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La otra violencia de género: Mujeres adolescentes que agreden a sus pares hombres.

La otra violencia de género: Mujeres adolescentes que agreden a sus pares hombres.

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Juan Pablo Brand Barajas, Selene Lara Beguerisse y Monserrat Loaiza García

 

La Organización de las Naciones Unidas, define la violencia de género como: “cualquier violencia ejercida contra una persona en función de su identidad o condición de género, sea hombre o mujer, tanto en el ámbito público como privado” (Centro de Información de las Naciones Unidas, 2009). En las últimas dos décadas, se han incrementado de manera significativa las investigaciones sobre el tema, haciendo del concepto un término de uso cotidiano en la discursividad pública y privada. La tendencia ha sido utilizarlo para hacer referencia a la violencia que ejercen los varones contra las mujeres, dejando de lado otras variantes como la violencia ejercida por las mujeres contra los varones o la que se ejerce entre dos mujeres o dos varones en el contexto de relaciones de pareja (Toldos, 2013).

El presente artículo tiene como objetivo, explorar la violencia ejercida por mujeres adolescentes sobre sus pares varones, lo anterior bajo la premisa de que hay más actos de violencia con estas características de las que se registran en las investigaciones, las cuales, como lo afirma María de la Paz Toldos (2013) llevan a cifras de las acciones violentas de género sufridas por mujeres al 98%, mientras que los hombres tan sólo serían víctimas en un 2% de los casos. Coincidimos con la autora de que estos datos tienen un sesgo y además son producto de condiciones sociales que inhiben la denuncia de los hombres que sufren violencia por parte de mujeres, pues suele considerarse que si esto sucede es debido a la sumisión y una personalidad débil por parte de estos varones.

Toldos (2013) sustenta un aspecto que también planteamos como punto de partida, que, en el caso de los adolescentes, muchas veces la violencia ejercida por las mujeres hacia los hombres es de manera indirecta, esto es, las mujeres promueven el conflicto y las peleas entre hombres o solicitan la intervención de un hombre para violentar a otro. 

El presente trabajo sigue una línea argumentativa que parte del tema de la construcción de la masculinidad para posteriormente entrelazarlo con el de la violencia ejercida por mujeres adolescentes hacia pares varones. Para contar con mayores recursos de análisis, se realizaron dos grupos focales, uno conformado por seis adolescentes varones y otro por seis adolescentes mujeres. Fueron elegidos aleatoriamente y sus edades se encuentran entre los catorce y dieciséis años, cursan el grado de tercero de secundaria en una escuela particular situada al sur de la Ciudad de México. El objetivo fue identificar la percepción de los adolescentes hacia la masculinidad, al igual que la relación que existe con dicha percepción y la violencia de género hacia los hombres.

 

Adolescencia y masculinidad

La masculinidad es un constructo histórico y cultural, las concepciones y las prácticas sociales en torno a este concepto varían de acuerdo a los tiempos y lugares. A lo largo de la historia, la cultura ha construido modelos del ser mujer y del ser hombre con base en lo que se considera adecuado para la época (Téllez y Verdú, 2011).

Las características que la definen, varían notablemente de una cultura a otra e incluso pueden ser totalmente contrapuestas. En nuestra sociedad, desde una visión estereotipada de género, la construcción de la masculinidad está influida por los siguientes aspectos (Botello, s.f.): 

  • La identidad masculina se construye en oposición a lo femenino: Esto significa que la identidad masculina no se construye positivamente, sino a partir de una negación.
  • Necesidad de probar la virilidad: Sus evidencias son la fertilidad, la actividad sexual, la fuerza física, las conductas de riesgo, entre otras.
  • Ejercicio del poder a partir del control:  Limitaciones para mantener relaciones más equitativas, así como escasa disponibilidad al diálogo y constantes expresiones de agresividad.
  • Negación de necesidades emocionales: Dificultad para poner en palabras las necesidades y para hablar de los sentimientos.

Tras una amplia revisión de literatura sobre el tema de la masculinidad, el antropólogo Matthew Guttman (1998), categorizó cuatro formas para definir y usar el concepto:

  1. Desde la identidad masculina, considerándola como todo lo que los hombres piensen y hagan. 
  2. Desde la hombría, que se refiere a todo lo que los hombres piensen y hagan para ser hombres. 
  3. Desde la virilidad, esto es, algunos hombres de manera inherente o por adscripción son considerados “más hombres” que otros hombres.
  4. Desde los roles masculinos, que señalan la importancia central y general de las relaciones masculino-femenino, de esta manera la masculinidad es cualquier cosa que no sean las mujeres.

