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Desorganización y rechazo en el vínculo de apego de un adolescente institucionalizado

Desorganización y rechazo en el vínculo de apego de un adolescente institucionalizado

 

Carmen Susana Moreno Moreno

 

Fernando, de 16 años, es hijo único de la relación de sus padres: Marisol de 45 años y Luis Ángel de 64. La relación de los padres duró pocos meses; a decir de Fernando, su padre era infiel con varias mujeres, razón por la cual tenían muchas discusiones y terminaron por separarse. El padre tiene otros hijos de relaciones anteriores. Marisol también tiene una hija mayor y un hijo menor en relación a la edad de Fernando, todos de parejas diferentes.

Marisol ha asumido con dificultades la tutela de Fernando, mientras que Luis Ángel no se responsabilizó de su función. Fernando comentó que en una ocasión que buscó a su papá, éste le dijo que se fuera ya que no quería que sus otros hijos supieran de él. Sin embargo, Fernando carga siempre con una fotografía de su padre, tamaño postal, vestido de policía en una moto. Habla de él a partir de la idealización, comenta que era policía, ahora jubilado, que siempre fue un maestro de la “seducción” y que le heredó un libro que escribió sobre el “Arte de seducir” del cual ha aprendido mucho sobre cómo tener muchas mujeres. Refiere que su padre tiene negocios en los que le va muy bien.    

Respecto a su madre Fernando casi no habla de ella, cuando se le pregunta directamente responde de forma superficial. Sin embargo, en una ocasión en donde se entrevistó a los dos, ambos comenzaron a reclamarse cosas, a acusarse y a pelear. En dicha sesión, la madre relató un evento en donde Fernando la aventó fuertemente contra la pared, a lo cual él argumentó que ella le había puesto un cuchillo en el cuello mientras dormía. También la madre le reclamó que la había golpeado con el puño en las costillas, a lo que Fernando argumentó que fue en defensa porque ella le había aventado un vaso de vidrio en la cabeza. En general la relación entre ellos se ha caracterizado por ser violenta y problemática.

Marisol, por su parte, comenta que Fernando siempre ha sido un chico “complicado”, “convenenciero”, “manipulador”, “agresivo”, “mentiroso” y “retador”, razones por las cuales ella siempre ha tenido problemas en las escuelas, con los vecinos, con su familia y con sus parejas por él; manifiesta que Fernando “le ha echado a perder sus planes”, ya que por su culpa no ha podido rehacer su vida. Incluso habla de tenerle miedo, ya que desde niño era violento hasta con los animales. A los 8 años fue diagnosticado con Trastorno de Déficit de Atención, sin recibir atención.

El concepto que la madre tiene de Fernando y la forma cómo se expresa de él sugieren que como cuidadora pudo tener una dificultad mentalizadora que ofreciera a Fernando reflejo o versiones de estados mentales que lo ayudaran a constituir su self. La forma en que Fernando describe y ha introyectado tanto a su madre como a su padre sugieren un falso self (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006), donde recurre a las imágenes de un padre idealizado y de una madre devaluada, lo que le limita poder constituir una imagen propia.     

Fernando es derivado a Fundación Pro Niños de la Calle I.A.P. por el Internado Infantil Guadalupano A.C., donde estuvo en el periodo 2010-2012. El Internado refirió que cuando ingresó, su madre se encontraba desempleada, dedicándose a repartir volantes para poder subsistir y pagar la renta de su vivienda. Informaron que ella reflejaba problemas emocionales, entorno social hostil así como venta y consumo de sustancias psicoactivas. Fernando contaba con 11 años de edad y apenas tenía cursado primero de primaria; era evidente su rezago educativo, con secuelas de violencia familiar, maltrato físico, psicológico y abandono. Al momento de su ingreso mostraba dificultades de socialización, introversión y angustia.

Fernando muestra severas fallas en la mentalización. Se identifican limitados factores activadores de la mentalización (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006), los cuales se pueden deber al trauma psicológico en la niñez derivado de la violencia y la deprivación provenientes directamente de sus figuras de apego.   

Mientras Fernando permaneció en el Internado Infantil Guadalupano A.C. concluyó hasta quinto año de primaria. Mostró avances importantes en su autoestima y desarrollo. Egresó del internado en 2012, a petición de la madre, después del periodo vacacional de fin de ciclo escolar.  Fernando refiere que, a pesar de que estaba bien en el internado y tenía beca económica, extrañaba mucho a su mamá y ella a él, por lo que tomó la decisión de darlo de alta de dicha institución.

