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Freud y Bowlby: Del trabajo de duelo a la recuperación de lo perdido

Freud y Bowlby: Del trabajo de duelo a la recuperación de lo perdido

 

Christian Herreman

 

“La aceptación de la ausencia permite el recuerdo no doloroso de las experiencias compartidas, que puede servir para orientarse en el mundo” (Bowlby, 1980)

 

La teoría del apego ha ganado mucha popularidad recientemente, en particular dentro del ámbito de la psicopatología del desarrollo y de los programas de crianza. Menos atención ha recibido en el ámbito de la psicoterapia y, en particular para el trabajo del duelo, tema al que Bowlby (1980) dedicó un capítulo completo de su famosa trilogía.

Freud sentó las bases de una concepción del duelo en su texto “Duelo y melancolía”, en el que explicó el trabajo de  duelo como “el examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar  toda libido de sus enlaces con ese objeto” (Freud, 1917, p. 243). Consideramos entonces este desprendimiento de la energía libidinal de las representaciones del objeto perdido  y su desplazamiento a uno nuevo como lo central en el duelo normal. Desde el punto de vista energético, lo anterior plantea el problema en términos del desplazamiento de una energía que debería desligarse de la representación del objeto inexistente y dirigirse a representaciones nuevas. Esta concepción responde al tiempo en el que Freud desarrolló el psicoanálisis, donde el panorama científico se encontraba dominado por el léxico de la física.

Desde esta perspectiva energética, se representa al psiquismo como un sistema cerrado o semi cerrado y el desenlace del duelo depende de lo que pase dentro de ese sistema. Dado el trabajo de desinvestidura y re-investidura de nuevos objetos, el yo consigue realizar el trabajo del duelo y aceptar el examen que la realidad impone.  Bowlby no se apoyó en el modelo económico de Freud y tampoco explicó el duelo en términos de libido. Desde la teoría del apego, resulta mucho más relevante conocer la etiología de las rupturas o amenazas de ruptura de los lazos afectivos de la persona, para comprender el impacto subsecuente de una pérdida específica. Junto con Collin Murray Parks, Bowlby determinó que los vínculos de apego juegan un papel primordial en el funcionamiento psíquico en general y en la capacidad de éste para hacer frente a las pérdidas. Describieron la secuencia con la que suele llevarse a cabo el duelo y que es solo el duelo atípico el que se asocia con trastornos psicológicos.

Bowlby (1980) propone las siguientes fases del duelo:

  1.  Breve fase de embotamiento o negación. El sujeto experimenta dolor psíquico ante la percepción de la pérdida y el mecanismo de defensa actúa como un anestésico. Se puede atribuir la noticia a un error o una equivocación.
  2. Fase de anhelo y búsqueda de la persona querida. El sobreviviente constantemente interpreta indicios de la realidad como anticipaciones de que la persona está por regresar: puede escuchar pasos o creer haberle visto en la calle. Esto no se considera patológico, sino que los consideramos como  maniobras normales que intentan recuperar el vínculo perdido. Cuando dejan de ser suficientes estas maniobras,  suele emerger la rabia o el odio. Sólo se considera patológico si esta etapa se prolonga, como en el caso de los museos familiares. 
  3. Desorganización y desesperanza. Esta difícil etapa corresponde al desequilibrio psíquico que sobreviene cuando la pérdida del objeto se hace innegable. A la desesperanza por la pérdida del objeto suele seguirle una etapa de apatía que por lo general dura unos meses.
  4. Reorganización. Conforme el doliente acepta que la vida ha cambiado, tanto el examen de realidad como las representaciones internas comienzan a funcionar incluyendo al objeto perdido, pero ahora como una ausencia.

En este proceso, los factores interpersonales juegan un papel mucho más sobresaliente que en el modelo freudiano. Los miembros de la familia, amistades y otras redes de apoyo son centrales, ya que para Bowlby, es la respuesta de estos actores frente a la expresión emocional del sufriente que es crucial en determinar el ulterior curso del duelo.