También desde la perspectiva antropológica podemos constatar tres aspectos básicos con relación a la construcción de la masculinidad (Téllez y Verdú, 2011):

  1. La mayor parte de las sociedades conocidas generan mecanismos de diferenciación en función del género. 
  2. La feminidad ha tendido más a aplicarse de forma esencialista a todas las mujeres, mientras que la masculinidad requiere de un esfuerzo de demostración.
  3. Existen diferentes concepciones de la masculinidad distintas de la patriarcal, por lo que debemos hablar de masculinidades.

 

Masculinidad y adolescencia

El cuerpo en los adolescentes es el referente nodal en la conformación de una identidad coherente y la autoimagen del yo, es el receptor de diversas prácticas concretas, así como de todo un mundo simbólico están cargados de sentidos y significados y que determinan la forma en que los hombres viven su masculinidad, así como su sexualidad, su emocionalidad, su intimidad y su cuerpo (Cruz, 2006).

La cultura de género, que permite estructurar de una determinada manera la práctica social, “está inevitablemente involucrada con otras estructuras sociales y con el aspecto político. En conjunto, los diversos procesos sociales y las diversas prácticas se reflejan en los cuerpos, se incrustan en la historia personal y colectiva de los sujetos” (Cruz, 2006, p. 2). Dentro de la cultura aún prevalece la idea de la dicotomía entre cuerpo y mente, lo cual conlleva una disociación en la experiencia de los hombres entre el pensar y el sentir. La idea de “ser hombre” se asocia a la racionalidad, mientras que la relación con el cuerpo y las emociones representan experiencias amenazantes por asociarse a la feminidad y al “ser mujer”.

Como parte de su investigación sobre la masculinidad en jóvenes, Cruz (2006) reporta que “la información que proporcionan los jóvenes se observa claramente la tendencia a percibir el cuerpo como una entidad separada, diferenciada de los pensamientos; se concibe al cuerpo como una especie de maquinaria útil para el desempeño de las demandas de la vida social… Para que el cuerpo corresponda a un tipo masculino éste debe mostrar atributos como la resistencia, la capacidad, la fuerza, cierta complexión y tono muscular, determinadas marcas o adornos, posturas y movimientos” (p. 5).

La cultura de género produce sujetos mujeres y hombres, cuerpos masculinos y femeninos. Actitudes como la homofobia y la misoginia “llevan a los varones a efectuar una serie de prácticas sociales que van permitiendo la construcción de cuerpos dóciles y útiles a las formas de organización social” (Cruz, 2006, p. 8).

El análisis de la masculinidad debe permitir encontrar mecanismos que favorezcan las relaciones basadas en el diálogo y el respeto por el otro. Cuidar al otro ya no es responsabilidad sólo de la mujer, por ello ahora se habla del cuidado mutuo como un horizonte importante a alcanzar en las relaciones humanas.  Desprenderse de modelos estereotipados de masculinidad favorece visiblemente las relaciones interpersonales.

 

Violencia de género ejercida por mujeres hacia los hombres

Es importante aclarar que gran parte de las investigaciones sobre violencia de género se focalizan en la violencia ejercida por los varones hacia las mujeres, por tanto, las fuentes de consulta para el tema de este trabajo son bastante limitadas, de ahí que este apartado tenga como base el libro de Toldos (2013), Hombres víctimas y mujeres agresoras, que es una de las pocas producciones que tienen como eje de análisis la violencia ejercida por mujeres hacia los hombres.

Como punto de partida, retomaremos la definición que ofrece la autora de violencia:

Cualquier estado, intención y/o acción o acciones de naturaleza destructiva, dirigidos directa o indirectamente contra una persona, varias personas (un grupo, o una comunidad) o contra otras especies animales que no desean dicho dolor o consecuencia negativa. Estos estados, intenciones y/o acciones, pueden generarse con la intención de causar a la víctima daño o sufrimiento deliberadamente o para conseguir otros fines, como obtener poder y dominio o causar una buena impresión ante otros. Para ello, la persona que agrede puede utilizar métodos verbales (como insultar y gritar), físicos (como pegar y empujar), psicológicos (como ignorar, humillar y acosar afectiva y moralmente), indirectos (por ejemplo, hablar mal de la otra persona o criticar a sus espaldas) y/o materiales (tales como actos de vandalismo o las situaciones donde se destruyen objetos significativos para las personas). El resultado final es siempre la destrucción o la posibilidad de situar a la víctima en riesgo de sufrir dicho daño, cualquiera que sea la forma que adopte (p. 22).

