familias requiere un análisis casuístico en función de que los roles ya no dependen de atributos predeterminados, ni de características anatómicas, sino de funciones definidas y organizadas por los propios sistemas (Brand, 2008).

Para Alizade (2010) la familia nuclear basada en la madre y el padre como progenitores estables fue el modelo de crianza de los cien primeros años del psicoanálisis, siendo un modelo familiar inamovible. De este modelo se constituyó el mito de Edipo, siendo el hijo triangulado por el deseo y la prohibición impuesta por sus padres. Según la autora, la diada heterosexual era hegemónica y las teorías giraban en torno a la triangulación edípica y la narcisización en el desarrollo del niño.

Hoy en día este escenario es más complejo y es presa de cuestionamientos y debates: La visión romántica de la familia nuclear se confronta con una realidad multiforme (Alizade, 2010). La definición de la familia biológica fundada en el género, el sexo, en las leyes del parentesco y atravesada por el mito edípico, está siendo sustituida por un modelo contemporáneo múltiple y con relaciones familiares horizontales (Reyes, 2008).

Según la autora, desde los años sesenta, con la irrupción del movimiento hippie, el matrimonio heterosexual monogámico ha perdido el monopolio en la familia occidental y el cuidado de los hijos no ocurre siempre dentro de la llamada familia tradicional. La familia “nuclear o natural” ya no es el único modelo, haciéndose posible el cambio del término de la “Familia” a las “familias”.

Ferrández (2008) plantea que la transformación de la realidad social, en lo que concierne a las formas de parentesco y de filiación, está operando cambios en los últimos decenios que implican una dispersión y multiformidad de ensamblajes familiares. Para el autor, el viejo debate sobre las consecuencias de la separación y el divorcio parental en el desarrollo del niño, ha eclosionado en otro de mayor espectro, el cual pone en discusión la influencia y la determinación de los diferentes modelos familiares en el desarrollo del niño (Ferrández. 2008).

Nicoló (2008) propone que las nuevas formas familiares están también caracterizadas por procesos complejos y no automáticos, que requieren de tiempo propio y recursos específicos. Las clásicas organizaciones de la familia, basadas sobre los modelos relacionales pre-constituidos y orientados por las convenciones sociales y por exigencias normativas o morales se han puesto en discusión. Las motivaciones actuales se han hecho camino para orientar la elección consabida del partner como la afectividad en el vínculo, el deseo de experimentarse a sí mismo en modo autónomo y fuera de influencias culturales, institucionales o religiosas.

Alizade (2010) considera que tener un hijo se considera un derecho humano y el deseo de conformar una familia se expresa en grupos de personas neosexuales, diferentes, no sexualmente convencionales. Se trata de personas deseosas de armar un nido de vínculos primarios, más allá de sus identidades de género o de sus elecciones de objeto. Estas expresiones de constituir una organización familiar fuera del marco social y cultural establecido hace siglos, constituye un movimiento de liberación que Alizade (2010) denomina <<liberación de la parentalidad>>.

La liberación de la parentalidad, como lo anuncia Alizade (2010), se trata de una nueva liberación, tal como lo fuera la liberación femenina en el siglo XIX y como tal, produce conflictos y controversias. ¿Qué tipo de cambios sociales está provocando?

Desde mi punto de vista, el cambio en la parentalidad está conllevando a una mayor apertura en la diversidad de tipos de familias, sin embargo, dicha apertura presenta en sí misma una mayor complejidad ya que está conduciendo a la dificultad de trazar límites y fronteras, haciendo que las funciones parentales sean contingentes y se coloque en primer plano al sujeto (con la connotación narcisista que trae consigo) frente a los embates y desafíos del mundo global. De este modo, las fronteras del individuo con el sistema familiar y social son más débiles y permeables.

Según Alkolombre (2010) en la actualidad es necesario pensar no sólo en las nuevas configuraciones familiares –monoparentales, reconstruidas, homoparentales- que coexisten con las familias tradicionales, sino en los efectos de la ruptura que conlleva la implementación de las técnicas reproductivas. Esto implica, para la autora, cuestionarse quiénes serán los padres de los niños en el ejercicio de sus funciones parentales, aunque especialmente el modo en que éstos son gestados y llegan al mundo. Para Alkolombre (2010) en este hecho nos encontramos con elementos inéditos, nuevas formas de concebir, algo sin precedentes en la historia y que hacen visibles nuevas interrogantes y enigmas por resolver.

Alkolombre (2010) propone que son tantas y tan variadas las formas de nacer hoy que en el mundo contemporáneo somos testigos de la aceptación que ha adquirido la implementación de las técnicas de reproducción asistida. Desde hace treinta y dos años, cuando nacía Luise Brown, la primera bebé de probeta en el mundo, inició esta travesía donde el ser humano puede rebasar sus límites y crear vida en forma extra-corpórea, y de este modo diferir, modificar y combinar distintos modos de acceder a una parentalidad (Alkolombre, 2010).

Nicoló (2008) propone que todos estos elementos echan luz sobre la centralidad de la elección subjetiva. Para la autora ya no existen más ligaduras de sangre u obligaciones institucionales que constriñan en la mayor parte de los casos. Esto tiene naturalmente su contrapeso en ciertas formas de fragmentación familiar, como las repetidas separaciones conyugales, las familias pluri-reconstituídas, que también por el cambio pueden representar una renovación sustitutiva en el caso de carencias parentales, donde por ejemplo el nuevo compañero de uno de los genitores puede desplegar una función genitorial vicaria, carente en la pareja originaria.

La genitorialidad para Nicoló (2008) es un concepto que alude a la paternidad biológica e implica en sí misma un proceso de transformación. El embarazo, además de ser un evento físico, es también un evento psicológico que se suscribe a un proceso de preparación, para con ese niño próximo a nacer, donde se yuxtaponen afiliaciones, fantasías, proyecciones, deseos y expectativas de los padres. Ser padres tiene que ver con un trabajo, “una necesidad - oportunidad” decía Winnicott (en Nicoló, 2008), y llegar a ser padre es un proceso de transformación de la identidad.

 

Para consultar bibliografía:

Alizade, M. (2010, 1 de junio). La liberación de la parentalidad en el siglo XXI. Imago Agenda. Recuperado de: http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1323

Alkolombre, P. (2010, junio). Neoparentalidades hoy ¿Qué hay de nuevo? Imago Agenda. Recuperado de: http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1324

Brand, J. (2008, julio). Familias: pluralidad necesaria. Revista Intercontinental de Psicología y Educación, vol. 10 (2), pp. 5-8

Ferrández, E. (2008, 31 de mayo). Adopción y parentalidad. Revista del Centro Psicoanalítico de Madrid. Recuperado de: http://centropsicoanaliticomadrid.com/index.php/revista/68-numero-16/135-adopcion-y-parentalidad

Nicoló, A. (2008, junio). ¿Nuevas formas de genitorialidad? Reflexiones a partir de un caso de procreación asistida. Psicoanálisis e intersubjetividad. Recuperado de: http://www.intersubjetividad.com.ar/website/articulo.asp?id=193&idd=3

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