Menu
El mitómano

El mitómano

Featured

 

Juan Alberto Sanen Luna

 

Conceptualizado en la modernidad como un mentiroso de carácter patológico, el mitómano revela en realidad la inespecificidad de nuestra habla, el deslizamiento significante. El mitómano, en estricto uso de su etimología, debiese de ser considerado el fundante de nuestra cultura y por tanto ocupar el lugar de salvaguarda del saber.

Esto que acontece con el mitómano sucede también con el mito, este último no es una construcción falaz sino que es un avance en la noche de los tiempos, no se trata de una creencia hueca, su existencia obedece a la instauración de un saber que permite la organización cultural. El mito trata de nuestro origen y abarca el terreno en que la ciencia (aún con sus varios avances) es incapaz de responder. Como refiere Barthes “el mito es un lenguaje” (2010, p.13), no sólo está construido de él, es en sí un lenguaje, una transmisión del acontecer del principio y desde el principio de los tiempos.

Desde esta postura el mitómano es un divulgador que da cuenta del origen de sí y de todos, sin embargo, este narrador de la Gran Historia de la humanidad ha pasado de constructor de certezas a inventor compulsivo de mentiras y de tener un espacio distinguido entre los hombres a ocupar una clasificación psicopatológica en la botánica del alma.

El profesor Henry Ey, distinguido psiquiatra francés, hablaba de él en estos términos; “el mitómano adopta un papel ventajoso, se cree un personaje decorativo (hijo de reverendo, inventor, noble emigrado, rico industrial, etc.) y se adhiere a dicho personaje con una convicción que entraña la adhesión de múltiples víctimas, dóciles cómplices de la ilusión; a veces explota su papel durante meses, manteniendo su invento de actor-autor”  (1978; 329). Ahora bien, siendo puntuales con esta descripción, todos somos un tanto mitómanos, hemos adoptado un papel por cuestiones identificatorias y creemos ser lo que hacemos, no alcanzando a percibir nuestro lugar decorativo en el escenario del mundo.

Freud llamaba la atención sobre lo anterior en la “Novela familiar del neurótico”, dando cuenta de esa construcción, deconstrucción y restauración de nuestro origen en el armado discursivo de nuestra genealogía.

Si el mito es un habla, si no puede “ser un objeto, un concepto o una idea” (Barthes, 2010, p.199), si se trata de un mensaje, entonces el mitómano hablando estrictamente, es un mensajero. En cada “mentira” revela la intriga y el desconocimiento de lo que nos sucede y nos indica, sin desearlo, la manera en que hemos construido nuestra realidad, a saber, sin saber e inventando a cada instante.

 

Referencias

 

Barthes, R. (2010). Mitologías. México: Siglo XXI. 

Ey, H. (1978). Tratado de psiquiatría. España: Toray-Masson.

Freud, S. (2002). La novela familiar del neurótico.  En Obras completas, Vol. IX [217-220]. Argentina: Amorrortu.

 

 

back to top