 

La definición es amplia, pero nos aporta los indicadores para orientar el abordaje del tema.

La intencionalidad es uno de los aspectos más complicados para delimitar los actos de violencia, en el caso de los ejercidos por mujeres hacia hombres, esto se complejiza más. Como lo menciona Toldos (2013), cuando existe un caso en la pareja donde el varón es la víctima, las respuestas sociales suelen minimizar el tema de género:

  • En el caso de asesinatos, “los medios de comunicación suelen tratar el tema como si fuese una historia de crimen sin hacer mención a los términos de violencia doméstica o abuso por parte de la pareja, y mucho menos al término violencia de género donde parece que ellos no tienen cabida y sólo pueden ser agresores y nunca víctimas… Hablar de violencia contra el varón en las relaciones de pareja es un tema demasiado peliagudo… Muchos investigadores han tenido dificultades a la hora de dar a conocer este hecho, han sido amenazados, sus investigaciones no han llegado a publicarse, e incluso algunos de ellos han visto sus carreras truncadas” (p. 116).
  • Por otro lado, “muchos de los varones que son víctimas de la violencia por parte de sus parejas, no son conscientes de que tienen un problema e incluso llegan a pensar que son las propias mujeres las que tienen el problema en el momento en el que actúan violentamente contra ellos… Algunos varones tienen la sensación de que pueden controlar y soportar la situación de violencia intentando agradar a su pareja o frenando su conducta. Aunque intentar frenar la conducta de la agresora puede ser peligroso, puesto que podría ser interpretado por otros observadores como violencia hacia la mujer y, por tanto, como violencia de género. Es decir, que según algunas definiciones del término violencia de género, la mujer ejerce la violencia para defenderse del varón, pero en el caso contrario no se utiliza el mismo argumento” (p. 117).
  • En otras ocasiones “no son conscientes de que están siendo agredidos, ni se percatan de que son víctimas de la violencia por parte de su pareja, porque sufren la violencia psicológica, emocional o indirecta que no deja signos visibles ni produce lesiones físicas tan graves como para acudir al hospital para demostrarlo y poder así denunciarlo… Entre otros factores, la diferencia entre varones y mujeres reside en que la violencia ejercida por la mujer hacia el varón tiende a ser informada sólo si es verdaderamente peligrosa y dañina, mientras que la violencia ejercida por el varón hacia la mujer suele informarse más a menudo”. (p. 118).
  • Muchas de las conductas violentas de tipo físico ejercidas por una mujer hacia un varón, pueden causar daños menores (aventar cosas, golpear con artículos del hogar, abofetear, etcétera). Pero “el mismo acto ejercido por el varón contra la mujer o la simple fuerza del varón puede resultar en actos más serios, si la violencia se mide en actos puede que la mujer sea más violenta, pero si se mide en lesiones o heridas puede que lo sea el varón” (p. 120).
  • Finalmente, “la victimización del varón por una mujer o la violencia de una mujer hacia un varón, aparece y suele parecernos divertida y graciosa, incluso se trata el acto violento humorísticamente” (p. 121).

Todo lo anterior dificulta a los varones dar una respuesta a la conducta violenta y le genera “la pérdida de autoestima, autoculpabilización, desvaloración e indefensión” (p. 123). En general, tanto las personas allegadas como las instancias institucionales no le creen ni entienden al varón violentado por una mujer, por lo cual éste no suele solicitar apoyo o denunciar, pues esto más que concluir el ciclo de la violencia lo extiende, pues el varón al ser foco de burlas, de comentarios denigrantes o señalado como culpable de lo mismo que sufre. Tres son los obstáculos para que los varones soliciten ayuda:

  1. La credibilidad.
  2. El ideal machista.
  3. La discriminación sexual

 

Los tipos de violencia ejercida sobre los varones por parte de las mujeres son muy diversos, señalaremos aquellos que específicamente sufren los adolescentes varones (Toldos, 2013, p.131):

  • Violencia física (recibir un bofetón, un arañazo, una patada en partes especialmente sensibles, recibir un golpe de algún objeto lanzado, etcétera).
  • Violencia verbal (discusión, insultos, gritos, etcétera)
  • Violencia sexual (menosprecio sexual, decidir siempre cuando tener relaciones sexuales, acoso sexual, etcétera).
  • Violencia material (dar portazos, tirar objetos o romper objetos personales, etcétera).
  • Violencia psicológica, indirecta y/o emocional (contradecirle constantemente en presencia de familia y/o amigos, controlar o vigilar todos sus movimientos, no dejar que salga ni vea a los amigos y/o familiares, amenazar con suicidarse si le abandona, hablar mal de él, desvalorizarle y criticarle frente a otros, etcétera).

