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Malestares cóncavos: derrumbe subjetivo, muerte y vacío

Malestares cóncavos: derrumbe subjetivo, muerte y vacío

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Juan Pablo Brand Barajas

Con el destello lunar, el terror cayó sobre su rostro, el agrio olor de su madre retornó con toda su inmundicia, arrojado hacia adelante por la nausea, me gritó:

- “¡Eres el demonio, sólo él la traería de vuelta!”

Nos separa un espacio acompasado por sus gemidos y el rasgueo de sus uñas sobre el sillón.

- “Lo que vuelve es la agonía de tu infancia –le dije- Tu demonio es el olvido y tu infierno el hueco dejado por esa nada donde tu madre no fue”.

- “Nunca me amó” – susurró ahogado por su llanto.

- “Nunca te amó, su ausencia te condena a ser tú mismo”

 Fragmento de una sesión psicoanalítica imaginada, Juan Pablo Brand

 

La madre está abajo llorando

Llorando

Llorando

Así la conocí

Una vez, extendido sobre sus rodillas

Como ahora sobre el árbol muerto

Aprendí a hacerla sonreír

A detener sus lágrimas

A deshacer su culpa

A curar su muerte interior

Darle vida era mi vida

 El árbol, Donald Winnicott

 

“Si hay alguna verdad en lo que he de decir, ya los poetas del mundo se han ocupado de ella; pero los destellos de inteligencia que nos brinda la poesía no nos absuelven de la penosa tarea de ir apartándonos paso a paso de la ignorancia en la dirección de nuestra meta” (Winnicott, 1963/1993, p. 111). Son palabras de Donald Winnicott, un psicoanalista grande, quien no logró una obra tan sólida como la de Jacques Lacan, pero sin lugar a dudas, lo que el francés desbordaba en epistemología, Winnicott lo hacía en talento clínico. De ahí que sus conceptualizaciones sean modestas pero iluminan intensamente el trabajo psicoterapéutico.

En el texto citado, el psicoanalista diserta sobre “el miedo al derrumbe”, esa experiencia de colapso de la subjetividad, cuando la locura amenaza con el avance de su sombra, menguando el sosiego, sacudiendo las más primitivas angustias. Fear of Breakdown se titula el escrito, el autor justifica el uso de la palabra Breakdown por lo vago de su significación que incluiría acepciones tan diversas como: quiebre, quebrantamiento, desperfecto, avería, malogro o fracaso.

El miedo al derrumbe describe “ese estado de cosas impensables que están por debajo de la organización de las defensas” (p. 113). Todos los seres humanos construimos un dique para cimentar nuestra psique y soportar los embates del mundo externo, donde habitan los otros. Para Winnicott, somos herederos de procesos de maduración que nos llevan de la dependencia absoluta a la independencia, no son sistemas automáticos, requieren de ambientes facilitadores para que el desarrollo se lleve a cabo de manera óptima, para lo cual se requiere de una “madre suficientemente buena” que sostenga los impulsos del bebé y le permita orientarlos hacia los objetos, el juego, la creatividad y la cultura.

Si la persona que cubre el maternaje ofrece un ambiente saturado de ansiedad y depresión, o se evade del cuidado, el bebé experimenta agonías primitivas, intensas angustias “impensables”, que no permiten la integración subjetiva, dejan la sensación de caída permanente, la disociación psicosomática, la pérdida del sentido de lo real y de la capacidad para relacionarse con otros.

Estas vivencias infantiles son las que le permiten a Winnicott afirmar que el miedo al derrumbe, es un miedo ya experienciado, “miedo a la agonía original que dio lugar a la organización defensiva” (p. 115). 