Estuvo con su madre los siguientes dos años en donde terminó con dificultades la primaria en el sistema INEA, ya que no recibía apoyo de ella. A decir de Fernando, su madre no estaba en condiciones de poder ayudarlo porque tenía varias “enfermedades” que la limitaban en el acompañamiento y supervisión de sus actividades escolares, formativas y laborales. Por conflictos con su madre, estuvo viviendo por periodos cortos con diferentes tíos y primos, no obstante, por situaciones de espacio, no pudo permanecer con ellos y regresó con su madre. Refiere que tiene la intención de estudiar, hacer una carrera y ser un “gran empresario”; en dos ocasiones ha intentado hacer un negocio propio en donde le ha ido bien inicialmente, sin embargo, refiere que por falta de apoyo no ha logrado sus metas.

Fernando llegó a la Fundación Pro Niños de la Calle I.A.P. a pedir apoyo en abril de 2015, previamente había recibido la negativa de reingreso en el Internado Infantil Guadalupano A.C. Su demanda era ingresar a CTVI (Casa de Transición a la Vida Independiente), de la cual le habían platicado en el internado. La CTVI es un programa residencial en el que se atienden a adolescentes y jóvenes de 16 a 21 años que no pueden regresar con su familia ni ingresar a otra institución residencial debido a que están cerca de cumplir la mayoría de edad, y desean prepararse para vivir de manera independiente. El objetivo de este programa es brindar un ambiente seguro y predecible que favorezca el desarrollo de habilidades y competencias para la vida independiente.

En las entrevistas de recepción, Fernando argumentaba que era capaz, independiente, experimentado y maduro; y que sólo necesitaba la casa por menos de seis meses. Comentó que actualmente vivía con su mamá pero tenían dificultades relacionales, por lo cual no podía permanecer con ella; incluso ella misma le había sugerido que buscara una institución, dándole un mes de tiempo en su casa, así como dinero para los pasajes durante ese periodo.

En relación a los avances significativos que presentó Fernando durante el tiempo en el Internado, en contraste con los avances experimentados mientras  estuvo con su madre, se puede pensar en el Modelo de Trabajo (Herreman, C.). Por un lado se puede inferir que en el internado influyó el Modelo de Trabajo del entorno para favorecer el suyo propio. Sin embargo, mientras se encontraba con la madre, el Modelo de Trabajo se organizó con representaciones pobres de esta principal figura de apego. Así, el contexto en el que se encontraba activaba estos modelos; por una lado el contexto de Internado visto como competente, por el otro lado; el contexto familiar visto como dependiente.

En la primera entrevista, Fernando se mostró verborreico, no paraba de hablar, pasaba de un tema a otro, cuando se intentaba intervenir no escuchaba, ante las preguntas respondía poco y enseguida explicaba otras cosas. En esa ocasión se enfocó en platicar sobre sus proyectos de microempresas que había logrado crear solo, comentaba que era más inteligente que el resto de los chicos de su edad, que tenía amplios conocimientos sobre psicología y sabía qué le iba a preguntar y para qué. En todo momento hablaba de que yo lo estaba evaluando; razón por la cual se mostraba defensivo y racional.

En esa entrevista habló de situaciones de violencia física en las que se había involucrado, hablaba de sus diversos entrenamientos en defensa personal que aplicaba en peleas con vecinos, parejas de su mamá e incluso con ésta, con el fin de lastimar y violentar. Habló de tener conocimiento y experiencia en el uso de armas. También comentó que conocía y había probado diversas drogas. Relató y explicitó las relaciones sexuales que había tenido con varias mujeres. En las entrevistas posteriores su nivel de ansiedad disminuyó, podía hablar más fluido sin sentirse calificado. No obstante, continúo mostrándose verborreico.

En esta conversación con Fernando se observa lo que se denomina pseudomentalización intrusiva (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006). Fernando aseguraba que sabía, a partir de sus conocimientos en psicología, qué estaba pensado la entrevistadora de lo que él hacía o decía en cada momento, aseguraba que todos los psicólogos pensábamos lo mismo respecto a ciertas conductas, incluso recreaba mis supuestos diálogos internos: “de seguro este chavo no sabe qué hacemos”.