Las mujeres adolescentes suelen recurrir a la violencia indirecta hacia los hombres, para Toldos (2013), este es un tipo de violencia: 

Donde no hay un contacto directo entre dos personas durante la interacción social, pero puede existir una tercera parte, otra persona u objeto, que puede participar. Es decir, el daño expresado en vez de ser cara a cara, se da indirectamente o de manera encubierta. Para ello utilizan a otras personas como un vehículo para infligir daño (mental o físico) en la víctima. La persona que utiliza este tipo de violencia intenta infligir daño de manera que parezca que no hay intención de herir, evita demostrar violencia y si es posible permanecer no identificado o identificada (p. 195).

Este tipo de violencia se facilita cuando se ejerce a través de las redes sociales de internet, puesto que se pueden crear perfiles falsos o crear rumores con mucha facilidad y así dañar a una persona en particular. También existe la posibilidad de la exclusión social, que afecta profundamente a los adolescentes.

Otro dato que llama la atención y que permite indagar sobre las causas de la violencia de las mujeres hacia los hombres es que, en el caso del maltrato infantil de padres hacia hijos, las investigaciones han demostrado que es más probable que las madres empleen el castigo físico contra sus hijos que los padres. Según datos reportados por Toldos (2013), en Estados Unidos cuando un niño es maltratado dentro de la familia formada por padres biológicos, en el 75% de los casos la agresora es la madre, “el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, señala que el 70% de los casos confirmados de abuso infantil y el 65% de los asesinatos infantiles son cometidos por las madres, no por los padres” (p. 79). Por otro lado, el Ministerio de Salud de Canadá, ha encontrado que, en todas las categorías de maltrato, las madres biológicas fueron las agresoras más frecuentes (un 60% de casos substanciados frente al 40% de padres biológicos). Datos similares se encuentran en España, donde estudios muestran que el 56.4% de las agresoras de niños son mujeres (56,4%) y el 43,5% hombres, “los datos correspondientes a las mujeres entre los 20 y 29 años doblan en frecuencias y en porcentaje a los de los varones agresores en ese mismo periodo. Por el contrario, a medida que aumenta la edad se da el fenómeno inverso (p. 180).

Dentro de todos estos datos, cabe señalar que es más común que las madres maltraten físicamente a los hijos varones que a las hijas, aunque en casos de negligencia esta diferencia no sea notable. La información previamente referida nos permite afirmar que la violencia de género suele tener sus orígenes en la infancia y la niñez, y que hombres que sufren violencia por parte de las mujeres en la adolescencia, es probable que ya la hayan experimentado por parte de sus propias madres y en algunos casos por parte de sus hermanas u otras mujeres cercanas.

Coerción, poder y control constituyen la tríada de la relación de dominio-sumisión y por tanto se encuentran entre las motivaciones más recurrentes en las personas violentas. Pero desglosemos cada uno de los conceptos:           

  1. Coerción: Afirma Toldos (2013), “mediante la coerción, lo que se pretende es poder influir en la otra persona. Las acciones de las personas que agreden son primariamente un intento para influir en el comportamiento de otras personas, o bien intentar parar el comportamiento de alguien o algo que les molesta. La investigación demuestra que se aprende a utilizar la violencia de cualquier tipo para conseguir que los demás hagan lo que una persona quiere que hagan” (p. 241).
  2. Poder: Para Toldos (2013), “puede ser definido como la facultad o dominio para mandar o ejecutar una cosa, como la habilidad para satisfacer las necesidades de uno mismo y las de los demás o, por el contrario, privar a los demás de sus necesidades. Además, puede operar a diferentes niveles; individual, institucional y social, y manifestarse en numerosos medios” (p. 241).
  3. Control:  La persona que agrede incluso puede llegar a ejercer la violencia para sentir que aumenta su control o para responder a la frustración que le produce el no tenerlo. La persona que agrede pretende controlar la conducta de otra mediante la violencia cuando percibe que tiene un cierto grado de control sobre la otra persona y la dependencia del oponente es más fuerte, sólo así percibe que está segura para recurrir a la violencia pues existen más beneficios que consecuencias negativas.