Para el psicoanalista, la evidencia de los orígenes de este miedo actual debe ser transmitida: “hay momentos en que el paciente necesita que se le diga que el derrumbe, el miedo, el cual está destruyendo su vida, ya tuvo lugar. Es un hecho escondido en el inconsciente, que se lleva de aquí para allá” (p. 115). Estas son realidades constantes en los consultorios psicoanalíticos, por tanto, experiencias propias de lo humano. Las pérdidas, la enfermedad, los desastres, nos golpean amenazando con fragmentarnos. El psicoanalista inglés nos invita a conservar la calma, al recordarnos que el derrumbe ya lo vivimos y que la crisis actual es tan sólo una réplica de lo que ya tuvo lugar.

Otro miedo nacido de las agonías, es el miedo a la muerte: “cuando el miedo a la muerte es un síntoma significativo, la promesa de un más allá no brinda alivio, y la razón de ello es que el paciente busca compulsivamente la muerte. De nuevo, lo que busca es la muerte que ya sucedió pero no fue experienciada” (p. 117). Se refiere a la muerte subjetiva, lo que Georgel Moctezuma (2010) en su libro La familia cero plantea como esa ausencia de deseo en la madre que “deja caer al hijo” en un estado de angustia interminable, una mortificación insoportable y una impotencia aterradora, lo cual deriva en el encadenamiento masoquista del sujeto, que impulsará permanentemente a la persona a buscar la muerte, quizá hasta encontrarla.

Al respecto, Winnicott (1963/1993) recuerda a una paciente esquizofrénica quien solía decirle: “Todo lo que pido es que me ayude a suicidarme por la razón correcta, y no por una razón equivocada” (p. 118). Terminó suicidándose, hecho que llevó al clínico a la siguiente reflexión: “No lo logré y se mató desesperada de hallar una solución. Su propósito (ahora lo veo) era lograr que yo enunciase que ella había muerto en su temprana infancia. Creo sobre esta base, ella y yo habríamos conseguido que ella postergase la muerte del cuerpo hasta que la vejez cobrara su tributo” (p. 118). La paciente había muerto subjetivamente desde la infancia, lo que le pedía a Winnicott eran razones para conservar vivo su cuerpo.

El miedo al vacío completa la triada. Este vacío pertenece al pasado: “Para entender esto es preciso pensar, no en un trauma, sino en que no pasará nada cuando algo provechoso podría haber pasado… A un paciente le es más fácil recordar un trauma, que recordar que nada pasó cuando podría haber pasado” (pp. 118-119). El vacío permite empezar a llenarse, sin embargo, muchas madres y muchos padres, en una codicia subjetiva anclada en su patología, dejan a sus hijos en un estado de privación, expectantes de sucesos y objetos que no cesan de no llegar. Estas vivencias llevan a la persona a sentir “temor ante el carácter atroz de ese vacío, y a manera de defensa organiza un vacío controlado no comiendo o no aprendiendo, o bien la llena cruelmente con una avidez compulsiva que lo hace sentirse loco” (p. 119). Las personas se vuelven incapaces de reconocer la necesidad y la saciedad, así que se niegan a nutrir el cuerpo y el espíritu, para saturarse de drogas, experiencias límite o ciber-cosas, como prótesis que cubren el vacío.

Para Winnicott (1963/1993), la elaboración de estos miedos no se logra por el recuerdo, sino por la actualización de las experiencias infantiles hasta tocar fondo, para desde ahí reconstituirse psíquicamente.

La compresión de estos fenómenos de la subjetividad humana, hacen de Winnicott un precursor de los actuales abordajes de la psicopatología, donde predomina el análisis de lo que denomino malestares cóncavos, esto es, malestares vacíos de significado simbólico, pero susceptibles de ser colmados con la significatividad de vínculos actuales legítimos y espontáneos.

 

Referencias

Moctezuma, G. (2010). La familia cero: Aniquilación familiar y autodestrucción. México: Universidad Intercontinental. México: Universidad Intercontinental.

Winnicott, D.W. (1963/1993). El miedo al derrumbe. En Exploraciones Psicoanalíticas, Vol. 1. [111-121]. Argentina: Paidós.

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