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40 en la piel

40 en la piel

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Nadja Torres Cabrera

40 en la piel y sigo contando, mi cuerpo es el mapa de mi historia, como el de toda mujer. Nuestro cuerpo es nuestra gloria y nuestro campo de batalla, cuando lo vemos sabemos si hemos ganado o perdido, nunca miente, nosotras nos mentimos, pero él nunca miente. Si estamos con él, somos plenas, en su contra, todo es incierto.

La mañana que cumplí cuarenta años me miré al espejo y me encontré con todas mis edades. Mi niña explorando su cuerpo, intrigada por mi vagina, la cual me decían que era la que me diferenciaba de los hombres. “¿Qué misterios guarda en su interior?”, me preguntaba, desde ese momento supe que tenerla definiría muchas cosas en mi vida.

Mi adolescente construyendo los puentes entre su imagen y su esquema corporal, integrándolas a través de la sexualidad, desde la menarca hasta la iniciación sexual. Son tantas vivencias de la adolescencia que permanecen siempre en la memoria, tantas primeras veces en esa etapa, que considero que toda adolescente debiera tener una mujer de cuarenta que le dijera que disfrutara plenamente esa edad, que experimente, se enamore, se equivoque y pierda el control. Pero sobre todo impulsarla a que disfrute su cuerpo, porque son muchas las adolescentes que lo sufren, lo viven como enemigo, cuando es lo más grandioso que pudo nacer en el universo, nuestro cuerpo de mujer.

También encontré a mi joven, con un cuerpo consolidado que dio refugio a mi primer hijo, recordé la constante necesidad de ajustar mi imagen corporal a los cambios durante el embarazo, la ansiedad frente a la irreversibilidad de los mismos, el duelo por mi cuerpo previo. Poco se habla de esto, pero he dialogado con infinidad de mujeres que son madres y no hay ninguna que no haya pasado por una crisis que va de ligera a intensa, por la pérdida del cuerpo anterior al embarazo.

Pero al mismo tiempo, el embarazo es una experiencia de plenitud, el único momento en la vida donde te vives acompañada todo el tiempo, eres una con el otro y la soledad no tiene lugar ni un minuto. Cuando eres consciente de esto, logras por vez única vivir con un cuerpo que no es tuyo solamente y la plenitud química llega a su clímax cada mañana por algunos meses. Por eso, sufrirlo, añorar la juventud al grado de olvidarte de ti y descuidarte totalmente, sentir que no tiene caso seguir cultivando tu cuerpo y tratarlo como si la vida se hubiera ido después del embarazo y el amamantamiento, salir a la calle con cara amargada porque experimentas que tu vida terminó ahí mismo, son señales de que la pérdida te está llevando a la depresión.

La maternidad trae consigo nuevas experiencias corporales, amamantar fue para mí el encuentro con lo sublime, sentir y ver cómo mis hijos se alimentaban de mi cuerpo, me mostró los grandes misterios que guarda ser mujer, con esto no pretendo decir que las mujeres que no son madres no puedan acceder a estos misterios, pero mi camino atravesó por la maternidad y el amamantamiento. Y así hasta llegar a la mujer de cuarenta años frente al espejo, con toda esa historia en su cuerpo como un entramado de tatuajes.

Pero algo más sucedió en ese momento, me vi en la antesala de la menopausia con sus cambios hormonales y su cierre definitivo de la posibilidad de embarazarme. Recordé a las mujeres que he visto transitar por esa ruta, desde mi madre hasta a las pacientes que he acompañado en esta etapa y las posteriores. Categorizo en tres las posturas frente a la expectativa de esta transición física: la negación, la depresión y la aceptación. 

La negación es la dificultad que viven muchas mujeres al cumplir cuarenta, de identificar las señales que su cuerpo les envía, desde su apariencia hasta su fisiología. Desde que iniciamos con los periodos menstruales, las mujeres generamos una vinculación con nuestro cuerpo mayor a la que logran los hombres. Cada mes tenemos un recordatorio de nuestro cuerpo, no solamente de que podemos ser madres, sino que tenemos que estar al pendiente. Aún con la conexión que el ciclo menstrual nos lleva a tener con nuestro funcionamiento físico y la atención al mismo, muchas mujeres llegan a la mediana edad sin reconocer sus transformaciones anatómicas y funcionales.

La depresión siempre es manifestación de un sentimiento de pérdida. Es un hecho, corporalmente todas las mujeres perdemos con la edad, pero nos vamos integrando en otras áreas. Sin embargo, una gran cantidad de mujeres se quedan lamentando su figura y vigor de juventud, se vuelven adictas a su imagen joven, no la pueden dejar de pensar y añorar, hacen todo lo posible para sacarse selfies o lograr una foto de lo que ellas consideran “mi mejor momento”. Los duelos son parte del arribo a los cuarenta, pero hay maneras de vivirlo. Quien piensa que su  “mejor momento” ya fue, en adelante vivirá de nostalgia, soñando con su cuerpo joven y todos los placeres que le procuró. Considerando que por la esperanza de vida, en la actualidad tener cuarenta es encontrarse a mitad de ella, estas mujeres pasarán la mitad de su vida sufriendo la pérdida de la otra mitad, deprimidas por algo que no hay manera de cambiar, salvo en la perspectiva y sentido que se le den a estos cambios, es por esto que el otro eje es la ACEPTACIÓN.

Suelo decir que esta aceptación debe ser con dignidad y gala. ¿Qué tiene corporalmente una mujer de 40 y más, que no tienen las más jóvenes? Autoconocimiento, para este momento conozco con detalle mis zonas sensuales, los diferentes caminos por los que encuentro satisfacción sexual, sé lo que quiero de mí, lo que quiero dar y lo que quiero pedirle a mi pareja. Siento esa seguridad vibrando en cada punto de mi piel, la cual no sentía cuando era más joven. Además este conocimiento me permite continuar explorando, quien no sabe dónde está no puede arriesgarse porque ni siquiera reconoce lo que es aventurado de lo que no.

Ahora me veo en el espejo y me digo: “Eres más bella de lo que nunca has sido y más completa de lo que serás jamás, eres más sabia y más feliz”. Tener cuarenta y tantos es sentir que tus logros te acompañan, los logros de tus hijos y que tus derrotas son solamente muestra de que te puedes caer y levantarte, porque de no haberte levantado ya no estarías aquí.

Termino con una frase de la gran George Sand: “Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado”. Mi camino ha sido complicado, como el de muchas mujeres que han luchado por su autonomía, por emancipar su deseo de los padres, sus parejas y las instituciones que dictan reglas para las mujeres. Mi verdad la encuentro trazada en mi cuerpo, en él está la memoria de mi vida y cuando él falte yo ya no estaré. Mis cuarenta años están dibujados en mi piel, porque la libertad de una mujer necesariamente comienza con las batallas por la apropiación de su cuerpo y es en la piel donde se encuentran las marcas de este maravilloso triunfo por nuestro derecho a SER ÚNICAS.

Last modified onLunes, 31 Octubre 2016 05:20
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