Menciona Toldos (2013) que “luchar por tener los mismos derechos y por la igualdad ha sido confundido por algunas mujeres que han creído que para conseguirlo era necesario copiar los rasgos masculinos, no sólo los positivos sino también los negativos” (p. 173). Esto nos lleva a la conclusión de que cuando se plantea el tema de violencia quizá las variantes de género o raza sean un elemento secundario a la motivación profunda que es el poder y la dominación; así, las formas de violencia de una sociedad dan cuenta de su estructura de poder.

Método

Problema de Investigación

Según datos reportados por Toldos (2013) las cifras de las acciones violentas de género sufridas por mujeres se elevan a 98%, en contraste con un 2% sufridas por hombres. Si bien la violencia de género dirigida hacia la mujer es más frecuente que la dirigida hacia los hombres, la suma de información compilada por la autora citada, muestra que estos porcentajes tienen un sesgo dado por las concepciones de masculinidad que se tienen actualmente en la sociedad, en la que la violencia ejercida por mujeres hacia los hombres no logra integrarse a las categorías de ese constructo. Nuestro interés por el tema, emana de la observación del incremento de acciones violentas de mujeres adolescentes, hacia sus pares varones, sean sus parejas o no. Consideramos que es un fenómeno que requiere mayor atención, puesto que el protagonismo que ha tenido en las investigaciones la violencia de género hacia la mujer ha dejado de lado a esta otra violencia de género. Por tanto, la pregunta de investigación es ¿cuál es la percepción de mujeres y hombres adolescentes sobre la masculinidad y la violencia de género ejercida de las mujeres hacia los hombres?

 

Objetivos

Objetivo General

Analizar la percepción que tienen los adolescentes de la masculinidad y la violencia de género ejercida de mujeres hacia hombres.

Objetivos particulares

- Conceptualizar la violencia de género ejercida de mujeres adolescentes hacia sus pares varones.

- Explorar, a través de grupos focales, las percepciones de mujeres y hombres adolescentes sobre la masculinidad y la violencia de género ejercida de hombres hacia mujeres.

 

Tipo de estudio

Cualitativo, el cual es descrito por Mucchielli (2001), como “una sucesión de operaciones y de manipulaciones técnicas intelectuales que un investigador hace experimentar a un objeto o fenómeno humano para hacer que surjan de él las significaciones tanto para él como para los demás” (p. 67). En el caso de la presente investigación la operación técnica intelectual fue la de grupos focales.

Ejes temáticos

  • Masculinidad.
  • Adolescencia.
  • Violencia de género.
  • Violencia de género ejercida por mujeres hacia hombres.

Descripción de los participantes

Dos grupos, uno conformado por seis adolescentes varones y otro por seis adolescentes mujeres. Fueron elegidos aleatoriamente y sus edades se encuentran entre los catorce y dieciséis años, cursan el grado de tercero de secundaria en una escuela particular situada al sur de la Ciudad de México. 

Técnicas de recolección de información

Se llevaron a cabo dos grupos focales, uno con seis mujeres adolescentes y otro con seis varones adolescentes. Mucchielli (2001), la llama Técnica del grupo nominal, la cual define así: “Técnica de identificación de problemas y de análisis de necesidades que se lleva a cabo según un procedimiento inductivo. Así, antes de arrancar el estudio de una revisión exhaustiva de la literatura y de la identificación a priori de los parámetros que serán verificados según una muestra, el investigador que utiliza la técnica de grupo nominal favorece una recolección de datos que parte de la experiencia y del conocimiento de la cuestión estudiada por personas que tiene de ella una experiencia directa” (p. 140).

Procedimiento

Los puntos que se consideraron para los grupos focales, partieron de los temas emanados de la revisión teórica y la pregunta de investigación, como fueron el tipo de violencia más común ejercido por las mujeres hacia los hombres ya sea directa o indirectamente, así como la percepción y reconocimiento de ésta por parte de ambos géneros, tomando en cuenta los factores psicosociales respecto a la masculinidad. Los grupos focales se llevaron a cabo el día lunes 8 de diciembre de 2014 a las 12:00 horas en el caso de los hombres, mientras que el de las mujeres se realizó a la misma hora al día siguiente; ambos tuvieron una duración aproximadamente de cuarenta y cinco minutos.