Se considera a los siguientes factores como los cruciales para determinar el curso del duelo:

  1. La intensidad, duración y calidad de la relación que el sujeto ha tenido con la persona que ha perdido.
  2. La calidad y destino de las relaciones de apego que el sujeto ha tenido en su vida temprana.
  3. Los mecanismos de defensa que el sujeto utilice principalmente para hacer frente a la pérdida.
  4. La existencia o no de redes de apoyo.

 

¿Qué lugar ocupa la identificación en los intentos de recobrar a la persona perdida?  En “Duelo y melancolía”, Freud señala que el amor al objeto encuentra refugio en la identificación. La renuncia al objeto perdido deriva en una identificación con ese objeto. En la melancolía, se produce un reemplazo de la investidura de objeto por una identificación con ese objeto. La catexia de objeto tuvo que haber sido realizada como una investidura narcisista, poco resistente a las frustraciones, y ante un desengaño o contratiempo se produce el retiro de esa carga dese la representación del objeto a la representación del yo: la sombra del objeto cae sobre el yo. El objeto es sustituido, pero sigue cargado de investidura y resulta en un duelo patológico.

En cambio, para Bowlby, un final favorable no implica necesariamente desprenderse del objeto perdido. Considera compatible con el duelo normal la permanencia del lazo afectivo con la persona muerta. Para muchas viudas y viudos, el hecho de que tengan la disposición para persistir en sus sentimientos de apego para con el cónyuge, es lo que les permite preservar un sentido de identidad y reorganizar su vida de manera significativa (Bowlby, 1980).

El trabajo de duelo desde la perspectiva clásica, tiene una tarea muy específica, que es deshacerse de los recuerdos y expectativas relacionadas al objeto perdido. Esto obedece a la perspectiva económica que requiere una retirada de libido del objeto perdido para ejercer la función de control de estímulos atribuida al aparato psíquico. Para Bowlby (1980), el psiquismo no es responsable de la carga y descarga de estímulos, sino del mantenimiento del vínculo de apego. Más que control de excitaciones, las operaciones psíquicas administran el flujo de información en función de un vínculo. El procesamiento de esta información, sea consciente o inconsciente, con el fin de mantener una relación con un objeto perdido, es crucial en el trabajo de duelo. De ahí que la presencia de una representación de objeto, si se trata de una con la que se tiene un vínculo de apego,  encuentre un lugar muy diferente ante el duelo en las dos teorías.

En la terapia se busca que el paciente pueda ponerle palabras al dolor, lo cual requiere por parte del terapeuta una actitud empática hacia todas las expresiones, emociones e ideas que el paciente aporte durante el duelo. Lo más importante, a decir de Bowlby, no es reforzar el juicio de realidad, sino permitir al paciente recuperar lo perdido. El paciente necesita sentirse acompañado en su alejamiento de la realidad y requiere de una base terapéutica segura que le permita avanzar en la elaboración del duelo. Sólo analizando los deseos de reencuentro con el ser amado perdido y todas la emociones que le rodean (expectativas, odios, ansiedades, tristezas…) es que las esperanzas se irán extinguiendo y la realidad de la pérdida será finalmente aceptada.

Cuando el deseo de recuperación se va suavizando, también se mitiga el dolor. Los recuerdos que no duelen, pueden llegar a brindar compañía e indican el avance en el proceso de duelo. El resultado final conduce a una reorganización de las representaciones del sí mismo y del mundo, incluida ya la ausencia irreversible del objeto perdido.

 

Referencias

Bowlby, J. (1980). Attachment and Loss. New York: Basic Books.

Freud, S. (1917/1992). Duelo y melancolía. En Obras Completas. Vol. 16. [235-256]. Argentina: Amorrortu.

Last modified onLunes, 18 Abril 2016 03:45
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