Ante muchas dudas que tuve respecto a la personalidad de Fernando se inició un trabajo individual de manera externa, con tareas básicas como el trámite de documentos, la reinscripción a la escuela y la búsqueda de talleres formativos. En este periodo, no hubo avances significativos, no llegaba o acudía tarde a las citas acordadas, ante el cuestionamiento de estas situaciones excusaba la falta de dinero, el tráfico, el metro con tanta gente y calor, incluso que sus amigos lo entretenían y él no podía ser grosero con ellos, mostraba enojo y argumentaba que de ninguna forma era su culpa, ya que él se esforzaba por llegar y hacía hasta lo imposible por cumplir con sus responsabilidades pero no podía remediar los imprevistos.

Es evidente que Fernando tiene fallas en la mentalización (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006), las cuales son manifestadas en su discurso que contiene excesivos detalles de qué pasó, cómo pasó y por qué pasó que no cumplió satisfactoriamente con los acuerdos, pero no manifiesta motivaciones o sentimientos que faciliten asumir su responsabilidad. Incluso a pesar de que argumenta que es comprometido y cumplido, no reconoce la responsabilidad de sus faltas, buscando culpables y sintiéndose agredido porque no se le reconoce el supuesto esfuerzo que hace.

Más específicamente se hace visible la equivalencia psíquica (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006), es decir, estaba convencido de que todo lo que decía era lo único cierto, sus hazañas estaban cargadas de idealización y grandiosidad, mostrando seguridad de que así era. Cuando yo intervenía dando una opinión, idea o pregunta él decía que yo no estaba entendiendo nada, que no era eso lo que él quería decir y nuevamente repetía todo lo que había dicho anteriormente.

Al cabo de unas semanas se consideró su integración a CD (Centro de Día) para conocerlo más, en miras de ser un candidato para CTVI. El Centro de Día es el espacio en el que diariamente asisten los niños y adolescentes en un  horario de 9:00 a 16:30 horas, en donde reciben una atención integral como actividades motoras, creativas y reflexivas, encaminadas a lograr su estabilidad emocional, así como estimular el desarrollo de habilidades y de hábitos saludables. Cuando este proceso se efectúa, el trabajo se centra en reflexionar sobre las expectativas fuera de calle y en la proyección de un nuevo plan con metas alcanzables.

Cuando Fernando ingresó al CD tuvo dificultades para cumplir con el horario por los argumentos anteriores. En una ocasión tuvo un acto de violencia al golpear a uno de sus compañeros. Posteriormente comenzó a respetar acuerdos y a cumplir con las tareas y objetivos que se le piden. Sin embargo, constantemente busca diferenciarse de los demás adolescentes y busca privilegios con los educadores, busca momentos para estar en las oficinas, entrar por la puerta principal, tomar café de la cocineta y conversar con los empleados. A sus compañeros les refiere que tiene privilegios e intenta demostrarles que es diferente.

Durante este periodo vivía con su mamá, en la casa de SU pareja, con quien frecuentemente tenía peleas. Al cabo de un mes de ingreso a la Fundación Pro Niños de la Calle IAP y ante constantes discusiones con su mamá se acordó que se fuera a vivir al Instituto de Asistencia e Integración Social “Coruña”, en donde estuvo 3 semanas, egresando porque extrañaba a su mamá y ésta le dijo que se regresara a casa.

Al cabo de 2 días, Marisol se comunicó a la Fundación solicitando que Fernando se regresara a Coruña para se quedara “encerrado”, porque ya no podía con él. Le comenté que, de acuerdo a las funciones de la institución, no se puede hacer eso. Marisol comentó que se iba a separar de su pareja por su alcoholismo y que se iría a vivir a Cuautla sola, por lo cual Fernando ya tenía que irse de esa casa; él no quiso regresar a Coruña y le pidió a su mamá quedarse ahí unos días mientras buscaba otro lugar, ella accedió, se fue a Cuautla y lo dejó viviendo ahí con su expareja.

Dos semanas después Marisol regresó por sus muebles, llamó nuevamente a la Fundación solicitando que se sacara a Fernando de esa casa porque él no quería hacerlo y ella ya se iba definitivamente. Se reiteró que no se podía hacer eso, entonces comentó que lo iría a demandar para que la policía lo fuera a sacar. Finalmente ella se fue y Fernando siguió viviendo con la expareja de su madre, quien le dio comida y dinero para el transporte, aunque no hubo atención ni supervisión, y en ocasiones continuaron las peleas entre ellos.