Análisis de la información

Se hizo un análisis de semejanzas y diferencias entre las percepciones del grupo de mujeres adolescentes y el grupo de hombres adolescentes.

Análisis de resultados

En un inicio, se observó una mayor resistencia por parte de las mujeres al preguntarles sobre el significado de ser mujer, a diferencia de los hombres que contestaron con mayor facilidad a la pregunta inicial sobre ser hombres. Una similitud que se presentó en los dos grupos focales es que ambos sexos manifiestan que el significado de ser hombre o mujer se basa en los estereotipos establecidos por la sociedad y en los cuales está presente la presión por parte de familia y amigos por medio de exigencias sobre todo en la edad de la adolescencia.

Por un lado, las mujeres se perciben así mismas como delicadas, femeninas y “color de rosa” aunque manifiestan no querer ser así al igual que los hombres que por su parte, se perciben como fuertes y sin permitir que nada les afecte sintiendo una presión constante por las exigencias establecidas por la sociedad.

Ambos grupos coincidieron que el tipo de agresión más común es la verbal, entre ellos: comentarios agresivo-pasivos, ofensivos y descalificativos. También son frecuentes las provocaciones en la relación de pareja, como salir con otras personas. La agresión no verbal se presenta comúnmente en grupo mediante la indiferencia, las miradas y la exclusión en general.

La agresión física está presente de manera cotidiana por parte de las mujeres hacia los hombres manifestándose en pellizcos, empujones y mordidas; las cuales son reconocidas como un juego, aunque hay consciencia de que puede convertirse en un problema más adelante, mientras que los hombres no reconocen dicho tipo de agresión. Estas manifestaciones agresivas son llevadas a cabo con la intención de tomar ventaja ya que ellos no van a responder a la agresión física debido a los estereotipos establecidos de masculinidad. 

El machismo está presente en el discurso de las mujeres, ya que refieren que la agresión hacia los hombres es permitida por parte de éstos por ser “machistas” y no ser más débiles que las mujeres, haciendo referencia nuevamente a los estereotipos. Sin embargo, los hombres sí lo perciben como una agresión reconociendo el abuso por parte de las mujeres. En los hombres también hay una postura frente al machismo, en la que mencionan que últimamente hay más protección hacia ellas por creerlas débiles.

Las mujeres justifican su agresión hacia los hombres refiriéndose al pasado, donde eran maltratadas en su mayoría y en la actualidad es un tipo de venganza por el rencor de muchos años o incluso un trauma transmitido. A pesar de no ser expresado de la misma manera, está relacionado con la postura de las mujeres en la que presentan manifestaciones agresivas para demostrar que no son débiles.

Respecto al tema de los celos, ambos sexos coinciden en que las mujeres son más celosas y lo expresan más que los hombres con manifestaciones agresivas principalmente prohibiciones y chantajes. Estas acciones repercuten en gran medida en los hombres ya que mencionan que acuden con amigas cuando tienen algún conflicto con su novia, buscando entender la percepción femenina, los cual les ocasiona otro problema con su pareja, que resulta en la prohibición de tener este tipo de amistad. Esta acción es de gran importancia para ellos. Las principales razones por las que existen celos, según las mujeres, es por las inseguridades “normales” que tienen todas y por tener un “sexto sentido” que puede indicar cuando hay una infidelidad por parte de él. Mientras que los hombres no consideran este punto y únicamente refieren que la desconfianza es el motor principal para dicho problema y que las mujeres desean ejercer control sobre ellos a través del chantaje percibido como agresión.

En el discurso de los hombres está presente el ser libres y no ser propiedad de nadie, sobre todo a esta edad ya que mencionan que no estarán con su novia toda la vida. Mientras que el de las mujeres está más orientado a las inseguridades de ser abandonadas al no ser suficiente para sus parejas. Cuando hay un problema de pareja en la etapa adolescente, el chantaje juega un papel fundamental en éste ya que es el principal medio por parte de las mujeres para tomar ventaja ante una situación. Esta acción es reconocida por ambos sexos.

La manera en que los adolescentes consideran que se podría solucionar esta problemática es por medio de fomentar el respeto hacia ambos sexos, tomando en cuenta la igualdad y considerando la educación en casa como un factor primordial para modificar esta conducta. Existe reconocimiento por parte de las mujeres que la agresión física debe disminuir y por parte de los hombres la agresión verbal, promoviendo el diálogo para la resolución de problemas. 

Conclusiones

La “otra violencia de género” surge a partir del conflicto que presentan las mujeres con respecto al rol femenino durante la adolescencia. Dicho rol está basado en estereotipos que las adolescentes se niegan a seguir; esto se debe a los antecedentes de la percepción del rol de la mujer sumisa y dependiente del hombre tanto emocional como económicamente; además de encontrarse en una etapa de búsqueda de identidad en la que rechazan lo previamente establecido queriendo ser diferentes.

Actualmente las adolescentes plantean un nuevo ideal del rol de la mujer en el cual desean ser percibidas como, personas fuertes, independientes y seguras de sí mismas. La adolescencia acentúa sus dudas con respecto al rol femenino, debido a que se inician las primeras relaciones de noviazgo, las cuales vienen acompañadas de celos, inseguridad, temor y ansiedad de perder el amor de la pareja. Estos factores se unen al conflicto del rol femenino que se ha construido durante la latencia para consolidarse durante la pubertad. A diferencia de los hombres que no expresan la necesidad de cambiar el rol de masculinidad previamente establecido.

En estos planteamientos se encuentran algunas de las principales creencias alrededor de las características que se adjudica al nuevo rol de las mujeres, lo cual está asociado a ser dominantes y más agresivas; ocasionando violencia verbal y física hacia sus compañeros y parejas como un modo de defensa para no exponer sus miedos, inseguridades, dificultades para expresar sus sentimientos e impulsos. Dicho planteamiento, explica por qué en la actualidad las mujeres expresan más la agresión, al contrario de los hombres que manifiestan sus inconformidades a través del diálogo y de la necesidad de ser escuchados.

Por estas razones es de suma importancia fomentar la prevención de la violencia de género ejercida por las mujeres hacia los hombres en la etapa adolescente, ya que aún es percibida como un juego, los adolescentes mencionan que es necesario fomentar el diálogo respetuoso entre hombres y mujeres, para poder solucionar sus problemas en vez de provocarse por medio de agresión directa e indirectamente.

Por mucho tiempo la violencia de género de mujeres hacia hombres fue una violencia invisible, la presente investigación da cuenta de que las generaciones adolescentes actuales, ya empiezan a hablar de ella, aunque todavía no cuentan con parámetros claros para definirla. Lo cierto es que los roles de género se encuentran en movimiento y esto genera cambios en las formas de vinculación. Es importante promover entre los adolescentes formas de relación no-violentas, esto implica ofrecerles los recursos para que puedan integrar la transformación que viven a nivel individual, grupal y social. Para esto se les debe ayudar, tanto en el campo familiar como educativo, a desarrollar capacidades personales y sociales que les permitan evitar, por un lado, la exclusión de sus grupos de pares y por otra relacionarse a partir de afinidades que faciliten el desarrollo de sus talentos y la generación de espacios de convivencia positiva.

 

Referencias

Botello, L. (s.f.). Construcción social de la masculinidad. Disponible en: http://www.dgespe.sep.gob.mx/public/genero/PDF/LECTURAS/S_01_16_Construcci%C3%B3n%20social%20de%20la%20masculinidad.pdf

Centro de Información de las Naciones Unidas (2009). Ficha informativa sobre género y desarrollo N. 3. Disponible en: http://www.cinu.org.mx/gig/Documentos/ViolenciaDeGenero.pdf

Cruz, S. (2006). Cuerpo, masculinidad y jóvenes. Iberoforum, 1 (1) [Revista electrónica]. Disponible en: http://www.uia.mx/actividades/publicaciones/iberoforum/1/pdf/cruz.pdf

Gutmann, M. C. (1998). Traficando con hombres: la antropología de la masculinidad. Revista de Estudios de Género. La ventana, 47-99. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=88411133004

Mucchielli, A. (2001). Diccionario de métodos cualitativos en ciencias humanas y sociales. España: Síntesis.

Tellez, A. y Verdú, A.D. (2011). El significado de la masculinidad para el análisis social. Revista Nuevas Tendencias en Antropología, 2, 80-103

Toldos, M.P. (2013). Hombres víctimas y mujeres agresoras. La cara oculta de la violencia entre sexos. España: Cántico.

Last modified onMartes, 19 Enero 2016 03:18
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