En una ocasión platicaba con Fernando sobre el hecho de que su madre se había ido de la casa, dejándolo a él con su padrastro. Le dije que me parecía curioso que antes peleaba con su padrastro por su mamá y ahora vivían solos, que incluso él lo estaba ayudado. Le pregunté qué pensaba de esa actitud de ambos. Sobre su mamá argumentó que a su mamá siempre le gustó Cuautla para vivir y sobre su padrastro argumentó que lo ayudaba para que él no le pegara. Le pregunté si lo había amenazado, respondió que no, pero que sabía que él era más fuerte y sabía pelear mejor y por eso tenía miedo. Este ejemplo puede representar el entendimiento concreto (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006), donde Fernando no puede argumentar o poner atención a los pensamientos, sentimientos o deseos de los otros, en sus argumentos influye más lo situacional o explicaciones circulares e intenciones o motivos malinterpretados provenientes de su padrastro.

Fernando evita hablar de su situación familiar, en ocasiones cuando relata sobre las peleas que ha tenido se le observa apenado. Cuando refiere estas situaciones se interviene desde la empatía a partir de señalamientos como: “imagino que eso te hace sentir triste”, “debe ser doloroso lo que estás viviendo”, “podría pensar que esto te hace sentir abandonado”. Las respuestas de Fernando son una mirada de confusión con una contestación impulsiva “Deja de eso, no, lo que yo veo es” Y responde con explicaciones racionales.

En estos ejemplos es claro el modo de simulación o pretendido (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006) al que Fernando recurre, ya que en su lenguaje hace referencia a hechos o situaciones externas que describe y analiza, sin que estos contenidos estén relacionados con sus emociones o sentimientos. De igual manera cuando habla se situaciones de abandono, maltrato o dolorosas sus expresiones verbales y corporales se mantienen parcas.   

Fernando tiende a exagerar sus logros y capacidades, espera reconocimiento de los adultos en general, busca comentarios de admiración y aceptación, constantemente devalúa a las personas. Cuando se le pone un límite claro, se manifiesta muy enojado y en desacuerdo, tiene dificultades en asumir su responsabilidad, tiende a culpar a los demás de lo que no logra hacer. Difícilmente hace tareas solo, necesita y pide acompañamiento. A pesar de que su inteligencia intelectual es alta no logra aplicarla o desarrollarla sin dependencia. Se ha trabajado con él durante 6 meses, inicialmente era notable un apego descartante, después tenía un acercamiento más ansioso ya que solicitaba apoyo constante, ahora se ha distanciado un poco pero en general oscila entre periodos de enojo, reclamo, devaluación del trabajo institucional, y periodos en los que busca ser escuchado, platica, pide acompañamiento e idealiza a las educadoras. Esto puede sugerir, más bien, un apego desorganizado.

Lo anterior puede referirse a un patrón de relación interpersonal distribuido (Bateman, A. y Fonagy, P., 2006) cuya descripción coincide con las conductas de Fernando que se caracterizan por un apego descartante, cuando siente cercanía la evita alejándose. Fácilmente se da por vencido y se desespera con tareas aparentemente fáciles cuando se siente solo. En sus interacciones con los demás evita involucrar sus emociones e interacciones con otros.

Actualmente está cursando la secundaria en INEA, sólo le falta una materia para concluir. Está rentando un cuarto y trabaja, razón por la cual dejó de asistir a Centro de Día. Este intento de independencia ha sido difícil, en tres semanas ha cambiado dos veces de cuarto y tres veces de trabajo. Sigue manteniendo cercanía con la Fundación y se sigue dando acompañamiento.

 

Referencias

Bateman, A. y Fonagy, P. (2006). Tratamiento basado en la mentalización para el trastorno límite de la personalidad: una guía práctica. Nueva York: Oxford University Press. (Traducción)

Herreman, C. (2014). Los modelos de trabajo en la teoría del apego. En Torres, B. y Causadías, G. (Comp.) La teoría del apego. Investigación y aplicación clínicas. México: Psimática

Last modified onViernes, 22 Abril 2016 02:18
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